<p>Un viaje por el sur del Peloponeso permite entender por qué la península de Mani ha sido durante siglos uno de los territorios más aislados en la Europa continental. La abrupta geografía que caracteriza esta región griega, unida a la legendaria fiereza de sus guerreros en la Antigüedad, desalentó las intrusiones de extranjeros. Sin embargo, sus escarpadas montañas han trazado también bellos paisajes que han cautivado a viajeros y escritores como Julio Verne, atraídos por su espectacular costa, sus características casas-torre de piedra y su rica historia plagada de batallas y leyendas.</p>
Es una de las regiones más aisladas de la Europa continental y sus habitantes presumen de descender directamente de los espartanos. Durante siglos, la población del Mani profundo ha intrigado a los historiadores. Ahora un estudio revela la huella genética que ha dejado este aislamiento: el 50% de los hombres desciende de un único ancestro masculino que vivió en el siglo VII
Un viaje por el sur del Peloponeso permite entender por qué la península de Mani ha sido durante siglos uno de los territorios más aislados en la Europa continental. La abrupta geografía que caracteriza esta región griega, unida a la legendaria fiereza de sus guerreros en la Antigüedad, desalentó las intrusiones de extranjeros. Sin embargo, sus escarpadas montañas han trazado también bellos paisajes que han cautivado a viajeros y escritores como Julio Verne, atraídos por su espectacular costa, sus características casas-torre de piedra y su rica historia plagada de batallas y leyendas.
Los habitantes del Mani profundo –el extremo más meridional de la península- han intrigado a historiadores y arqueólogos. Mientras gran parte de los Balcanes experimentó repetidas oleadas migratorias durante la Antigüedad tardía [aproximadamente entre los siglos IV y VIII d.C.], las fuentes históricas describen a esta zona como inusualmente resistente al control externo. Incluso el emperador bizantino de la dinastía macedónica Constantino VII Porfirogéneta (905-959 d.C.) comentó los orígenes singulares de los maniotas, señalando que «no son del linaje de los eslavos, sino de los antiguos romanos llamados helenos». Asimismo, dejó constancia de que esta población continuó adorando a los dioses olímpicos hasta bien entrado el siglo IX, una rareza extraordinaria, dado que el Imperio se había cristianizado por completo muchos siglos antes.
También los científicos han puesto sus ojos en los maniotas, que presumen de descender directamente de los antiguos espartanos. Ahora, una investigación ha esclarecido hasta qué punto los habitantes de esta remota región griega han constituido una especie de cápsula del tiempo genética. Y sus hallazgos respaldan que, en efecto, siguieron una trayectoria demográfica y cultural distinta de la de gran parte del mundo de habla griega.
El análisis liderado por Leonidas-Romanos Davranoglou, investigador de la Universidad de Tel Aviv, revela que los maniotas del Mani profundo constituyen una rara «isla» genética dentro de la Grecia continental, anterior a los grandes movimientos poblacionales que transformaron la ascendencia de los griegos continentales y de otras poblaciones de los Balcanes tras la caída de Roma. «Nuestros resultados muestran que el aislamiento histórico dejó una clara huella genética», asegura Davranoglou, que es también investigador asociado de la Universidad de Oxford y de la Universidad Nacional y Capodistríaca de Atenas.
Como cuenta a este diario, la investigación que acaba de publicar en Communications Biology surgió a raíz de su interés académico por la historia de las poblaciones y por la sorprendente singularidad cultural, arquitectónica y social de esta zona. «Los orígenes de los pobladores del Mani profundo ya desconcertaban a los emperadores bizantinos hace incluso 1.000 años, así que queríamos obtener respuestas sobre la enigmática y misteriosa ascendencia de esta población».
La región, explica, «conserva una organización social basada en clanes, una arquitectura distintiva y fuertes tradiciones orales que son extremadamente raras en la Europa continental, y que no se encuentran en ningún otro lugar de Grecia». «Desde una perspectiva científica, Mani ofrecía una oportunidad única para estudiar cómo el aislamiento a largo plazo, la geografía y la estructura social moldean la historia genética». Desde una perspectiva personal, comenta el científico, su mayor motivación fue su profundo amor por este rincón de Grecia y su gente. «Han tenido vidas muy difíciles, pero siempre me abrieron sus corazones y sus casas, y compartieron conmigo sus singulares historias orales. Fue un honor que motivó a todo el equipo a sacar adelante esta investigación», relata.
En toda la península de Mani viven actualmente entre 18.000 y 19.000 personas, pero el estudio se centró específicamente en el Mani profundo, la parte situada al sur de Areópoli: «Esta región comprende un número relativamente pequeño de pueblos y aldeas y hoy en día cuenta con solo unos pocos miles de residentes permanentes. Históricamente, funcionó como una subregión particularmente aislada dentro de Mani, tanto desde el punto de vista geográfico como social», contextualiza el investigador.
