<p>Me despierto con una molestia rara en el pie derecho. El dedo gordo está hinchado y duele lo suficiente como para hacerme cojear hasta la cocina. Apenas puedo apoyarlo. Desbloqueo el móvil y abro <a href=»https://blogs.bmj.com/medical-ethics/2026/01/30/the-ethics-of-ant-afu-health-ai-within-chinas-super-app-ecosystem/» target=»_blank»><i>Ant Afu</i></a>, un <i>chatbot</i> médico con <strong>inteligencia artificial (IA)</strong> que se ha convertido en mi <strong>consultorio de cabecera</strong>. Describo los síntomas, subo una foto del dedo y espero.</p>
Las consultas a golpe de móvil son ya un fenómeno de masas en el gigante asiático. Aplicaciones que combinan respuestas automatizadas con atención virtual están redefiniendo la Medicina
Me despierto con una molestia rara en el pie derecho. El dedo gordo está hinchado y duele lo suficiente como para hacerme cojear hasta la cocina. Apenas puedo apoyarlo. Desbloqueo el móvil y abro Ant Afu, un chatbot médico con inteligencia artificial (IA) que se ha convertido en mi consultorio de cabecera. Describo los síntomas, subo una foto del dedo y espero.
La respuesta llega en segundos. El doctor Afu explica que podría tratarse de una infección leve en la uña, probablemente una paroniquia o una onicomicosis, y ofrece una primera pauta de cuidados: limpieza, desinfección, mantener el pie seco y vigilar la temperatura. Si no mejora en 48 horas, sugiere, puede reservarme cita con un dermatólogo o un podólogo.
Tras autorizar el acceso a mi historial clínico, la aplicación cruza mis antecedentes médicos, alergias y tratamientos recientes. Recomienda un antiséptico tópico y un analgésico suave, detalla cómo aplicarlos y con qué frecuencia. Incluso se ofrece a comprar el medicamento por mí, cargando el importe al monedero electrónico vinculado a Alipay, la plataforma de pagos de su empresa matriz, Alibaba. Antes de cerrar la consulta, programa un aviso diario: «Hora de limpiar el dedo y aplicar el ungüento».
Al día siguiente, el enrojecimiento ha bajado y la inflamación casi ha desaparecido. Afu insiste en hidratar la piel alrededor de la uña y ventilar bien los zapatos. Aunque la infección parece remitir, propone una teleconsulta gratuita con un dermatólogo real de un hospital público. En menos de dos minutos, la videollamada está activa. El médico confirma el diagnóstico inicial y recomienda seguir el tratamiento indicado por la IA, añadiendo solo un vendaje ligero para proteger la uña.
Las consultas médicas a golpe de móvil se están convertido en un fenómeno de masas en China. Detrás de Afu está Ant Group, el brazo tecnológico de Alibaba que lleva años gestionando pagos y servicios cotidianos de más de 1.000 millones de personas a través de Alipay. La compañía lanzó su aplicación de salud en junio de 2025 —Afu significa bienestar o bendición en mandarín— y su crecimiento está siendo vertiginoso.
«El atractivo de servicios como Afu está en que eliminan las barreras clásicas de tiempo y lugar«
Según las últimas cifras oficiales, a principios de enero la plataforma superaba los 45 millones de usuarios activos mensuales, que realizan más de 10 millones de consultas diarias relacionadas con la salud. Un volumen que sitúa a Afu en el centro de la ola tecnológica que está redefiniendo el acceso sanitario en China, especialmente fuera de las grandes metrópolis.
«El atractivo de servicios como Afu está en que eliminan las barreras clásicas de tiempo y lugar«, explica un portavoz de Ant Group. «La aplicación combina respuestas automatizadas —basadas en modelos de IA entrenados con enormes bases de conocimiento médico— con acceso a una red de más de 300.000 médicos colegiados para consultas especializadas. Además, permite analizar informes clínicos, pedir citas o conectar con hospitales y aseguradoras».
