<p>La situación estos días es bastante común: ¿es que no puedes esperar a que te lo traigan los Reyes Magos? Para los que celebren la festividad navideña es habitual dejar anotadas en alguna lista para los pajes reales aquellas cosas que les gustaría recibir: libros, ropa, entradas para conciertos… Pero muchos no pueden esperar porque la hormona del deseo, la dopamina, les puede y precipitan su adquisición.</p>
El autor y divulgador estadounidense, analiza por segunda vez los mecanismos de la dopamina en su nuevo libro Dopamina bajo control (Península). Lo hace desde una perspectiva práctica en la que, «sin demonizar el chute que nos proporciona», invita a sacarle el mayor provecho a través de un objetivo claro: buscarle un propósito al deseo
La situación estos días es bastante común: ¿es que no puedes esperar a que te lo traigan los Reyes Magos? Para los que celebren la festividad navideña es habitual dejar anotadas en alguna lista para los pajes reales aquellas cosas que les gustaría recibir: libros, ropa, entradas para conciertos… Pero muchos no pueden esperar porque la hormona del deseo, la dopamina, les puede y precipitan su adquisición.
También estamos a unos días de vivir otro momento gobernado por el chute de dopamina: la apertura de regalos de la mañana de Reyes, que bien puede haber sido la misma que la de Papá Noel hace unos días. «Los niños, pero también los adultos, cuando abren los regalos de Navidad, abren uno y, tan pronto como pueden, van al siguiente, y luego otro. Y otro». El escritor Michael E. Long nos dibuja en un contexto reciente cómo la dopamina nos gobierna y lo que deberíamos hacer para poner remedio. «No, abre el regalo y disfrútalo. Dedícale tiempo. Da las gracias. Vive el momento», espeta sobre ser más consciente del tiempo presente. Porque eso es lo que nos roba la dopamina cuando se vuelve perjudicial. «No podemos dejar que nos haga hacer cosas que no queremos, que embote nuestra capacidad de sentir».
Long es tajante sobre los riesgos de una hormona que nos ha acompañado desde hace millones de años y ha impulsado nuestra supervivencia. Pero nunca, como ahora, ha dominado tanto nuestra vida, impulsada por una sociedad que vive bombardeada por impulsos. Ya sea a través de la sociedad de consumo, «con la compra de cosas que no necesitamos», o de las redes sociales, «atados a un scroll infinito que nos adormece», el desafío hoy está en «cómo se afrontan todas esas oportunidades inmediatas de gratificación instantánea que las generaciones anteriores no tenían».
Para eso, Long ha elaborado una guía práctica: Dopamina bajo control. Entiende por qué actúa en tu contra y cómo convertirla en tu aliada (Península). No es la primera vez que este licenciado en Física por la Murray State University disecciona esta hormona. Junto a Daniel Z. Lieberman publicó en 2021 la que podría considerarse la primera parte: Dopamina (también en Península), pero cuyo título en inglés es incluso más descriptivo: La molécula del más (The Molecule of more).
En esa primera parte, ambos tratan de ofrecer una explicación para comprender, entre otras cosas, que la dopamina trabaja con la recompensa o, mejor dicho, con «el error de predicción de recompensa»: sucede algo que no esperábamos y nos resulta estupendo y segregamos dopamina. Y si no la encontramos, la buscamos.
Al otro lado de la pantalla, a través de una videollamada, un animado Long nos invita a no demonizar la dopamina.
- Esta hormona nos ofrece dos caras: la buena, la que ayuda, y la mala, la que nos lleva a la adicción. ¿Cómo gestionamos una sin que nos lleve a la otra?
- El lado bueno es el que nos convierte en ambiciosos y nos impulsa a encontrar cosas útiles y valiosas. La cara mala es la que nos hace esforzarnos por todo, sin discreción ni discernimiento. Para la dopamina, desplazarse por las redes sociales buscando una imagen divertida es tan fascinante como intentar encontrar una cura para el cáncer. Esto puede llevarnos a perder mucho tiempo.
