Se confiesa el escritor Jesús Carrasco un hombre «lento, para bien y para mal». Este narrador tranquilo se dio a conocer con la exitosa Intemperie en 2013 y en una docena de años ha firmado cinco novelas, todas alabadas, algunas premiadas: «Soy lento escribiendo, soy lento aprendiendo. Soy lento porque eso (la parte buena) me permite vivir con sosiego y soy lento porque a veces (la parte mala) tardo en aprender las cosas demasiado tiempo». El detalle (Seix Barral, como las anteriores) es su último trabajo: un alegato en clave cómica sobre cómo la prisa, el consumo y la falta de atención golpean de lleno las relaciones humanas, en particular, a la pareja. Felipe quiere recuperar el interés de su mujer, Leticia (habrá tiempo de saber por qué estos nombres y no otros) y piensa en algo que les devuelva a un tiempo feliz, como si el pasado se pudiera revivir sin peaje. Un convulso periplo le hará encontrarse con un espejo lleno de vaho, donde su deseo se desvanece. Carrasco (Olivenza, Badajoz 1972) ha elegido esa palabra, ‘detalle’ y no ‘sorpresa’ o ‘regalo’, de forma escrupulosa. Es lo que piensa el protagonista cuando organiza su reconquista, «como si con los detalles pudiéramos salvar grandes naufragios», matiza su creador. Hay mucho humor en esta novela, era la intención, como lo es arrojar esa mirada crítica sobre un mundo que nos devora con su velocidad y su falta de espacio para lo esencial. Lo subraya alguien que no tiene redes sociales, procura no viajar en líneas aéreas de bajo coste y admira a una novelista que ha hecho un género de la vida corriente: Sara Mesa. Quizás, porque es su propio retrato, la cotidianeidad como excusa magistral.
Es un riesgo volver a los lugares que nos emocionaron. Lo es porque, incluso en el caso de que el lugar no hubieran cambiado, nosotros siempre seremos distintos
Llamé a los personajes Felipe y Leticia porque pensé en una pareja real con minúscula. No es nada antimonárquico, es un guiño
Descubrí que las parejas idílicas solo estaban en mi mente. Cuando las conoces ves que discuten, pelean, se aburren…
Me apetecía mucho escribir comedia, me gusta mucho reírme y me gusta hacer reír
Un escritor no se debe a sus lectores, se debe a su instinto y a su oficio
Estoy intentando encariñarme con ‘El detalle’ ,es la novela más fresca para mí. Pero mi gran amor será siempre ‘Intemperie’
El último detalle que han tenido conmigo ha venido de mi mujer: cansada de trabajar, tarde, con cosas por hacer aún y me ha comprado ropa para esta entrevista
El escritor ironiza en su última novela, ‘El detalle’, sobre la prisa, la falta de atención y la melancolía del amor.
Entrevista

El escritor ironiza en su última novela, ‘El detalle’, sobre la prisa, la falta de atención y la melancolía del amor.
Se confiesa el escritor Jesús Carrasco un hombre «lento, para bien y para mal». Este narrador tranquilo se dio a conocer con la exitosa Intemperie en 2013 y en una docena de años ha firmado cinco novelas, todas alabadas, algunas premiadas: «Soy lento escribiendo, soy lento aprendiendo. Soy lento porque eso (la parte buena) me permite vivir con sosiego y soy lento porque a veces (la parte mala) tardo en aprender las cosas demasiado tiempo». El detalle (Seix Barral, como las anteriores) es su último trabajo: un alegato en clave cómica sobre cómo la prisa, el consumo y la falta de atención golpean de lleno las relaciones humanas, en particular, a la pareja. Felipe quiere recuperar el interés de su mujer, Leticia (habrá tiempo de saber por qué estos nombres y no otros) y piensa en algo que les devuelva a un tiempo feliz, como si el pasado se pudiera revivir sin peaje. Un convulso periplo le hará encontrarse con un espejo lleno de vaho, donde su deseo se desvanece. Carrasco (Olivenza, Badajoz 1972) ha elegido esa palabra, ‘detalle’ y no ‘sorpresa’ o ‘regalo’, de forma escrupulosa. Es lo que piensa el protagonista cuando organiza su reconquista, «como si con los detalles pudiéramos salvar grandes naufragios», matiza su creador. Hay mucho humor en esta novela, era la intención, como lo es arrojar esa mirada crítica sobre un mundo que nos devora con su velocidad y su falta de espacio para lo esencial. Lo subraya alguien que no tiene redes sociales, procura no viajar en líneas aéreas de bajo coste y admira a una novelista que ha hecho un género de la vida corriente: Sara Mesa. Quizás, porque es su propio retrato, la cotidianeidad como excusa magistral.
