Venus domina los anocheceres de estos días cálidos de julio, cerca de la brillante Régulo. La Luna vendrá de visita a esta misma región del cielo los días 17 y 18.
Este 17 y 18 de julio se podrá observar al astro más brillante del cielo después del Sol y la Luna
Venus domina los anocheceres de estos días cálidos de julio, cerca de la brillante Régulo. La Luna vendrá de visita a esta misma región del cielo los días 17 y 18.
Incluso si el intenso calor de estos días crea una bruma difusa en la atmósfera, será posible observar un brillantísimo Venus poco después de la puesta de Sol. Su resplandor viene creciendo desde principios de año y va a seguir haciéndolo hasta el mes de septiembre. No hay posibilidad de equivocarse al tratar de identificarlo, pues en estos anocheceres no hay ningún otro astro que rivalice en brillo con él.
Aunque la distancia angular de Venus al Sol sigue creciendo desde hace semanas, la inclinación con que vemos la eclíptica en esta época del año desde nuestras latitudes mantiene al planeta relativamente bajo sobre el horizonte. Aun a menor elevación y a la derecha de Venus podemos ver a Régulo, la más brillante de las estrellas que forman la constelación de Leo.
Como el novilunio tuvo lugar el martes 14, la Luna se muestra este fin de semana como un fino filo resplandeciente. El viernes 17 y el sábado 18 esta luna creciente vendrá a visitar esta región del cielo sobre el horizonte oeste y contribuirá a formar unas escenas de gran belleza.
Si nos perdemos la conjunción Venus-Luna en estos días, tendremos una oportunidad de contemplar escenas similares los días 15 y 16 de agosto. En los esquemas adjuntos se comparan las escenas correspondientes a los dos meses. Si la de julio tiene lugar en Leo, la de agosto tendrá lugar en Virgo, cerca de la brillante Spica (Espiga).
La distancia de la Tierra a Venus viene acortándose desde principios de año (de ahí que crezca su brillo). Ahora lo tenemos a unos 135 millones de kilómetros de distancia, y llegará a acercarse a tan solo unos 40 millones a finales de octubre.
Venus es el segundo planeta del Sistema Solar y el astro más brillante del cielo después del Sol y la Luna. Debido a su intenso destello, desde la Antigüedad este planeta ha fascinado a todas las civilizaciones: en algunas de ellas, lo identificaban como el lucero del alba o el lucero vespertino, sin sospechar que ambos eran el mismo astro. Su brillo tan intenso se debe a su proximidad y a que las densas nubes de su atmósfera reflejan gran parte de la luz solar, haciéndolo visible incluso antes de que el cielo oscurezca por completo.
A veces nos referimos a Venus como el planeta gemelo de la Tierra porque su tamaño y masa son semejantes a los de nuestro planeta. Sin embargo, en Venus reinan unas condiciones completamente distintas a las de la Tierra: su atmósfera está formada casi por completo por dióxido de carbono y contiene unas espesas nubes de ácido sulfúrico. Esta atmósfera produce un efecto invernadero extremo que eleva la temperatura de la superficie venusina hasta unos 465 grados. Debido a ello, Venus es el planeta más cálido del Sistema Solar, incluso por delante de Mercurio.
Otra de las curiosidades de Venus es que gira muy lentamente sobre sí mismo y lo hace en sentido retrógrado, es decir, al contrario que la mayoría de los planetas. En consecuencia, desde la superficie de Venus veríamos cómo el Sol sale por el oeste y se pone por el este, un fenómeno que a los terrícolas nos resultaría muy sorprendente.
Pensemos en todas estas curiosidades de nuestro planeta hermano cuando, en estos días, levantemos la vista al cielo para contemplar el espectáculo especialmente hermoso que se nos ofrece al caer la noche. Basta detenerse unos minutos para contemplarlo y comprender por qué, desde hace milenios, Venus ha sido y sigue siendo uno de los grandes protagonistas del firmamento.
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