- Un ejemplo de cómo la dopamina nos hace perseguir cosas que no necesitamos…
- Hoy día lo encontramos en esto, el teléfono móvil [y lo alza como un premio envenenado]. Uno, cuando se desplaza por las redes sociales, puede llegar a ver cosas útiles e importantes. Y esa posibilidad de que haya algo más útil e importante nos hace seguir desplazándonos, aunque no sea frecuente dar con ello. La dopamina nos impulsa a perseguir cosas que podrían ser útiles.
Aquí Long hace una pausa para reflexionar sobre si la dopamina y ese querer más y más deja un vacío en las personas, porque en el fondo, como ocurre con las adicciones, «nos volvemos esclavos de esa sensación y buscamos una dosis más alta cada vez». ¿Por qué?
Pone algunos ejemplos claros que ilustran este tipo de situaciones. «Miley Cyrus dijo que al principio todo era muy emocionante, pero ahora puede actuar frente a un millón de personas y su corazón ni siquiera se acelera; nada la emociona». El problema está en la sobreestimulación constante, «cuanta más gente experimenta esto, más problemas podemos enfrentar». Y cita otro patrón de sobra conocido: la pornografía. «Su consumo se vuelve cada vez más extremo porque la gente se acostumbra a lo normal y necesita una estimulación mayor para sentir lo mismo».
¿Hemos perdido la capacidad de aburrirnos, de vivir sin chutes permanentes de sensaciones nuevas? Sobre esto Long lo tiene claro: «Las personas aburridas necesitan hacer algo». Por eso, «la gente discute tanto en internet». Argumenta que para ellos «es un lugar seguro para desahogar emociones extremas, ya que no suelen enfrentarse físicamente».
Long insiste en que «la dopamina embota nuestra capacidad de sentir, por lo que empezamos a golpear más fuerte para sentir algo». El escritor recoge las palabras del cantante Warren Zevon: «Me voy a lanzar contra la pared porque prefiero sentirme mal que no sentir nada en absoluto».
Quizás la letra reguetonera de Daddy Yankee, tuneada, refleje a la perfección esta situación: «A ella le gusta la dopamina (gasolina); dame más dopamina. Cómo le encanta la dopamina; dame más dopamina…». Mientras la sociedad nos invita a prender los motores de la hormona, Long nos propone bajar las revoluciones y disfrutar de situaciones en las que no necesitemos del chute.
- ¿Por qué es importante experimentar momentos de aburrimiento o bajos niveles de dopamina?
- La dopamina nos da placer por algo que no tenemos, prometiendo disfrute en el futuro. Sin embargo, esto puede llevarnos a cometer errores y perder el tiempo. A diferencia de otras sustancias químicas cerebrales que se preocupan por consumir y disfrutar las cosas con nuestros sentidos, la dopamina nos dice que ‘saltemos todo eso’ e imaginemos cómo será.
- ¿Cómo podemos manejar la sobreestimulación constante en la sociedad actual, especialmente con las redes sociales y la inteligencia artificial?
- Lo primero es darse cuenta de que estas cosas no son inherentemente malas. No es malo mirar las redes sociales o disfrutar de las compras; son divertidas. El problema es que la dopamina nos convence de no parar cuando preferiríamos hacerlo. No queremos pasar todo el día haciendo estas cosas. En lugar de decir que son malas, debemos encontrar una manera de contenernos cuando sea necesario.
- ¿Qué estrategias prácticas se pueden usar?
- Una básica es preguntarnos en el momento qué preferimos hacer. Por ejemplo, cuando sentimos el impulso de tomar el teléfono, preguntarnos si es así como queremos pasar nuestro tiempo o si preferimos hacer ejercicio, hablar con nuestra pareja, trabajar o leer un libro. Debemos ser conscientes de que estamos tomando una decisión y no agarrar el teléfono sin pensar.
- ¿Hay otras formas de crear distancia entre el impulso y la acción?