Su quinta novela ¿es una crítica social al consumo, a la vida en pareja, a la quinta marcha que imprimimos a nuestras acciones…?
Como género, para mí, diría que es una comedia seria. Es decir, es un tema grave, como es de las relaciones de pareja, pero tratado desde un punto de vista humorístico, sin restarle por ello importancia, ni gravedad, ni peso al tema. Pero si tuviera que definirla temáticamente, me parece que es más una historia de pareja con la sociedad contemporánea o con la vida moderna de fondo.
Es un riesgo volver a los lugares que nos emocionaron. Lo es porque, incluso en el caso de que el lugar no hubieran cambiado, nosotros siempre seremos distintos
La trama se desarrolla en Novo Mesto (Eslovenia), un lugar poco conocido. ¿Ha estado allí?
Yo no hice el Erasmus, como los protagonistas. Pero esta novela la empecé a escribir en Novo Mesto. Es la ciudad de donde es mi editora. Me han concedido un par de veces unas residencias de escritura allí y en la segunda y última, fui a terminar Elogio de las manos (la novela anterior, premio Biblioteca Breve) y por las tardes empecé esta novela. Es una ciudad muy bonita y pintoresca.
La novela pone de relieve que quizás no siempre es conveniente volver a los sitios donde fuimos felices.
Bueno, es un riesgo, claro, volver a los lugares que nos emocionaron. Lo es porque, incluso en el caso de que el lugar no hubiera cambiado, nosotros siempre seremos distintos al volver allí. Aunque solo fuera por haber ido esa primera vez. Hay que tener mucho cuidado con regresar a esos lugares que son lugares fundacionales, donde se origina el mito, el relato de la pareja en este caso. Lo normal es que produzcan decepción. Exactamente igual que si quieres conocer personalmente a ese ídolo musical o literario cuya obra te fascina, pero cuya presencia no es tan interesante cuando lo consigues.
La nostalgia ¿sirve para algo?
A mí, particularmente, la nostalgia no me vale absolutamente para nada. Es más bien un lastre que un beneficio, porque en realidad te vuelve al pasado con un deseo que ese pasado no te puede dar. El pasado está donde está y se quedó y ya está. Hay que aprender a vivir en el presente. ¿Que fue mejor el pasado?… Pues intenta que tu presente sea mejor. Pero nada vas a poder hacer por volver a ese pasado, ni volverá, para mí es una emoción estéril. Algo de esto trata de de contar El detalle.

Su protagonista rebosa ese sentido nostálgico de la vida, quizás por eso, le va tan mal.
Más que la nostalgia, yo creo que lo que opera en la mente de Felipe es la idealización de ese pasado. Pero también de una forma interesada, porque en su error de percepción y de cálculo, considera que volver a ese lugar en el que se conocieron él y su mujer, donde las emociones fueron tan fuertes, va a obrar una especie de milagro en ella. Así que es más bien un deseo interesado ante su incapacidad para resolver precisamente su presente de una manera solvente y madura, que es lo que se le pide. Él dice, bueno, ‘si no soy capaz de hacerlo con mis propios medios, voy a ver si volviendo al lugar en el que fuimos felices y todo se originó, a esa química del mito, puede funcionar para restaurar lo que en el presente está funcionando mal’. Cosa que difícilmente funciona.
