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  Internacional  Los líderes de la UE se citan hoy en un castillo para abordar la «Europa a dos velocidades» que desea Von der Leyen y respalda España
Internacional

Los líderes de la UE se citan hoy en un castillo para abordar la «Europa a dos velocidades» que desea Von der Leyen y respalda España

febrero 12, 2026
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La Unión Europea quiere deshacerse de la dependencia -yugo para muchos- de Estados Unidos igual que se está deshaciendo de la que viene de Rusia. Pero con quien ha sido un amigo es mucho más complicado: ese es el trasfondo de la cumbre informal de este jueves. Los líderes de los 27 se reunirán en el castillo belga de Alden-Biesen para buscar fórmulas que permitan al bloque comunitario ser un actor global más activo. Sí, suena repetitivo porque lo es; es un debate en círculo que ya se dio hace un par de décadas. Pero del encuentro, del que no habrá apenas conclusiones y que será algo más bien preparado de cara a la galería, se pueden deducir tres escenarios.

El primero sale de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. La base del debate en ese ‘rincón de pensar’ que será el castillo para los jefes de Estado y de Gobierno es si apostar o no por una «Europa a dos velocidades» en materia de competitividad. Es decir, que se integre quien quiera, y quien no, que se quede unos pasos por detrás. La idea no es nueva; ya la mencionó el predecesor de la alemana, Jean Claude Juncker, después de la crisis del 2010 y en términos estrictos ya existe por ejemplo con la pertenencia al euro o al espacio Schengen, e incluso con la llamada cooperación reforzada. España, por ejemplo, ve esta idea de la jefa del Ejecutivo comunitario con buenos ojos.

«Nuestra ambición debe ser siempre lograr acuerdos entre los 27 Estados miembros. Sin embargo, cuando la falta de avances o de ambición amenazan con socavar la competitividad o la capacidad de actuar de Europa, no debemos dejar de utilizar posibilidades previstas en los Tratados sobre la cooperación reforzada«, explicó Von der Leyen en una carta enviada esta misma semana. Esa cooperación reforzada consiste en que grupos de países -un mínimo de 9 miembros- puedan trabajar ‘ajenos’ al resto en algunos temas (como puede ser la defensa).

Von der Leyen, por lo pronto, ha encontrado el respaldo de Alemania, Francia, Italia, España, Polonia y Países Bajos. Esos socios firmaron este mismo mes un documento a nivel de ministros de Finanzas para avanzar juntos en proyectos concretos, y los distintos ritmos dentro de la UE ya los ha defendido también el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez: entiende que es casi imposible acabar con la unanimidad, pero existe margen para que no haga falta trabajar a 27. Hay además un ejemplo reciente: en el préstamo de 90.000 millones para Ucrania con deuda comunitaria participarán 24, quedándose fuera Hungría, República Checa y Eslovaquia.

«Conectar nuestra agenda de competitividad con nuestro impulso por la independencia debe ser nuestra misión principal», añade Von der Leyen, que entiende que el ‘made in Europe’ tiene que ser decisivo desde el punto de vista industrial para reducir precisamente esas dependencias tanto de Estados Unidos como de China. Para la dirigente germana también es parte de esa estrategia la firma de grandes acuerdos comerciales, como el alcanzado con el Mercosur -pendiente todavía de pasar por el TJUE y de empezar a aplicarse al menos de manera provisional- o el que se firmó más recientemente con la India. «No podemos seguir como hasta ahora», asume la jefa del Ejecutico comunitario.

En este contexto, Von der Leyen cierra su misiva y cita iniciativas ya conocidas que Bruselas tiene previsto presentar en un futuro cercano, como el llamado «régimen 28», que creará un sistema de ventanilla única para empresas que quieran operar en todo el bloque, o el paquete de soberanía tecnológica que desea desvelar en primavera, así como otras que se encuentran ya en procedimiento legislativo, como el euro digital.

De todo eso sale la segunda clave de la cumbre, que es ver qué pasa con el informe Draghi. Tanto el expresidente del BCE como Enrico Letta, autor de otro documento similar sobre el mercado único, estarán en Alden-Biesen quizá como medida de presión a los líderes: de lo que propuso Draghi en su hoja de ruta apenas se ha cumplido un 20% según algunos expertos y las ideas recogidas en ella se mantienen, en muchos casos, como una quimera. En un discurso de hace unos días en Lovaina, el propio Draghi avisó de que la Unión tendría que convertirse en una «federación» para poder avanzar en la dirección correcta.

