<p>La sanidad madrileña avanza en un terreno exigente, donde conviven la presión asistencial creciente, la irrupción de nuevas terapias y un debate constante sobre cómo sostener el sistema sin renunciar a la innovación. En ese contexto, la Comunidad de Madrid defiende un modelo propio que, según su consejera de Sanidad, <strong>Fátima Matute</strong>, combina inversión, flexibilidad organizativa y apuesta decidida por la medicina de precisión.</p>
La consejera de Madrid defiende su modelo sanitario basado en inversión, innovación y gestión flexible ante el aumento de la demanda asistencial
La sanidad madrileña avanza en un terreno exigente, donde conviven la presión asistencial creciente, la irrupción de nuevas terapias y un debate constante sobre cómo sostener el sistema sin renunciar a la innovación. En ese contexto, la Comunidad de Madrid defiende un modelo propio que, según su consejera de Sanidad, Fátima Matute, combina inversión, flexibilidad organizativa y apuesta decidida por la medicina de precisión.
Con ello, «tenemos la mejor sanidad del mundo, y lo digo sin soberbia», ha afirmado Matute en el Encuentro con la Sanidad de la Comunidad de Madrid, organizado por Diario Médico con el apoyo de la consejería de Sanidad autonómica y la colaboración de Bayer, Biogen, Gilead y Siemens Healthineers.
El encuentro ha arrancado con una entrevista por parte de Daniel Aparicio, director de Diario Médico, a la consejera, que ha situado el esfuerzo presupuestario como uno de los pilares del sistema. Madrid destina cerca de 11.000 millones de euros a sanidad, en torno al 40% de su presupuesto total, «además de lo que no ejecutan el resto de consejerías», en un escenario donde, advierte, los recursos son cada vez más tensionados por la llegada de innovación.
Uno de los puntos donde esa tensión se hace más visible es el acceso a nuevos tratamientos. La incorporación de fármacos innovadores no siempre se produce al mismo ritmo que su desarrollo, lo que obliga a las comunidades a tomar decisiones propias: «Nosotros sí que damos esos tratamientos, pero tenemos que hacer una compra como medicamento extranjero, porque no está en la cartera de servicios», explica Matute. Esta fórmula, reconoce, encarece los costes: «Eso hace que compremos más caro y tengamos menos dinero para repartir».
Aun así, defiende que la prioridad es el paciente. «Lo hicimos para cáncer de mama metastásico y lo haremos con cualquier fármaco que beneficie a nuestra población, esté o no financiado», subraya.
Esa lógica se replica con especial intensidad en el ámbito de las enfermedades raras, donde la baja prevalencia obliga a replantear los modelos tradicionales de atención. En este sentido, Madrid ha optado por concentrar pacientes y conocimiento para acelerar la investigación y los ensayos clínicos. El Hospital Niño Jesús se erige como uno de los referentes en este enfoque: «Es el único hospital pediátrico totalmente público de España y puede que del mundo», lo que favorece la innovación: «Cuantos más pacientes reclutas, antes puedes llegar a una conclusión: o ver que no funciona o que sí funciona y ponerlo a disposición de todo el mundo«, explica la consejera.
El salto cualitativo del sistema se refleja en la apuesta por las terapias avanzadas. Madrid trabaja en la puesta en marcha de un centro regional específico que centralizará la producción de estas terapias en el Centro de Transfusiones. Matute describe el proyecto con una mezcla de ambición científica y entusiasmo: «Va a ser el corazón de todas las salas blancas de la comunidad».
Otro de los rasgos que Madrid reivindica es la flexibilidad organizativa. La colaboración público-privada se plantea como una herramienta para dar respuesta a necesidades concretas sin sobredimensionar estructuras: «Yo no me avergüenzo de esa colaboración y la defiendo», afirma Matute. Como ejemplo, menciona la utilización puntual de recursos externos para pruebas diagnósticas específicas, como las resonancias abiertas en pacientes con obesidad mórbida: «No vas a tener esa tecnología en todos los hospitales si es algo excepcional», explica. La clave, añade, es utilizar todos los recursos disponibles «para ser más eficientes».
En este sentido ha aprovechado para lanzar una puya al Ministerio, que «legislan por la gestión directa mientras todas sus revisiones de salud laboral se las contrata a una empresa privada, o sea que es todo una incongruencia».
Más allá de la innovación o la organización, el sistema sanitario se enfrenta a un reto estructural de gran calado: el relevo generacional: «En cinco años se jubila el 30% de los médicos y el 25% de las enfermeras», advierte Matute. Y el problema no es solo sustituirlos: «No necesito reponer, necesito más, porque la población envejece y las enfermedades se cronifican». Este escenario, alerta, exige planificación inmediata: «Si no trabajamos ahora, dentro de cinco años no vamos a poder tener más especialistas».
En paralelo, el debate sobre la universalidad sanitaria se mantiene abierto a raíz del decreto sobre acceso a la asistencia de personas extranjeras en situación irregular; Matute defiende que la atención urgente ya es universal en la práctica clínica: «En la puerta de urgencias nunca le he pedido a nadie la tarjeta de crédito o el DNI. Nunca a nadie se le ha denegado la asistencia sanitaria urgente en ningún hospital de Madrid y de España». Sin embargo, advierte de los riesgos de ampliar el modelo sin planificación: «Si abres la asistencia para todo sin prever recursos, puedes tener un problema«. La clave, insiste, es acompañar cualquier medida de memorias técnicas, jurídicas y económicas que garanticen su viabilidad.
En esta línea, Matute ha criticado duramente varias de las iniciativas gubernamentales y a un Ministerio encabezado por «una ministra sectaria que no ama la vida». De hecho, ha calificado la gestión de Mónica García con un cero «aunque debería ser negativo».
Así, por ejemplo, ha anunciado que defenderá el derecho de los profesionales a la objeción de conciencia frente al registro impulsado por el Ministerio, al considerar que plantea dudas legales y de protección de datos: «Defenderé a los compañeros que no quieran ser señalados y a crearlo nos obligará un juez, no una ministra».
Uno de los reproches más contundentes se dirige a la ausencia de planificación en recursos humanos y la gestión del examen MIR, que califica de «desastre organizativo», con errores en listas, retrasos y falta de información para los aspirantes.
En paralelo, critica el proceso de reforma del Estatuto Marco, «otro disparate», al considerar que se ha impulsado sin implicar a todos los agentes involucrados, generando «confrontación entre profesionales» en lugar de consenso y, aunque reconoce que se posiciona junto a los que reclaman un estatuto propio para los médicos, «eso no excluye que las enfermeras tengan que tener su voz. El problema es que el origen del proceso está mal hecho, no habría que haber llegado aquí, es más, aún estamos a tiempo de hacerlo bien».
Así, critica que el proyecto de Estatuto Marco salió adelante «sin hablar con los técnicos, con algunos sindicatos, no sabemos con cuáles, pero no con todos. Incluso habló con el anterior consejero de Sanidad catalán y le ofreció el A1 para las enfermeras sin haber hablado con nadie más».
Por último, cuestiona el papel actual del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, al que acusa de haber perdido su función de coordinación. «La documentación no llega a tiempo, no hay debate real y se utiliza con fines políticos», lamenta.
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