Llamé a los personajes Felipe y Leticia porque pensé en una pareja real con minúscula. No es nada antimonárquico, es un guiño
Lo de llamar a sus personajes Felipe y Leticia (no con z) no puede ser casual.
Como la novela es una comedia, hubo un momento en que tuve que bautizar a los personajes, que tenían otro nombre y en algún momento pensé en ellos como una pareja muy cotidiana, una pareja cualquiera, o sea, una pareja muy real. Real con minúscula. Pensé, ¿por qué no ponerles un nombre de pareja real con mayúscula? Pero bueno, es un guiño que aparece en un momento del libro y que no tiene ninguna otra resonancia, ni monárquica, ni antimonárquica, ni republicana, ni antirrepublicana, ni nada parecido.
La convivencia diaria ¿desgasta el amor de manera inexorable?
Yo creo que la convivencia es una prueba para el amor, no necesariamente una tumba. Porque obliga a un enfrentamiento, a un cara a cara constante y y permanente. Esto produce desgaste, a veces cansancio. Pero también obliga, yo creo, a buscar recursos. Recursos para reverdecer ese amor, para encontrar su sustancia, su profundidad. Me parece que el amor es probablemente la emoción más poderosa y más profunda y que más exploración admite. Se nos puede ir la vida entera buscando las profundidades de ese amor. Lo ha dicho el arte, lo ha dicho, la cultura en general. Así que yo creo que la convivencia, más que una tumba, puede ser una buena oportunidad. Tampoco me engaño, no soy ingenuo, y en muchas ocasiones es una tumba, porque obliga a esa a esa perfección y esfuerzo constantes que el amor duradero requiere y reclama.
Descubrí que las parejas idílicas solo estaban en mi mente. Cuando las conoces ves que discuten, pelean, se aburren…
¿Conoce a muchas parejas idílicas?
Conocí en el pasado parejas idílicas, luego me di cuenta de que solo estaban en mi mente. Cuando me llegaron noticias de ella más cercanas, me di cuenta de que tenían la misma sustancia que el resto de las parejas. Parejas que discuten, que pelean, que se contradicen, que se aburren. Parejas que aguantan, parejas que crecen juntos. Idílicas, como se nos puede presentar en una comedia romántica, no conozco ninguna. Todas las parejas de larga duración que conozco trabajan por su amor y por el proyecto común. Con todas las ventajas que eso tiene y también todas las desventajas. El protagonista está claro que asume el error, la culpa, el intento de reparación. Todo lo hace él, intentando buscar aquel fuego que existió, por lo menos mientras hacía el Erasmus.

¿Se puede deducir que los hombres tienen más incapacidad para la escucha en temas de convivencia?
Es una pregunta cuya respuesta no estoy capacitado para responder en términos generales. Sí que me doy cuenta de que, por lo general, los hombres no es que estemos menos dotados para la escucha, sino que hemos madurado peor en lo que a las emociones se refiere. A la negociación y al trato con las emociones. Creo que hemos sido educados generalmente, al menos hasta mi generación, en una especie de rechazo, como si no fuera con nosotros. El asunto emocional tiene que ver con todo: con los hijos, con los amigos, con uno mismo, con la pareja, en fin, con todo. Y no hemos entrado en esa parcela y creo que las mujeres, por el contrario, lleváis toda la vida precisamente haciéndoos cargo de esa parcela. Yo creo que esa diferencia sí es muy notable y muy evidente, sin generalizar. Hay hombres muy sensibles y hay mujeres muy insensibles también.
Me apetecía mucho escribir comedia, me gusta mucho reírme y me gusta hacer reír
¿Su intención era entrar en una discusión sobre el feminismo?
