Usamos estas expresiones a diario y casi nunca pensamos de dónde salen. En este post voy a explicarte el origen de cinco famosas frases que mencionan un número y que usamos habitualmente para hablar de soledad, lejanía, euforia, chulería o terquedad.
Estar más solo que la una
Esta primera expresión se usa para referirse a una inmensa soledad. Durante mucho tiempo se creyó que esta analogía procedía de los relojes antiguos porque a la una de la madrugada solo suena una campanada. Aunque resulta muy popular esta teoría no convence a los expertos y existe otra explicación mucho más sólida. Esta segunda opción propone que se trata de una simple deformación de la frase original «estar más solo que la Luna». Esta versión más antigua está presente en textos poéticos del siglo XIX e incluso aparece mencionada en una conocida canción de Joaquín Sabina. También circula un falso mito por internet que la relaciona erróneamente con un político vasco apellidado Laúna.
En el quinto pino
Acudimos a esta frase cuando queremos hablar de un lugar muy lejano. Su nacimiento se sitúa en el Madrid del rey Felipe V a principios del siglo XVIII cuando se plantaron cinco grandes pinos a lo largo del Paseo de Recoletos hacia el norte de la ciudad. El quinto árbol estaba en la zona más apartada muy cerca de donde hoy se levantan los Nuevos Ministerios. Precisamente por quedar tan lejos del centro se convirtió en el punto de encuentro perfecto para las parejas de enamorados que querían verse lejos de las miradas ajenas.
Estar en el séptimo cielo
Empleamos esta afirmación para indicar una felicidad extrema o una satisfacción plena. Su origen se relaciona estrechamente con antiguas tradiciones religiosas y culturales como la islámica que hablaba de la existencia de siete cielos y situaba el séptimo como el más alto y cercano a Dios. También se asocia a la cosmología antigua donde este nivel simbolizaba la máxima perfección posible. Con el paso del tiempo esta preciosa imagen celestial quedó fijada como una metáfora de alegría suprema y plenitud absoluta en nuestro habla cotidiana.
Ser más chulo que un ocho
La historia de esta curiosa frase nos lleva directamente al antiguo tranvía número ocho de Madrid. Este transporte unía el centro de la capital con el Parque de la Bombilla que era el lugar exacto donde se celebraba la tradicional Verbena de San Isidro. En ese trayecto viajaban numerosos madrileños vestidos con el traje típico castizo. La imagen de aquel tranvía siempre lleno de gente tan engalanada logró que el número ocho acabara asociado al aire alegre, elegante y festivo de sus pasajeros perdurando hasta hoy en el lenguaje popular.
Mantenerse en sus trece
Esta expresión nace del enorme empeño del papa Benedicto XIII conocido popularmente como el Papa Luna tras ser elegido en el año 1394 durante el famoso Cisma de Occidente. Mientras varios reinos defendían que el pontífice legítimo era Bonifacio IX nuestro protagonista perdió el apoyo de Francia y tuvo que instalarse en el castillo de Peñíscola. A pesar de todas las presiones se negó en rotundo a renunciar y siguió aferrado a su cargo. De esa tremenda obstinación surgió la costumbre de decir que el pontífice «seguía en sus trece» haciendo referencia al número exacto de su nombre papal.
Descubre el origen de cinco expresiones sobre números en el lenguaje popular, su sentido original y por qué seguimos usándolas hoy.
Usamos estas expresiones a diario y casi nunca pensamos de dónde salen. En este post voy a explicarte el origen de cinco famosas frases que mencionan un número y que usamos habitualmente para hablar de soledad, lejanía, euforia, chulería o terquedad.
Estar más solo que la una
Esta primera expresión se usa para referirse a una inmensa soledad. Durante mucho tiempo se creyó que esta analogía procedía de los relojes antiguos porque a la una de la madrugada solo suena una campanada. Aunque resulta muy popular esta teoría no convence a los expertos y existe otra explicación mucho más sólida. Esta segunda opción propone que se trata de una simple deformación de la frase original «estar más solo que la Luna». Esta versión más antigua está presente en textos poéticos del siglo XIX e incluso aparece mencionada en una conocida canción de Joaquín Sabina. También circula un falso mito por internet que la relaciona erróneamente con un político vasco apellidado Laúna.
En el quinto pino
Acudimos a esta frase cuando queremos hablar de un lugar muy lejano. Su nacimiento se sitúa en el Madrid del rey Felipe V a principios del siglo XVIII cuando se plantaron cinco grandes pinos a lo largo del Paseo de Recoletos hacia el norte de la ciudad. El quinto árbol estaba en la zona más apartada muy cerca de donde hoy se levantan los Nuevos Ministerios. Precisamente por quedar tan lejos del centro se convirtió en el punto de encuentro perfecto para las parejas de enamorados que querían verse lejos de las miradas ajenas.
Estar en el séptimo cielo
Empleamos esta afirmación para indicar una felicidad extrema o una satisfacción plena. Su origen se relaciona estrechamente con antiguas tradiciones religiosas y culturales como la islámica que hablaba de la existencia de siete cielos y situaba el séptimo como el más alto y cercano a Dios. También se asocia a la cosmología antigua donde este nivel simbolizaba la máxima perfección posible. Con el paso del tiempo esta preciosa imagen celestial quedó fijada como una metáfora de alegría suprema y plenitud absoluta en nuestro habla cotidiana.
Ser más chulo que un ocho
La historia de esta curiosa frase nos lleva directamente al antiguo tranvía número ocho de Madrid. Este transporte unía el centro de la capital con el Parque de la Bombilla que era el lugar exacto donde se celebraba la tradicional Verbena de San Isidro. En ese trayecto viajaban numerosos madrileños vestidos con el traje típico castizo. La imagen de aquel tranvía siempre lleno de gente tan engalanada logró que el número ocho acabara asociado al aire alegre, elegante y festivo de sus pasajeros perdurando hasta hoy en el lenguaje popular.
Mantenerse en sus trece
Esta expresión nace del enorme empeño del papa Benedicto XIII conocido popularmente como el Papa Luna tras ser elegido en el año 1394 durante el famoso Cisma de Occidente. Mientras varios reinos defendían que el pontífice legítimo era Bonifacio IX nuestro protagonista perdió el apoyo de Francia y tuvo que instalarse en el castillo de Peñíscola. A pesar de todas las presiones se negó en rotundo a renunciar y siguió aferrado a su cargo. De esa tremenda obstinación surgió la costumbre de decir que el pontífice «seguía en sus trece» haciendo referencia al número exacto de su nombre papal.
20MINUTOS.ES – Cultura
