<p>Los españoles siguen confiando en la ciencia. Así lo afirma el <i>Estudio de la Fundación BBVA sobre Cultura Científica en España</i>, que ha examinado diferentes indicadores sobre la cercanía y la actitud de los ciudadanos en la materia. «La ciencia aparece claramente asociada a nociones positivas, vinculadas tanto a la idea de progreso y modernidad como al bienestar y la salud, así como a características relacionadas con el tipo de conocimiento que produce, como la objetividad y la racionalidad», señala el documento.</p>
El estudio de la Fundación BBVA sobre Cultura Científica asegura que una mayoría de ciudadanos confían en las posibilidades de los avances médicos y sitúa las pseudociencias fuera del ámbito científico
Los españoles siguen confiando en la ciencia. Así lo afirma el Estudio de la Fundación BBVA sobre Cultura Científica en España, que ha examinado diferentes indicadores sobre la cercanía y la actitud de los ciudadanos en la materia. «La ciencia aparece claramente asociada a nociones positivas, vinculadas tanto a la idea de progreso y modernidad como al bienestar y la salud, así como a características relacionadas con el tipo de conocimiento que produce, como la objetividad y la racionalidad», señala el documento.
Los autores subrayan que la ciencia goza en España de una valoración claramente positiva en todos los grupos sociales. Una buena imagen que se refleja también en actitudes favorables tanto en lo relativo a sus aplicaciones prácticas —se identifican a la mejora de la calidad de vida, de la salud o al impulso del progreso— como en su capacidad para ayudarnos a entender el mundo, al considerarla como la fuente de conocimiento más fiable que nos permite distinguir entre lo verdadero y lo falso.
Hace unas semanas la Fundación BBVA ya había presentado los resultados relativos a la cercanía, el interés y el nivel de conocimiento de la sociedad respecto a la ciencia, con datos que apuntaban a un rechazo mayoritario de las teorías conspirativas entre los españoles. El segundo módulo, publicado este sábado, se ha centrado en las actitudes y expectativas ante la ciencia, en las percepciones de la población respecto a lo que se considera científico y lo que no, al potencial de explicación de la ciencia y a las ideas y visiones culturales. Los datos se han obtenido a partir de dos encuestas telefónicas realizadas en noviembre de 2025, con dos muestras representativas de la población española de más de 2.000 personas cada una.
El estudio apunta que los españoles asocian la ciencia de manera casi unánime a los conceptos de progreso y salud (94% en ambos casos) y que una gran mayoría la relaciona también con el bienestar (86%), la modernidad (82%), la objetividad (82%) y la racionalidad (80%). Al contrario, su identificación con narrativas negativas es significativamente menor, si bien ciertos valores como la destrucción de la naturaleza (36%) y la guerra (38%) aparecen como inquietudes derivadas del progreso científico en una parte significativa de la población. En todo caso, una mayoría de los encuestados se mostró en desacuerdo con la afirmación «estaríamos mejor si viviéramos sin tanta ciencia y tecnología».
El estudio ha examinado también las expectativas y las reticencias de los ciudadanos ante la ciencia. La confianza en los resultados es alta, especialmente en cuanto al potencial para reducir y curar enfermedades (el 88% cree que la ciencia hará posible la curación del cáncer en los próximos 25 años) y para construir máquinas inteligentes que actúen sin supervisión directa de las personas. No obstante, hay ciertas áreas en las que parte de la población considera que el progreso científico no será suficiente para solucionar problemas como la reducción de la pobreza (sólo el 28% cree que aportará una respuesta) o frenar el cambio climático (un 46% cree que la ciencia lo hará posible).
También se ha analizado la capacidad de la población para distinguir el grado de solidez científica de distintos campos de conocimiento o disciplinas. La mayoría distingue claramente lo que se puede considerar como científico de prácticas que no lo son: un 92% sitúa el grado de cientificidad de la medicina en 8 o más (en una escala de 0 a 10); al contrario, en el caso de las prácticas alternativas —no respaldadas con resultados científicos— como la homeopatía (20%) o la acupuntura (19%), sólo una minoría las considera como científicas. En esta distinción influye el nivel de conocimiento científico de los encuestados, según explica el estudio. Las personas con mayor conocimiento son más propensas a distinguir la ausencia de carácter científico en las llamadas pseudociencias.
Por último, el estudio aborda también las opiniones ante la dimensión institucional de la investigación científica. Los resultados apuntan que la mayoría de los españoles cree que debe estar controlada por los propios científicos, un tercio cree que debe ser controlada por la sociedad y sólo una minoría cree que esta responsabilidad debe ser del Estado.
Desde la fundación BBVA se subraya la importancia de que la ciudadanía esté familiarizada y confíe en el conocimiento científico. También el hecho de que disponga de herramientas y de información adecuada para la toma de decisiones en numerosos dominios, desde la alimentación a la salud, al tiempo que constituye un componente importante de la cultura cívica. «En un ecosistema en el que se apela a las emociones y se exaltan las creencias subjetivas y en el que la verdad y validez de los mensajes se asocian al poder coercitivo de quien los emite, la afirmación del conocimiento y la objetividad son fundamentales», afirman los autores.
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