Eduard Bosch narra en El mensajero del viento la historia de un hombre de negocios español y una maestra chadiana liberada del cautiverio de Boko Haram en el corazón de África. Una historia de aventuras y de conflictos morales con ritmo cinematográfico.
Ha dirigido tres películas y ahora sigue contando historias a través de otro formato. Lanza el libro ‘El mensajero del viento’… que no le importaría ver adaptado a las pantallas.
Entrevista

Ha dirigido tres películas y ahora sigue contando historias a través de otro formato. Lanza el libro ‘El mensajero del viento’… que no le importaría ver adaptado a las pantallas.
Eduard Bosch narra en El mensajero del viento la historia de un hombre de negocios español y una maestra chadiana liberada del cautiverio de Boko Haram en el corazón de África. Una historia de aventuras y de conflictos morales con ritmo cinematográfico.
Periodista, cineasta, guionista… Es contador de historias en todas sus versiones. Tras la dirección de películas y documentales, y sus guiones, esta es su primera novela. ¿Por qué ahora? ¿Qué le ha aportado el género?
Me gusta la expresión «contador de historias». No me considero un escritor, porque no lo soy, pero creo que puedo ser un buen contador de historias. Hacerlo a través de la novela me ofrece una libertad de creación mayor. En el cine o la televisión hay que tener en cuenta la viabilidad económica, y esto limita mucho, sobre todo en España, donde las producciones son de presupuestos más bien modestos. La novela es la libertad total, el único límite es tu imaginación.
¿Qué hay en común entre cine y novela?
Soy partidario de la literatura de entretenimiento, en el sentido de que conecte con el espectador como lo podría hacer una película. Me gustaría haber conseguido hacer disfrutar al lector con una buena historia y para ello es necesario cautivar, retener la atención y, sobre todo, generar interés. En esta novela he buscado, además, que entretener no sea incompatible con hacer reflexionar un poco. En la novela, al igual que en el cine, considero que una película es realmente buena si al salir del cine te la llevas a casa, si te acompaña durante un tiempo. Conseguirlo no es fácil, pero esas son las buenas películas. La novela te ofrece, además, espacio suficiente y tiempo para hacerlo.
‘El mensajero del viento’ es un viaje al conflicto de Boko Haram. ¿Cómo y por qué eligió este tema?
A partir de una noticia que me comentó un amigo, productor de cine, aunque sucedía en un contexto diferente. El punto de partida era una historia digna de contar, en el corazón de África, la historia de un hombre de negocios español y de una maestra nativa africana liberada de las manos de Boko Haram. Una aventura de principio a fin.
De ahí parten otras tramas…
Imaginemos una expedición comercial en la que participan tres países diferentes: E.E.U.U., Francia y España, y en la que el responsable de todo es un español. ¿Sería fácil liderar una expedición de ese tipo lidiando con la autoestima de un norteamericano y un francés? Me encantaba la idea de tener una subtrama que reflejara eso y encima teniendo que encajar los intereses del propio país: Chad.
Imaginemos también, que, durante la misión, Boko Haram intenta boicotearla, a la vez que una maestra lucha por salvar a unas niñas cristianas secuestradas en manos de los yihadistas musulmanes.
Y ahora supongamos que el comandante chadiano que escolta a esa expedición de europeos siente desprecio por la actitud colonialista occidental. ¿Cómo se gestiona todo esto en una misión dónde lo que subyace es el dinero?
En un mundo muy convulso, con muchos conflictos en las portadas, ha elegido un drama relegado, ¿ha querido hacer también un alegato sobre las víctimas olvidadas?
Efectivamente, es un drama relegado pero que no ha desaparecido y que todavía es actual. El avance del islamismo extremo y violento en África es cada vez más evidente en el Sahel y no muestra síntomas de detenerse. Ha sido tan fuerte que ha sido capaz de expulsar a Francia de la influencia que tenía en países como Mali, Burkina Faso, Niger, Chad, etc. Todo a cambio de cederlo a la influencia de Rusia y su brazo armado, Wagner. Un cambio que no augura un futuro mejor para sus habitantes. La población lo sufre y tiene que vivir con ello.
El libro es ficción, pero basado en la realidad. ¿Es una combinación que define su obra? Savater dijo de su película ‘El viaje de Arian’ que era quizás la mejor película sobre el euskoterrorismo…
Creo que tiene razón. Pienso que mostrar conflictos actuales hace las historias más cercanas, porque las has vivido, porque las has leído, porque te han afectado y, en definitiva, porque acaban formando parte de ti y, de alguna manera, forman parte de todos nosotros. Dar la espalda a los conflictos no contribuye a olvidar esa realidad. En psicología, cuando alguien vive una mala experiencia, se dice que es importante que hable de lo que ha ocurrido, callarlo no beneficia en nada. Supongo que, en el fondo, forma parte de un proceso de sanación en la que es necesario y beneficioso hablar de todas estas realidades que forman parte de nuestro mundo y mostrarlas tal cómo son. Si las contamos, tarde o temprano nos ayudarán a crecer y hacerlas evolucionar, porque de algún modo iremos entendiendo mejor por qué ocurren y así tendremos la oportunidad de mejorar.
En ‘Mira la luna’ rodó la historia documental del astronauta Michael López-Alegría. Del espacio al corazón de África, ¿qué hay en común?
En todas mis películas y, también en la novela, los personajes se enfrentan a un reto. Michael López-Alegría se enfrentaba al reto de la conquista del espacio, incluso a costa de su vida. Marc, el negociador enviado al Chad, al debate moral de si priorizar los intereses económicos de la empresa o atender a la maestra y a esas niñas secuestradas. Nguba, la maestra africana, se enfrenta al reto de salvar a toda costa a sus niñas. Y, mientras, una conexión especial surge entre los protagonistas, Marc y Nguba. Son dos mundos, dos culturas opuestas, ¿serán capaces de superar sus propios retos y hacer reconciliar estos dos mundos?
El estilo es muy cinematográfico, muy ágil y con toques de reportaje periodístico, combinando acción e intimismo. ¿Ve el libro convertido en guion?
Varios críticos han coincidido en que es una novela con «pulso cinematográfico». Me gusta este comentario, porque para mí es sinónimo de que engancha y entretiene. Me encantaría que la novela se llevara a la pantalla porque la historia tiene muchos giros que mantienen la atención del lector. Te hace viajar a un mundo desconocido, y descubrir realidades a las que se suele estar poco habituado. Me parece un mundo fascinante por descubrir. Por la complejidad en la producción, creo que debería ser una película o una miniserie ambiciosa y narraría algo muy diferente a lo habitual.
¿Qué hay de usted en ese protagonista que afronta un dilema moral y un choque cultural y emocional?
Me preguntó lo mismo un amigo… y no fui capaz de responderle en ese momento, aunque seguro que hay algo de mí en ese personaje.. Mi mujer sí respondió a mi amigo y dijo que en el protagonista veía mi tendencia a enfrentarme a retos y no tener miedo a tomar decisiones.
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