El plural de las palabras compuestas provoca más tropiezos de los que cabría esperar, sobre todo porque, al fijarse como una sola unidad, dejan de comportarse como la suma transparente de sus partes y el oído intenta regularizarlas por su cuenta. El ejemplo de manual es sacacorchos, que se mantiene igual en singular y en plural, por eso no decimos sacacorchoses ni inventamos variantes extrañas, del mismo modo que no pluralizamos paraguas o quitamanchas con una ese añadida. En estos casos, el plural no se marca en la palabra, sino en lo que la acompaña, así que lo natural es decir un sacacorchos y dos sacacorchos, igual que un paraguas y tres paraguas.
Otros compuestos sí admiten plural en la segunda parte. Sucede con telesilla/telesillas, boquiabierto/boquiabiertos, pelirrojo/pelirrojos o hazmerreír/hazmerreíres. En estos casos el plural sigue la forma esperable porque el vocablo final mantiene su condición de sustantivo o adjetivo independiente. Frente a ellos están los compuestos en los que un verbo se une a un sustantivo, como lavaplatos, abrelatas o portaequipajes, que también tienden a quedarse quietos en plural.
En los compuestos formados por dos sustantivos, la cosa varía según la relación que exista entre ellos. Si el primero funciona como determinante del segundo, normalmente se pluraliza solo el segundo. Así ocurre en hombre rana, que pasa a hombres rana, o en ciudad dormitorio, que se convierte en ciudades dormitorio. No se hacen plurales dobles porque el núcleo del término es el segundo sustantivo y el primero actúa como una suerte de especificador.
En los nombres de profesiones o cargos formados por dos sustantivos, el plural puede variar según cómo se entienda la estructura. Decimos guardabosques tanto en singular como en plural, porque funciona como una unidad léxica cerrada, mientras que en expresiones como primer ministro o segunda mano lo normal es pluralizar el núcleo, de ahí primeros ministros y segundas manos. La clave está en detectar qué sustantivo lleva el peso del significado y comprobar si el conjunto se comporta como una palabra hecha o como un sintagma en el que el primer elemento sigue actuando como modificador.
Conviene recordar que la mayoría de estas formas ya están registradas con plural fijo, así que la consulta al diccionario suele resolver cualquier duda.
El plural de las palabras compuestas provoca más tropiezos de los que cabría esperar, sobre todo porque, al fijarse como una sola unidad, dejan de comportarse como la suma transparente de sus partes y el oído intenta regularizarlas por su cuenta.
El plural de las palabras compuestas provoca más tropiezos de los que cabría esperar, sobre todo porque, al fijarse como una sola unidad, dejan de comportarse como la suma transparente de sus partes y el oído intenta regularizarlas por su cuenta. El ejemplo de manual es sacacorchos, que se mantiene igual en singular y en plural, por eso no decimos sacacorchoses ni inventamos variantes extrañas, del mismo modo que no pluralizamos paraguas o quitamanchas con una ese añadida. En estos casos, el plural no se marca en la palabra, sino en lo que la acompaña, así que lo natural es decir un sacacorchos y dos sacacorchos, igual que un paraguas y tres paraguas.
Otros compuestos sí admiten plural en la segunda parte. Sucede con telesilla/telesillas, boquiabierto/boquiabiertos, pelirrojo/pelirrojos o hazmerreír/hazmerreíres. En estos casos el plural sigue la forma esperable porque el vocablo final mantiene su condición de sustantivo o adjetivo independiente. Frente a ellos están los compuestos en los que un verbo se une a un sustantivo, como lavaplatos, abrelatas o portaequipajes, que también tienden a quedarse quietos en plural.
En los compuestos formados por dos sustantivos, la cosa varía según la relación que exista entre ellos. Si el primero funciona como determinante del segundo, normalmente se pluraliza solo el segundo. Así ocurre en hombre rana, que pasa a hombres rana, o en ciudad dormitorio, que se convierte en ciudades dormitorio. No se hacen plurales dobles porque el núcleo del término es el segundo sustantivo y el primero actúa como una suerte de especificador.
En los nombres de profesiones o cargos formados por dos sustantivos, el plural puede variar según cómo se entienda la estructura. Decimos guardabosques tanto en singular como en plural, porque funciona como una unidad léxica cerrada, mientras que en expresiones como primer ministro o segunda mano lo normal es pluralizar el núcleo, de ahí primeros ministros y segundas manos. La clave está en detectar qué sustantivo lleva el peso del significado y comprobar si el conjunto se comporta como una palabra hecha o como un sintagma en el que el primer elemento sigue actuando como modificador.
Conviene recordar que la mayoría de estas formas ya están registradas con plural fijo, así que la consulta al diccionario suele resolver cualquier duda.
20MINUTOS.ES – Cultura
