No ha sido un curso político fácil para Pedro Sánchez en el marco de la Unión Europea. El gasto militar, la insistencia en romper el acuerdo comunitario con Israel o la política migratoria han marcado estos meses en la agenda internacional del Gobierno, que se ha enfrascado en debates que muchas veces parecían imposibles y que han dividido al resto de socios entre los que creen que el Ejecutivo es el ‘faro moral’ de Europa y los que consideran que ha llevado a cabo una estrategia demasiado arriesgada. Los temas han sido espinosos, complejos, y en los que ha sido complicado encontrar grandes consensos. Pero Moncloa nunca ha cambiado el discurso.
Su gran baza fue Gaza y el Gobierno ha apretado por ejemplo para que la UE rompa el acuerdo de asociación con Israel. La postura de España en este caso ha sido siempre maximalista y ha encontrado el apoyo de socios como Irlanda, Bélgica o Luxemburgo. Bien es cierto que 17 Estados miembros reclamaron la revisión del pacto, pero no explícitamente su suspensión (para lo que se necesita unanimidad). Tampoco ha logrado el Ejecutivo de Sánchez que se congelase al menos la parte comercial del acuerdo, para lo que se exige una mayoría cualificada. Ninguno de los grandes países de la UE se ha sumado a esa causa.
Hay voces en Bruselas que reconocen el rol de España, pero también hay recelos. En general, Sánchez se ha convertido en el azote de Donald Trump y Benjamin Netanyahu. No se está solos, se va antes que los demás, celebraron fuentes diplomáticas en su momento sobre la defensa de Palestina o las duras críticas a Israel, a las que poco a poco se fueron sumando otros países como Italia o incluso Francia. A nivel de discurso España sí ha sabido moverse, pese a no trasladarlo a medidas concretas. El Gobierno también fue muy crítico, al mismo tiempo, con la situación por la guerra en Irán.
Y es que el choque con Estados Unidos ha sido importante. «Es un aliado terrorífico», llegó a decir Donald Trump sobre España, entre amenazas para cortar «todo el comercio» con el país. El Gobierno de Sánchez se negó a que Estados Unidos usara las bases de Rota y Morón en su ofensiva sobre Teherán, y se ha mantenido en su mensaje de no subir al 5% del PIB el gasto en defensa. Moncloa ya asume con naturalidad las críticas de Trump, solo suavizadas tras la victoria española en el Mundial. «Ya no tengo problemas con nadie», dijo el presidente estadounidense al regreso del partido, en el que coincidió con Sánchez. Pero la realidad es que a ese momento le precedieron saludos tensos en la cumbre por la paz de Gaza, o distancias muy marcadas en el último encuentro de líderes de la OTAN en Ankara.
Tampoco ha ganado el Ejecutivo el debate migratorio. España ahí sí ha sido un verdadero verso suelto: el pacto común incluye, por ejemplo, la posibilidad de que los países recurran a centros de detención de migrantes en terceros estados, como Italia con Albania. El modelo Meloni ya es el modelo UE… pero no el modelo España. Sánchez se ha desmarcado del todo de esta vía y ha apostado por una regularización masiva de migrantes sobre la que Bruselas ha avisado: no puede afectar al resto de socios ni a la libre circulación de personas por territorio comunitario. Además, España siempre ha estado fuera del grupo de unos 20 socios que reclaman políticas migratorias más duras.
Y la situación la ha colmado la crisis de estos días en Ceuta tras la entrada de más de 72.000 personas de manera sorpresiva desde Marruecos, una situación que dejó incluso casi una veintena de muertos. Además, socios como Italia, Finlandia o Suecia hablaron de suspender el acuerdo Schengen de libre circulación con España. La realidad es que no se puede excluir a un país de ese pacto, pero sí reforzar las fronteras interiores, algo que anunció por ejemplo Francia. Sánchez, por su parte, puso el foco en «las mafias» y no en el papel de Rabat y Bruselas movilizó recursos -como Frontex- para dar apoyo a las autoridades españolas.
El foco sobre el Gobierno también ha estado puesto por culpa de la corrupción. El PP se ha encargado de que el caso Ábalos, el caso Koldo o la situación del Fiscal General no pasen desapercibidos en Bruselas y Estrasburgo, y el último informe sobre la situación del estado de derecho en España está lleno de avisos… aunque reconoce avances. Por ejemplo, una de las prioridades con las que el Gobierno todavía no cumple es en la lucha contra la corrupción entre los altos cargos, según la Comisión, que sí ve progresos por ejemplo en la reforma de la Justicia o en la digitalización de los procedimientos. Donde el informe es especialmente crítico es en el ámbito de los conflictos de intereses. Bruselas califica el progreso en esta área como «limitado», y al mismo tiempo lanza una advertencia: aunque se han presentado leyes que la Comisión considera ambiciosas, como la de Integridad Pública, la aplicación práctica de las normas actuales no ha mejorado.
