<p>Esta Semana Santa el futbolista <strong>Marcos Llorente</strong> ha vuelto a protagonizar una sonada polémica en redes tras compartir en su cuenta de Instagram varias publicaciones en las que cuestiona el uso de las cremas solares y pone en duda la relación entre la radiación ultravioleta y el cáncer de piel. Las <strong>críticas y los desmentidos</strong> a su discurso por parte de numerosos profesionales de la salud no se han hecho esperar.</p>
El futbolista del Atlético de Madrid ha vuelto a cuestionar el impacto del sol y la utilidad de las cremas solares. Pero la evidencia científica es clara, dicen los especialistas:»no proteger la piel supone un riesgo»
Esta Semana Santa el futbolista Marcos Llorente ha vuelto a protagonizar una sonada polémica en redes tras compartir en su cuenta de Instagram varias publicaciones en las que cuestiona el uso de las cremas solares y pone en duda la relación entre la radiación ultravioleta y el cáncer de piel. Las críticas y los desmentidos a su discurso por parte de numerosos profesionales de la salud no se han hecho esperar.
En la primera de sus publicaciones, el jugador del Atlético de Madrid aparecía disfrazado de un supuesto envase de protector solar, que incluye mensajes como «protección total contra tu biología» o «bloqueando la vitamina D desde 1985». El atuendo incluía también, como mostró en las fotos el futbolista, una gráfica que correlaciona un aumento en el consumo de cremas solares en los últimos 20 años con un incremento en las cifras del melanoma.
A las pocas horas, con la polémica ya servida, el jugador volvió a compartir otra publicación sobre el tema, en la que subrayaba que «no es el sol el que tiene que demostrar que no causa enfermedades. Son los que lo critican, los que tienen que demostrarlo».
Le responde, entre otros profesionales sanitarios, Leandro Martínez, jefe del servicio de Dermatología del Hospital Regional Universitario de Málaga.
«La evidencia científica es clara: la radiación ultravioleta es el principal factor ambiental implicado en el desarrollo del cáncer cutáneo, tanto melanoma como tumores de piel no melanoma», señala.
Según explica el también profesor de la Universidad de Málaga, la radiación ultravioleta es capaz de «provocar un daño directo sobre el componente genético de las células de la piel» que se traduce en tres efectos clave. El primero son las mutaciones en el ADN, cambios en el material genético que, «si no se reparan, suponen un factor iniciador del cáncer». Pero, además, añade, la radiación ultravioleta también provoca un estrés oxidativo que daña las estructuras celulares, y tiene la capacidad de generar cierta inmunosupresión local, es decir «reduce en parte la capacidad que tiene el sistema inmune de eliminar las células anómalas».
«Sabemos que con exposiciones repetidas, sobre todo si se producen quemaduras solares, este daño se acumula. Y que las quemaduras en la infancia aumentan el riesgo de cáncer de piel décadas después», subraya.
Se pronuncia en la misma línea Aram Boada, jefe clínico del servicio de Dermatología del Hospital Germans Trias i Pujol de Badalona (Barcelona) y vicepresidente de la Sociedad Catalana de Dermatología. «La radiación ultravioleta es un carcinógeno demostrado y es responsable de la gran mayoría de los melanomas cutáneos. De hecho, se ha estimado recientemente que el 83% de los melanomas cutáneos diagnosticados en el mundo son atribuibles a la radiación ultravioleta».
El sol no solo quema o envejece la piel, prosigue el dermatólogo, también miembro de la Academia Española de Dermatología y Venereología, sino que «también puede alterar su biología de una forma que favorece la transformación tumoral».
«No hablamos de una hipótesis», añade, «sino de uno de los mecanismos mejor conocidos en carcinogénesis cutánea».
«La evidencia científica sobre los riesgos de exponerse a la radiación solar sin protección es clara», ratifica también Vicente Baos, médico de familia y miembro de la iniciativa Círculo Escéptico, que agrupa a críticos frente a la pseudociencia.
«Está más que demostrado que los rayos ultravioletas producen daños sobre la piel. Y de ahí que todas las guías clínicas para reducir la incidencia del melanoma recojan la recomendación de protegerse del sol«, añade
Los fotoprotectores forman parte de las diferentes estrategias de prevención disponibles y son efectivos y recomendables, indican los especialistas. «No son una varita mágica, pero sí han demostrado ser una herramienta útil dentro del conjunto de medidas que recomendamos los dermatólogos y que tienen como objetivo evitar una exposición solar prolongada», subraya Martínez.
El llamado ‘callo solar’ o la adaptación progresiva a la exposición solar que propone Llorente directamente «no existe como concepto médico válido», expone Martínez. «El bronceado es una respuesta defensiva de nuestra piel. Es la respuesta a una agresión, la de la radiación solar excesiva. Ese bronceado no evita en ningún caso el daño celular profundo y está demostrado que no reduce el riesgo de cáncer de piel. No existe ningún entrenamiento seguro de la piel frente al sol», zanja.
