<p>En la <strong>relación bidireccional entre la salud física y la mental</strong>, la evidencia clínica señala que la <a href=»https://www.elmundo.es/e/di/diabetes.html» target=»_blank»>diabetes</a> y la <a href=»https://www.elmundo.es/e/ob/obesidad.html» target=»_blank»>obesidad</a> están relacionadas con un mayor riesgo de <a href=»https://www.elmundo.es/e/de/depresion.html» target=»_blank»>depresión</a> y ansiedad. Al mismo tiempo, las personas que padecen estos <a href=»https://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/salud/salud-mental.html» target=»_blank»>trastornos mentales</a> presentan <strong>una mayor probabilidad de desarrollar patologías metabólicas</strong>. En este contexto, un nuevo estudio apunta a una posible doble utilidad de los fármacos agonistas del GLP-1 frente a ambos grupos de enfermedades. </p>
Frente a los efectos secundarios iniciales que se apuntaron al inicio del bum de estos fármacos antiobesidad, como su vinculación con el suicidio, un estudio con más de 20.000 personas demuestra lo contrario: hay un impacto positivo en el estado de ánimo
En la relación bidireccional entre la salud física y la mental, la evidencia clínica señala que la diabetes y la obesidad están relacionadas con un mayor riesgo de depresión y ansiedad. Al mismo tiempo, las personas que padecen estos trastornos mentales presentan una mayor probabilidad de desarrollar patologías metabólicas. En este contexto, un nuevo estudio apunta a una posible doble utilidad de los fármacos agonistas del GLP-1 frente a ambos grupos de enfermedades.
El trabajo, publicado en The Lancet Psychiatry, analiza si el tratamiento con agonistas del GLP-1, utilizados habitualmente para la diabetes y la obesidad, puede influir en la salud mental. La investigación, de carácter observacional y que por tanto no permite establecer causalidad, revela que el uso de estos medicamentos se asocia con un menor riesgo de empeoramiento de los trastornos psiquiátricos, incluyendo una reducción en la gravedad de la depresión, la ansiedad y las conductas autolesivas.
El estudio se llevó a cabo con registros nacionales de Suecia, incluyó a 95.490 personas diagnosticadas de depresión o ansiedad entre 2009 y 2022. De ellas, el 81% presentaba ansiedad, el 55% depresión y un 36% ambas condiciones. Los participantes fueron seguidos durante una media de 5,2 años.
Durante el periodo de seguimiento, el 23,5% de la cohorte (22.480 personas) utilizó agonistas del GLP-1. Entre ellos, la semaglutida fue el fármaco más empleado (59,8%), seguida de la liraglutida (46,9%), mientras que la dulaglutida y la exenatida registraron un uso significativamente menor.
Los resultados evidencian una asociación relevante entre el uso de semaglutida y, en menor medida, de liraglutida, y un menor riesgo de agravamiento de la enfermedad mental. Este empeoramiento se definió como un indicador compuesto que incluía hospitalización por trastorno psiquiátrico o autolesión, baja laboral por motivos de salud mental o suicidio.
En concreto, durante los periodos de tratamiento con semaglutida, el riesgo se redujo un 42% en comparación con los periodos sin exposición a fármacos GLP-1. En el caso de la liraglutida, la reducción fue del 18%, mientras que ni la dulaglutida ni la exenatida mostraron una asociación significativa con estos beneficios. Por trastornos específicos, el riesgo con semaglutida disminuyó un 44% en depresión y un 38% en ansiedad.
El estudio también identificó efectos positivos en otros ámbitos de la salud mental. Durante el tratamiento con semaglutida, las hospitalizaciones y las bajas laborales relacionadas con el consumo de sustancias fueron un 47% menores. Asimismo, se observó una menor probabilidad de conducta suicida.
Los investigadores, procedentes de centros de Suecia, Finlandia, Australia y Reino Unido, escriben en su artículo que «la semaglutida y, en menor medida, la liraglutida podrían constituir opciones terapéuticas con un potencial beneficio dual. Se justifican ensayos controlados aleatorizados que evalúen estos hallazgos«.
Markku Lähteenvuo, autor principal del estudio y profesor titular de la Universidad del Este de Finlandia, explica que «la magnitud» de este efecto es motivo suficiente para seguir investigando: «Dado que se trata de un estudio basado en registros, no podemos determinar con exactitud por qué o cómo estos medicamentos influyen en los síntomas del estado de ánimo, pero la asociación fue considerable«, señala en una nota de prensa difundida por la universidad.
Aunque varios estudios han investigado la posible relación entre agonistas del GLP-1 y salud mental, el trabajo firmado por Lähteenvuo es el primero que muestra que las personas que utilizan agonistas del receptor GLP-1 presentan una menor probabilidad de experimentar un empeoramiento de su enfermedad mental.
Así, en los últimos años diversas investigaciones han apuntado a posibles beneficios neuropsiquiátricos de estos fármacos, no solo sobre los trastornos del estado de ánimo, sino también en ámbitos como la cognición o el abuso de sustancias. Sin embargo, la evidencia no es uniforme: algunos estudios observacionales y datos procedentes de sistemas de farmacovigilancia han sugerido un posible aumento del riesgo de ansiedad, depresión o suicidio entre los usuarios de estos medicamentos.
Frente a estos resultados, los últimos metaanálisis a gran escala que han analizado posibles riesgos resultan más tranquilizadores, al no identificar un incremento del riesgo de suicidio ni un agravamiento de trastornos como la depresión asociado a su uso.
Salud
