Alberto Ávila nos ofrece una introducción al concepto de la magia del caos desde la cultura pop, incluyendo sus orígenes, el tránsito en los años de explosión de la contracultura y, lo que es más importante, cómo ha impregnado este mundo tecnificado, interrelacionado y anónimo en el que nos movemos. El año 2025 terminó con dos magníficas y heréticas publicaciones por parte de Diábolo ediciones en su carrera por llenar huecos, insertar delirios y aclamar la incursión de fuerzas arcanas en nuestra sociedad. Y lo celebramos. La primera que ve la luz en este Motel Margot es Historias de la magia del caos. Más allá de Alan Moore y Grant Morrison escrita por Alberto Ávila Salazar. Bienvenidos. Serán dos entregas. Habrá recuerdos propios del Motel Margot, canciones y muchos recortes.
EL primer capítulo, el preludio, nos lleva a La Torá (en hebreo: תּוֹרָה Torah, lit., «instrucción, enseñanza, doctrina») es la compilación de los primeros cinco libros de la Biblia hebrea. Recitamos, de memoria: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. Y el Talmud. Los judíos, descendientes de Dios, con los números, la realidad, el verdadero infinito: el nombre de Dios en la primera letra, el comienzo del abecedario. Así que comenzaremos en el dos. Sería, como les digo a mis alumnos, pensar en Pitágoras y los matemáticos griegos.
Cuando explico los números reales, el pánico de la geometría. Imagina un cuadrado de unidad. La figura plana más sencilla. Imagina la diagonal que une dos vértices opuestos. Haz el cálculo con el Teorema de Pitágoras. Raíz cuadrada de dos. Un número real. Nunca se puede medir. Es infinito en su concepto. Es necesario, ojo, una serie de sucesiones convergentes. Son palabras, palabras muy mayores. Grecia, Rosacruces, logias. En el fondo, cuando los susurros se han hecho presentes y ahora: Hermética orden de la aurora dorada. Es lo mejor del esoterismo, lo público, sobrevuela, como H. P. Lovecraft, que se ha terminado infiltrando en nuestro mundo.
Recuerdo comprar un libro, en el VIPS, cuando las hermanas Fox dominaban el mundo y Sir Arthur Conan Doyle no sabía si creer o no en los raps, en los ectoplasmas. Recuerdo en Santiago, unas vacaciones, en una cuesta, música concreta, leyendo La lista de los siete de Mark Frost, publicado por Impedimenta, con los mismos personajes, siempre. En la Inglaterra eterna, la de Albión. Mesas que se mueven.
Y vuelvo, claro, a Milenio 3, el duro, el de la madrugada del fin de semana, en la radio. O La Rosa de los Vientos, la auténtica, Iker Jiménez y Juan Antonio Cebrián hablando de Allan Kardec y Madame Blavatsky. Grimorios digitales, descargar programas de internet, 2004 o 2005, el Libro de los muertos. El que vendían en el Círculo de Lectores (no, no confundir con la antología de los muertos vivientes, un santo grial de los libros de lance). Más Iker y más Cebrián: la narración del Egipto de J.R. Champollion. Que no se nos olvide Mike Mignola metiendo algo de eso en las aventuras de Hellboy, en las distintas ramificaciones. ¿Me entendéis? Espero que sí. El vagabundo, la enfermedad en el mundo, la intervención del personaje, la correspondencia. Todo eso, Alberto.
En el segundo capítulo la presencia Aleister Crowley. El pastor, el alimento, lo definitivo: sobrevuela «El gran cuándo», con Alan Moore -que aparecerá luego-, con Mariana Enriquez, de negro o de blanco, de gris, el gran poder de los iconos pop en ese libro menor que es «Este es el mar». ¿Aleister Crowley fue la primera estrella del rock o lo fue Rasputín? William Burroughs no cuenta, porque él sí que acabó siendo estrella del pop con pleno derecho. Crowley posando como Rasputín. Órdenes, logias, descubrimiento. La bestia, el número 666. La bestia pop, en el rico Luna Park. Escuchen al Indio Solari. Los personajes y sus autores, los autores soñando dentro de sus libros: Ian Fleming y James Bond. Jimmy Page y Winston Churchill trasegando coñac y haciendo la V el signo de la victoria (como la serie de los ochenta, con sus lagartos humanoides, reptilianos), ¿casualidad? No creo.
Esos primeros libros, esos libros que compartían mi padre y mi tío, la colección de Otros mundos, títulos potentes- En la página 37, simple número primo, aparece Alan Moore, en el 2003 tiene un encuentro con Asmodeo. Yo, en 2003 me encontré a Manuel Vilas caminando hacia el FNAC, pero no creo que sea lo mismo. Llegamos, por fin, a Austin Osman Spare. Y me pregunto, de nuevo, en este mundo de frecuencias y probabilidad, de distribuciones continuas y orbitales atómicos, ¿cómo es posible que un desconocido se me aparezca en dos libros, en dos instantes, en menos de un mes? Buena pregunta. Puede ser magia o puede ser concatenación de lecturas y placeres.
