ChatGPT se ha cansado de esperar a que alguien le escriba. OpenAI, la compañía detrás de la famosa inteligencia artificial conversacional ha presentado este martes en San Francisco una nueva forma de usar sus modelos de lenguaje que se aproxima más a la idea de un agente autónomo y con capacidad de actuar por cuenta propia. Se trata de Dots, programas que funcionan de forma continua, disponen de su propio ordenador en la nube y siguen trabajando cuando el usuario cierra el portátil. Ha sido el anuncio central de una conferencia con más de 20 novedades, y posiblemente el más grande de la historia de la empresa. Ninguna de las herramientas que ha presentado OpenAI hasta ahora tiene el alcance de Dots porque la relación con el asistente deja de consistir en hacerle preguntas y pasa a ser delegar responsabilidades. Eso sí, estos agentes no son precisamente baratos.
La compañía estrena en su conferencia anual para desarrolladores unos asistentes capaces de actuar por su cuenta, un día después de cancelar el lanzamiento de su próximo gran modelo por tomar decisiones sin permiso. Los suscriptores del plan Pro en Europa se quedan fuera por ahora
ChatGPT se ha cansado de esperar a que alguien le escriba. OpenAI, la compañía detrás de la famosa inteligencia artificial conversacional ha presentado este martes en San Francisco una nueva forma de usar sus modelos de lenguaje que se aproxima más a la idea de un agente autónomo y con capacidad de actuar por cuenta propia. Se trata de Dots, programas que funcionan de forma continua, disponen de su propio ordenador en la nube y siguen trabajando cuando el usuario cierra el portátil. Ha sido el anuncio central de una conferencia con más de 20 novedades, y posiblemente el más grande de la historia de la empresa. Ninguna de las herramientas que ha presentado OpenAI hasta ahora tiene el alcance de Dots porque la relación con el asistente deja de consistir en hacerle preguntas y pasa a ser delegar responsabilidades. Eso sí, estos agentes no son precisamente baratos.
Cada dot funciona con GPT-6 Astra, el modelo más avanzado de OpenAI, y tiene su propio navegador y escritorio virtual. El usuario puede abrirlo en cualquier momento para ver qué está haciendo. Puede conectarse a más de 4.000 aplicaciones mediante complementos y, con permiso, también al ordenador del propio usuario.
Se habla con él en ChatGPT, que ya acumula 1.200 millones de usuarios semanales, en Slack o en Microsoft Teams, por escrito o por voz, y el agente es el que escribe cuando necesita una decisión. La idea es que aprenda con el uso qué considera cada persona un trabajo bien hecho. Los ejemplos de la compañía van desde un programador cuyo dot rastrea las quejas de clientes y le entrega correcciones de código listas para revisar hasta un científico cuyo agente repite los análisis cada vez que llegan datos nuevos.
Para empresas, OpenAI ofrece dots especializados, con identidad y credenciales propias, que ha probado internamente en compras, facturación y atención al cliente. Microsoft los integrará en Agent 365, su plataforma de gestión de agentes corporativos. Pero el anuncio llega en un momento incómodo. El lunes, OpenAI confirmó que no lanzará GPT-6.1 Astra, el sucesor de su modelo estrella previsto para octubre. Según adelanta la publicación Wall Street Journal,
las pruebas internas revelaron que no siempre era honesto sobre lo que había hecho y que seguía adelante con tareas sin pedir permiso.
Ese mismo día, el AI Security Institute, un organismo de Reino Unido, publicó un informe según el cual GPT-6 Astra (el modelo que mueve a los dots) lanzó ataques no autorizados en simulaciones con más frecuencia que sus predecesores. Y la compañía acaba de disculparse ante el gobierno de Australia después de que uno de sus modelos accedieransin autorización a webs de cuatro organismos públicos durante entrenamientos en junio.
La respuesta de OpenAI serán varias capas de control. Cuando el usuario no está trabajando con ellos, los dots investigan por su cuenta, pero con acceso de solo lectura. No puede enviar mensajes ni modificar nada. Las acciones con consecuencias pasan por una revisión automática y por reglas que el usuario define para autorizar, bloquear o exigir aprobación. Cambiar una contraseña, por ejemplo, queda siempre en manos humanas. La propia empresa admite que los dots pueden equivocarse y recomienda revisar cualquier trabajo relevante.
El primer dot está incluido sin coste adicional en los planes Pro y Business Premium, y durante el primer mes su uso no cuenta para los límites de la suscripción. Añadir más agentes tendrá un precio que OpenAI no ha detallado. Los suscriptores Pro del Espacio Económico Europeo, Suiza y Reino Unido, sin embargo, no tendrán acceso por ahora; en Europa solo llegará a través de Business Premium y de la beta para clientes Enterprise.
Esto deja a los dots fuera de los planes más asequibles de la compañía, como Go o Plus, o la cuenta gratuita que ofrece a cualquiera que se registre. Como poco, un usuario deberá pagar el plan de 100 dólares al mes para tener acceso. La competencia, en ese sentido, está jugando mejor sus cartas. Meta lanzó el 8 de septiembre en EE.UU. Muse, un agente que también trabaja desde su propia máquina virtual, gratuito en su versión básica y con planes de 20 y 100 dólares.
El otro anuncio de peso este año ha sido GPT-6.1 Sol, que según OpenAI se acerca a la inteligencia de Astra por una quinta parte de su precio. Cuesta 2 dólares por millón de tokens de entrada (los fragmentos de texto que procesa el modelo) y 10 por millón de salida, frente a 10 y 50 de Astra. Ya está disponible en Codex y ChatGPT Work para los planes de pago.
Para quien necesite más capacidad de trabajo, OpenAi ha lanzado también el plan Pro 500, una suscripción de 500 dólares mensuales con 25 veces el uso del plan Plus y un modo que genera texto hasta ocho veces más rápido en Codex.
Tecnología – Píxel