La economía sostiene a España
La economía sí sostiene a España como referencia. Y es qe Bruselas mantiene a España como la gran economía de la UE que más crecerá en 2026 pese a la guerra pero con más inflación. Esa es la conclusión para el país de las previsiones de primavera presentadas por la Comisión Europea el pasado mayo: la economía española crecerá un 2,4% este año (frente al 2,3% que proyecta por ejemplo el Banco de España o al 2,1% que recoge la OCDE) y un 1,9% en 2027. Son cifras parecidas a las que dio el Ejecutivo comunitario en sus anteriores cálculos, a finales de 2025, cuando fueron un 2,3% y un 2%. Es decir, en términos de crecimiento España no nota el golpe de la crisis en Oriente Medio tanto como otros socios.
Por ejemplo, Alemania crecerá solo un 0,6% en 2026, Francia lo hará un 0,8% e Italia solamente un 0,5%. Por encima de España están las proyecciones eso sí de Bulgaria, Croacia, Hungría y Malta. Sí se nota esa dinámica compleja en la inflación, que será de un 3% en 2026 y de un 2,5% en 2027, según Bruselas, que en otoño, sin estar la guerra de Irán en marcha, calculó un 2% para ambos años.
Visto todo lo anterior, ha sido un curso muy descafeinado para Sánchez en la UE. Difícil, tenso en algunos temas. El Gobierno de España ha querido capitanear debates en los que no ha logrado grandes consensos, y se ha desmarcado en otros, aunque el balance en Moncloa es más que positivo. La firmeza respecto a EEUU o Israel, así como el sostenido apoyo a Ucrania, se ven como los grandes triunfos de los últimos meses. En septiembre el Ejecutivo querrá retomar todavía algunos asuntos en los que quiere liderar a la Unión Europea.
El gasto militar, la insistencia en romper el acuerdo comunitario con Israel o la política migratoria han marcado estos meses en la agenda internacional del Gobierno.
No ha sido un curso político fácil para Pedro Sánchez en el marco de la Unión Europea. El gasto militar, la insistencia en romper el acuerdo comunitario con Israel o la política migratoria han marcado estos meses en la agenda internacional del Gobierno, que se ha enfrascado en debates que muchas veces parecían imposibles y que han dividido al resto de socios entre los que creen que el Ejecutivo es el ‘faro moral’ de Europa y los que consideran que ha llevado a cabo una estrategia demasiado arriesgada. Los temas han sido espinosos, complejos, y en los que ha sido complicado encontrar grandes consensos. Pero Moncloa nunca ha cambiado el discurso.
Su gran baza fue Gaza y el Gobierno ha apretado por ejemplo para que la UE rompa el acuerdo de asociación con Israel. La postura de España en este caso ha sido siempre maximalista y ha encontrado el apoyo de socios como Irlanda, Bélgica o Luxemburgo. Bien es cierto que 17 Estados miembros reclamaron la revisión del pacto, pero no explícitamente su suspensión (para lo que se necesita unanimidad). Tampoco ha logrado el Ejecutivo de Sánchez que se congelase al menos la parte comercial del acuerdo, para lo que se exige una mayoría cualificada. Ninguno de los grandes países de la UE se ha sumado a esa causa.
Hay voces en Bruselas que reconocen el rol de España, pero también hay recelos. En general, Sánchez se ha convertido en el azote de Donald Trump y Benjamin Netanyahu. No se está solos, se va antes que los demás, celebraron fuentes diplomáticas en su momento sobre la defensa de Palestina o las duras críticas a Israel, a las que poco a poco se fueron sumando otros países como Italia o incluso Francia. A nivel de discurso España sí ha sabido moverse, pese a no trasladarlo a medidas concretas. El Gobierno también fue muy crítico, al mismo tiempo, con la situación por la guerra en Irán.