- Sí, podemos usar la configuración del teléfono para bloquear aplicaciones de redes sociales, limitando su acceso a ciertos momentos del día o a una cantidad específica de tiempo. También se pueden bloquear en computadoras de escritorio o portátiles. Para las compras en línea, se puede eliminar la opción de guardar la tarjeta de crédito, obligándonos a introducir los números cada vez que compramos.
En el libro hay cientos de páginas dedicadas al manejo de la dopamina en cada una de nuestras esferas vitales: relaciones familiares, laborales… «A mí, una cosa que me funciona y no lo he puesto en el libro es darme un tiempo cuando voy a una tienda físicamente a comprar». Long confiesa que echa mano de este recurso a menudo. «Cuando estés en la tienda y quieras comprar algo, tómalo, ponlo bajo el brazo y llévalo contigo durante unos 10 o 15 minutos. La dopamina quiere que poseas cosas, así que al tenerlo, satisfaces ese deseo. A menudo, después de un tiempo, te darás cuenta de que solo querías poseerlo y no realmente usarlo, y podrás devolverlo al estante». Fácil.
También admite que esto funciona con los más pequeños. «A veces reciben demasiados regalos, ya sea en esta época o por su cumpleaños. Si les damos tiempo para que los disfruten uno a uno, les dedicarán el tiempo que su cerebro habría estimado y no se quedará en un impulso inmediato y estéril». ¿Cómo se hace? El método educativo supone esconder los regalos una vez abiertos y que jueguen con cada uno el tiempo que estimen. Una vez pasado unas semanas, incluso un mes, se les saca uno nuevo. «Y, tachán, el cerebro recupera la sensación, pero esta vez de forma que llena más y es más provechosa porque fija su atención a una sola cosa y no múltiples sin sentido».
Al llegar aquí, Long nos da la clave para que la dopamina no sea mala, adictiva, sino buena, creativa y saciante: darnos un tiempo para saborear el impulso. ¿Cómo? «Algo muy simple que hago todos los días: cuando alguien te hace una pregunta o una petición, detente, piénsalo y toma una decisión intencionada sobre cómo reaccionar. Por ejemplo, en el supermercado, cuando te preguntan si eso es todo, detente y piensa si realmente tienes todo lo que necesitas».
- ¿Cómo podemos disfrutar más el momento presente y competir con la dopamina?
- Debemos disfrutar profundamente los momentos que tenemos, usando nuestros cinco sentidos. Por ejemplo, al comer un sándwich, saborearlo realmente y sentirlo en la boca. Al reír, reír de verdad. Al conversar, disfrutar el sonido de la voz y la interacción. Disfrutar el presente se vuelve atractivo y nos permite elegir entre la esperanza de algo futuro impulsada por la dopamina o el disfrute del momento presente.
- ¿Cómo se relaciona esto con el propósito y el significado en la vida?
- El significado en la vida, ya sea de la fe, de virtudes superiores o de otras fuentes, hace que los momentos sean más significativos en el aquí y el ahora. Si nuestro propósito en la vida está impulsado por lo que disfrutamos haciendo en el momento, en lo que somos buenos y que tiene un propósito superior más allá de nosotros mismos, es probable que estemos logrando un buen equilibrio entre la ambición y el aquí y ahora.
- ¿Cómo se diferencia la ambición saludable de la ‘neurosis de la dopamina’?
- Muchas personas trabajan toda su vida para jubilarse, pero luego no saben qué hacer y mueren rápidamente porque no tienen un propósito. Creían que perseguían algo que sería divertido, pero nunca lo experimentaron ni lo disfrutaron. La clave es elegir los objetivos con cuidado. Si trabajas duro para lograr algo, pregúntate por qué. Si es algo que realmente quieres, disfrútalo cuando lo consigas. Si solo estás acumulando cosas, ¿de qué sirve?
Las reflexiones de Long proponen algo casi revolucionario: detenerse y decidir. Y este es un buen propósito para 2026: «Puedes dejar que la dopamina elija por ti, buscando algo nuevo, o puedes hacer una pausa, vivir el aquí y ahora y tomar una decisión. Ahí está la clave de todo en este libro».
Salud
