Hubo un tiempo en el que los videoclips tenían más presencia en nuestras vidas. Había canales temáticos, programas de televisión y los fans completaban la experiencia de seguir a sus grupos a través del visionado repetitivo de estas piezas.
Ese momento queda lejos. La decadencia viene de muy atrás y hace poco MTV cerró sus canales musicales en Europa. Ahora si uno quiere ver un videoclip tiene que ir a YouTube o redes sociales. Y ahí no solo los encontrará, también comprobará que con los de algunas celebridades hay numerosas reacciones y análisis.
El caso de Rosalía es uno de los mejores ejemplos de lo que estamos sufriendo: la sobreexplicación. Antes también había mensajes en los videoclips, pero ahora se vive una lucha absurda por ser quién da el detalle clave que los demás no ven, la lectura que conjugue la canción con la vida (pública) de la cantante, la narrativa perfecta. Somos muchos los responsables de esto, desde los medios de comunicación a los miles de tiktokers que entre ayer y hoy ya han lanzado su lectura del último videoclip de Rosalía.
Hay una competición por analizar y es obligatorio hacerlo cuanto antes. Las consecuencias son que se copia, se proyecta la mirada propia y se busca ante todo el impacto que atraiga visitas.
Nada parece sencillo, aunque muchas veces lo sea. Es un problema creciente con nuestro ocio: queremos ser productivos, aparentar profundidad o hacernos protagonistas. Olvidamos que a veces lo más importante es simplemente disfrutar y dejarse llevar.
Cada vez que Rosalía lanza un nuevo videoclip llegan multitud de contenidos que tratan de explicar cada detalle, aunque a veces sea innecesario.
Hubo un tiempo en el que los videoclips tenían más presencia en nuestras vidas. Había canales temáticos, programas de televisión y los fans completaban la experiencia de seguir a sus grupos a través del visionado repetitivo de estas piezas.
Ese momento queda lejos. La decadencia viene de muy atrás y hace poco MTV cerró sus canales musicales en Europa. Ahora si uno quiere ver un videoclip tiene que ir a YouTube o redes sociales. Y ahí no solo los encontrará, también comprobará que con los de algunas celebridades hay numerosas reacciones y análisis.
El caso de Rosalía es uno de los mejores ejemplos de lo que estamos sufriendo: la sobreexplicación. Antes también había mensajes en los videoclips, pero ahora se vive una lucha absurda por ser quién da el detalle clave que los demás no ven, la lectura que conjugue la canción con la vida (pública) de la cantante, la narrativa perfecta. Somos muchos los responsables de esto, desde los medios de comunicación a los miles de tiktokers que entre ayer y hoy ya han lanzado su lectura del último videoclip de Rosalía.
Hay una competición por analizar y es obligatorio hacerlo cuanto antes. Las consecuencias son que se copia, se proyecta la mirada propia y se busca ante todo el impacto que atraiga visitas.
Nada parece sencillo, aunque muchas veces lo sea. Es un problema creciente con nuestro ocio: queremos ser productivos, aparentar profundidad o hacernos protagonistas. Olvidamos que a veces lo más importante es simplemente disfrutar y dejarse llevar.
20MINUTOS.ES – Cultura