No le demos tantas vueltas. Satanismo, la Iglesia de Anton Szandor LaVey, sí, otra vez Iker Jiménez. Pensar en Pessoa y los distintos nombres del monstruo o de la bestia. Se vuelve la interzona, Tánger y los lugares de aztecas y magrebíes, el alcohol salvaje de Malcon Lowry, «Bajo el volcán». En la portada del sargento Pimienta aparecen Alexander y William. Es «El siglo de las encrucijadas». Matemáticas, vuelvo a ello, la sucesión convergente de los números reales. Bertrand Russell, otro libro que ha estado conmigo últimamente, Teoremas de incompletitud de Gödel. La dificultad de demostrar que 1+1 son dos. Lean, lean este artículo anterior en Motel Margot. Albert Einstein doblando el mundo.
Volver al libro de Acantilado. Ludwig Wittgenstein, que te vale para lengua y matemáticas, para el caos y para la Nocilla, recuerdas a Niels Bohr, con su teoría fallida, los electrones girando y girando hasta caer contra el núcleo. Un pastel de pasas. Principio de Incertidumbre de Heisenberg, la onda, el corpúsculo, deteniendo los fotones con la mano. BUP, sí, BUP, estudiando mecánica cuántica clásica. No se puede saber la posición y la velocidad de una partícula a la vez, al iluminar el electrón saldrá disparado.
Como el momento de saber dónde está colocado, en la distribución atómica, npsq, npsq, cambiar un lugar por una posibilidad, una órbita por un orbital, colocar en geometrías decimales a los electrones en el entorno del núcleo. Lleva la voz de Nick Cave antes de que llegue el Caos. Es la ERA del CAOS. Lorentz, física de primero, Tipler mezclado con Jodorowsky, guardo el libro, vuelvo a él, Esther, en una mañana de resaca, preparando las oposiciones, me recuerda las funciones que tienen polinomios directores con grados no enteros. Se empiezan a extender, asustan, los tipos de los cuentos de Ray Bradbury, el sonido del trueno, pisar la mariposa, disparar al dinosaurio, la Teoría del Caos. Años confundiendo a Jodorowsky con Antonio Escohotado.
Silvia Grijalba me vigila, usa su theremin para explicarme la intensidad de campo, el producto escalar, el electrón que entra en el campo magnético, atiborrado de teslas y sale disparado, hacia el espacio exterior, como un Mayor Tom cualquiera. Usar el pulgar y el índice para obtener la dirección. Benoit Mandelbrot, sus raíces insertándose bajo la piel, la nueva carne, arterias y vidas que se multiplican, se autorreplican. No hay manera de escapar de tantos copos. La belleza de la nieve, el terror del caso.
Retornar a Austin Osman Spare. La mezcla de Hitler y la historia de Alan Moore, antes y después de los bombardeos, las armas de Brixton, no bombardeen Buenos Aires, por favor. Spare y Crowley, amigos, juntos en el Gran Cuándo. El tarot y el turf, grandes negros adorando durante eones a Horus en la ciudad más podrida, la ciudad que define occidente en el caos del alquitrán y la niebla del Támesis, la Babilonia, de gonorrea y curry, té y punk, controlando el mayor imperio moderno. Con naipes surrealistas que adivinan las carreras de caballos. Peter Pan de James Matthew Barrie , primero en Rodrigo Fresán, ahora en Alien. Autorretrato con el rostro de Hitler, LA GUERRA MÁGICA, ¿qué sucedió? Habrá algo de Mike Mignola cerca de nosotros, La Atlántida, Mignola, al final, Mignola escribiendo sobre el final de los tiempos. Un acuario, la humanidad bajo la tierra, nuclear y monstruos, descripción seguida de su final. Un matrimonio amigo de Spade que quiere saberlo todo de la bestia.
Los tentáculos del caos. El capítulo cuarto. Los invisibles, puedo leer Los siete soldados en un verano trágico, de Vértigo, por el nombre y el lugar, las lecturas, comprar y vender hasta llegar a Animal Man. Comprar la figura de Animal man sin blister, por Aliexpress, mientras intento ahorrar para un ordenador portátil que me deje jugar a videojuegos que no existen, coger los elementos del hoy reescribirlos para poder simular la historia de 1971. ¿No es eso la magia del caos? Colocar figurines en sus posiciones, en un ordenador, volver a 1971, antes de la caída de Ocaña, o 1973 el año que Merckx no quiso acudir al Tour de Francia.
Entrar y salir, romper la viñeta, la cuarta pared, el final de la escapada, Malcom (no Malcolm McLaren, el del medio). Ahora mismo te estoy hablando a ti, lector, ¿has llegado hasta aquí? Si es así te mereces un premio. Escríbeme. Te regalaré algo.
Las divinidades envían a sus acólitos en el cambio de década, en los minutos del reloj del juicio final, nos llevan de la mano hasta el asilo Arkham, yo creo que mandaron a sus acólitos y se me ha olvidado escribir sus nombres: Grant, Warren, Neil, Alan. Todos condenados. Caosfera, Michael Moorcock, timo del rockandroll, la muscosa verde, John Constantine haciendo un exorcismo, Constantine contactando con el cadáver de Sid Vicious, el punk más ridículo de la historia. Sid y Nancy, marionetas de Malcolm McLaren, generadores del caos y la anarquía hasta que lo fueron del capitalismo, de la broma.
