Cada nuevo fármaco antiobesidad llega con la promesa de una mayor reducción de peso. Esta semana, la última generación de la familia del famoso Ozempic rompía récords al lograr una pérdida de peso del 30% a los dos años. En esta nueva fórmula, a las siglas ya conocidas de GLP se suman otras como GIP y glucagón, lo que significa que las moléculas basadas en la imitación del péptido-1 similar al glucagón (GLP-1) que ya tenemos en el organismo se vuelven sofisticadas para potenciar sus efectos.
Los GLP-1, famosos por sus nombres comerciales como Ozempic, Wegovy y Mounjaro, aportan beneficios en el corazón, el riñón y el hígado de manera independiente a los kilos perdidos. «Lo que ahora se ve en humanos ya lo habíamos observado en animales»
Cada nuevo fármaco antiobesidad llega con la promesa de una mayor reducción de peso. Esta semana, la última generación de la familia del famoso Ozempic rompía récords al lograr una pérdida de peso del 30% a los dos años. En esta nueva fórmula, a las siglas ya conocidas de GLP se suman otras como GIP y glucagón, lo que significa que las moléculas basadas en la imitación del péptido-1 similar al glucagón (GLP-1) que ya tenemos en el organismo se vuelven sofisticadas para potenciar sus efectos.
En este caso, la molécula responde al nombre de retatrutide (diseñada por Eli Lilly), acaba de mostrar sus ventajas en un ensayo de fase 3 -previo a su comercialización- y podría ser una nueva opción para las personas con obesidad mórbida mejor que sus antecesores, Wegovy y Mounjaro, cuyas pérdidas de peso se quedaban entre el 20 y el 22%.
Pero es que no solo actúan como una varita mágica contra los kilos, «también dejan huella en el resto del organismo», subraya Daniel J. Drucker. Este catedrático de la Universidad de Toronto e investigador en el Hospital Mont Sinai en la misma ciudad es uno de los padres de la molécula GLP que conoce bien su funcionamiento porque la ha observado con minuciosidad en el laboratorio. «Llevo diciendo diez o quince años que no es solo la pérdida de peso. Lo que ahora se ve en humanos, ya lo habíamos observado en modelos animales», explica Drucker.
Lo primero que hay que saber es que nuestro organismo ya conoce a las siglas GLP o péptido-1 similar al glucagón. Está en diferentes partes de nuestro cuerpo y tiene un papel diferente en cada una. Esta molécula se secreta en el intestino y manda señales al cerebro y al resto del tubo digestivo indicando que el alimento ha llegado y que no se necesita comer más.
Como explica Andreea Ciudin Mihai, coordinadora de la Unidad de Tratamiento de la Obesidad del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Universitario Vall d’ Hebron, «el GLP-1 endógeno se sintetiza en las células L del intestino terminal, tras una ingesta, y su vida media es de unos minutos, suficiente para estimular la liberación de insulina dependiente de glucosa, y activar sus receptores en el resto de órganos para los efectos postprandiales. Entre ellos activar las zonas cerebrales responsables de la regulación del apetito para que tengamos saciedad», y añade que no se trata de la única hormona que induce saciedad, «también lo hacen el GIP y la amilina, por ejemplo». Otros efectos de esta estimulación corta, pero intensa, del GLP-1 propio son la reducción de glucagón y el enlentecimiento del vaciado gástrico, con el fin de reducir los niveles de azúcar en sangre posteriores a las comidas, describe Ciudin.
La acción del GLP-1 natural en la estimulación de la liberación de insulina por parte del páncreas es idéntica a la de medicamentos como Ozempic, Wegovy y Mounjaro. «Por eso estos medicamentos son muy eficaces para el tratamiento de la diabetes en todas las personas, ya que estimulan la liberación de insulina de la misma manera que el GLP-1 natural», explica Svetlana Mojsov, de la Universidad de Rockefeller de Nueva York (EEUU) y otra de las artífices de la revolución farmacológica.
Junto a Drucker, esta investigadora conoce bien las tres siglas y cómo se han diseñado las nuevas moléculas: «Los fármacos modificados permanecen más tiempo en la sangre: una semana, en comparación con los tres minutos del GLP-1 natural. Además, se administran en concentraciones entre 10 y 100 veces superiores a la hormona natural. Una mayor permanencia en la sangre y concentraciones más altas de los fármacos amplifican los efectos del GLP-1 en las personas con diabetes». Todas estas modificaciones sirven para amplificar sus efectos, como afina Mojsov, «la modificación de Ozempic y de los otros fármacos que he mencionado anteriormente les permite llegar al cerebro. Actúan sobre el cerebro para suprimir el apetito e inhibir los comportamientos adictivos, como el consumo de alcohol y nicotina».
