El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no ha acudido este jueves a la ‘precumbre’ organizada por Alemania e Italia para fijar posiciones antes del encuentro de los líderes de los 27 en el castillo de Alden Biesen (Bélgica) para hablar sobre la competitividad europea. De hecho, España ha sido el único de los grandes países que no ha acudido a la reunión. Sí lo han hecho la presidenta de la Comisión, Ursula Von der Leyen, además de Austria, Bulgaria, Chipre, Croacia, Dinamarca, Finlandia, Francia, Grecia, Luxemburgo, Países Bajos, Polonia, República Checa, Rumanía, Eslovaquia, Suecia y Hungría.
Se han quedado fuera, además de España, Portugal o los países bálticos. El Gobierno español sí ha hablado con Berlín y con Roma para mostrar su descontento con estos formatos, según apuntaron fuentes cercanas al Ejecutivo, porque, según los planteamientos de Sánchez, estos cónclaves paralelos no sirven para acercar soluciones. Ante la posición de España, los organizadores decidieron no invitar a Sánchez. Desde Moncloa argumentan que nunca han pertenecido a los grupos que se organizan con este formato con el que reconocen no estar de acuerdo. A su juicio, cualquier tipo de negociación se tiene que producir en el marco de los organismos establecidos para ello.
El encuentro en Alden Biesen evidencia que hay dos bloques de países a la hora de hablar de competitividad europea. De un lado, España, Francia o Portugal, que, entre otros abogan por «más UE», con eurobonos para inversiones clave, una Europa «a dos velocidades» que defiende Ursula von der Leyen en busca de acelerar la integración y un ‘remate’ al mercado único para que se complete. De otro, Alemania, Italia o Bélgica, que quieren ser más quirúrgicos, abogan por la ortodoxia y la desregulación y creen que no hay que invertir a lo grande, sino desde las decisiones más concretas que eviten un endeudamiento de la Unión que, dicen, luego no se pueda corregir.
Aunque Sánchez no ha ido a esa precumbre sí lo ha hecho Emmanuel Macron pese a que sus planteamientos distan mucho de los que quiere impulsar el nuevo eje italo-germano.
Según un comunicado del Gobierno italiano, el debate de los líderes se centró en las tres prioridades esbozadas en el documento orientativo elaborado por Italia, Alemania y Bélgica: la culminación del mercado único; la simplificación normativa y la reducción de los precios de la energía; y una política comercial ambiciosa y pragmática.
Asimismo, añadieron, se prestó especial atención a las iniciativas necesarias para el relanzamiento industrial de Europa, empezando por una rápida revisión de los mecanismos de tarificación de las emisiones (ETS y CBAM), así como a la necesidad de garantizar «un seguimiento rápido y fiel de las prioridades políticas indicadas por el Consejo Europeo».
«Necesitamos actuar con rapidez y tomar decisiones muy concretas», expuso el propio Macron, quien aseguro que junio será el mes clave para que se vean esas medidas. «La prioridad es tener una respuesta a muy corto plazo, que consiste en implementar todo en lo que estemos de acuerdo», añadió, consciente, dijo, de la presión a la que está sometido el bloque comunitario en estos momentos. «La fuerte competencia, a veces desleal, con una fuerte presión de China, con los aranceles impuestos por los estadounidenses y las amenazas de prácticas coercitivas exige una respuesta», sentenció.
Sobre la urgencia también habló la primera ministra italiana, Giorgia Meloni pero para ella el foco tiene que estar en la «desregulación» de la normativa europea. «No hay tiempo», resaltó. «La UE debe elegir: si su estrategia es abrirse a los acuerdos de libre comercio, en lo que yo estoy de acuerdo, también entonces debe saber que no puede regular en exceso; por eso necesita simplificar», esgrimió, y reconoció que el tema de los eurobonos, por su parte, «es uno de los más divisivos» para Europa.
Merz no quiso profundizar demasiado y relcamó actuaciones rápidas a la UE, pero sin entrar en una dinámica alocada. Además, quiso cerrar filas con Francia pese a las diferencias. «Me alegra que Emmanuel Macron y yo estemos de acuerdo, como casi siempre, en estas cuestiones. Confío en que demos un paso adelante, sin tomar decisiones todavía, pero preparando las decisiones que se adoptarán dentro de cuatro semanas, cuando nos reunamos para el próximo Consejo Europeo ordinario en Bruselas», recordó.
En Moncloa precisan que uno de los grupos de trabajo fue impulsado por Italia, bajo el liderazgo de Giorgia Meloni, con el foco puesto en la política migratoria, una prioridad que comparte con Grecia y otros países, pero no con España. El segundo, añaden, partió de Alemania y se centró en la productividad en el norte de Europa.
Según estas fuentes, ambos foros han coincidido en esta ocasión porque algunos ministros forman parte de los dos, una circunstancia que no afecta al Ejecutivo español. De hecho, el Gobierno recalca su rechazo a este tipo de encuentros al margen de los cauces habituales y sostiene que cualquier negociación o acuerdo debe abordarse en los órganos formales establecidos para ello.
