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  Cultura  Por qué Van Gogh firmaba sus cuadros solo con su nombre de pila: Vincent
Cultura

Por qué Van Gogh firmaba sus cuadros solo con su nombre de pila: Vincent

agosto 13, 2026
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A veces roja, otras discreta o escondida entre pinceladas, y casi siempre reducida a un único nombre: ‘Vincent’. La firma de Van Gogh aparece en apenas 133 de sus 840 pinturas, pero una investigación revela que detrás de su presencia -o ausencia- se esconde parte de la relación del artista con su obra: orgullo, ambición, amistad y confianza en su propio talento.

Durante los diez años que duró su carrera, entre 1880 y 1890, Vincent van Gogh produjo cerca de un millar de pinturas, de las que hoy se conocen 840; sin embargo, solo un 15 % llevan su firma o alguna inscripción, lo que contrasta con otros artistas de su época y apunta a una elección deliberada.

El Museo Van Gogh publicó este jueves una investigación titulada Simplemente ‘Vincent’: una panorámica de las pinturas firmadas de Van Gogh, realizada por Julia Engelmayer, antigua conservadora en prácticas del museo, y que forma parte de su tesis de máster. Ha reunido las firmas en una base de datos y analizado por su color, forma, posición y visibilidad, y, junto a un estudio de las cartas del pintor, trata de responder a una pregunta: por qué decidió poner su nombre en unos cuadros y no en otros.

Frente a la costumbre de finales del siglo XIX de firmar con el apellido, Van Gogh escogió casi siempre su nombre de pila: en 105 pinturas aparece ‘Vincent’ y en dos utilizó la abreviatura ‘Vt’. La elección tenía una explicación práctica: Van Gogh sabía por su experiencia en el extranjero que su apellido neerlandés planteaba dificultades de pronunciación.

En marzo de 1888, desde Arlés, pidió a su hermano Theo que en futuras exposiciones su nombre apareciera como lo escribía en sus lienzos: «Vincent y no Van Gogh», por «la excelente razón» de que la gente allí no sería capaz de pronunciar este último. También rompió convenciones con el color, y en al menos 75 pinturas empleó el rojo, pese a que a finales del XIX era habitual firmar con tonalidades que armonizaran con el cuadro.

A veces, la firma era una pincelada más, como en Marina cerca de Les Saintes-Maries-de-la-Mer (1888), donde Van Gogh colocó su nombre en un rojo intenso porque, según explicó a Theo, quería «una firma roja muy escandalosa» al necesitar «una nota roja en el verde».

Van Gogh era muy crítico con su trabajo y consideraba buena parte de su producción como ejercicios o preparativos, no obras destinadas al mercado y a formar parte del trabajo artístico con el que quería darse a conocer. Eso ayuda a explicar por qué, aunque comenzó a pintar al óleo en 1881, no firmó ninguna pintura antes de 1884.

La frecuencia aumentó durante su etapa en París, cuando también crecieron sus ambiciones comerciales, y se mantuvo alta al comienzo de su estancia en Arlés. Sus cartas muestran que firmó pinturas de las que se sentía especialmente orgulloso, como Los comedores de patatas (1885), que consideraba su primera obra maestra y en la que trabajó durante semanas.

Escribió ‘Vincent’ en el respaldo de una silla, aunque la firma hoy es casi invisible. También acostumbraba a firmar obras destinadas a familiares, amigos e intercambios con otros artistas, aunque un caso singular es Tres pares de zapatos (1886), intercambiado con el pintor australiano John Russell y que contiene dos firmas: una pequeña, arañada sobre la pintura al estilo de Van Gogh, y otra mayor con caligrafía similar a la de Russell.

El estudio plantea que el australiano pudo añadirla porque no distinguía la original o porque la consideraba demasiado discreta.

La frecuencia de las firmas bajó considerablemente en los últimos años de su vida, especialmente tras su ingreso en el sanatorio de Saint-Rémy en 1889, cuando su salud mental y su confianza en su propio trabajo se deterioraron. Desde entonces, apenas firmó pinturas. Durante sus últimos meses en Auvers-sur-Oise, solo añadió ‘Vincent’ a un lienzo: el retrato de Adeline Ravoux, que regaló a la joven que había posado para él.

Muestra de su relación contradictoria con las firmas es una carta que escribió en agosto de 1888 a Theo: «Había empezado a firmar mis lienzos, pero pronto dejé de hacerlo; me parecía demasiado tonto». La investigación concluye que no existe una única explicación para decidir qué firmaba y qué no, y señala que el orgullo, la amistad, las aspiraciones comerciales y razones puramente compositivas podían llevarle a añadir su nombre.

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Pero esas siete letras ofrecen hoy una pequeña ventana a cómo Van Gogh percibía su propio trabajo, mucho antes de que el apellido que tantas veces decidió omitir se convirtiera en uno de los más reconocibles y cotizados de la historia del arte.

 El pintor holandés pensaba que su apellido era difícil de pronunciar.  