Dungeons & Dragons, las alucinaciones colectivas, el libro sobre los estados paralelos de América. James Tynion IV, no os preocupa el cuarto, ¿es un clon? ¿Es un proyecto fallido? Es el heredero de una larga estirpe de reptilianos. Azathoth vs. El Expediente Warren. Todos los tecnopaganistas puestos de acuerdos, creando nuevos mitos, todos vale: Maradona, los espaguetis con un escurridor en la cabeza, por supuesto los devotos de la fuerza.
Las historias de Alan Moore. Vendí Prometea. Leí la grapa, edición de Avatar Press, The Courtyard edición española. Todavía me estremezco. No sabía lo que faltaba por llegar. Luego llegó el Neocomicon y Providence al completo. Dejó el camino, ofreció el caos, lo sabes, ¿verdad? William Burroughs, Jorge Luis Borges, la fundición del Necronomicón con el vinilo, la fundación de Buenos Aires, la mentira de Buenos Aires.
El paganismo, Glicón apareciendo en el final de los tiempos escrito por Mike Mignola y Alan Moore, dictado por Lovecraft. Escribí sobre todo en el Heraldo de Aragón, fui un profeta, sobre la devoción por el rey serpiente, sobre Marco Aurelio, Albión, la infiltración de Lovecraft desde una Gran Bretaña arbitraria, la que aparecía en los primeros números de The Autorithy, con Jenny Sparks montada en un dragón, Ángeles fósiles de Alan Moore y los druidas, la romanización, el paganismo, el cristianismo híbrido, todo junto.
Ángeles fósiles de Alan Moore y los druidas, la romanización, el paganismo, el cristianismo híbrido, todo junto.
Encontrar la realidad en los fanzines, en los libros de J. G. Ballard empiezo a sospechar que la magia del caos me persigue cuando leo sobre Michelle Remembers la guardería McCartin y me salta el comienzo de la historia del Departamento de la verdad de James Tynion IV. En 1983: «Usar a los menores que estaban bajo su tutela en rituales demoníacos», todo era falso, todo era sugestión, el pop, no el rock ni el punk, el pop edulcorado, inmediato, de tiktok y de IG, se extiende, adquiere corporeidad entre unos jóvenes, el resto, se narcotizan con sustancias, chucherías con receta, han perseguido a las anfetaminas para dejar que se sometan a las Rivotril, a los clonazepam, etc.
Una pequeña guerra de magos. Asilo Arkham, 1989, la locura, la pelea entre Grant Morrison contra Alan Moore, no hay blancos ni negros, todo son grises, textos con serpientes, ángeles no binarios, vudú, The last war of Albión. La dimensión paralela, ya lo hemos contado. También aquel momento de la historia de Pendragón, los caballeros de Pendragón, con el Capitán Britania. Números de Fórum. La oscura Marvel UK.
La vigilancia de los Watchmen, sacados de un universo, compra de personajes a Charlton Comics, modificados, reinterpretados. Ojo, que Alan Moore es más accesible que Grant Morrison. Los Invisibles cuesta. Los siete caballeros… fanzines, siempre fanzines, allí aparece el primer gato mágico que Alan Moore usará para el otro Londres. Los cambios de nombre, las mutaciones: Marvelman, Capitán Marvel, Shazam, Miracleman… y, no olvidemos, la ausencia del mismo Alan Moore conocido como el autor original. Un poco el artista conocido como… la votación del comediante.
2000 AD, aquellas revistas, personajes mínimos, historias escasas que desarrollan universos, futuros, distopías, historias que podrían aparecer en las páginas de una revista de humor española, que nos iban metiendo soldados del futuro, extraños planetas desconocidos, ahí, dejándonos que filtrara.
En un Don Miki o un Mortadelo. Lo aseguro. Fanzines, revistas, mitos, conseguir un mejor trabajo, remunerado. Generación, de los nacidos entre 1970 y 1990 totalmente infiltrados, dominados por las magias del caso.
Las figuras, ya sabes, el retorno de Fórum a la aparición de Wildstorm. Camelot 3000, siempre en el futuro, pero el futuro, al final, se termina alcanzando. Sueñas con islas humeantes y burbujeantes. La cosa del pantano, el gran verde, el gótico americano y universal
Saber qué hay en el terror antes de que el cualquier sitio. Vampiros y desechos industriales. Mañana más. Esto no ha terminado.
Las historias de Diábolo, tebeos y terror
Alberto Ávila nos ofrece una introducción al concepto de la magia del caos desde la cultura pop, incluyendo sus orígenes, el tránsito en los años de explosión de la contracultura y, lo que es más importante, cómo ha impregnado este mundo tecnificado, interrelacionado y anónimo en el que nos movemos. El año 2025 terminó con dos magníficas y heréticas publicaciones por parte de Diábolo ediciones en su carrera por llenar huecos, insertar delirios y aclamar la incursión de fuerzas arcanas en nuestra sociedad. Y lo celebramos. La primera que ve la luz en este Motel Margot es Historias de la magia del caos. Más allá de Alan Moore y Grant Morrison escrita por Alberto Ávila Salazar. Bienvenidos. Serán dos entregas. Habrá recuerdos propios del Motel Margot, canciones y muchos recortes.

