Se conoce como ‘heurística de la disponibilidad’ al «atajo mental que usamos cuando calculamos si algo ocurre mucho o si tiene bastantes posibilidades de suceder». En lugar de buscar datos y comparar cifras, solemos guiarnos por los ejemplos que recordamos con mayor facilidad. Cuanto antes nos viene un caso a la cabeza, más frecuente o probable nos parece.
Los psicólogos Amos Tversky y Daniel Kahneman estudiaron este fenómeno y lo describieron en un artículo publicado en 1973. Este recurso mental resulta útil para tomar decisiones rápidas, pero puede engañarnos cuando confundimos lo fácil que es recordar un hecho con las veces que sucede realmente.
Una noticia reciente, una experiencia personal o un suceso que nos haya impresionado puede ocupar más espacio en nuestra memoria que otros acontecimientos mucho más habituales. Por eso, después de escuchar varios casos de robos, accidentes aéreos o ataques de animales, podemos creer que el riesgo es mayor de lo que indican los datos. No es que esos hechos sean necesariamente frecuentes, sino que resultan más fáciles de recordar.
La repetición también influye en nuestra percepción. Cuando una afirmación aparece continuamente, termina resultándonos familiar y podemos aceptarla sin comprobar si es cierta, aunque este efecto también está relacionado con la llamada ilusión de verdad. Las redes sociales refuerzan este mecanismo al mostrarnos una y otra vez ciertas noticias y publicaciones con historias inventadas o sucesos tergiversados.
Se trata de un atajo mental que usamos para calcular con qué frecuencia sucede algo o la probabilidad de que ocurra.
Se conoce como ‘heurística de la disponibilidad’ al «atajo mental que usamos cuando calculamos si algo ocurre mucho o si tiene bastantes posibilidades de suceder». En lugar de buscar datos y comparar cifras, solemos guiarnos por los ejemplos que recordamos con mayor facilidad. Cuanto antes nos viene un caso a la cabeza, más frecuente o probable nos parece.
Los psicólogos Amos Tversky y Daniel Kahneman estudiaron este fenómeno y lo describieron en un artículo publicado en 1973. Este recurso mental resulta útil para tomar decisiones rápidas, pero puede engañarnos cuando confundimos lo fácil que es recordar un hecho con las veces que sucede realmente.
Una noticia reciente, una experiencia personal o un suceso que nos haya impresionado puede ocupar más espacio en nuestra memoria que otros acontecimientos mucho más habituales. Por eso, después de escuchar varios casos de robos, accidentes aéreos o ataques de animales, podemos creer que el riesgo es mayor de lo que indican los datos. No es que esos hechos sean necesariamente frecuentes, sino que resultan más fáciles de recordar.
La repetición también influye en nuestra percepción. Cuando una afirmación aparece continuamente, termina resultándonos familiar y podemos aceptarla sin comprobar si es cierta, aunque este efecto también está relacionado con la llamada ilusión de verdad. Las redes sociales refuerzan este mecanismo al mostrarnos una y otra vez ciertas noticias y publicaciones con historias inventadas o sucesos tergiversados.
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