Según fuentes cercanas al Ejecutivo, España rechazó ante Italia este tipo de formatos y no fue invitada a participar en el encuentro, en el que sí un total de 20 países.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no ha acudido este jueves a la ‘precumbre’ organizada por Alemania e Italia para fijar posiciones antes del encuentro de los líderes de los 27 en el castillo de Alden Biesen (Bélgica) para hablar sobre la competitividad europea. De hecho, España ha sido el único de los grandes países que no ha acudido a la reunión. Sí lo han hecho la presidenta de la Comisión, Ursula Von der Leyen, además de Austria, Bulgaria, Chipre, Croacia, Dinamarca, Finlandia, Francia, Grecia, Luxemburgo, Países Bajos, Polonia, República Checa, Rumanía, Eslovaquia, Suecia y Hungría.
Se han quedado fuera, además de España, Portugal o los países bálticos. El Gobierno español sí ha hablado con Berlín y con Roma para mostrar su descontento con estos formatos, según apuntaron fuentes cercanas al Ejecutivo, porque, según los planteamientos de Sánchez, estos cónclaves paralelos no sirven para acercar soluciones. Ante la posición de España, los organizadores decidieron no invitar a Sánchez. Desde Moncloa argumentan que nunca han pertenecido a los grupos que se organizan con este formato con el que reconocen no estar de acuerdo. A su juicio, cualquier tipo de negociación se tiene que producir en el marco de los organismos establecidos para ello.
El encuentro en Alden Biesen evidencia que hay dos bloques de países a la hora de hablar de competitividad europea. De un lado, España, Francia o Portugal, que, entre otros abogan por «más UE», con eurobonos para inversiones clave, una Europa «a dos velocidades» que defiende Ursula von der Leyen en busca de acelerar la integración y un ‘remate’ al mercado único para que se complete. De otro, Alemania, Italia o Bélgica, que quieren ser más quirúrgicos, abogan por la ortodoxia y la desregulación y creen que no hay que invertir a lo grande, sino desde las decisiones más concretas que eviten un endeudamiento de la Unión que, dicen, luego no se pueda corregir.
Aunque Sánchez no ha ido a esa precumbre sí lo ha hecho Emmanuel Macron pese a que sus planteamientos distan mucho de los que quiere impulsar el nuevo eje italo-germano.
Según un comunicado del Gobierno italiano, el debate de los líderes se centró en las tres prioridades esbozadas en el documento orientativo elaborado por Italia, Alemania y Bélgica: la culminación del mercado único; la simplificación normativa y la reducción de los precios de la energía; y una política comercial ambiciosa y pragmática.
Asimismo, añadieron, se prestó especial atención a las iniciativas necesarias para el relanzamiento industrial de Europa, empezando por una rápida revisión de los mecanismos de tarificación de las emisiones (ETS y CBAM), así como a la necesidad de garantizar «un seguimiento rápido y fiel de las prioridades políticas indicadas por el Consejo Europeo».
«Necesitamos actuar con rapidez y tomar decisiones muy concretas», expuso el propio Macron, quien aseguro que junio será el mes clave para que se vean esas medidas. «La prioridad es tener una respuesta a muy corto plazo, que consiste en implementar todo en lo que estemos de acuerdo», añadió, consciente, dijo, de la presión a la que está sometido el bloque comunitario en estos momentos. «La fuerte competencia, a veces desleal, con una fuerte presión de China, con los aranceles impuestos por los estadounidenses y las amenazas de prácticas coercitivas exige una respuesta», sentenció.
Sobre la urgencia también habló la primera ministra italiana, Giorgia Meloni pero para ella el foco tiene que estar en la «desregulación» de la normativa europea. «No hay tiempo», resaltó. «La UE debe elegir: si su estrategia es abrirse a los acuerdos de libre comercio, en lo que yo estoy de acuerdo, también entonces debe saber que no puede regular en exceso; por eso necesita simplificar», esgrimió, y reconoció que el tema de los eurobonos, por su parte, «es uno de los más divisivos» para Europa.
Merz no quiso profundizar demasiado y relcamó actuaciones rápidas a la UE, pero sin entrar en una dinámica alocada. Además, quiso cerrar filas con Francia pese a las diferencias. «Me alegra que Emmanuel Macron y yo estemos de acuerdo, como casi siempre, en estas cuestiones. Confío en que demos un paso adelante, sin tomar decisiones todavía, pero preparando las decisiones que se adoptarán dentro de cuatro semanas, cuando nos reunamos para el próximo Consejo Europeo ordinario en Bruselas», recordó.
En Moncloa precisan que uno de los grupos de trabajo fue impulsado por Italia, bajo el liderazgo de Giorgia Meloni, con el foco puesto en la política migratoria, una prioridad que comparte con Grecia y otros países, pero no con España. El segundo, añaden, partió de Alemania y se centró en la productividad en el norte de Europa.
Según estas fuentes, ambos foros han coincidido en esta ocasión porque algunos ministros forman parte de los dos, una circunstancia que no afecta al Ejecutivo español. De hecho, el Gobierno recalca su rechazo a este tipo de encuentros al margen de los cauces habituales y sostiene que cualquier negociación o acuerdo debe abordarse en los órganos formales establecidos para ello.
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