<p>La <strong>arteriopatía periférica</strong>, llamada la <strong>’enfermedad de los escaparates'</strong>, está causada por el estrechamiento de las arterias de las extremidades inferiores. Su síntoma más característico es la claudicación intermitente, un dolor que aparece al caminar y desaparece al descansar. Las personas con mayor riesgo son los fumadores, los diabéticos y quienes tienen niveles altos de colesterol. A continuación, relatamos cómo reconocerla y tratarla.</p>
Es un problema ligado al riesgo cardiovascular general y su síntoma más característico es la claudicación intermitente, un dolor que aparece al caminar y desaparece al descansar
La arteriopatía periférica, llamada la ‘enfermedad de los escaparates’, está causada por el estrechamiento de las arterias de las extremidades inferiores. Su síntoma más característico es la claudicación intermitente, un dolor que aparece al caminar y desaparece al descansar. Las personas con mayor riesgo son los fumadores, los diabéticos y quienes tienen niveles altos de colesterol. A continuación, relatamos cómo reconocerla y tratarla.
Muchas personas experimentan un dolor en la pierna mientras caminan que les impide continuar. Al principio suele atribuirse a un problema de espalda, sin embargo, ese dolor que obliga a detenerse —a menudo frente a un escaparate, de donde proviene el nombre popular de ‘enfermedad de los escaparates’— puede ser en realidad una señal de un problema circulatorio: la arteriopatía periférica.
«La arteriopatía periférica es una manifestación de un proceso arteriosclerótico que afecta a todo el organismo», explica Valerio Tolva, director de Cirugía Vascular del Hospital Niguarda de Milán. Este proceso consiste en el estrechamiento o la obstrucción de las arterias debido a la formación de placas de aterosclerosis.
Estas lesiones no solo pueden afectar a las arterias que llevan sangre al corazón o al cerebro, sino también a las arterias ilíacas, femorales, de la pantorrilla e incluso del pie, provocando una reducción del flujo sanguíneo y sufrimiento de los tejidos del miembro afectado.
Las cifras muestran que se trata de un problema ligado al riesgo cardiovascular general: aproximadamente el 30% de los pacientes con arteriopatía periférica también padece enfermedad coronaria de moderada a grave, y cerca del 80% presenta hipertensión, obesidad o diabetes.
Según Tolva, el perfil más habitual del paciente es el de un fumador con niveles elevados de colesterol LDL (el llamado colesterol «malo»), que debería mantenerse por debajo de 100-120 mg/dl para reducir el riesgo cardiovascular.
El síntoma más característico es la claudicación intermitente: un dolor en la pierna que aparece después de caminar cierta distancia y desaparece al detenerse.
Sin embargo, en muchos casos la enfermedad puede pasar desapercibida, sobre todo en fases iniciales. Esto ocurre porque algunas personas reducen inconscientemente su actividad física para evitar el dolor, o porque la circulación se compensa mediante arterias alternativas que suplen parcialmente el flujo sanguíneo.
Durante la exploración médica puede detectarse la ausencia del pulso femoral, es decir, la pulsación de la arteria situada justo debajo del pliegue inguinal.
La prueba diagnóstica de primera línea es el eco-Doppler de las arterias de las extremidades inferiores y de la aorta abdominal. Si el resultado confirma la sospecha, puede realizarse una angio-TAC, que permite visualizar con precisión las lesiones y decidir el tratamiento más adecuado.
Con un tratamiento adecuado, una persona que inicialmente solo puede caminar unos pocos metros puede llegar a recorrer 500 o 600 metros, reduciendo significativamente el riesgo de complicaciones.
El tratamiento comienza siempre con la corrección de los factores de riesgo: dejar de fumar, controlar la diabetes, mantener la presión arterial bajo control y reducir el colesterol.
En cuanto a los medicamentos, se utilizan antiagregantes y estatinas y, en algunos casos, cilostazol, un vasodilatador que ayuda a aumentar la distancia que el paciente puede caminar. En entornos especializados también pueden emplearse infusiones de prostanoides.
El ejercicio físico supervisado es una parte fundamental del tratamiento. Caminar hasta el límite en el que aparece el dolor ayuda a estimular el desarrollo de circulaciones colaterales, mejorando la oxigenación de los tejidos.
Cuando las obstrucciones arteriales son importantes, se puede recurrir a procedimientos endovasculares, como la angioplastia con balón o la colocación de stents, técnicas menos invasivas que la cirugía. En los casos más complejos, especialmente cuando está afectada la aorta, puede ser necesaria una cirugía tradicional de bypass.
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