<p>La imagen dio la vuelta al mundo: <strong>un autobús escolar y una medusa, </strong>ambos puestos lado a lado para <strong>graficar un extraordinario hallazgo en las profundidades del Mar Argentino,</strong> la «medusa gigante fantasma».</p>
Una investigadora habla de esta medusa que es del tamaño de un autobús
La imagen dio la vuelta al mundo: un autobús escolar y una medusa, ambos puestos lado a lado para graficar un extraordinario hallazgo en las profundidades del Mar Argentino, la «medusa gigante fantasma».
Cuando la cámara mostró los interminables tentáculos del invertebrado gelatinoso de casi 11 metros de extensión, brillando a 256 metros de profundidad en el Atlántico Sur, María Emilia Bravo no pudo evitar sacudirse de la sorpresa.
«En el momento que la vimos todos nos quedamos sorprendidos, porque se trata de una especie rara de aguas profundas, observada muy pocas veces en el mundo», dijo durante una entrevista con EL MUNDO Bravo, una bióloga de 36 años, especialista en ecología de comunidades bentónicas.
Bravo trabaja desde hace 12 años en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) de Argentina. El estudio de las comunidades bentónicas apunta a organismos que viven entre los sedimentos del fondo acuático, como moluscos, crustáceos, algas y microorganismos. Encontrarse con la «Stygiomedusa gigantea», conocida como la «medusa fantasma gigante», una medusa del tamaño de un autobús, no era precisamente el plan de Bravo, líder del proyecto «Vida en los extremos».
«Soy la jefa científica de esta expedición y también la investigadora principal del proyecto, liderado por la Universidad de Buenos Aires y el Schmidt Ocean Institute»
La expedición, que se inició en el puerto de Buenos Aires, en aguas del Río de la Plata, y se extendió por más de 3.000 kilómetros hasta Tierra del Fuego, a las puertas de la Antártida, examinó los ecosistemas de aguas profundas a lo largo de la costa argentina en el buque laboratorio «R/V Falkor (too)».
«Decimos que es una especie rara porque es poco abundante o bien porque se encuentra en ambientes poco accesibles, como es precisamente el mar profundo. En la medida que nosotros estudiamos y encontramos este tipo de especies, podemos avanzar en el conocimiento científico. Hasta ahora sigue siendo una especie muy enigmática. Sabemos que sus cuatro brazos orales pueden medir hasta diez metros, lo que hacía muy difícil maniobrar este vehículo operado remotamente cerca de ella. Fue gracias a la admirable destreza de la piloto del ROV, Sara Sergent, que pudimos acercarnos, observar con detenimiento y registrar con gran nivel de detalle a esta medusa fantasma y a sus simbiontes, los llamados peces medusa, del género centrolophus. Un pez que en su estadio juvenil está asociado a esta medusa para protegerse de depredadores, y la medusa se beneficia de tener a este pez cerca de su cuerpo, porque le quita los parásitos».
La doctora Jyotika Virmani, directora ejecutiva del Instituto Oceanográfico Schmidt, le dio contexto a la importancia del hallazgo: «Con cada expedición a las profundidades marinas, descubrimos que el océano está lleno de vida, tanto como en tierra, y quizás más, ya que contiene el 98 por ciento del espacio vital de este planeta».
«Hemos tenido el privilegio de trabajar con científicos destacados en tres expediciones en aguas argentinas y esperamos ver cómo sus investigaciones continúan avanzando, generando nuevos conocimientos e inspiración», añadió.
La investigación descubrió también el arrecife de coral de Bathela candida más grande conocido hasta el momento, así como ambientes de filtraciones frías químicamente ricos. Pero la estrella de la expedición fue «Stygiomedusa gigantea», que apareció rodeada de peces que nadaban en torno a la enorme y luminosa figura traslúcida y rosada. Así, se convirtió en estrella del streaming del Conicet, que ya había vivido un fenómeno similar en 2025 con la emisión en directo de una expedición a las profundidades marinas.
Una vez registrada en todo detalle la medusa gigante fantasma, la expedición continuó.
«Nosotros retomamos el descenso al fondo del cañón submarino que estábamos explorando. y seguimos investigando los ecosistemas de del fondo marino, que eran nuestro objetivo principal. Hemos descubierto una cantidad enorme de diferentes de ecosistemas, incluyendo el hallazgo de arrecifes de corales, que son un tipo de ecosistema vulnerable y a la vez muy valioso para la biodiversidad. Descubrimos que su extensión es muchísimo más amplia de lo que se creía en su rango de distribución, llegan 600 kilómetros más al sur de lo que se sabía. También encontramos muchos tipos distintos de formas de vida asociados a ecosistema quimio sintéticos que hasta ahora habían sido muy poco explorados en Argentina», explica Bravo, que destaca los éxitos de la ciencia argentina pese a las enormes restricciones presupuestarias y desfinanciamiento parcial.
«Hacemos un esfuerzo enorme para para hacer rendir la plata que tenemos para nuestros insumos. Trabajamos mucho, muchísimo, hacemos muchos sacrificios, y gracias a ese trabajo en conjunto que hicimos científicos argentinos y colaboradores internacionales logramos hacer esta campaña muy exitosa También contamos con fondos de filantrópicos internacionales. Durante varios años vamos a estar formando más recursos humanos en nuestro país y capacidades para poder avanzar en la ciencia del mar profundo. Queda aún mucho por descubrir».
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