EL primer capítulo, el preludio, nos lleva a La Torá (en hebreo: תּוֹרָה Torah, lit., «instrucción, enseñanza, doctrina») es la compilación de los primeros cinco libros de la Biblia hebrea. Recitamos, de memoria: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. Y el Talmud. Los judíos, descendientes de Dios, con los números, la realidad, el verdadero infinito: el nombre de Dios en la primera letra, el comienzo del abecedario. Así que comenzaremos en el dos. Sería, como les digo a mis alumnos, pensar en Pitágoras y los matemáticos griegos.
Cuando explico los números reales, el pánico de la geometría. Imagina un cuadrado de unidad. La figura plana más sencilla. Imagina la diagonal que une dos vértices opuestos. Haz el cálculo con el Teorema de Pitágoras. Raíz cuadrada de dos. Un número real. Nunca se puede medir. Es infinito en su concepto. Es necesario, ojo, una serie de sucesiones convergentes. Son palabras, palabras muy mayores. Grecia, Rosacruces, logias. En el fondo, cuando los susurros se han hecho presentes y ahora: Hermética orden de la aurora dorada. Es lo mejor del esoterismo, lo público, sobrevuela, como H. P. Lovecraft, que se ha terminado infiltrando en nuestro mundo.

Recuerdo comprar un libro, en el VIPS, cuando las hermanas Fox dominaban el mundo y Sir Arthur Conan Doyle no sabía si creer o no en los raps, en los ectoplasmas. Recuerdo en Santiago, unas vacaciones, en una cuesta, música concreta, leyendo La lista de los siete de Mark Frost, publicado por Impedimenta, con los mismos personajes, siempre. En la Inglaterra eterna, la de Albión. Mesas que se mueven.

