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  Internacional  La vida en Venezuela después de Maduro: «Hablar sigue siendo un acto de valentía, pero el miedo va desapareciendo poco a poco»
Internacional

La vida en Venezuela después de Maduro: «Hablar sigue siendo un acto de valentía, pero el miedo va desapareciendo poco a poco»

febrero 15, 2026
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Venezuela vive desde hace más de un mes en aparente normalidad. Tras la captura de Nicolás Maduro, los ciudadanos acuden a sus puestos de trabajo y los estudiantes a sus centros educativos. Incluso participan en actividades recreativas. Pero, a pesar de la tranquilidad que supone saber que Estados Unidos ‘controla’ de alguna u otra forma el país y de que el Gobierno de Delcy Rodríguez está mostrando señales de apertura, la incertidumbre y la prudencia reinan en la nación. En las calles se evita hablar de política por miedo, así como del ataque llevado a cabo por EEUU. Algunos incluso prefieren no salir de noche por temor a lo que pueda suceder si se topan con colectivos, los paramilitares del régimen. «La vida ha seguido, de forma extraña, pero ha seguido, porque nunca antes habíamos estado en esta situación», asegura a 20minutos Gabriela (nombre ficticio) desde Caracas.

A pesar del miedo a alzar la voz, los estudiantes vuelven poco a poco a las calles para exigir la liberación de los presos políticos. Así sucedió el 12 de febrero, Día Nacional de la Juventud, durante el cual el Movimiento Estudiantil de Venezuela marchó en varias ciudades del país. «Ni uno, ni dos, que sean todos», corearon los manifestantes en la Universidad Central de Venezuela (UCV), la principal de la nación caribeña. Hasta ahora, la ONG Foro Penal ha verificado 431 liberaciones, cifra que se mantiene alejada de las 895 excarcelaciones anunciadas por el régimen. Mientras tanto, la Asamblea Nacional —controlada por el chavismo— trata de sacar adelante la Ley de Amnistía para la Convivencia Democrática, cuyo segundo y último debate ha sido aplazado para la próxima semana.

«Hablar sigue siendo un acto de valentía. Aunque Maduro esté detenido, sus aliados siguen en el poder. Aquí en Mérida la gobernación y la alcaldía están en manos del partido del Gobierno», afirma a este medio Jesús (nombre ficticio) desde el oeste del país. «El miedo de que te revisen el teléfono todavía existe, porque las represalias en la calle siguen latentes», continúa antes de recordar que hace unos días detuvieron al corresponsal en Caracas de la cadena alemana DW. Después fue liberado, según confirmó el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa de Venezuela.

En el estado donde reside «se siente una especie de normalidad», aunque admite que esta se percibe como algo frágil. «Ves a la gente intentando retomar su vida, pero siempre mirando sobre el hombro. Es un alivio saber que el dictador ya no está en el poder, pero en los supermercados, en la calle, la gente todavía baja la voz cuando va a hablar de este tema, porque no se sabe quién puede estar al lado», sostiene Jesús tras afirmar que la sensación de tranquilidad es como la de alguien que «espera a que termine la tormenta para salir a gritar ‘libertad’ sin miedo».

«Los chistes y las noticias referentes a lo que está ocurriendo cesaron un poco por el temor a que los organismos de seguridad revisaran los teléfonos. Hubo una temporada durante el mes de enero en la que se detenía a las personas en las alcabalas [controles policiales] para revisarles el teléfono», relata Jesús. «La relación entre el ciudadano y las fuerzas militares o policiales se ha puesto muy heavy. Sé, a través de amigos que viven hacia Petare [zona popular de Caracas], que está muy ruda la revisión. Hasta se montan en las camioneticas [autobuses] para revisar», asegura por su parte Mónica (nombre ficticio) desde la capital venezolana.

«En las noches hay alcabalas extrañas. Las personas que paran a la gente para revisarla tienen pasamontañas, entonces uno no sabe si son policías o colectivos», declara a este medio Mónica, quien asegura que en la noche la zona por donde vive queda desierta. «A las 20.30 ya no hay carros [coches] por la calle a pesar de que tengo un supermercado grande cerca», manifiesta tras sostener que las personas solo hablan de la situación actual «en grupos pequeños» y que la ciudad se encuentra «retraída».