Según una encuesta citada por la empresa entre doctores de hospitales de primer nivel, más del 70% recomienda el uso de este tipo de herramientas para consultas rutinarias, como forma de aliviar la saturación de la atención presencial.
Aunque China cuenta con una amplia cobertura sanitaria —el seguro médico básico alcanza ya a cerca del 95% de la población—, el sistema presenta grietas importantes. No cubre completamente el tratamiento de enfermedades crónicas complejas y, sobre todo, arrastra un profundo desequilibrio territorial.
La mayoría de los hospitales de alto nivel se concentran en las grandes ciudades. Para millones de pacientes de provincias interiores o urbes pequeñas, recibir atención especializada implica viajes de cientos de kilómetros. Las consultas, salvo en casos graves, son rápidas y mecánicas, con médicos desbordados que atienden decenas de pacientes por hora. La atención primaria sigue siendo el eslabón más débil, incluso en centros urbanos avanzados.
Este escenario ha abierto una oportunidad única para soluciones tecnológicas como Afu, que ya funciona como primera puerta de entrada al sistema sanitario para millones de personas. Más del 60% de sus usuarios vive en ciudades de tercer nivel o en zonas rurales.
Algunos gobiernos locales, conscientes del envejecimiento acelerado de la población, están organizando cursos para enseñar a personas mayores a usar estas aplicaciones. China atraviesa una crisis demográfica profunda: la natalidad está en mínimos históricos y más de 310 millones de habitantes superan los 60 años, una cifra que seguirá creciendo en la próxima década y que tensiona aún más la demanda de atención médica continua.
Desde Ant Group aseguran que el ecosistema va mucho más allá de un solo chatbot. «Hemos desplegado cerca de 100 agentes médicos de inteligencia artificial, todos basados en expertos de referencia de los mejores hospitales del país. Están disponibles 24 horas al día por texto o audio y pueden analizar informes médicos que sube el propio usuario», señalan.
El siguiente paso, según revelaron recientemente directivos del grupo, es llevar este modelo fuera de China. Ant Group planea lanzar Afu en regiones con sistemas sanitarios frágiles o insuficientes, especialmente en África y el Sudeste Asiático. La ambición no es solo tecnológica, sino también estratégica: ofrecer diagnósticos básicos, seguimiento de enfermedades crónicas y orientación médica en países donde el acceso a un doctor sigue siendo un lujo. Para Pekín, exportar este tipo de plataformas supone combinar negocio, diplomacia sanitaria y proyección de su liderazgo tecnológico.
«El problema es cuando el paciente confía demasiado y retrasa una visita presencial. La IA no puede auscultar un corazón ni percibir ciertos signos clínicos«
La digitalización sanitaria en China se expandió sobre todo durante la pandemia de Covid-19, cuando cientos de millones de ciudadanos se acostumbraron a usar códigos QR de salud, aplicaciones de rastreo y consultas médicas remotas. Aquella infraestructura, levantada a toda prisa, se convirtió después en la autopista por la que circulan hoy estos servicios de IA. «La población perdió el miedo a tratar cuestiones médicas a través del móvil», explica Zhang Yi, analista del instituto chino iiMedia Research. «Y las empresas tecnológicas vieron que el sector sanitario era el siguiente gran mercado».
Muchos usuarios han abrazado la comodidad de estos avances. Pero no todos están convencidos. Algunos médicos temen que el entusiasmo tecnológico vaya por delante de la prudencia. Chen Rui, cardiólogo en Shanghái, advierte de los límites: «Para dolencias leves o seguimiento de enfermedades crónicas, estas herramientas son útiles. El problema es cuando el paciente confía demasiado y retrasa una visita presencial. La IA no puede auscultar un corazón ni percibir ciertos signos clínicos«, señala.