«Europa corre el riesgo de quedar subordinada, dividida y desindustrializada», alertó de nuevo el también ex primer ministro italiano, convertido en gurú de lo que tiene que ser la UE en el futuro… pero de momento le hacen poco caso. En ese punto, señaló los «exitosos» acuerdos comerciales negociados recientemente con India y América Latina. «Donde no lo hemos hecho, en Defensa, en política industrial, en Asuntos Exteriores, se nos trata como a una asamblea de Estados medianos, que se dividen y tratan en consecuencia«, comentó en su discurso.

Por eso acabó con un mensaje muy rotundo. «De todos los que ahora están atrapados entre Estados Unidos y China, solo los europeos tienen la opción de convertirse ellos mismos en una auténtica potencia. Así que debemos decidir: ¿seguimos siendo un mero gran mercado, sujeto a las prioridades de los demás? ¿O damos los pasos necesarios para ser una potencia?«. Esos planteamientos serán los que ponga delante de los líderes de los 27 en un retiro que se parece más a una reconstrucción emocional para la Europa que viene.

Hay una tercera idea que subyace para esta cumbre: la ‘alianza’ entre Alemania e Italia. ¿Y cómo sale ese ‘matrimonio’? Primero de la buena relación entre Friedrich Merz y Giorgia Meloni, más cercanos ideológicamente de lo que puede parecer; segundo, del alejamiento, de nuevo, de Berlín respecto a París, y tercero de un renovado liderazgo basado en la estabilidad: para Alemania el modelo francés ya no es fiable como socio, pero sí el italiano. En este sentido, por ejemplo, Merz ya ha rechazado de plano la idea de Macron de emitir «eurobonos» para invertir en común en sectores clave como la defensa. Esa mirada tampoco gusta en Roma.

Eso sí, Alemania no está tampoco por la labor de reiniciar las conversaciones con Rusia, algo que sí defienden tanto Italia como el Elíseo. Pese a esa mezcla de situaciones, la realidad es que ambos han impulsado precumbres paralelas con más socios para fijar posiciones de cara al encuentro en el castillo belga: es decir, muchos países quieren llegar al cónclave con parte de los deberes hechos para, más que nada, avisar al resto de que tienen claro lo que quieren.

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La cumbre de este jueves son unas «convivencias» para hablar de lo que ya se sabe: Europa tiene que ser autónoma. Pero los líderes se enrocan en el cómo porque no saben encontrar el camino unificado. Por eso las «dos velocidades», que no son ni nuevas ni rompedoras, se pueden presentar en Alden-Biesen como una solución (o como un parche). El mensaje se puede resumir en pocas palabras: quien se quiera subir al tren, que lo haga. El que no, que se quede esperando.

 Los jefes de Estado y Gobierno de los 27 se ven este jueves en el castillo belga de Alden-Biesen para dibujar un bloque más competitivo bajo la batuta de Draghi y Letta.  

La Unión Europea quiere deshacerse de la dependencia -yugo para muchos- de Estados Unidos igual que se está deshaciendo de la que viene de Rusia. Pero con quien ha sido un amigo es mucho más complicado: ese es el trasfondo de la cumbre informal de este jueves. Los líderes de los 27 se reunirán en el castillo belga de Alden-Biesen para buscar fórmulas que permitan al bloque comunitario ser un actor global más activo. Sí, suena repetitivo porque lo es; es un debate en círculo que ya se dio hace un par de décadas. Pero del encuentro, del que no habrá apenas conclusiones y que será algo más bien preparado de cara a la galería, se pueden deducir tres escenarios.

El primero sale de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. La base del debate en ese ‘rincón de pensar’ que será el castillo para los jefes de Estado y de Gobierno es si apostar o no por una «Europa a dos velocidades» en materia de competitividad. Es decir, que se integre quien quiera, y quien no, que se quede unos pasos por detrás. La idea no es nueva; ya la mencionó el predecesor de la alemana, Jean Claude Juncker, después de la crisis del 2010 y en términos estrictos ya existe por ejemplo con la pertenencia al euro o al espacio Schengen, e incluso con la llamada cooperación reforzada. España, por ejemplo, ve esta idea de la jefa del Ejecutivo comunitario con buenos ojos.

«Nuestra ambición debe ser siempre lograr acuerdos entre los 27 Estados miembros. Sin embargo, cuando la falta de avances o de ambición amenazan con socavar la competitividad o la capacidad de actuar de Europa, no debemos dejar de utilizar posibilidades previstas en los Tratados sobre la cooperación reforzada«, explicó Von der Leyen en una carta enviada esta misma semana. Esa cooperación reforzada consiste en que grupos de países -un mínimo de 9 miembros- puedan trabajar ‘ajenos’ al resto en algunos temas (como puede ser la defensa).