Cristóbal Morales, endocrino en el Hospital Vithas de Málaga y miembro de la Sociedad Española de Obesidad (Seedo), los describe así: «Son moléculas desarrolladas muy similares a las naturales, al que se agregan pequeñas modificaciones». Estas mejoras no buscan sustituir lo que falta, «es mucho más complejo», sostiene Morales, para acuñar el término de multimodulación de los receptores GLP-1 con el fin de explicar su efecto multiorgánico. «Sabemos que hay receptores de GLP-1 que pueden actuar tanto en el endotelio, en el hígado, en el corazón, en el cerebro como en el riñón, y por eso existe ese beneficio en diferentes órganos diana más allá de la pérdida de peso», comenta.
Mojsov detalla cómo el GLP-1 natural actúa sobre diferentes redes reguladoras. «Una de ellas consiste en estimular la liberación de insulina. El efecto del GLP-1 a través de otra red beneficia al corazón, y otra ayuda al riñón. Estas redes son independientes entre sí y no pueden tener efectos negativos unas sobre otras».
Aquí todos los expertos coinciden: la acción de estas hormonas de laboratorio no se limita al control de la diabetes y la obesidad -«no deberían circunscribirse a la pérdida de peso», recalcan-, sino a un impacto en la inflamación orgánica. Drucker pone atención sobre este efecto que sirve para explicar por qué hay beneficios «secundarios» no solo en enfermedades hepáticas, sino también en la osteoartritis, la artritis reumatoide, la enfermedad inflamatoria intestinal y la artritis psoriásica. «Se trata de una argumentación que cobra fuerza, y es importante porque, para muchos de los resultados que estamos viendo ahora, los investigadores que hacen los ensayos nos dicen que los beneficios no estaban estrictamente relacionados con la pérdida de peso. Porque incluso sin ella, hay impacto en la inflamación».
Ciudin y Morales forman parte de ese ejército de clínicos que aúnan investigación y asistencia, lo que les permite ser testigos de los avances en primera línea. «Vemos que van saliendo indicaciones tipo hígado graso, enfermedad renal crónica, insuficiencia cardiaca… No son extraños porque son el reflejo de la acción sobre sus receptores en todos los órganos, y es normal que se corrijan estas alteraciones con dosis suprafisiológicas de GLP-1 Incluso el beneficio cardiovascular es independiente de la pérdida de peso, lo que confirma que cada órgano tiene sus receptores donde el GLP-1 tiene sus efectos independientes», cuenta la endocrina.
Por todo ello, los expertos califican a este tipo de moléculas como una plataforma terapéutica masiva con el potencial de tratar de forma integral el envejecimiento metabólico y la inflamación crónica en el cuerpo humano. Para Morales es una herramienta médica integrada dentro de un plan integral, «un antídoto para la vida moderna que nos habilita y nos facilita incorporar hábitos saludables». Porque cabe recordar, como insisten los expertos, que estos efectos están directamente ligados a cambios en la alimentación (más sana y alejada de ultraprocesados) y en la actividad física (eliminando por completo el sedentarismo).
A esto se suma que, como sucede con otros fármacos, «no todos responden igual», dice la endocrinóloga. ¿Por qué? Como explica Ciudin, hay que tener en cuenta que «la variabilidad genética del receptor de GLP-1 influye en aproximadamente el 25% de la respuesta». También hay que contemplar, añade, que hay más hormonas implicadas. Asimismo, hay un papel clave en la reacción fisiológica del cuerpo frente a pérdidas de grasa: «La adaptación metabólica secundaria a múltiples dietas previas hipocalóricas hacen que el cuerpo esté puesto en modo ahorrador y que el efecto de los fármacos se vea alterado», expone Ciudin.
Tanto Morales como Ciudin, ambos portavoces de la Seedo, subrayan que estos tratamientos no deben utilizarse para la operación bikini ni por estética, «en la mayoría de los casos son para toda la vida porque la obesidad no tiene cura», advierten. La endocrinóloga del Vall d’Hebron es directa a la par que tajante: «Si tomas el fármaco y te va bien porque te corrige la biología alterada, es lógico que se desequilibre otra vez si lo quitas. No es ningún efecto rebote, sino que es tu falta de conocimiento sobre la biología de una enfermedad compleja y los mecanismos de acción de sus tratamientos».
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