Un grabado rupestre de hace unos 5.000 años, hallado en el suroeste de la península del Sinaí, ofrece una de las pruebas más antiguas y explícitas del dominio colonial ejercido por el Antiguo Egipto sobre las poblaciones locales. La escena, descubierta en el wadi Khamila, muestra de forma explícita la subyugación violenta de un habitante del Sinaí por parte de los egipcios.
El relieve fue localizado por Mustafa Nour El-Din, investigador del Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto, durante una campaña de prospección arqueológica en esta zona desértica. Posteriormente, el hallazgo ha sido analizado por el egiptólogo Ludwig D. Morenz, profesor de la Universidad de Bonn, quien sostiene que la escena «formula una reivindicación colonial egipcia».
El grabado, tallado sobre una roca de gran visibilidad en un antiguo lugar de descanso, representa a un personaje egipcio de gran tamaño, con los brazos levantados en actitud triunfal, frente a un habitante del Sinaí arrodillado, herido de muerte por una flecha clavada en el pecho. Las manos del derrotado aparecen atadas a la espalda.
Según Morenz, se trata de una de las escenas más antiguas conocidas de ejecución acompañada de inscripción, un motivo que más tarde se repetiría en el arte faraónico como símbolo del poder del Estado. «El personaje erguido encarna la dominación egipcia, mientras que el hombre arrodillado representa a la población local sometida», explica el investigador.
Colonización impulsada por recursos minerales
A diferencia de los egipcios, los habitantes del Sinaí carecían entonces de escritura, organización estatal o estructuras políticas complejas. Esta desigualdad facilitó la expansión egipcia en la región, motivada sobre todo por el interés económico. El Sinaí era rico en cobre y turquesa, dos materias primas muy valiosas en el nacimiento del Estado egipcio.
Los investigadores sitúan esta expansión en el contexto de expediciones económicas organizadas por Egipto hacia el suroeste del Sinaí, que comenzaron a finales del IV milenio a. C. y se intensificaron durante los periodos protodinástico y dinástico temprano. Hasta ahora, las evidencias de este dominio se concentraban en otras zonas como Wadi Ameyra o Wadi Maghara, pero nunca se habían documentado restos tan antiguos en Wadi Khamila.
Uno de los aspectos más relevantes del hallazgo es la inscripción asociada a la escena, que menciona al dios Min, una divinidad vinculada a los territorios fuera del valle del Nilo y considerada el protector divino de las expediciones mineras egipcias.
«Las inscripciones son breves, pero muestran que la dominación egipcia no solo se justificaba por la fuerza, sino también por el respaldo divino«, señala Morenz. En esta fase temprana, Min era la principal autoridad religiosa en estas expediciones, antes de ser sustituido más adelante por otros dioses como Sopdu.
Para los investigadores, el descubrimiento abre una nueva línea de estudio sobre el paleocolonialismo egipcio y su temprana capacidad para proyectar poder más allá del Nilo. «Es un punto de partida para futuras investigaciones en la zona», afirma Morenz, que ya trabaja con las autoridades egipcias para catalogar y proteger los nuevos hallazgos.
El relieve es una de las pruebas más antiguas de la dominación egipcia.
Un grabado rupestre de hace unos 5.000 años, hallado en el suroeste de la península del Sinaí, ofrece una de las pruebas más antiguas y explícitas del dominio colonial ejercido por el Antiguo Egipto sobre las poblaciones locales. La escena, descubierta en el wadi Khamila, muestra de forma explícita la subyugación violenta de un habitante del Sinaí por parte de los egipcios.
El relieve fue localizado por Mustafa Nour El-Din, investigador del Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto, durante una campaña de prospección arqueológica en esta zona desértica. Posteriormente, el hallazgo ha sido analizado por el egiptólogo Ludwig D. Morenz, profesor de la Universidad de Bonn, quien sostiene que la escena «formula una reivindicación colonial egipcia».
El grabado, tallado sobre una roca de gran visibilidad en un antiguo lugar de descanso, representa a un personaje egipcio de gran tamaño, con los brazos levantados en actitud triunfal, frente a un habitante del Sinaí arrodillado, herido de muerte por una flecha clavada en el pecho. Las manos del derrotado aparecen atadas a la espalda.
Según Morenz, se trata de una de las escenas más antiguas conocidas de ejecución acompañada de inscripción, un motivo que más tarde se repetiría en el arte faraónico como símbolo del poder del Estado. «El personaje erguido encarna la dominación egipcia, mientras que el hombre arrodillado representa a la población local sometida», explica el investigador.
A diferencia de los egipcios, los habitantes del Sinaí carecían entonces de escritura, organización estatal o estructuras políticas complejas. Esta desigualdad facilitó la expansión egipcia en la región, motivada sobre todo por el interés económico. El Sinaí era rico en cobre y turquesa, dos materias primas muy valiosas en el nacimiento del Estado egipcio.
Los investigadores sitúan esta expansión en el contexto de expediciones económicas organizadas por Egipto hacia el suroeste del Sinaí, que comenzaron a finales del IV milenio a. C. y se intensificaron durante los periodos protodinástico y dinástico temprano. Hasta ahora, las evidencias de este dominio se concentraban en otras zonas como Wadi Ameyra o Wadi Maghara, pero nunca se habían documentado restos tan antiguos en Wadi Khamila.
Uno de los aspectos más relevantes del hallazgo es la inscripción asociada a la escena, que menciona al dios Min, una divinidad vinculada a los territorios fuera del valle del Nilo y considerada el protector divino de las expediciones mineras egipcias.
«Las inscripciones son breves, pero muestran que la dominación egipcia no solo se justificaba por la fuerza, sino también por el respaldo divino«, señala Morenz. En esta fase temprana, Min era la principal autoridad religiosa en estas expediciones, antes de ser sustituido más adelante por otros dioses como Sopdu.
Para los investigadores, el descubrimiento abre una nueva línea de estudio sobre el paleocolonialismo egipcio y su temprana capacidad para proyectar poder más allá del Nilo. «Es un punto de partida para futuras investigaciones en la zona», afirma Morenz, que ya trabaja con las autoridades egipcias para catalogar y proteger los nuevos hallazgos.
20MINUTOS.ES – Internacional