A pesar del miedo, Mónica insiste en que las personas tienen expectativas, pero también se mantienen prudentes. «Ya hemos aprendido que con esta gente no hay que alegrarse del todo por cualquier cosa que pasa, sino que hay que esperar. La gente tiene mucha esperanza de que las cosas van a cambiar. Saben que esto va a caer por su propio peso pronto», señala y añade que esa es la misma sensación en la zona del llano, donde tiene allegados. Jesús, por su parte, asegura que en los últimos días se ha sentido una sensación de «fresquito» al ver que los presos políticos están siendo liberados, que la cadena privada Venevisión comienza a informar sin miedo a la censura y que se empieza a reabrir el espacio aéreo. «Siento que ese miedo que hemos sentido está desapareciendo poco a poco«.

«El hecho de que el Gobierno que quedó a cargo no llamara a la violencia, a la calle, a la lucha, generó muchísima tranquilidad en los venezolanos», sostiene por su parte Fernando (nombre ficticio), también desde Caracas. «No hay tanta tensión como la que pudo haber antes del 3 de enero porque había incertidumbre por no saber lo que iba a pasar», continúa este ciudadano, para quien fue un shock la operación llevada a cabo por EEUU. «Nunca pensé que se fuese a concretar algún tipo de acción militar sobre territorio venezolano. Eso para mí era impensable«, indica.

Fernando también cree que la población está contenta porque la transición está ocurriendo con serenidad y que no está siendo un «cambio traumático». «Creo que la gente está tranquila con el hecho de que Delcy Rodríguez sea la presidenta encargada y que siga el chavismo pero bajo la tutela del Gobierno de Estados Unidos. La gente celebra que se esté reabriendo la Embajada de EEUU, porque sienten que es una forma en la que EEUU puede tener control en tierra», manifiesta y considera que si el cambio de régimen se hubiese producido de forma abrupta se podría haber desatado «una guerra civil».

‘Sube y baja’ de precios

El cambio más significativo se ha visto en los precios, los cuales siguieron subiendo tras la captura de Maduro, pero comenzaron a estabilizarse tras el anuncio del levantamiento de sanciones por parte de EEUU y al existir la posibilidad de que las empresas extranjeras vuelvan a invertir en el país. «Los precios se incrementaron con respecto a diciembre en todo. Tanto en alimentos como en productos de higiene y farmacia», indica Carmen (nombre ficticio) y añade que los precios de las viviendas también han subido y que los alquileres se han mantenido estables.

El precio de la gasolina también se ha mantenido sin cambios y no se han notado problemas de suministro. «No hay colas en gasolineras ni nada por el estilo», agrega Carmen. «Es objetivamente cierto que los precios han bajado, al menos en los supermercados. Antes algo que te costaba cinco dólares ahora cuesta tres o dos, pero también creo que depende del producto», señala por su parte Gabriela, quien sostiene que, aunque los precios han bajado, Farmatodo [una de las cadenas de parafarmacias más grandes del país] sube cada día más los precios.

A pesar de la bajada de los precios, la realidad es que el salario mínimo no alcanza ni para comprar una barra de pan. El 8 de enero se situaba en 130 bolívares al mes, lo que equivalía a 0,40 céntimos de dólar. Mientras que una barra de pan en la capital venezolana rondaba los 200 bolívares esos días. «El salario sigue siendo miserable hoy en día. La empresa privada es la que paga por encima del decreto oficial del Gobierno que establece el salario mínimo», sentencia Jesús.

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Ante esta situación, los venezolanos confían en los efectos positivos que puedan tener en la economía las acciones que está llevando EEUU en el país. «Existe la posibilidad de que empresas extranjeras regresen, de que haya más oportunidades de empleo y de que la economía se restablezca», afirma Gabriela, aunque es consciente de que este proceso llevará tiempo. «La reactivación económica no puede ser un milagro ni una cosa mágica, tomará algún tiempo», zanja por su parte Carmen.

 A pesar de la tranquilidad que supone saber que EEUU ‘controla’ de alguna u otra forma el país y de que el Gobierno de Delcy Rodríguez está mostrando señales de apertura, la incertidumbre y la prudencia reinan en la nación.  