A veces roja, otras discreta o escondida entre pinceladas, y casi siempre reducida a un único nombre: ‘Vincent’. La firma de Van Gogh aparece en apenas 133 de sus 840 pinturas, pero una investigación revela que detrás de su presencia -o ausencia- se esconde parte de la relación del artista con su obra: orgullo, ambición, amistad y confianza en su propio talento.

 Durante los diez años que duró su carrera, entre 1880 y 1890, Vincent van Gogh produjo cerca de un millar de pinturas, de las que hoy se conocen 840; sin embargo, solo un 15 % llevan su firma o alguna inscripción, lo que contrasta con otros artistas de su época y apunta a una elección deliberada. 

El Museo Van Gogh publicó este jueves una investigación titulada Simplemente ‘Vincent’: una panorámica de las pinturas firmadas de Van Gogh, realizada por Julia Engelmayer, antigua conservadora en prácticas del museo, y que forma parte de su tesis de máster. Ha reunido las firmas en una base de datos y analizado por su color, forma, posición y visibilidad, y, junto a un estudio de las cartas del pintor, trata de responder a una pregunta: por qué decidió poner su nombre en unos cuadros y no en otros. 

Frente a la costumbre de finales del siglo XIX de firmar con el apellido, Van Gogh escogió casi siempre su nombre de pila: en 105 pinturas aparece ‘Vincent’ y en dos utilizó la abreviatura ‘Vt’. La elección tenía una explicación práctica: Van Gogh sabía por su experiencia en el extranjero que su apellido neerlandés planteaba dificultades de pronunciación.

En marzo de 1888, desde Arlés, pidió a su hermano Theo que en futuras exposiciones su nombre apareciera como lo escribía en sus lienzos: «Vincent y no Van Gogh», por «la excelente razón» de que la gente allí no sería capaz de pronunciar este último. También rompió convenciones con el color, y en al menos 75 pinturas empleó el rojo, pese a que a finales del XIX era habitual firmar con tonalidades que armonizaran con el cuadro. 

Este cuadro pertenece a la serie que Vicent Van Gogh realizó mientras permaneció ingresado en el hospital de Saint-Paul, de mayo de 1889 hasta mayo del año siguiente.
Este cuadro pertenece a la serie que Vicent Van Gogh realizó mientras permaneció ingresado en el hospital de Saint-Paul, de mayo de 1889 hasta mayo del año siguiente.MUSEO THYSSEN-BORNEMISZA

A veces, la firma era una pincelada más, como en Marina cerca de Les Saintes-Maries-de-la-Mer (1888), donde Van Gogh colocó su nombre en un rojo intenso porque, según explicó a Theo, quería «una firma roja muy escandalosa» al necesitar «una nota roja en el verde». 

Van Gogh era muy crítico con su trabajo y consideraba buena parte de su producción como ejercicios o preparativos, no obras destinadas al mercado y a formar parte del trabajo artístico con el que quería darse a conocer. Eso ayuda a explicar por qué, aunque comenzó a pintar al óleo en 1881, no firmó ninguna pintura antes de 1884. 

La frecuencia aumentó durante su etapa en París, cuando también crecieron sus ambiciones comerciales, y se mantuvo alta al comienzo de su estancia en Arlés. Sus cartas muestran que firmó pinturas de las que se sentía especialmente orgulloso, como Los comedores de patatas (1885), que consideraba su primera obra maestra y en la que trabajó durante semanas. 

Uno de los retratos de Van Gogh.
Uno de los retratos de Van Gogh.CEDIDA

Escribió ‘Vincent’ en el respaldo de una silla, aunque la firma hoy es casi invisible. También acostumbraba a firmar obras destinadas a familiares, amigos e intercambios con otros artistas, aunque un caso singular es Tres pares de zapatos (1886), intercambiado con el pintor australiano John Russell y que contiene dos firmas: una pequeña, arañada sobre la pintura al estilo de Van Gogh, y otra mayor con caligrafía similar a la de Russell. 

El estudio plantea que el australiano pudo añadirla porque no distinguía la original o porque la consideraba demasiado discreta. 

La frecuencia de las firmas bajó considerablemente en los últimos años de su vida, especialmente tras su ingreso en el sanatorio de Saint-Rémy en 1889, cuando su salud mental y su confianza en su propio trabajo se deterioraron. Desde entonces, apenas firmó pinturas. Durante sus últimos meses en Auvers-sur-Oise, solo añadió ‘Vincent’ a un lienzo: el retrato de Adeline Ravoux, que regaló a la joven que había posado para él. 

Retrato de Adeline Ravoux.
Retrato de Adeline Ravoux.CEDIDA

Muestra de su relación contradictoria con las firmas es una carta que escribió en agosto de 1888 a Theo: «Había empezado a firmar mis lienzos, pero pronto dejé de hacerlo; me parecía demasiado tonto». La investigación concluye que no existe una única explicación para decidir qué firmaba y qué no, y señala que el orgullo, la amistad, las aspiraciones comerciales y razones puramente compositivas podían llevarle a añadir su nombre. 

Pero esas siete letras ofrecen hoy una pequeña ventana a cómo Van Gogh percibía su propio trabajo, mucho antes de que el apellido que tantas veces decidió omitir se convirtiera en uno de los más reconocibles y cotizados de la historia del arte.

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