También existen muchos interrogantes sobre la privacidad. Las aplicaciones de salud manejan datos extremadamente sensibles: diagnósticos, hábitos de vida e historial farmacológico. Aunque las grandes plataformas aseguran que la información está cifrada y protegida, el debate sobre quién controla esos datos empieza a abrirse paso entre académicos y juristas chinos.
«La cuestión no es solo tecnológica, sino política y social«, señala la profesora Huang Min, experta en gobernanza digital en la Universidad de Pekín. «Estamos construyendo uno de los mayores repositorios de datos médicos del mundo, y aún no está claro cómo se utilizará dentro de veinte años».
A pesar de las dudas sobre la privacidad, el impulso de estas tecnologías parece imparable. En ferias y congresos médicos se presentan prototipos de clínicas inteligentes donde el triaje inicial lo realizan sistemas capaces de detectar enfermedades oculares o pulmonares a partir de una simple fotografía. En las zonas rurales, donde la falta de especialistas es crónica, algunos gobiernos locales ya prueban cabinas de diagnóstico automático instaladas en farmacias o centros comunitarios.
La IA médica también está penetrando en otro terreno sensible: la medicina tradicional china. Una práctica milenaria y patrimonio nacional que hoy se apoya en algoritmos para el diagnóstico, la prescripción de remedios y la personalización de tratamientos. En algunas clínicas ya se utilizan robots para aplicar acupuntura, mientras los médicos combinan saber ancestral y análisis automatizado.
La medicina tradicional china cuenta con decenas de miles de fórmulas y variaciones de remedios herbales, cuya elección depende de combinaciones muy específicas de síntomas. Algunos expertos señalan que digitalizar ese conocimiento (y hacerlo accesible a médicos jóvenes que ya no se pasan años memorizando tratamientos tradicionales) se ha convertido en una prioridad para muchas universidades médicas. En Shanghái y Pekín, varios centros han juntado en bases de datos miles de recetas clásicas y estudios farmacológicos para entrenar modelos de IA capaces de sugerir tratamientos personalizados. Ahora, en un país donde lo antiguo y lo futurista conviven con naturalidad, no resulta extraño que un algoritmo entrenado en la Nube mejore recetas de pócimas que ya se probaban hace más de 2.000 años.
Esta semana, los desarrolladores de Ant Afu han anunciado una actualización importante que incluye la introducción de un «modo para personas mayores», diseñado para facilitar su uso a usuarios de edad avanzada. Esta función incorpora letras e iconos más grandes, interacción por voz activada por defecto y la posibilidad de consultar cuestiones de salud mediante llamadas telefónicas directas con el asistente virtual. Según datos de la compañía, alrededor del 20% de los usuarios de la app pertenecen a las generaciones nacidas en las décadas de 1950 y 1960, lo que refleja una adopción significativa entre personas mayores.
Además, Afu ahora ha mejorado la tecnología de reconocimiento de voz para identificar a la perfección los diferentes dialectos que se hablan en el país asiático, lo que facilita sobre todo la comunicación de los usuarios más mayores, ya que muchos de ellos no tienen fluidez con el mandarín estándar.
También, hace unos días, la Sociedad China de Nutrición, dependiente de la Comisión Nacional de Salud, anunció en un comunicado un acuerdo con Alibaba para entrenar a Anfu con un «conocimiento nutricional avanzado», con el propósito de «ofrecer a los usuarios recomendaciones dietéticas y de bienestar más científicas y fiables».
En la pantalla de mi móvil, Afu me envía un último recordatorio: «¿Ha mejorado el dedo?». Marco la opción «sí». El chatbot responde con un emoji sonriente y un consejo final sobre el cuidado de las uñas en invierno, como si se despidiera con la naturalidad de un médico de cabecera. Al cerrar la aplicación, resulta difícil no pensar que tal vez no falte mucho para que en China sea insólito acudir a un hospital sin haber pasado antes por una inteligencia artificial.
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