Venezuela vive desde hace más de un mes en aparente normalidad. Tras la captura de Nicolás Maduro, los ciudadanos acuden a sus puestos de trabajo y los estudiantes a sus centros educativos. Incluso participan en actividades recreativas. Pero, a pesar de la tranquilidad que supone saber que Estados Unidos ‘controla’ de alguna u otra forma el país y de que el Gobierno de Delcy Rodríguez está mostrando señales de apertura, la incertidumbre y la prudencia reinan en la nación. En las calles se evita hablar de política por miedo, así como del ataque llevado a cabo por EEUU. Algunos incluso prefieren no salir de noche por temor a lo que pueda suceder si se topan con colectivos, los paramilitares del régimen. «La vida ha seguido, de forma extraña, pero ha seguido, porque nunca antes habíamos estado en esta situación», asegura a 20minutos Gabriela (nombre ficticio) desde Caracas.

A pesar del miedo a alzar la voz, los estudiantes vuelven poco a poco a las calles para exigir la liberación de los presos políticos. Así sucedió el 12 de febrero, Día Nacional de la Juventud, durante el cual el Movimiento Estudiantil de Venezuela marchó en varias ciudades del país. «Ni uno, ni dos, que sean todos», corearon los manifestantes en la Universidad Central de Venezuela (UCV), la principal de la nación caribeña. Hasta ahora, la ONG Foro Penal ha verificado 431 liberaciones, cifra que se mantiene alejada de las 895 excarcelaciones anunciadas por el régimen. Mientras tanto, la Asamblea Nacional —controlada por el chavismo— trata de sacar adelante la Ley de Amnistía para la Convivencia Democrática, cuyo segundo y último debate ha sido aplazado para la próxima semana.

Manifestación para exigir la libertad de los presos políticos en Valencia (Venezuela), el pasado 12 de febrero, Día Nacional de la Juventud.
Manifestación para exigir la libertad de los presos políticos en Valencia (Venezuela), el pasado 12 de febrero, Día Nacional de la Juventud.AP

«Hablar sigue siendo un acto de valentía. Aunque Maduro esté detenido, sus aliados siguen en el poder. Aquí en Mérida la gobernación y la alcaldía están en manos del partido del Gobierno», afirma a este medio Jesús (nombre ficticio) desde el oeste del país. «El miedo de que te revisen el teléfono todavía existe, porque las represalias en la calle siguen latentes», continúa antes de recordar que hace unos días detuvieron al corresponsal en Caracas de la cadena alemana DW. Después fue liberado, según confirmó el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa de Venezuela.

En el estado donde reside «se siente una especie de normalidad», aunque admite que esta se percibe como algo frágil. «Ves a la gente intentando retomar su vida, pero siempre mirando sobre el hombro. Es un alivio saber que el dictador ya no está en el poder, pero en los supermercados, en la calle, la gente todavía baja la voz cuando va a hablar de este tema, porque no se sabe quién puede estar al lado», sostiene Jesús tras afirmar que la sensación de tranquilidad es como la de alguien que «espera a que termine la tormenta para salir a gritar ‘libertad’ sin miedo».

Estudiantes marchan en Caracas para exigir la libertad de los presos políticos a 12 de febrero de 2026, Día Nacional de la Juventud.
Estudiantes marchan en Caracas para exigir la libertad de los presos políticos a 12 de febrero de 2026, Día Nacional de la Juventud.Ariana Cubillos/AP

«Los chistes y las noticias referentes a lo que está ocurriendo cesaron un poco por el temor a que los organismos de seguridad revisaran los teléfonos. Hubo una temporada durante el mes de enero en la que se detenía a las personas en las alcabalas [controles policiales] para revisarles el teléfono», relata Jesús. «La relación entre el ciudadano y las fuerzas militares o policiales se ha puesto muy heavy. Sé, a través de amigos que viven hacia Petare [zona popular de Caracas], que está muy ruda la revisión. Hasta se montan en las camioneticas [autobuses] para revisar», asegura por su parte Mónica (nombre ficticio) desde la capital venezolana.

«En las noches hay alcabalas extrañas. Las personas que paran a la gente para revisarla tienen pasamontañas, entonces uno no sabe si son policías o colectivos», declara a este medio Mónica, quien asegura que en la noche la zona por donde vive queda desierta. «A las 20.30 ya no hay carros [coches] por la calle a pesar de que tengo un supermercado grande cerca», manifiesta tras sostener que las personas solo hablan de la situación actual «en grupos pequeños» y que la ciudad se encuentra «retraída».

