<p>Las dos grandes potencias mundiales están enfrascadas en la preparación de sus respectivas misiones tripuladas a la Luna. Mientras la NASA pretende que sus astronautas vuelvan a pisar la superficie de nuestro satélite en 2028, el gigante asiático planea mandar por primera vez una misión tripulada a la Luna en 2030. Pero llegar allí sigue siendo muy <a href=»https://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/ciencia/2026/02/03/6981a18ee85ece1b768b456e.html»>complicado</a> y caro, como estamos viendo con los continuos retrasos de <a href=»https://www.elmundo.es/papel/futuro/2026/01/02/69497a44e4d4d8a27e8b4574.html»><strong>Artemisa 2,</strong></a> la misión tripulada de EEUU que dará una vuelta a nuestro satélite sin llegar a alunizar y que ahora <a href=»https://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/ciencia/2026/02/21/699a01e7e9cf4a09048b4583.html»>está prevista para abril.</a></p>
Un equipo propone que los primeros astronautas chinos que viajen a la Luna aterricen en Rimae Bode, una región muy valiosa científicamente situada en la parte central de la cara visible. «Será como enviar detectives a una antigua biblioteca para responder finalmente grandes preguntas sobre el pasado oculto de nuestro satélite»
Las dos grandes potencias mundiales están enfrascadas en la preparación de sus respectivas misiones tripuladas a la Luna. Mientras la NASA pretende que sus astronautas vuelvan a pisar la superficie de nuestro satélite en 2028, el gigante asiático planea mandar por primera vez una misión tripulada a la Luna en 2030. Pero llegar allí sigue siendo muy complicado y caro, como estamos viendo con los continuos retrasos de Artemisa 2, la misión tripulada de EEUU que dará una vuelta a nuestro satélite sin llegar a alunizar y que ahora está prevista para abril.
Mientras tanto, un equipo de científicos chinos se ha centrado en seleccionar los sitios más idóneos para esa primera misión tripulada que llevarán a cabo sus compatriotas. En un artículo publicado este lunes en la revista Nature Astronomy, proponen cuatro posibles lugares de alunizaje, todos ellos situados en una región llamada Rimae Bode. Ubicada en la parte central de la cara visible de la Luna, en el límite entre Mare Vaporum (Mar de los vapores) y las tierras altas, Rimae Bode es considerada una región muy valiosa desde el punto de vista científico porque aúna cinco tipos diferentes de terreno.
El plan de EEUU y de China, no obstante, es alunizar en el polo sur de la Luna, donde se cree que hay abundante agua en forma de hielo. Como explica a este diario Jun Huang, autor principal del estudio, la futura misión robótica Chang’e 7, cuyo lanzamiento está previsto para este verano, va a explorar el polo sur lunar. En Rimae Bode, aclara, «no hay agua» pero la variedad de terrenos y materiales presentes en su superficie abarcan largos periodos de la historia lunar, lo que hace que esta zona sea importante para comprender cómo la superficie y su interior han cambiado con el tiempo.
De hecho, este investigador de la Universidad de Geociencias de China, en Wuhan, compara a esa región con un «buffet geológico»: «Esta zona es como un museo natural donde las llanuras volcánicas de la Luna se encuentran con las antiguas tierras altas. En un único recorrido corto, los astronautas pueden recoger una gran variedad de muestras, desde lava volcánica hasta restos expulsados por impactos de cráteres famosos y lejanos como Copernicus», explica a través de un correo electrónico.
Asimismo, considera que explorar esta zona equivaldría a asomarse a «una ventana al interior profundo de la Luna», pues «está cubierta por depósitos de manto oscuro, que son esencialmente vidrio volcánico y ceniza expulsados por antiguas fuentes de lava». Como este material proviene de las profundidades de la Luna, explica, «funciona como una cápsula del tiempo que permite a los científicos estudiar el interior oculto del satélite».
Otra ventaja que ha propiciado que la consideren un lugar idóneo para el alunizaje de los taikonautas es que es «segura» y «resulta fácil conducir» por ella: «Para un aterrizaje seguro y una exploración sencilla se necesita un terreno plano. La mayor parte de esta zona tiene pendientes muy suaves (menos de 8 grados), lo que la convierte en un lugar de estacionamiento seguro para módulos de aterrizaje y en un camino relativamente fácil para los rovers (vehículos robóticos) lunares», expone el investigador.
