<p>El martes contemplamos fascinados las <a href=»https://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/ciencia/2026/04/07/69d50f44fdddff9e6a8b4586.html»>imágenes</a> que la tripulación de la Artemis 2 nos envió al sobrevolar la cara oculta de la Luna antes de reemprender el camino de vuelta a casa. Habían pasado ya 57 años desde que los astronautas del Apollo 8 orbitaron la Luna por primera vez en las navidades de 1968, y 53 desde que E. Cernan y H. Schmitt recorrieran durante 3 días el valle de Taurus-Littrow en el rover lunar de la misión Apolo 17.</p>
Las fotos de nuestro satélite que hemos visto estos días, dice el autor, han avivado las ganas de volver a la Luna. Esta vez, para construir bases que permitan vivir allí
El martes contemplamos fascinados las imágenes que la tripulación de la Artemis 2 nos envió al sobrevolar la cara oculta de la Luna antes de reemprender el camino de vuelta a casa. Habían pasado ya 57 años desde que los astronautas del Apollo 8 orbitaron la Luna por primera vez en las navidades de 1968, y 53 desde que E. Cernan y H. Schmitt recorrieran durante 3 días el valle de Taurus-Littrow en el rover lunar de la misión Apolo 17.
A los que vivimos aquella experiencia la euforia del momento nos hizo pensar que el desarrollo de bases lunares permanentes sería el siguiente e inminente paso. Han hecho falta más de 50 años para que la Humanidad haya vuelto a viajar hasta la Luna, pero parece que ahora se ha hecho con la intención de construir bases habitables a lo largo de la próxima década.
Las imágenes que hemos visto estos días han encendido de nuevo nuestra ilusión por comenzar la exploración sistemática de nuestro satélite. A los que trabajamos en el sector espacial nos comentan con frecuencia que ha pasado demasiado tiempo, pero conviene echar la vista atrás y revisar lo que ha sido la historia de la exploración de los lugares más extremos por parte de la Humanidad.
Cabe destacar, por ejemplo, la exploración del continente antártico, con la conquista del Polo Sur por parte de R. Amundsen (1911) y R.F. Scott (1912). Aunque ahora nos parece relativamente sencillo llegar hasta allí, la primera base científica permanente, la Estación Amundsen-Scott, no se construiría hasta 1956, 45 años después de la conquista del Polo Sur. 50 años para volver a la Luna ya no parece tanto retraso! Si la ocupación permanente del Polo Sur fue posible gracias al desarrollo de la aeronáutica, son los avances en astronáutica los que nos permitirán vivir en la Luna en un futuro cercano.
Gracias a cohetes como el SLS, que se ha desarrollado para las misiones Artemis, o los que están desarrollando empresas como SpaceX (Starship Super Heavy) o países como China (Larga Marcha 9), viajar hasta la Luna no debería ser ya un problema tecnológico en los próximos años. La capacidad de reutilizar los componentes del Starship Super Heavy para varios vuelos promete abaratar de forma muy importante el coste de los mismos. Ya queda tan sólo la puesta a punto de las naves que deberán alunizar y devolver a los astronautas a la Tierra, que están siendo desarrolladas por las empresas SpaceX y Blue Origin bajo contrato con NASA. Si todo va bien, nos deberían permitir volver a pisar la Luna tan pronto como en 2028. A partir de ahí la exploración lunar debería ser imparable, con el desarrollo de las primeras bases capaces de albergar astronautas durante periodos prolongados de tiempo en la próxima década. En el horizonte quedará la conquista y exploración de Marte, el próximo reto para la Humanidad, que ya no parece tan lejano.
*J. Miguel Mas Hesse es director del Departamento de Astrofísica del Centro de Astrobiología (CAB/CSIC-INTA)
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