No he entrado en esa discusión política, si consideramos un feminismo desde ese punto de vista político. Sí que he querido entrar a explorar el espacio doméstico. Uno de los conflictos propios del espacio doméstico es cómo se gestionan las tareas, cómo se gestionan las cargas y cómo se reparten, porque a veces son tareas que no apetece llevar adelante. Todos preferiríamos estar tumbados en un sofá. Y, sin embargo, esas cargas, generalmente, las ha asumido la mujer en la casa. Y quería ver cómo se posicionaba el personaje de Felipe y cómo se posicionaba el personaje de Leticia, que, en cierto modo, funcionan como arquetipos de lo que yo he visto y experimentado. Pero no quiero sacar conclusiones generales.
Volvamos al humor, al estilo de Eduardo Mendoza. ¿Significa un giro a su obra, tan profunda hasta ahora?
Lo conozco y lo aprecio mucho a Mendoza. Siempre me he sentido libre y no sé lo que voy a dar después. Este giro, como lo calificas, forma parte de mi exploración literaria. He intentado siempre acercarme a los temas y a las narraciones desde puntos de vista diferentes para no aburrirme, para descubrir nuevos territorios, para estar en forma. Me apetecía mucho escribir comedia, me gusta mucho reírme y me gusta hacer reír. Y me parece, aparte de esa cuestión personal, que literariamente, como profesional, es un reto mayúsculo. Es como si me propusiera ahora escribir una novela histórica con 65.000 personajes; no sé hacer eso pero también sería un reto de otro tipo que asumir.
Parece un reto conseguido porque se ironiza sobre un tema a priori muy serio: la falta de atención y cómo nos afecta a la vida diaria.
Prestar atención también es una forma de escucha. No auditiva necesariamente, pero detenerse y mirar también es una forma de escuchar, de de ver lo que te rodea. Me parece que ese es el principio de todo, ser consciente de lo que te rodea. Y tener siempre una mirada que vaya hacia fuera. Pero es muy difícil porque tendemos a a lo centrípeto, a encerrarnos en nosotros, a satisfacer nuestras propias necesidades, a pensar en nosotros. La actitud virtuosa en la vida es intentar mirar hacia fuera. Y dejar también que los demás nos cuiden, que eso es asimismo un beneficio de ese mirar hacia fuera. Cuando te entregas un poco a lo que te rodea con generosidad, automáticamente percibes y recibes esa generosidad de los demás.

Su atmósfera preferida es la doméstica, ese espacio donde parece que solo pasan las cosas menores. ¿No le tienta escarbar en los telediarios otros enfoques?
Por supuesto, yo estoy muy atento a la actualidad, todos los días leo la prensa, varios periódicos y estoy permanentemente informado, escucho la mañana en la radio desde muy temprano, en fin, tengo un enorme interés por la actualidad. Pero a la hora de escribir, mi tendencia está yendo hacia lo hacia ese espacio pequeño y cercano. Supongo que también tiene que ver con una cuestión de maduración. Con los años me voy dando cuenta de que ahí está lo importante. Lo más importante que ha pasado en mi vida, los aprendizajes más relevantes, más sustanciales, los que más me constituyen como ser humano, se han desarrollado en ese espacio doméstico en compañía de las personas a las que quiero. De momento, mi interés está ahí. También creo que mis capacidades están más ahí. Estoy más dotado para mirar cerca y en el corto radio. Aunque no descarto nada.
Pero sí ha dejado atrás la seriedad de Intemperie, su primera novela.
A mí lo que me motiva con las relaciones humanas, con el medio ambiente, la percepción, el trabajo con las manos, las relaciones más básicas, emocionales, las pasiones más sencillas. Desde Intemperie hasta aquí, la forma en la que abordo esos temas es cada vez más aireada, más luminosa, más ligera, más divertida en este caso. Me he dado cuenta que vivía en un prejuicio, pensaba que un tema grave e importante había que ser tratado con seriedad e incluso con solemnidad. Y me parece eso es una tontería. La profundidad y la penetración en un tema que no depende del género que emplees, depende de la mirada del autor y de cómo trate el lenguaje. Y, en este caso, he querido tratar este tema doloroso con sutileza, con filo, pero con una mirada irónica. No exenta de también de de dureza y de dolor. Ese era mi gran reto literario, cómo hacer una novela divertida de una tragedia, una tragicomedia.