Y vuelvo, claro, a Milenio 3, el duro, el de la madrugada del fin de semana, en la radio. O La Rosa de los Vientos, la auténtica, Iker Jiménez y Juan Antonio Cebrián hablando de Allan Kardec y Madame Blavatsky. Grimorios digitales, descargar programas de internet, 2004 o 2005, el Libro de los muertos. El que vendían en el Círculo de Lectores (no, no confundir con la antología de los muertos vivientes, un santo grial de los libros de lance). Más Iker y más Cebrián: la narración del Egipto de J.R. Champollion. Que no se nos olvide Mike Mignola metiendo algo de eso en las aventuras de Hellboy, en las distintas ramificaciones. ¿Me entendéis? Espero que sí. El vagabundo, la enfermedad en el mundo, la intervención del personaje, la correspondencia. Todo eso, Alberto.

En el segundo capítulo la presencia Aleister Crowley. El pastor, el alimento, lo definitivo: sobrevuela «El gran cuándo», con Alan Moore -que aparecerá luego-, con Mariana Enriquez, de negro o de blanco, de gris, el gran poder de los iconos pop en ese libro menor que es «Este es el mar». ¿Aleister Crowley fue la primera estrella del rock o lo fue Rasputín? William Burroughs no cuenta, porque él sí que acabó siendo estrella del pop con pleno derecho. Crowley posando como Rasputín. Órdenes, logias, descubrimiento. La bestia, el número 666. La bestia pop, en el rico Luna Park. Escuchen al Indio Solari. Los personajes y sus autores, los autores soñando dentro de sus libros: Ian Fleming y James Bond. Jimmy Page y Winston Churchill trasegando coñac y haciendo la V el signo de la victoria (como la serie de los ochenta, con sus lagartos humanoides, reptilianos), ¿casualidad? No creo.

Esos primeros libros, esos libros que compartían mi padre y mi tío, la colección de Otros mundos, títulos potentes- En la página 37, simple número primo, aparece Alan Moore, en el 2003 tiene un encuentro con Asmodeo. Yo, en 2003 me encontré a Manuel Vilas caminando hacia el FNAC, pero no creo que sea lo mismo. Llegamos, por fin, a Austin Osman Spare. Y me pregunto, de nuevo, en este mundo de frecuencias y probabilidad, de distribuciones continuas y orbitales atómicos, ¿cómo es posible que un desconocido se me aparezca en dos libros, en dos instantes, en menos de un mes? Buena pregunta. Puede ser magia o puede ser concatenación de lecturas y placeres.

No le demos tantas vueltas. Satanismo, la Iglesia de Anton Szandor LaVey, sí, otra vez Iker Jiménez. Pensar en Pessoa y los distintos nombres del monstruo o de la bestia. Se vuelve la interzona, Tánger y los lugares de aztecas y magrebíes, el alcohol salvaje de Malcon Lowry, «Bajo el volcán». En la portada del sargento Pimienta aparecen Alexander y William. Es «El siglo de las encrucijadas». Matemáticas, vuelvo a ello, la sucesión convergente de los números reales. Bertrand Russell, otro libro que ha estado conmigo últimamente, Teoremas de incompletitud de Gödel. La dificultad de demostrar que 1+1 son dos. Lean, lean este artículo anterior en Motel Margot. Albert Einstein doblando el mundo.

Volver al libro de Acantilado. Ludwig Wittgenstein, que te vale para lengua y matemáticas, para el caos y para la Nocilla, recuerdas a Niels Bohr, con su teoría fallida, los electrones girando y girando hasta caer contra el núcleo. Un pastel de pasas. Principio de Incertidumbre de Heisenberg, la onda, el corpúsculo, deteniendo los fotones con la mano. BUP, sí, BUP, estudiando mecánica cuántica clásica. No se puede saber la posición y la velocidad de una partícula a la vez, al iluminar el electrón saldrá disparado.