Y es que el choque con Estados Unidos ha sido importante. «Es un aliado terrorífico», llegó a decir Donald Trump sobre España, entre amenazas para cortar «todo el comercio» con el país. El Gobierno de Sánchez se negó a que Estados Unidos usara las bases de Rota y Morón en su ofensiva sobre Teherán, y se ha mantenido en su mensaje de no subir al 5% del PIB el gasto en defensa. Moncloa ya asume con naturalidad las críticas de Trump, solo suavizadas tras la victoria española en el Mundial. «Ya no tengo problemas con nadie», dijo el presidente estadounidense al regreso del partido, en el que coincidió con Sánchez. Pero la realidad es que a ese momento le precedieron saludos tensos en la cumbre por la paz de Gaza, o distancias muy marcadas en el último encuentro de líderes de la OTAN en Ankara.
Tampoco ha ganado el Ejecutivo el debate migratorio. España ahí sí ha sido un verdadero verso suelto: el pacto común incluye, por ejemplo, la posibilidad de que los países recurran a centros de detención de migrantes en terceros estados, como Italia con Albania. El modelo Meloni ya es el modelo UE… pero no el modelo España. Sánchez se ha desmarcado del todo de esta vía y ha apostado por una regularización masiva de migrantes sobre la que Bruselas ha avisado: no puede afectar al resto de socios ni a la libre circulación de personas por territorio comunitario. Además, España siempre ha estado fuera del grupo de unos 20 socios que reclaman políticas migratorias más duras.
Y la situación la ha colmado la crisis de estos días en Ceuta tras la entrada de más de 72.000 personas de manera sorpresiva desde Marruecos, una situación que dejó incluso casi una veintena de muertos. Además, socios como Italia, Finlandia o Suecia hablaron de suspender el acuerdo Schengen de libre circulación con España. La realidad es que no se puede excluir a un país de ese pacto, pero sí reforzar las fronteras interiores, algo que anunció por ejemplo Francia. Sánchez, por su parte, puso el foco en «las mafias» y no en el papel de Rabat y Bruselas movilizó recursos -como Frontex- para dar apoyo a las autoridades españolas.
El foco sobre el Gobierno también ha estado puesto por culpa de la corrupción. El PP se ha encargado de que el caso Ábalos, el caso Koldo o la situación del Fiscal General no pasen desapercibidos en Bruselas y Estrasburgo, y el último informe sobre la situación del estado de derecho en España está lleno de avisos… aunque reconoce avances. Por ejemplo, una de las prioridades con las que el Gobierno todavía no cumple es en la lucha contra la corrupción entre los altos cargos, según la Comisión, que sí ve progresos por ejemplo en la reforma de la Justicia o en la digitalización de los procedimientos. Donde el informe es especialmente crítico es en el ámbito de los conflictos de intereses. Bruselas califica el progreso en esta área como «limitado», y al mismo tiempo lanza una advertencia: aunque se han presentado leyes que la Comisión considera ambiciosas, como la de Integridad Pública, la aplicación práctica de las normas actuales no ha mejorado.
La economía sí sostiene a España como referencia. Y es qe Bruselas mantiene a España como la gran economía de la UE que más crecerá en 2026 pese a la guerra pero con más inflación. Esa es la conclusión para el país de las previsiones de primavera presentadas por la Comisión Europea el pasado mayo: la economía española crecerá un 2,4% este año (frente al 2,3% que proyecta por ejemplo el Banco de España o al 2,1% que recoge la OCDE) y un 1,9% en 2027. Son cifras parecidas a las que dio el Ejecutivo comunitario en sus anteriores cálculos, a finales de 2025, cuando fueron un 2,3% y un 2%. Es decir, en términos de crecimiento España no nota el golpe de la crisis en Oriente Medio tanto como otros socios.
Por ejemplo, Alemania crecerá solo un 0,6% en 2026, Francia lo hará un 0,8% e Italia solamente un 0,5%. Por encima de España están las proyecciones eso sí de Bulgaria, Croacia, Hungría y Malta. Sí se nota esa dinámica compleja en la inflación, que será de un 3% en 2026 y de un 2,5% en 2027, según Bruselas, que en otoño, sin estar la guerra de Irán en marcha, calculó un 2% para ambos años.
Visto todo lo anterior, ha sido un curso muy descafeinado para Sánchez en la UE. Difícil, tenso en algunos temas. El Gobierno de España ha querido capitanear debates en los que no ha logrado grandes consensos, y se ha desmarcado en otros, aunque el balance en Moncloa es más que positivo. La firmeza respecto a EEUU o Israel, así como el sostenido apoyo a Ucrania, se ven como los grandes triunfos de los últimos meses. En septiembre el Ejecutivo querrá retomar todavía algunos asuntos en los que quiere liderar a la Unión Europea.
20MINUTOS.ES – Internacional
