<p>Ayumu nunca escuchó a Phil Collins ni a Don Henley. Pero claro, Ayumu es un chimpancé de 26 años que vive en el Centro para los Orígenes Evolutivos del Comportamiento Humano de la <strong>Universidad de Kioto</strong>. Unas circunstancias que no le han impedido iniciar una campaña para tratar unirse al elenco histórico de baterías-cantantes.</p>
Ayumu sorprende a los investigadores al golpear tablones con ritmo mientras vocaliza y muestra expresiones faciales, lo que sugiere un antecedente evolutivo de los instrumentos musicales humanos
Ayumu nunca escuchó a Phil Collins ni a Don Henley. Pero claro, Ayumu es un chimpancé de 26 años que vive en el Centro para los Orígenes Evolutivos del Comportamiento Humano de la Universidad de Kioto. Unas circunstancias que no le han impedido iniciar una campaña para tratar unirse al elenco histórico de baterías-cantantes.
Entre febrero de 2023 y marzo de 2025, los investigadores grabaron 89 actuaciones espontáneas de Ayumu, en las que combinaba golpes rítmicos con tablones y vocalizaciones complejas con expresiones faciales, como si actuara para un público en directo.
A primera vista podría parecer un simple juego, pero un análisis detallado reveló que sus percusiones no eran aleatorias: los golpes mantenían intervalos regulares y estables, como si el chimpancé llevara un metrónomo interno. Pero lo que hace único a Ayumu, y ha sorprendido a los científicos, no es solo su sentido del ritmo, sino la combinación de varias capacidades simultáneamente: arrancar tablones del suelo para convertirlos en instrumentos musicales, golpea, arrastrar y lanza los tablones para crear distintos sonidos, y luego acompañarlo de vocalizaciones complejas y gestos faciales que transmiten emociones positivas.
Los autores del estudio lo interpretan como un ejemplo de externalización vocal, una hipótesis evolutiva según la cual los instrumentos musicales pudieron originarse en el mundo cuando las vocalizaciones emocionales comenzaron a trasladarse a los objetos. En otras palabras, hace millones de años nuestros antepasados pasaron un buen día de gritar para comunicarse, a golpear troncos para amplificar y estructurar sus emociones, una práctica que Ayumu parece reproducir de forma rudimentaria.
La música es probablemente tan antigua como la humanidad misma. Evidencias arqueológicas muestran que hace al menos 40.000 años existían instrumentos de percusión y flautas de hueso, pero muchos de los primeros instrumentos eran perecederos: madera, piel de animales, ramas… por lo que apenas quedan restos. Por eso, observar cómo los chimpancés usan objetos cotidianos como instrumentos ofrece pistas sobre cómo los primeros humanos empezaron a crear sonidos organizados para comunicar emociones, coordinar grupos o simplemente divertirse. Algunos expertos creen que la música también surgió como un refuerzo social: un grupo coordinado tocando juntos podría fortalecer vínculos emocionales, reducir tensiones, coordinar esfuerzos, sincronizar movimientos, transmitir emociones o atraer a la pareja, funciones que aún cumple hoy. En este sentido, los golpes rítmicos y vocalizaciones de Ayumu representan un viaje en el tiempo, un primer atisbo de esta función social en primates no humanos.
Las funciones sociales y cognitivas de la música explican por qué aparece en tantas especies, y abre interrogantes sobre cómo podría haber influido en la evolución de la creatividad y la cultura humana. Los chimpancés no son los únicos artistas del reino animal. Muchas especies muestran habilidades sorprendentes que se acercan a la musicalidad: los pájaros cantores, como los ruiseñores o los mirlos, elaboran melodías complejas con fines de cortejo o defensa territorial; los cetáceos, como las ballenas jorobadas, producen largas canciones estructuradas que viajan kilómetros bajo el agua; incluso algunos loros y cuervos pueden imitar sonidos humanos y coordinar ritmos con golpes o aleteos. En menor medida, se han documentado primates y elefantes que golpean objetos siguiendo patrones rítmicos, aunque nunca con la combinación de percusión, ritmo y vocalización que muestra Ayumu. Estos ejemplos refuerzan la idea de que la música no es exclusivamente humana, sino un fenómeno evolutivo que aparece en distintos linajes como forma de comunicación, expresión emocional o coordinación social.
Los investigadores japoneses están convencidos de que Ayumu no está tocando solo por diversión: sus actuaciones demuestran habilidades complejas combinadas, algo que antes no se había documentado con tanto detalle en chimpancés. Aunque no podemos decir que canta y toca música como Phil Collins, nos permite echar un fascinante vistazo a cómo los humanos empezamos a hacerlo. Todos hemos escuchado muchos conciertos mejores que el que puede ofrecernos Ayumu, pero sin duda menos divertidos.
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