A pesar del miedo, Mónica insiste en que las personas tienen expectativas, pero también se mantienen prudentes. «Ya hemos aprendido que con esta gente no hay que alegrarse del todo por cualquier cosa que pasa, sino que hay que esperar. La gente tiene mucha esperanza de que las cosas van a cambiar. Saben que esto va a caer por su propio peso pronto», señala y añade que esa es la misma sensación en la zona del llano, donde tiene allegados. Jesús, por su parte, asegura que en los últimos días se ha sentido una sensación de «fresquito» al ver que los presos políticos están siendo liberados, que la cadena privada Venevisión comienza a informar sin miedo a la censura y que se empieza a reabrir el espacio aéreo. «Siento que ese miedo que hemos sentido está desapareciendo poco a poco«.

«El hecho de que el Gobierno que quedó a cargo no llamara a la violencia, a la calle, a la lucha, generó muchísima tranquilidad en los venezolanos», sostiene por su parte Fernando (nombre ficticio), también desde Caracas.  «No hay tanta tensión como la que pudo haber antes del 3 de enero porque había incertidumbre por no saber lo que iba a pasar», continúa este ciudadano, para quien fue un shock la operación llevada a cabo por EEUU. «Nunca pensé que se fuese a concretar algún tipo de acción militar sobre territorio venezolano. Eso para mí era impensable«, indica.

Familiares de presos políticos se mantienen en vigilia frente a la cárcel Rodeo I, en Guatire, Venezuela, a 23 de enero de 2026.
Familiares de presos políticos se mantienen en vigilia frente a la cárcel Rodeo I, en Guatire, Venezuela, a 23 de enero de 2026.AP

Fernando también cree que la población está contenta porque la transición está ocurriendo con serenidad y que no está siendo un «cambio traumático». «Creo que la gente está tranquila con el hecho de que Delcy Rodríguez sea la presidenta encargada y que siga el chavismo pero bajo la tutela del Gobierno de Estados Unidos. La gente celebra que se esté reabriendo la Embajada de EEUU, porque sienten que es una forma en la que EEUU puede tener control en tierra», manifiesta y considera que si el cambio de régimen se hubiese producido de forma abrupta se podría haber desatado «una guerra civil».

El cambio más significativo se ha visto en los precios, los cuales siguieron subiendo tras la captura de Maduro, pero comenzaron a estabilizarse tras el anuncio del levantamiento de sanciones por parte de EEUU y al existir la posibilidad de que las empresas extranjeras vuelvan a invertir en el país. «Los precios se incrementaron con respecto a diciembre en todo. Tanto en alimentos como en productos de higiene y farmacia», indica Carmen (nombre ficticio) y añade que los precios de las viviendas también han subido y que los alquileres se han mantenido estables.

Un grupo de personas hace cola para subirse a un autobús en Caracas, a 28 de enero de 2026.
Un grupo de personas hace cola para subirse a un autobús en Caracas, a 28 de enero de 2026.Ariana Cubillos/AP

El precio de la gasolina también se ha mantenido sin cambios y no se han notado problemas de suministro. «No hay colas en gasolineras ni nada por el estilo», agrega Carmen. «Es objetivamente cierto que los precios han bajado, al menos en los supermercados. Antes algo que te costaba cinco dólares ahora cuesta tres o dos, pero también creo que depende del producto», señala por su parte Gabriela, quien sostiene que, aunque los precios han bajado, Farmatodo [una de las cadenas de parafarmacias más grandes del país] sube cada día más los precios.

A pesar de la bajada de los precios, la realidad es que el salario mínimo no alcanza ni para comprar una barra de pan. El 8 de enero se situaba en 130 bolívares al mes, lo que equivalía a 0,40 céntimos de dólar. Mientras que una barra de pan en la capital venezolana rondaba los 200 bolívares esos días. «El salario sigue siendo miserable hoy en día. La empresa privada es la que paga por encima del decreto oficial del Gobierno que establece el salario mínimo», sentencia Jesús.

Ante esta situación, los venezolanos confían en los efectos positivos que puedan tener en la economía las acciones que está llevando EEUU en el país. «Existe la posibilidad de que empresas extranjeras regresen, de que haya más oportunidades de empleo y de que la economía se restablezca», afirma Gabriela, aunque es consciente de que este proceso llevará tiempo. «La reactivación económica no puede ser un milagro ni una cosa mágica, tomará algún tiempo», zanja por su parte Carmen.

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