<p>Artemis o Artemisa, la diosa griega de, entre otros atributos, la naturaleza salvaje, esa parte de la naturaleza sin explorar que nos atrae como un potente imán frente al que muy poco podemos hacer. Es más, como especie, no queremos más que dejarnos llevar de la mano de la curiosidad y, cómo no, de la búsqueda de recursos, de nuevas oportunidades. Todas las formas de vida, desde una simple bacteria, exploran su entorno en busca de nutrientes, de fuentes de energía, de espacio, y la especie humana es una más que exploró las grandes sabanas, interminables desiertos y océanos y que aprovecha su capacidad tecnológica para explorar el espacio.</p>
La exploración de la Luna, sostiene el autor, será un un experimento astrobiológico al intentar adaptar la supervivencia de una especie terrestre a un entorno planetario muy diferente.
Artemis o Artemisa, la diosa griega de, entre otros atributos, la naturaleza salvaje, esa parte de la naturaleza sin explorar que nos atrae como un potente imán frente al que muy poco podemos hacer. Es más, como especie, no queremos más que dejarnos llevar de la mano de la curiosidad y, cómo no, de la búsqueda de recursos, de nuevas oportunidades. Todas las formas de vida, desde una simple bacteria, exploran su entorno en busca de nutrientes, de fuentes de energía, de espacio, y la especie humana es una más que exploró las grandes sabanas, interminables desiertos y océanos y que aprovecha su capacidad tecnológica para explorar el espacio.
El objetivo último de la exploración lunar es establecer una colonia permanente. Además del valor estratégico de la Luna como fuente de recursos tan valiosos como el helio (3He) para combustible de fusión nuclear, o elementos raros para tecnologías de vanguardia, entender la formación y evolución de la luna nos permitirá comprender mejor el origen y la evolución de la vida en la Tierra. Por ejemplo, la Luna puede albergar en su subsuelo información valiosa de cómo era la química original que dio lugar a la vida, o incluso puede contener restos de meteoritos terrestres de diferentes etapas geológicas y que sin duda nos ayudará a entender la historia de la tierra. El Centro de Astrobiología (CAB), INTA-CSIC, asociado al Programa de Astrobiología de NASA, contribuye con INTA y la Universidad de Valladolid y el apoyo de la Agencia Espacial Europea (ESA) en el desarrollo de instrumentación Raman-LIBS de fácil manejo para que los astronautas busquen minerales y elementos químicos en la superficie lunar.
La pregunta fundamental de la Astrobiología es: ¿hay vida fuera de la Tierra, en otros planetas o lunas? Y esa pregunta lleva implícita otra no menos relevante: ¿puede la vida que conocemos prosperar en otros planetas? Y la vida que conocemos comprende desde las bacterias que nos fermentan la leche y producen yogures riquísimos, las que viven en el agua hirviente de los volcanes y nos permitieron el maravilloso invento de la PCR, hasta las plantas y todos los animales complejos.
Sin duda la exploración de la Luna será un experimento astrobiológico al intentar adaptar la supervivencia de una especie terrestre a un entorno planetario muy diferente. El cuerpo humano, con sus millones de células, sus tejidos y órganos complejos, y conectado a todo un ecosistema microbiano que nos acompaña, es el resultado de millones de años de evolución en condiciones de gravedad y radiación terrestre. Los efectos de la baja gravedad y elevadas dosis de radiación sobre el cuerpo humano en periodos prolongados pueden ser devastadores. Urge entender cómo afectan esas condiciones y proporcionar estrategias y medios para evitar los daños. El desarrollo de biosensores de fácil manejo y respuesta rápida para monitorizar alteraciones del sistema musculoesquelético, el circulatorio, el inmunológico, o desequilibrios del microbioma humano, son algunas de las líneas que trabajamos desde el CAB.
En la estrategia de exploración humana y robótica de nuestro entorno planetario, España ya participa en misiones de NASA con instrumentos medioambientales operativos en Marte, en los rovers Curiosity y Perseverance, para monitorizar parámetros atmosféricos importantes para la exploración humana como son el viento, polvo, o radiación. Por otro lado, colaboramos con NASA en el desarrollo de tecnología y procedimientos para la toma de muestras y el análisis tanto robotizado como por astronautas.
En todo caso, ¿podría el Homo sapiens evolucionar hacia una nueva especie? Para ello se requiere primero adaptación y miles de años de evolución y selección natural en las nuevas condiciones. Se podría acelerar esa evolución, pero esa es otra historia.
*Víctor Parro es Profesor de Investigación experto en microbiología molecular y director del Centro de Astrobiología (CAB/CSIC-INTA).
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