Von der Leyen, por lo pronto, ha encontrado el respaldo de Alemania, Francia, Italia, España, Polonia y Países Bajos. Esos socios firmaron este mismo mes un documento a nivel de ministros de Finanzas para avanzar juntos en proyectos concretos, y los distintos ritmos dentro de la UE ya los ha defendido también el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez: entiende que es casi imposible acabar con la unanimidad, pero existe margen para que no haga falta trabajar a 27. Hay además un ejemplo reciente: en el préstamo de 90.000 millones para Ucrania con deuda comunitaria participarán 24, quedándose fuera Hungría, República Checa y Eslovaquia.

«Conectar nuestra agenda de competitividad con nuestro impulso por la independencia debe ser nuestra misión principal», añade Von der Leyen, que entiende que el ‘made in Europe’ tiene que ser decisivo desde el punto de vista industrial para reducir precisamente esas dependencias tanto de Estados Unidos como de China. Para la dirigente germana también es parte de esa estrategia la firma de grandes acuerdos comerciales, como el alcanzado con el Mercosur -pendiente todavía de pasar por el TJUE y de empezar a aplicarse al menos de manera provisional- o el que se firmó más recientemente con la India. «No podemos seguir como hasta ahora», asume la jefa del Ejecutico comunitario.

En este contexto, Von der Leyen cierra su misiva y cita iniciativas ya conocidas que Bruselas tiene previsto presentar en un futuro cercano, como el llamado «régimen 28», que creará un sistema de ventanilla única para empresas que quieran operar en todo el bloque, o el paquete de soberanía tecnológica que desea desvelar en primavera, así como otras que se encuentran ya en procedimiento legislativo, como el euro digital.

De todo eso sale la segunda clave de la cumbre, que es ver qué pasa con el informe Draghi. Tanto el expresidente del BCE como Enrico Letta, autor de otro documento similar sobre el mercado único, estarán en Alden-Biesen quizá como medida de presión a los líderes: de lo que propuso Draghi en su hoja de ruta apenas se ha cumplido un 20% según algunos expertos y las ideas recogidas en ella se mantienen, en muchos casos, como una quimera. En un discurso de hace unos días en Lovaina, el propio Draghi avisó de que la Unión tendría que convertirse en una «federación» para poder avanzar en la dirección correcta. 

«Europa corre el riesgo de quedar subordinada, dividida y desindustrializada», alertó de nuevo el también ex primer ministro italiano, convertido en gurú de lo que tiene que ser la UE en el futuro… pero de momento le hacen poco caso. En ese punto, señaló los «exitosos» acuerdos comerciales negociados recientemente con India y América Latina. «Donde no lo hemos hecho, en Defensa, en política industrial, en Asuntos Exteriores, se nos trata como a una asamblea de Estados medianos, que se dividen y tratan en consecuencia«, comentó en su discurso.

Por eso acabó con un mensaje muy rotundo. «De todos los que ahora están atrapados entre Estados Unidos y China, solo los europeos tienen la opción de convertirse ellos mismos en una auténtica potencia. Así que debemos decidir: ¿seguimos siendo un mero gran mercado, sujeto a las prioridades de los demás? ¿O damos los pasos necesarios para ser una potencia?«. Esos planteamientos serán los que ponga delante de los líderes de los 27 en un retiro que se parece más a una reconstrucción emocional para la Europa que viene.

Hay una tercera idea que subyace para esta cumbre: la ‘alianza’ entre Alemania e Italia. ¿Y cómo sale ese ‘matrimonio’? Primero de la buena relación entre Friedrich Merz y Giorgia Meloni, más cercanos ideológicamente de lo que puede parecer; segundo, del alejamiento, de nuevo, de Berlín respecto a París, y tercero de un renovado liderazgo basado en la estabilidad: para Alemania el modelo francés ya no es fiable como socio, pero sí el italiano. En este sentido, por ejemplo, Merz ya ha rechazado de plano la idea de Macron de emitir «eurobonos» para invertir en común en sectores clave como la defensa. Esa mirada tampoco gusta en Roma. 

Eso sí, Alemania no está tampoco por la labor de reiniciar las conversaciones con Rusia, algo que sí defienden tanto Italia como el Elíseo. Pese a esa mezcla de situaciones, la realidad es que ambos han impulsado precumbres paralelas con más socios para fijar posiciones de cara al encuentro en el castillo belga: es decir, muchos países quieren llegar al cónclave con parte de los deberes hechos para, más que nada, avisar al resto de que tienen claro lo que quieren.

La cumbre de este jueves son unas «convivencias» para hablar de lo que ya se sabe: Europa tiene que ser autónoma. Pero los líderes se enrocan en el cómo porque no saben encontrar el camino unificado. Por eso las «dos velocidades», que no son ni nuevas ni rompedoras, se pueden presentar en Alden-Biesen como una solución (o como un parche). El mensaje se puede resumir en pocas palabras: quien se quiera subir al tren, que lo haga. El que no, que se quede esperando.

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