Todos estamos de acuerdo en que el cambio climático no existe, que no es más que la última excusa de los tristes que no son capaces de disfrutar del sol y el buen tiempo, que como invención ya no da más de sí, que olas de calor, huracanes, sequías e incendios han existido desde siempre… Partiendo de aquí, puro sentido común, las preguntas que habría que hacerse son las importantes: dónde se consiguen gratis las gafas del eclipse, a qué hora empieza el tardeo exactamente y cómo haría Spiderman para enganchar las telarañas en los Monegros, por ejemplo. Es decir, la cuestión sigue siendo la misma de siempre: ¿estamos gilipollas o qué?
Pierre Schoeller imagina la última y oportuna consecuencia del cambio climático en una película tan cargante como oportuna
Todos estamos de acuerdo en que el cambio climático no existe, que no es más que la última excusa de los tristes que no son capaces de disfrutar del sol y el buen tiempo, que como invención ya no da más de sí, que olas de calor, huracanes, sequías e incendios han existido desde siempre… Partiendo de aquí, puro sentido común, las preguntas que habría que hacerse son las importantes: dónde se consiguen gratis las gafas del eclipse, a qué hora empieza el tardeo exactamente y cómo haría Spiderman para enganchar las telarañas en los Monegros, por ejemplo. Es decir, la cuestión sigue siendo la misma de siempre: ¿estamos gilipollas o qué?
Noticias de Cultura