Como el momento de saber dónde está colocado, en la distribución atómica, npsq, npsq, cambiar un lugar por una posibilidad, una órbita por un orbital, colocar en geometrías decimales a los electrones en el entorno del núcleo. Lleva la voz de Nick Cave antes de que llegue el Caos. Es la ERA del CAOS. Lorentz, física de primero, Tipler mezclado con Jodorowsky, guardo el libro, vuelvo a él, Esther, en una mañana de resaca, preparando las oposiciones, me recuerda las funciones que tienen polinomios directores con grados no enteros. Se empiezan a extender, asustan, los tipos de los cuentos de Ray Bradbury, el sonido del trueno, pisar la mariposa, disparar al dinosaurio, la Teoría del Caos. Años confundiendo a Jodorowsky con Antonio Escohotado.

Silvia Grijalba me vigila, usa su theremin para explicarme la intensidad de campo, el producto escalar, el electrón que entra en el campo magnético, atiborrado de teslas y sale disparado, hacia el espacio exterior, como un Mayor Tom cualquiera. Usar el pulgar y el índice para obtener la dirección. Benoit Mandelbrot, sus raíces insertándose bajo la piel, la nueva carne, arterias y vidas que se multiplican, se autorreplican. No hay manera de escapar de tantos copos. La belleza de la nieve, el terror del caso.

Retornar a Austin Osman Spare. La mezcla de Hitler y la historia de Alan Moore, antes y después de los bombardeos, las armas de Brixton, no bombardeen Buenos Aires, por favor. Spare y Crowley, amigos, juntos en el Gran Cuándo. El tarot y el turf, grandes negros adorando durante eones a Horus en la ciudad más podrida, la ciudad que define occidente en el caos del alquitrán y la niebla del Támesis, la Babilonia, de gonorrea y curry, té y punk, controlando el mayor imperio moderno. Con naipes surrealistas que adivinan las carreras de caballos. Peter Pan de James Matthew Barrie , primero en Rodrigo Fresán, ahora en Alien. Autorretrato con el rostro de Hitler, LA GUERRA MÁGICA, ¿qué sucedió? Habrá algo de Mike Mignola cerca de nosotros, La Atlántida, Mignola, al final, Mignola escribiendo sobre el final de los tiempos. Un acuario, la humanidad bajo la tierra, nuclear y monstruos, descripción seguida de su final. Un matrimonio amigo de Spade que quiere saberlo todo de la bestia.

Los tentáculos del caos. El capítulo cuarto. Los invisibles, puedo leer Los siete soldados en un verano trágico, de Vértigo, por el nombre y el lugar, las lecturas, comprar y vender hasta llegar a Animal Man. Comprar la figura de Animal man sin blister, por Aliexpress, mientras intento ahorrar para un ordenador portátil que me deje jugar a videojuegos que no existen, coger los elementos del hoy reescribirlos para poder simular la historia de 1971. ¿No es eso la magia del caos? Colocar figurines en sus posiciones, en un ordenador, volver a 1971, antes de la caída de Ocaña, o 1973 el año que Merckx no quiso acudir al Tour de Francia.

Entrar y salir, romper la viñeta, la cuarta pared, el final de la escapada, Malcom (no Malcolm McLaren, el del medio). Ahora mismo te estoy hablando a ti, lector, ¿has llegado hasta aquí? Si es así te mereces un premio. Escríbeme. Te regalaré algo.

Las divinidades envían a sus acólitos en el cambio de década, en los minutos del reloj del juicio final, nos llevan de la mano hasta el asilo Arkham, yo creo que mandaron a sus acólitos y se me ha olvidado escribir sus nombres: Grant, Warren, Neil, Alan. Todos condenados. Caosfera, Michael Moorcock, timo del rockandroll, la muscosa verde, John Constantine haciendo un exorcismo, Constantine contactando con el cadáver de Sid Vicious, el punk más ridículo de la historia. Sid y Nancy, marionetas de Malcolm McLaren, generadores del caos y la anarquía hasta que lo fueron del capitalismo, de la broma.