Un escritor no se debe a sus lectores, se debe a su instinto y a su oficio
¿A qué se debe un escritor, a los lectores, a su integridad…?
Yo creo que un escritor no se debe a sus lectores, se debe a su instinto y a su oficio. Pero al mismo tiempo, pienso que conviene mucho pensar en los lectores, es decir, hacer que el texto sea legible, que sea de interés, que sea relevante, no solamente para ti, para los demás igual. Que te permita aportarle claves al lector para que se apropie de él. Yo intento contar historias particulares, porque la la novela es el arte de lo concreto, o sea, no se cuenta el vacío, se cuenta el espacio, el tiempo y y el ser humano dentro de él. Pero siempre, siempre intentando que esas historias concretas abran la puerta para que en ellas quepan las quepan las experiencias de los lectores. O sea, para que uno pueda identificarse con uno de los personajes, con la trama, con la historia, que se produzca lo que a mí me me gusta cuando leo, que es que la historia se meta dentro de mí. O sea, que se produzca ese conjunto de interacción entre el lector y el autor y el que es el libro y que, en cierto modo, tú te puedas apropiar. Yo tengo en mi cabeza decenas de páginas, de libros que has leído a lo largo de tu vida y que se han quedado ya contigo para siempre, como La posada del Almirante Benbow, de La isla del tesoro, pues está en mí y veo a John Silver y veo a Squire Trelawney y los veo porque están dentro de mí. ¿Existió? No. Existió en la mente de Stevenson. Pero nos lo regaló y yo me lo he quedado.
Estoy intentando encariñarme con ‘El detalle’ ,es la novela más fresca para mí. Pero mi gran amor será siempre ‘Intemperie’
La última novela ¿es siempre la que mejor la que más quiere uno?
Cuestan tanto trabajo sacarlas adelante… Uno convivió tanto tiempo con cada una de ellas que son como los embarazos muy largos, convives con la criatura muchísimo tiempo hasta que sale al mundo. Estoy intentando encariñarme con la última, porque es la más fresca para mí, la que responde con mayor precisión a mi momento presente. En el momento en que acabo una novela, es la más querida, a la que todavía estoy buscándole el discurso, el saber entender un poco qué es lo que he hecho. Pero Intemperie será siempre mi gran amor, porque me permitió tantas cosas… Por ejemplo, estar aquí contigo, seguir escribiendo, tener lectores, poder conocerlos, tener editorial. Le tengo un enorme cariño y mucha gratitud.
El último detalle que han tenido conmigo ha venido de mi mujer: cansada de trabajar, tarde, con cosas por hacer aún y me ha comprado ropa para esta entrevista
¿A qué aspira en el mundo de la literatura tras una carrera corta?
Pues a a casi todo, aunque lo de los premios me da igual, no está a mi alcance, ni tampoco los busco. Eso me es indiferente, pero desde luego, sí aspiro a conseguir cada vez más lectores. Porque ellos son las llaves de tu libertad creativa. En la medida en que uno tiene más lectores y tiene más ventas, pues se puede permitir, por ejemplo, que pase más tiempo entre cada publicación, lo cual puede redundar, en una obra más sosegada, más sedimentada, mejor, más cuidada. Que no la urgencia de tener que publicar cada año, porque las condiciones materiales de vida también se meten en el trabajo creativo. Tener un buen grupo de lectores fieles es como un mecenazgo. Te asegura la posibilidad de escribir con tranquilidad.
¿Quién ha tenido un ‘detalle’ con usted últimamente?
Mi mujer. Después de trabajar un montón de horas, antes de llegar a casa tarde y cansada, y aún con cosas pendientes que hacer, se paró durante un buen rato e hizo algo que a mí me cuesta mucho hacer y que le agradezco mucho, que es buscar ropa bonita para mí. Ropa con la que hoy puedo estar aquí contigo. Se lo agradezco muchísimo.
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