El especialista también critica la gráfica compartida por el futbolista que correlaciona el uso de cremas solares con el aumento del melanoma por tratarse de «una interpretación errónea».
«Esa interpretación es un error clásico: confundir correlación con causalidad», coincide Boada. «Que dos fenómenos aumenten a la vez no significa que uno cause el otro. Sería como decir que los incendios aumentan porque hay más extintores. En salud pública esto ocurre mucho: cuando una enfermedad preocupa más, también aumenta la prevención, el diagnóstico y la conversación social sobre ella»
Baos más allá y tacha la asociación de «estupidez propia de ignorantes».
«Es como si lo relacionamos con el aumento del número de coches o con el aumento en el número de divorcios», que también se han producido en ese tiempo. Las cremas solares se desarrollaron y empezaron a recomendarse una vez constatado el efecto dañino de la radiación solar, como un intento de contrarrestarlo, subraya el médico de familia. «Con lo cual, el incremento en su uso simplemente indica que el mensaje ha calado y que la gente es más consciente de ese riesgo».
La capacidad que la radiación solar tiene para generar mutaciones en las células de la piel que conduzcan a un cáncer es «acumulativa» y por eso «muchos de los melanomas se diagnostican en gente de mayor edad, que lleva mucho tiempo de exposición y que, en general, apenas se protegió durante su juventud», explica.
Los cánceres de piel que se diagnostican ahora son resultado de décadas de exposición al sol. Los efectos de la protección sobre la incidencia del cáncer de piel «se verán mucho más claramente en el futuro», apunta.
Según datos de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), en España se diagnostican al año unos 6.179 casos nuevos al año de melanoma de piel. Se trata de uno de los tumores que más está aumentando en incidencia en occidente, «por razones que se han estudiado bien», señala Martínez y que incluyen una mayor exposición solar por motivos recreativos, una mejor detección y diagnóstico precoz y el desarrollo de más casos por el envejecimiento de la población, entre otros factores.
«La mejor prevención es una exposición responsable al sol», señalan los expertos. Y eso implica, además del uso de un fotoprotector, evitar ponerse al sol directo en las horas centrales del día, protegerse frente a las quemaduras, usar ropa y sombreros o pasar más tiempo en zonas de sombra
Promover estas recomendaciones no supone en ningún caso ver al sol como un enemigo, tal y como sugieren las declaraciones de Llorente, subraya Leandro Martínez.
«El sol no es ningún enemigo. Todo lo contrario. Es necesario para la vida. Pero tenemos que tener en cuenta de que no es inocuo. No debemos en ningún caso demonizarlo, pero sí saber que debemos hacer una exposición con sentido común. Debemos saber convivir con el sol y no quemarnos. Y en ese sentido, el protector solar no es perfecto pero al igual que el resto de medidas sí es útil y recomendable».
Todos los expertos consultados coinciden en expresar su inquietud por el impacto que declaraciones como las de Llorente pueden acarrear.
«Es preocupante e ilustra bien un problema frecuente: no todas las opiniones tienen el mismo valor en ciencia, y a veces se difunden medias verdades que pueden resultar especialmente engañosas», subraya Boada.
«Cuestionar la fotoprotección con argumentos sin base sólida es comparable a negar hechos bien establecidos, como haría un terraplanista con la forma de la Tierra«, continúa el dermatólogo, quien recuerda que «el problema de las medias verdades es que mezclan elementos ciertos —como que la exposición solar tiene efectos beneficiosos en algunos contextos— con conclusiones erróneas o peligrosas. Esto puede generar una falsa sensación de seguridad y hacer creer que protegerse del sol es opcional o innecesario».
«En salud pública, esto es especialmente delicado: trivializar la exposición solar o cuestionar la fotoprotección puede traducirse en más daño cutáneo y, a largo plazo, en más cáncer de piel. La divulgación debe basarse en evidencia, no en creencias personales, por muy influyente que sea la persona quien las emite«, añade. Y subraya que «la relación entre radiación ultravioleta y cáncer de piel está más que demostrada y no es un debate abierto».
Desde la Asociación Española contra el Cáncer (AECC) también expresan su preocupación por el impacto que discursos como los de Llorente pueden producir. «Consideramos extremadamente peligroso compartir mensajes que pongan en peligro la salud de la población. El cáncer de piel es el cáncer más frecuente a nivel mundial y en concreto, el melanoma se lleva muchas vidas cada año», apunta Laura del Horno, responsable de prevención del organismo
«Todo lo que se publica debe tener rigor, no se puede engañar a la población con mensajes falsos o sesgados sobre salud«, subraya Del Horno, quien hace hincapié en que «minimizar el daño del sol e invitar a la población a no usar fotoprotección, es una conducta de alto riesgo».
«No existe ninguna conducta segura frente al cáncer que no sea evitar la exposición en horas de mayor intensidad, usar protector solar y medidas de protección físicas que protejan la piel como sombreros, ropa de manga larga o gafas de sol, y prestar especial atención a la detección precoz de lesiones», concluye.
Salud
