<p>Imagine poder tener una ventana abierta al interior del organismo, un mirador que permitiera contemplar lo que ocurre dentro de los tejidos, mostrando con detalle la vida de las células: sus conexiones, su actividad, cómo y con quien se relacionan… Algo así es lo que ha conseguido implementar el Instituto de Investigación Biomédica (IRB Barcelona) con la <strong>plataforma </strong><i><strong>Spatial Omics</strong></i>, una herramienta que promete transformar la ciencia biomédica y dar un salto cualitativo hacia la medicina de precisión.</p>
El IRB de Barcelona es el primer centro en España que dispone de una plataforma tecnológica de última generación que pretende revolucionar la biociencia
Imagine poder tener una ventana abierta al interior del organismo, un mirador que permitiera contemplar lo que ocurre dentro de los tejidos, mostrando con detalle la vida de las células: sus conexiones, su actividad, cómo y con quien se relacionan… Algo así es lo que ha conseguido implementar el Instituto de Investigación Biomédica (IRB Barcelona) con la plataforma Spatial Omics, una herramienta que promete transformar la ciencia biomédica y dar un salto cualitativo hacia la medicina de precisión.
Aglutinando tecnologías de última generación, la plataforma hace posible estudiar las células en su ubicación original, preservando el contexto y el entorno, lo que facilitará la investigación de procesos como el cáncer, la neurodegeneración, el desarrollo o el envejecimiento, tal y como apunta Silvia Álvarez, directora de Estrategia Tecnológica del centro catalán.
Hasta ahora, explica, para llevar a cabo por ejemplo un estudio genético, lo habitual era centrarse en una célula única. Tras tomar una muestra, el investigador disociaba algunas células y extraía de ellas la información genética. «Esos datos son muy relevantes y están ayudando muchísimo en la clínica. Pero no permiten ver el contexto. Con esa estrategia no se puede saber dónde estaban esas células en el tejido, con quién estaban interactuando y qué tipo de conversaciones mantenían con sus vecinos», aclara.
La nueva plataforma, en cambio, sí permite obtener esa visión general, proporcionando además información más rica, con detalles sobre la genómica y la proteómica espacial o la histopatología, entre otros datos. Tener esta información es clave, por ejemplo, para entender la arquitectura de un tumor, buscar de forma más precisa nuevas dianas a las que dirigir terapias o comprender por qué en algunos casos no funcionan los tratamientos contra el cáncer.
A día de hoy, los estudios genéticos permiten saber qué mutaciones presenta un tumor. Con esa información, es posible elegir terapias específicas dirigidas a esos cambios en el ADN. Sin embargo, esos tratamientos a veces no funcionan. «Con esta plataforma puedes saber de forma precisa qué genes están activados en un punto o si existen o no células inmunes infiltradas en el interior del tumor, lo que es clave para que funcionen tratamientos como la inmunoterapia», señala Álvarez.
La investigadora compara esta visión espacial de la actividad biológica de un tejido que proporciona la tecnología con tener una panorámica de una ciudad. Al igual que no puede entenderse una urbe analizando sus edificios de forma individual, tampoco puede analizarse un tejido sin tener en cuenta que las células no son entes aislados, sino que dependen de sus vecinos, de las señales que reciben, de las estructuras que las rodean y del espacio que ocupan.
Para obtener esta visión global es fundamental contar con tecnologías bioinformáticas y de biología computacional que también están integradas en la plataforma, señala Álvarez, quien recuerda que este tipo de plataforma pionera en España-y en cuya implantación el centro catalán ha invertido unos tres millones de euros- ya está disponible en algunos laboratorios europeos.
A día de hoy, su foco es fundamentalmente la investigación. Y de hecho, señala la investigadora, la tecnología ya se está empleando en distintos proyectos, como un estudio sobre la generación de metástasis en el cáncer de mama, otro trabajo que analiza una posible semilla en el desarrollo embrionario de algunos tumores pediátricos o una colaboración con el Hospital Clínic de Barcelona que estudia el cáncer de mama. «Queremos que esta tecnología esté disponible para cualquier grupo. Nuestras plataformas están abiertas tanto a usuarios externos como a grupos externos», señala Álvarez, quien subraya que «son muchos los investigadores que podrán beneficiarse de esto».
Esta tecnología, concluye, está cambiando la forma en la que entendemos por qué se producen algunas enfermedades y, en el futuro, podrá tener también un impacto en la clínica, afinando los diagnósticos y permitiendo avanzar en la medicina personalizada y de precisión.
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