<p>La <a href=»https://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/ciencia/2026/04/10/69d7807ee85ece3f1c8b45bd.html» target=»_blank»>misión Artemis II toca a su fin</a>, y los <a href=»https://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/ciencia/2026/04/01/69cbae33fc6c83916c8b45a5.html» target=»_blank»>cuatro astronautas</a> regresan a la tierra tras su viaje alrededor de nuestro único satélite natural. Una <strong>breve estancia de 10 días en el espacio</strong>, pocos teniendo en cuenta que los que están en la Estación Espacial Internacional suelen pasar unos 180 días de media, pero que ya será suficientes para que elementos como la <strong>falta de gravedad </strong>o las fuerzas de aceleración y desaceleración dejen huella en sus cuerpos.</p>
Secuelas transitorias. Uno de los cambios que más preocupan a los médicos está en la masa muscular, que disminuye hasta un 20% en 15 días. También vigilan el descenso drástico de la tensión arterial
La misión Artemis II toca a su fin, y los cuatro astronautas regresan a la tierra tras su viaje alrededor de nuestro único satélite natural. Una breve estancia de 10 días en el espacio, pocos teniendo en cuenta que los que están en la Estación Espacial Internacional suelen pasar unos 180 días de media, pero que ya será suficientes para que elementos como la falta de gravedad o las fuerzas de aceleración y desaceleración dejen huella en sus cuerpos.
Los cambios que afectan a huesos y músculos son, probablemente, unos de los que más preocupan a los médicos de la NASA. Y es que por lo que sabemos por misiones anteriores, se calcula que la masa muscular de un astronauta puede disminuir hasta en un 20% en tan solo 15 días en el espacio.
Los músculos más afectados son los llamados antigravitatorios, es decir, los que en la Tierra luchan contra la gravedad para mantenernos de pie y que en el espacio no necesitamos: cuádriceps, espalda y pantorrillas.
La columna vertebral tampoco se va a ver presionada por nuestro peso corporal y la gravedad terrestre, así que los discos intervertebrales se expandirán provocando que la estatura de los astronautas aumente entre 5 y 7 centímetros. Eso sí, este aumento de estatura es temporal y desaparecerá al regresar a la tierra.
Pero el espacio también pasa factura a la salud ósea, y es que se calcula que cada mes fuera de la Tierra provoca una pérdida de mineralización de hasta un 2%, especialmente en los huesos de las extremidades inferiores.
En la Tierra todos tenemos claro lo que está arriba y lo que está abajo, pero cuando flotas en el espacio todo cambia. Los terrícolas lo sabemos gracias al oído interno, que contiene unas pequeñas piedras llamadas otolitos que se mueven cuando nosotros caminamos, saltamos, nos tumbamos o giramos y nos ayudan a mantener el equilibrio y nos informan en todo momento de nuestra posición.
Pero en el espacio esa parte del oído deja de funcionar y empiezan síntomas como náuseas, dolor de cabeza, mareo y desorientación, algo que los astronautas han bautizado como Síndrome de Adaptación Espacial y que puede durar hasta tres días.
Pero la presión dentro del cráneo también aumenta ligeramente por la diferente distribución de la sangre dentro del cuerpo, algo que puede hacer que empeoren las cefaleas y las náuseas, pero que también les puede provocar visión borrosa por al aumento de presión sobre el nervio óptico.
Seguro que alguna vez has estado bocabajo jugando o en algún parque de atracciones, y seguro que recuerdas cómo parecía que toda la sangre se te iba a la cabeza y que hasta se te hinchaba. Pues algo parecido es lo que les ocurre a los astronautas en cuanto llegan al espacio.
Y es que la sangre y los fluidos corporales se redistribuyen por la falta de gravedad, incluso se produce un pequeño edema facial y por eso parece que tienen la cara hinchada en las retransmisiones en directo. Las cifras de tensión arterial también bajan drásticamente.
El corazón no es ajeno a todo esto y también sufre cambios, y es que tiene que trabajar con menos fuerza ya que no tiene que luchar contra la fuerza de la gravedad para mover la sangre desde los pies hasta la cabeza, y llega a perder entorno a un 15% de volumen. Podríamos decir que a los astronautas se les encoge el corazón, aunque después de haber visto la superficie lunar tan de cerca… ¿a quién no le pasaría lo mismo?
Salud
