Se conoce como ‘copycat’ al criminal que comete un delito (normalmente un asesinato) imitando la forma de proceder de otro, con la intención de que la policía los vincule. La palabra sirve para definir el efecto contagio en el que un caso mediático acaba provocando nuevas réplicas.
Curiosamente, el origen de este término nada tiene que ver con el mundo del crimen y nació en la cultura anglosajona, uniendo las palabras inglesas copiar (copy) y gato (cat), como una burla popular infantil en el siglo XIX. En aquella época se empezó a usar esta palabra para ridiculizar a quienes imitaban las acciones del resto. Se incluyó al gato buscando un tono despectivo al comparar a estas personas con la costumbre felina de caminar siguiendo exactamente los pasos de otros.
Su salto al lenguaje criminal ocurrió mucho tiempo después gracias a un famoso artículo, titulado Case of the Copycat Criminal, firmado por David Dressler a principios de la década de 1960. Desde esa publicación, el resto de la prensa empezó a utilizar este concepto de forma habitual para describir la reproducción exacta de un delito, aunque su verdadero éxito mediático llegó en la década de los ochenta.
Se conoce como ‘copycat’ al criminal que comete un delito (normalmente un asesinato) imitando la forma de proceder de otro, con la intención de que la policía los vincule. La palabra sirve para definir el efecto contagio en el que un caso mediático acaba provocando nuevas réplicas.

Lo que nació como un insulto de burla infantil del siglo XIX acabó convirtiéndose en una etiqueta con la que definir a los criminales que imitan.
Se conoce como ‘copycat’ al criminal que comete un delito (normalmente un asesinato) imitando la forma de proceder de otro, con la intención de que la policía los vincule. La palabra sirve para definir el efecto contagio en el que un caso mediático acaba provocando nuevas réplicas.
Curiosamente, el origen de este término nada tiene que ver con el mundo del crimen y nació en la cultura anglosajona, uniendo las palabras inglesas copiar (copy) y gato (cat), como una burla popular infantil en el siglo XIX. En aquella época se empezó a usar esta palabra para ridiculizar a quienes imitaban las acciones del resto. Se incluyó al gato buscando un tono despectivo al comparar a estas personas con la costumbre felina de caminar siguiendo exactamente los pasos de otros.
Su salto al lenguaje criminal ocurrió mucho tiempo después gracias a un famoso artículo, titulado Case of the Copycat Criminal, firmado por David Dressler a principios de la década de 1960. Desde esa publicación, el resto de la prensa empezó a utilizar este concepto de forma habitual para describir la reproducción exacta de un delito, aunque su verdadero éxito mediático llegó en la década de los ochenta.
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