Dungeons & Dragons, las alucinaciones colectivas, el libro sobre los estados paralelos de América. James Tynion IV, no os preocupa el cuarto, ¿es un clon? ¿Es un proyecto fallido? Es el heredero de una larga estirpe de reptilianos. Azathoth vs. El Expediente Warren. Todos los tecnopaganistas puestos de acuerdos, creando nuevos mitos, todos vale: Maradona, los espaguetis con un escurridor en la cabeza, por supuesto los devotos de la fuerza.

Las historias de Alan Moore. Vendí Prometea. Leí la grapa, edición de Avatar Press, The Courtyard edición española. Todavía me estremezco. No sabía lo que faltaba por llegar. Luego llegó el Neocomicon y Providence al completo. Dejó el camino, ofreció el caos, lo sabes, ¿verdad? William Burroughs, Jorge Luis Borges, la fundición del Necronomicón con el vinilo, la fundación de Buenos Aires, la mentira de Buenos Aires.

El paganismo, Glicón apareciendo en el final de los tiempos escrito por Mike Mignola y Alan Moore, dictado por Lovecraft. Escribí sobre todo en el Heraldo de Aragón, fui un profeta, sobre la devoción por el rey serpiente, sobre Marco Aurelio, Albión, la infiltración de Lovecraft desde una Gran Bretaña arbitraria, la que aparecía en los primeros números de The Autorithy, con Jenny Sparks montada en un dragón, Ángeles fósiles de Alan Moore y los druidas, la romanización, el paganismo, el cristianismo híbrido, todo junto.

Ángeles fósiles de Alan Moore y los druidas, la romanización, el paganismo, el cristianismo híbrido, todo junto.

Encontrar la realidad en los fanzines, en los libros de J. G. Ballard empiezo a sospechar que la magia del caos me persigue cuando leo sobre Michelle Remembers la guardería McCartin y me salta el comienzo de la historia del Departamento de la verdad de James Tynion IV. En 1983: «Usar a los menores que estaban bajo su tutela en rituales demoníacos», todo era falso, todo era sugestión, el pop, no el rock ni el punk, el pop edulcorado, inmediato, de tiktok y de IG, se extiende, adquiere corporeidad entre unos jóvenes, el resto, se narcotizan con sustancias, chucherías con receta, han perseguido a las anfetaminas para dejar que se sometan a las Rivotril, a los clonazepam, etc.

Una pequeña guerra de magos. Asilo Arkham, 1989, la locura, la pelea entre Grant Morrison contra Alan Moore, no hay blancos ni negros, todo son grises, textos con serpientes, ángeles no binarios, vudú, The last war of Albión. La dimensión paralela, ya lo hemos contado. También aquel momento de la historia de Pendragón, los caballeros de Pendragón, con el Capitán Britania. Números de Fórum. La oscura Marvel UK.

La vigilancia de los Watchmen, sacados de un universo, compra de personajes a Charlton Comics, modificados, reinterpretados. Ojo, que Alan Moore es más accesible que Grant Morrison. Los Invisibles cuesta. Los siete caballeros… fanzines, siempre fanzines, allí aparece el primer gato mágico que Alan Moore usará para el otro Londres. Los cambios de nombre, las mutaciones: Marvelman, Capitán Marvel, Shazam, Miracleman… y, no olvidemos, la ausencia del mismo Alan Moore conocido como el autor original. Un poco el artista conocido como… la votación del comediante.

2000 AD, aquellas revistas, personajes mínimos, historias escasas que desarrollan universos, futuros, distopías, historias que podrían aparecer en las páginas de una revista de humor española, que nos iban metiendo soldados del futuro, extraños planetas desconocidos, ahí, dejándonos que filtrara.

En un Don Miki o un Mortadelo. Lo aseguro. Fanzines, revistas, mitos, conseguir un mejor trabajo, remunerado. Generación, de los nacidos entre 1970 y 1990 totalmente infiltrados, dominados por las magias del caso.

Las figuras, ya sabes, el retorno de Fórum a la aparición de Wildstorm. Camelot 3000, siempre en el futuro, pero el futuro, al final, se termina alcanzando. Sueñas con islas humeantes y burbujeantes. La cosa del pantano, el gran verde, el gótico americano y universal

Saber qué hay en el terror antes de que el cualquier sitio. Vampiros y desechos industriales. Mañana más. Esto no ha terminado.
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