En un viernes muy caluroso y con previsión de chaparrón, antesala de la ola de calor que azotará a Madrid a partir de este fin de semana, Pablo López se erigió como la única forma de tormenta que arrasó con todo en Noches del Botánico.
Era su primera aparición en el ciclo de conciertos madrileño, que este verano cumple una década, y el malagueño no defraudó. Acompañado de su inseparable piano, el artista de Fuengirola ofreció un recital para los 4.000 aficionados que llenaron el recinto capitalino que, como él, decidieron desafiar a las, afortunadamente, pocas gotas que hicieron acto de aparición.
Con ese temor -y con el reparto de chubasqueros por parte de la organización- empezó el show de López, que hizo varias referencias a la tormenta que amenazó las casi dos horas de espectáculo que ofreció.
«Es un orgullo estar aquí. Siempre escuché hablar de este lugar, pero nunca había tenido la oportunidad de estar. Esto es para ustedes», dedicó el malagueño al público en sus primeras palabra de la noche, animando a los asistentes a dejar los problemas a un lado, aunque sea por unos minutos, con el único objetivo de pasarlo bien.
López interpretó casi una veintena de sus mejores canciones, esas que, de una u otra forma, casi todos se conocen al dedillo o, cuanto menos, se saben algunas estrofas. Así, no faltaton El niño del espacio, La niña de la linterna, Me voy a escapar o Lo saben mis zapatos, el primer plato fuerte de la noche.
«Desde que me vine a vivir a Madrid, hace ya doce años, la soledad ha sabido quién soy», introdujo antes de cantar La libertad, que se la dedicó «a la gente que es de Madrid, pero sobre todo a la gente que no es de Madrid, pero sí es de Madrid».
Una vez entrados en calor (es solo una forma de hablar), llegaron ese tema que «siempre» le acompañará, Te espero aquí, junto a Esdrújula, Quasi, Vi -su primera canción- o una de las más esperadas, Tu enemigo, su «mejor canción de amor jamas escrita», con el propio artista interpretando parte entre el público.
Encarando la recta final, y a medida que se iba alejando el amenzante temporal, iba creciento el huracán Pablo López con tres temas en acústico, KLPSO, Mama no y El abrazo más grande de todos, con los que se acabó metiendo del todo al público en el bolsillo.
Y lo acabó haciendo -más aún- cerrando el concierto con El mundo, El patio, y la ovación cerrada al artista, y la divertida Suplicando, con la que levantó a los asistentes, todos con una sonrisa en la boca, la misma que dedicó el malagueño durante todo el show, a modo de despedida.
El malagueño y los 4.000 aficionados que fueron a verle al ciclo de conciertos madrileño desafiaron a la lluvia prevista, que finalmente no hizo acto de aparición.
En un viernes muy caluroso y con previsión de chaparrón, antesala de la ola de calor que azotará a Madrid a partir de este fin de semana, Pablo López se erigió como la única forma de tormenta que arrasó con todo en Noches del Botánico.
Era su primera aparición en el ciclo de conciertos madrileño, que este verano cumple una década, y el malagueño no defraudó. Acompañado de su inseparable piano, el artista de Fuengirola ofreció un recital para los 4.000 aficionados que llenaron el recinto capitalino que, como él, decidieron desafiar a las, afortunadamente, pocas gotas que hicieron acto de aparición.
Con ese temor -y con el reparto de chubasqueros por parte de la organización- empezó el show de López, que hizo varias referencias a la tormenta que amenazó las casi dos horas de espectáculo que ofreció.
«Es un orgullo estar aquí. Siempre escuché hablar de este lugar, pero nunca había tenido la oportunidad de estar. Esto es para ustedes», dedicó el malagueño al público en sus primeras palabra de la noche, animando a los asistentes a dejar los problemas a un lado, aunque sea por unos minutos, con el único objetivo de pasarlo bien.
López interpretó casi una veintena de sus mejores canciones, esas que, de una u otra forma, casi todos se conocen al dedillo o, cuanto menos, se saben algunas estrofas. Así, no faltaton El niño del espacio, La niña de la linterna, Me voy a escapar o Lo saben mis zapatos, el primer plato fuerte de la noche.
«Desde que me vine a vivir a Madrid, hace ya doce años, la soledad ha sabido quién soy», introdujo antes de cantar La libertad, que se la dedicó «a la gente que es de Madrid, pero sobre todo a la gente que no es de Madrid, pero sí es de Madrid».
Una vez entrados en calor (es solo una forma de hablar), llegaron ese tema que «siempre» le acompañará, Te espero aquí, junto a Esdrújula, Quasi, Vi -su primera canción- o una de las más esperadas, Tu enemigo, su «mejor canción de amor jamas escrita», con el propio artista interpretando parte entre el público.
Encarando la recta final, y a medida que se iba alejando el amenzante temporal, iba creciento el huracán Pablo López con tres temas en acústico, KLPSO, Mama no y El abrazo más grande de todos, con los que se acabó metiendo del todo al público en el bolsillo.
Y lo acabó haciendo -más aún- cerrando el concierto con El mundo, El patio, y la ovación cerrada al artista, y la divertida Suplicando, con la que levantó a los asistentes, todos con una sonrisa en la boca, la misma que dedicó el malagueño durante todo el show, a modo de despedida.
20MINUTOS.ES – Cultura
