Insta360 lleva casi una década vendiendo cámaras que graban en todas direcciones (de ahi su nombre) pero en los últimos años ha empezado a centrarse en el mercado de creadores de contenido e influencers. Hace unos meses puso a la venta la Luna Ultra, por ejemplo, pero también un nuevo conjunto de micrófono inalámbricos de solapa, los Mic Pro, que vienen a competir con los Mic 3 de DJI, la otra gran marca que está haciéndose un hueco en este mercado.
El sistema inalámbrico cuesta 329 euros con dos transmisores, receptor y estuche de carga. Graba en 32 bits de coma flotante en 32 GB internos y permite estampar un logotipo en cada micrófono
Insta360 lleva casi una década vendiendo cámaras que graban en todas direcciones (de ahi su nombre) pero en los últimos años ha empezado a centrarse en el mercado de creadores de contenido e influencers. Hace unos meses puso a la venta la Luna Ultra, por ejemplo, pero también un nuevo conjunto de micrófono inalámbricos de solapa, los Mic Pro, que vienen a competir con los Mic 3 de DJI, la otra gran marca que está haciéndose un hueco en este mercado.
He podido probarlos durante los últimos meses y lo que los distingue de la competencia no necesariamente que ver con el sonido. Cada transmisor tiene una pantalla circular de tinta electrónica de 1,22 pulgadas y seis colores que ocupa prácticamente toda su cara frontal. Desde la aplicación de Insta360 se puede subir cualquier imagen (el logotipo de una cadena, el nombre del entrevistado, la identidad de un canal de YouTube) y la pantalla la mantiene visible incluso con el micrófono apagado, porque la tinta electrónica sólo consume energía cuando refresca la imagen.
Esta característica secundaria me ha resultado casi más interesante que la calidad de sonido, que ya adelanto que es muy buena, porque la pantalla sirve para camuflar bien el micrófono. Cargando un estampado que imite la tela de la camisa, por ejemplo, el transmisor desaparece. No hay LED parpadeantes ni el círculo negro con el logotipo del fabricante, que es lo que delata a cualquier micrófono de corbata en un plano corto. Y como el panel no se refresca mientras muestra una imagen fija, en vídeo no aparece el efecto muaré que arruinaría las tomas con pantallas OLED.
Es una ventaja porque son micrófonos más bien voluminosos, aunque por buenos motivos. Debajo de la pantalla hay una matriz de tres cápsulas y combinándolas mediante procesamiento digital, el Mic Pro emula cuatro patrones polares: omnidireccional, cardioide, superdireccional y bidireccional en forma de ocho.
En la práctica los he usado de tres formas. La primera es montando el transmisor en la zapata de una cámara para convertirlo en un micrófono de cañón improvisado con el patrón supercardioide. También lo he conectado a la Luna Ultra de forma directa por Bluetooth, anclándolo a la ropa y en modo unidireccional, que es como la mayoría lo usará. Por último, he probado a hacer una entrevista con con un solo micrófono en modo bidireccional, que es un poro incómodo (siempre es mejor que cada interlocutor tenga su propio micro) pero salva de un apuro.
Cada transmisor guarda 32 GB de memoria interna y graba en 32 bits, lo que hace casi imposible saturar una toma. Pero esto sólo se aplica a la grabación interna. La señal que viaja por radio hasta el receptor se queda en 24 bits, que no está mal, pero es un poco más limitado.
Es el sistema de solapa inalámbrico que mejor suena de todos los que han pasado por mis manos. Grabando de frente, a la altura de un micrófono de sobremesa, cuesta distinguirlo de una cápsula de tamaño completo. Colocado en mitad del pecho, que es donde acaba la mayoría de las veces, recoge muy bien la voz.
El algoritmo de eliminación de ruido ambiente puede ser agresivo. Si la idea es realizar postproducción de sonido y el entorno no es muy ruidoso, es mejor desactivarlo. Para grabar en ambientes ruidosos como la calle para un vídeo para Instagram, por ejemplo, va perfecto. El alcance llega a 400 metros con receptor de por medio y baja a unos 100 metros conectando por Bluetooth directamente a una cámara en condiciones ideales. La autonomía ronda las diez horas por transmisor y llega a treinta con el estuche de transporte.
Mi principal queja viene casi exclusivamente por el lado del software. La aplicación de Insta 360 obliga a registrarse, tiene mucha publicidad y no siempre es fácil encontrar los ajustes del micrófono. Es necesaria, como cabría esperar, para cambiar la imagen de la pantalla, un proceso que tarda unos segundos pero también para saber controlar fácilmente los diferentes sistemas de grabación cuando no se utiliza el transmisor y se conecta directo a una cámara de la compañía. Aunque tiene indicadores LED en los botones de control del micrófono, puede ser difícil seleccionar las distintas opciones o cambiar los patrones.
Como cabría esperar, el receptor también es imprescindible para conectar el micrófono a un teléfono si queremos grabar con la cámara del móvil. El micrófono puede conectarse directamente de forma inalámbrica para transferencia de archivos, pero no para la fase de grabación. Para engancharse incluye varias opciones. EL receptor se puede colocar en una zapata de cámara o conectar por USB-C a un móvil u ordenador.
Los transmisores se enganchan a la ropa con imanes o pinzas incluidas. Los imanes son bastante potentes y a menudo mi forma preferida de llevarlos, pero con ropa de tejido grueso una pinza puede ser una opción más segura.
Para cualquiera que tenga una cámara Insta360, es posible comprar exclusivamente el receptor por 109 euros y para creadores en solitario un micrófono y un receptor para el móvil cuesta 209 euros. La opción de 329 euros, sin embargo, no sólo añade un micrófono más sino también el estuche de carga, que hace mucho más fácil transportar el conjunto y añade más autonomía y es el conjunto más recomendable.
Tecnología – Píxel