En total, analizaron material genético de un centenar de voluntarios cuidadosamente seleccionados para que representaran diferentes aldeas y grupos familiares (clanes), y que la muestra no estuviera dominada por un solo linaje o asentamiento. «Aproximadamente la mitad de los participantes pertenecen a la diáspora en el extranjero, pues hubo una emigración masiva durante los últimos 150 años y, como resultado, algunas de las familias que queríamos analizar ya no residen en Grecia. Nuestro proyecto realmente reunió a maniotas del Mani profundo de todo el mundo», señala Davranoglou.
Las técnicas de Biología Molecular permitieron datar los orígenes de ciertos clanes y comprender las relaciones entre ellos. Los fundadores de algunos de los clanes actuales vivieron en los siglos XIV y XV, pero la mayoría de los linajes paternos se remontan a la Grecia de la Edad del Bronce, la Edad del Hierro y la época romana. Así, el análisis mostró que los maniotas descienden en gran medida de grupos locales de habla griega que habitaban la región antes de la Edad Media. A diferencia de muchas otras poblaciones de la Grecia continental, ésta presenta escasa evidencia de haber absorbido grupos llegados posteriormente, como los eslavos, que transformaron el panorama genético y lingüístico de gran parte del sudeste de Europa.
Según los autores, «los maniotas profundos conservan una instantánea del panorama genético del sur de Grecia anterior a las convulsiones demográficas de la Alta Edad Media y probablemente descienden de las mismas personas que hace más de 1.400 años construyeron el tipo único de edificaciones megalíticas, tanto residenciales y religiosas, que se encuentran exclusivamente en esa zona».
Uno de los resultados más llamativos es que más del 50% de los hombres del Mani profundo actual descienden de un único ancestro masculino que vivió en el siglo VII d.C. «La genética nos permite estimar cuándo vivió este ancestro, pero no quién fue», aclara el científico, que señala que este resultado «probablemente refleja un cuello de botella histórico: un período de colapso demográfico causado por la guerra, las enfermedades o la inestabilidad, tras el cual solo un número reducido de linajes masculinos sobrevivió y se expandió».
Los linajes maternos son más diversos, lo que refleja contactos esporádicos con poblaciones del Mediterráneo oriental, el Cáucaso, Europa occidental e incluso el norte de África. «Estos patrones son coherentes con una sociedad fuertemente patriarcal, en la que los linajes masculinos permanecían arraigados localmente, mientras que un pequeño número de mujeres procedentes de comunidades externas se integraban», explica en un comunicado Alexandros Heraclides, coautor del estudio y profesor de la Universidad Europea de Chipre. Su estudio, destaca, «es el primero que recupera las historias no contadas de las mujeres del Mani profundo, cuyos orígenes habían quedado en gran medida ocultos por tradiciones orales centradas en los hombres».
Por otro lado, los científicos compararon los orígenes paternos y maternos de los maniotas con los de más de un millón de humanos modernos, así como con miles de muestras de ADN antiguo de bases genéticas: «No encontramos prácticamente coincidencias con poblaciones actuales, lo cual es algo prácticamente inaudito en Europa», argumenta Davranoglou, que asegura que «el Mani profundo se encuentra sin duda entre las poblaciones más genéticamente aisladas de la Europa continental». Sus resultados, expone, muestran una incorporación genética sorprendentemente limitada procedente de los grandes movimientos poblacionales que afectaron a gran parte de Grecia y los Balcanes después de la Antigüedad tardía: «Este grado de continuidad es excepcional para una población de la Europa continental, aunque niveles similares de aislamiento pueden encontrarse en ciertas comunidades insulares o montañosas en otras partes de Europa».
Este científico griego tiene claro que es lo más impactante del estudio: «Ver que, en muchos casos, los datos genéticos confirman de manera independiente tradiciones que se han transmitido oralmente durante siglos fue profundamente conmovedor. Esto demuestra cómo la Historia humana, la Cultura y la Biología pueden converger para contar una historia coherente sobre la resiliencia, la identidad y la supervivencia a lo largo del tiempo».
Coincide su colega Athanasios Kofinakos, coautor y asesor en cuestiones genealógicas e históricas del Mani profundo. «Muchas tradiciones orales, algunas con cientos de años de antigüedad, quedan ahora verificadas mediante la genética. El aislamiento geográfico y sus limitados recursos económicos forjaron el carácter belicoso de sus habitantes. En un entorno tan duro, las alianzas familiares se volvieron fundamentales para la supervivencia individual y colectiva», comenta.
Aunque este estudio genético no se ha centrado en analizar cuestiones de salud o de envejecimiento, en el trabajo ha estado implicado también Anargyros Mariolis, médico y director del Centro de Salud de Areópoli. Durante años ha forjado una relación de confianza con los habitantes de esta zona, y junto a su hermano Theodoros Mariolis-Sapsakos, también médico (de la Universidad Nacional y Kapodistríaca de Atenas), pretende indagar en la investigación clínica y de salud, tal y como adelanta Davranoglou. «A menudo Mani se asocia con la longevidad y la resistencia, pero los datos científicos sobre estas cuestiones son limitados. Uno de nuestros objetivos futuros es explorar si ciertos factores genéticos pueden ser relevantes para la salud o el riesgo de enfermedades. La meta final no es solo la curiosidad académica, sino que puedan beneficiar a la población que hizo posible el estudio».
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