Además de su terreno relativamente plano, otra ventaja es que debido a que se encuentra en la cara visible de la Luna, los astronautas tendrían una línea de visión directa con la Tierra, lo que les permitirá mantener comunicación constante con el centro de control chino: «Asimismo, su ubicación cerca del ecuador lunar garantiza una gran cantidad de luz solar, lo que ayuda a que los equipos alimentados por energía solar funcionen de manera continua», afirma Huang.
Para hacer el estudio, los científicos utilizaron imágenes y mediciones orbitales que les permitieron estudiar en detalle una zona específica de Rimae Bode y evaluar su potencial para la primera misión china. Así, identificaron cinco áreas geológicas diferentes dentro de esta región: una capa oscura de restos volcánicos, una llanura basáltica llamada Sinus Aestuum, dos áreas separadas de rimas (valles largos y estrechos formados por actividades volcánicas y tectónicas en la Luna) y las tierras altas circundantes.
El equipo buscó evidencias para reconstruir varios episodios volcánicos distintos ocurridos en diferentes momentos de su historia geológica. El más antiguo habría sido una erupción piroclástica ocurrida hace aproximadamente entre 3.200 y 3.700 millones de años.
Basándose en estos resultados, proponen cuatro posibles lugares de aterrizaje dentro de Rimae Bode desde los cuales los astronautas podrían acceder de forma segura a una diversidad de estructuras geológicas, incluyendo depósitos de material volcánico, basaltos de los mares lunares, terrenos con alto contenido de torio y depósitos derivados de impactos.
Para Jun Huang, una misión en esta región sería «como enviar un equipo de detectives cósmicos a una antigua biblioteca para responder finalmente grandes preguntas sobre el pasado oculto de la Luna».
Al recolectar vidrio volcánico poco común procedente de antiguas fuentes de fuego» volcánicas y distintos tipos de rocas de lava, obtendrán una ventana directa al manto lunar profundo, lo que permitirá comprender mejor de qué está hecho realmente el interior de la Luna. Además, al estudiar restos de enormes colisiones cósmicas, podremos construir una especie de «libro de historia» preciso que revele la cronología exacta de la actividad volcánica lunar y de los eventos violentos que moldearon el Sistema Solar temprano. En última instancia, los datos y las muestras que regresen a la Tierra ayudarán a pasar de hacer suposiciones a tener conocimiento directo sobre cómo la Luna —e incluso nuestro propio planeta— evolucionaron a lo largo de miles de millones de años.
Pese a todas las ventajas, advierten que para realizar operaciones seguras en la superficie será necesario hacer una evaluación cuidadosa de las pendientes, la distribución de rocas grandes, las distancias de desplazamiento y una cartografía de mayor resolución: «Investigaciones futuras podrían perfeccionar estas evaluaciones y aclarar aún más el potencial de la región para mejorar nuestra comprensión de la evolución volcánica y del interior de la Luna», proponen los autores.
Para hacer realidad su primera misión tripulada lunar, China está desarrollando el cohete Long March 10, la nave espacial tripulada Mengzhou, el módulo de aterrizaje lunar Lanyue, un traje de astronauta llamado Wangyu y un rover para la tripulación, que están en fase de desarrollo preliminar del prototipo, tal y como informó hace unos días la Agencia Espacial China de Vuelos tripulados. Serán necesarios dos lanzamientos desde el puerto espacial Wenchang. Esos lanzamientos llevarán el módulo de aterrizaje lunar (lander) Lanyue y la nave tripulada Mengzhou hasta la órbita lunar.
Una vez que alcancen sus posiciones orbitales establecidas, el lander Lanyue y la nave Mengzhou se encontrarán y acoplarán en órbita lunar. Dos miembros de la tripulación entrarán en el módulo de aterrizaje, que luego se desacoplará y descenderá hacia la superficie lunar, realizando un aterrizaje suave asistido por motores.
En la Luna, los astronautas conducirán el rover Tansuo para llevar a cabo tareas científicas y recolectar muestras. Tras completar sus misiones, regresarán al módulo Lanyue, que los llevará de vuelta a su nave espacial que estará esperando en órbita lunar. En la etapa final, los astronautas transportarán las muestras al interior de la nave Mengzhou, que luego se desacoplará y llevará a la tripulación de regreso a la Tierra.
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