La edad no es un impedimento para escribir literatura infantil, más bien, da recursos para que los mensajes lleguen de forma divertida y amable a esos niños que un día también será mayores. Steve Smallman está a punto de cumplir 67 años, es ilustrador y cuentista.
Nacido en Cambrigde (Reino Unido), tiene un nieto, que a veces, le corrige el final de sus historias. Steve se ha convertido en un verdadero best-seller de las letras con una saga de diez títulos protagonizada por una oveja que el lobo se quiere comer, pero del que terminará haciéndose amiga: La ovejita que vino a cenar (Penguin Random House) que ha vendido un millón de ejemplares.
Steve Smallman ha visitado la Feria del Libro de Madrid y el hospital del Niño Jesús, donde se reunió con pequeños enfermos a los que luego dedicó, uno a uno y con dibujos personalizados, sus libros. Simpático y cargado con un cuaderno muy manoseado del que no se separa nunca, el dibujante es el espejo de quien desea reflejar un mundo mejor, más equlibrado, donde los corderos bondadosos puedan con los lobos hambrientos.
«La mayoría somos como el lobo, sobre todo, los adultos. Con nuestra manera de decir las cosas, como tenemos callo en la dureza, nos volvemos un pelín cerrados. Metafóricamente, nos devoramos los unos a los otros».
«Lo fantástico de escribir una serie es que los personajes van desarrollándose y los vas conociendo más, como el cocodrilo, que encuentra un huevo y el lobo dice, ‘vamos a hacernos una tortilla’. Hay pocas ovejas en el mundo político, no es bastante deprimente».
El cuaderno del autor es su tesoro, como hemos advertido, cargado como está de trazos que son futuras y buenas intenciones. «Dibujar lo he hecho siempre, incluso de pequeño, todo el rato estoy dibujando. Cuando escribo, también dibujo en mi cuaderno para inspirarme, quizás dibujar me sale más natural, me resulte más fácil que escribir», admite.
Preguntarle a un ilustrador por el poder de la imagen es casi reiterativo, pero él duda antes de responder. «Probablemente crea más en la imagen, pero las palabras, sobre todo en un cuento ilustrado, apoyan. En un mundo ideal ambas van de la mano. Un niño que no sabe leer puede mirar un cuento y se lo cuenta a sí mismo si ve dibujos».
‘Mi mamá es… un enano gruñón’
Steve trabaja viendo su jardín desde la ventana y escuchando música, solo si dibuja. Si escribe, la música le distorsiona. «Me distraigo con una mosca. Si voy a la cocina, de repente me pongo a arreglar el grifo si gotea». Manías del genio, se podría deducir.
Hay mucha gente que pasa demasiado tiempo delante de una pantalla oyendo lo mismo, escuchando las mismas opiniones
Este autor, que ha firmado también Mi mamá es un enano gruñón (La búsqueda de la mamá de una dragona), está convencido de que «leer un libro, conocer personajes diferentes y distintos es una manera maravillosa de abrir el corazón a otras nacionales, religiones, géneros. Es aprender a ver la humanidad de los demás. No fijarte solo en las diferencias. Hay mucha gente que pasa demasiado tiempo delante de una pantalla oyendo lo mismo de siempre, escuchando las mismas opiniones. Los niños son muy listos: saben detectar la mentira y la estupidez».
‘¡Perdidos!’, de Julia Gil e ilustraciones de Irene Buigues
Periodista y guionista, Julia Gil viaja a la Francia del siglo XIII, donde una noble, un caballero templario y la joven Uma huyen bajo la lluvia. Llevan consigo una profecía y un objeto que no puede caer en manos equivocadas bajo ningún pretexto. Nueve siglos después, una curiosa pandilla pasa unas peculiares vacaciones en Occitania. Los cuatro amigos descubrirán que el pasado vuelve y que la justicia necesita nuevos héroes, aunque estén sin móviles y solos. (Ed. Arval).
‘Juan, el inconstante’, de Adalberto Ortiz Ávalos e ilustraciones de Gabriel Pacheco
A Juan le interesa todo: las hormigas, la historia, los misterios del mundo. Pero nada consigue retenerlo. Sus ideas cambian, sus intereses se desvanecen… e incluso su propio cuerpo parece no permanecer siempre en su sitio. A través de la mirada de su amigo, se descubre a un personaje fascinante y enigmático. Es un álbum sobre la identidad, la fragilidad y la dificultad de sostenerse en un mundo que no deja de moverse (Ed. Diego Pun).
‘Baby Unicorns’, de Vanesa Pérez-Sauquillo e ilustraciones de Luisa Lovera
La vida de Nora se vuelve una aventura cuando su tía Nubes le regala una llave mágica que le abrirá las puertas de Nébula, un munco secreto lleno de unicornios bebés, adorables y traviesos (Ed. Salamandra).
‘Jano y el talismán del trueno’, de Damián Mollá
El humorista de El Hormiguero da el salto a la literatura juvenil con este thriller que mezcla historia, mitología y acción. El padre de Jano es secuestrado sin dejar rastro. Él y sus amigos seguirán una serie de pistas escondidas entre leyendas, sectas y trampas. Una aventura trepidante. (Ed.Martínez Roca)
‘El origen de la puerta de los tres cerrojos’, de Sonia Fernández-Vidal
La segunda entrega de la saga, llamada La sombra de los dos soles, es el cierre brillante. Ada y sus amigos quieren conseguir que las leyes del mundo cuántico se acepten en el mundo clásico. En su viaje entre dimensiones deberán rescatar a los grandes pioneros de la física, como Dirac, Heisenberg… Y guiarlos hasta el mapa del conocimiento. (Ed. Destino. Más de medio millón de ejemplares vendidos).
El autor inglés ha visitado la Feria del Libro de Madrid con su saga. Títulos para niños que deberían leer los adultos.
La edad no es un impedimento para escribir literatura infantil, más bien, da recursos para que los mensajes lleguen de forma divertida y amable a esos niños que un día también será mayores. Steve Smallman está a punto de cumplir 67 años, es ilustrador y cuentista.
Nacido en Cambrigde (Reino Unido), tiene un nieto, que a veces, le corrige el final de sus historias. Steve se ha convertido en un verdadero best-seller de las letrascon una saga de diez títulos protagonizada por una oveja que el lobo se quiere comer, pero del que terminará haciéndose amiga: La ovejita que vino a cenar (Penguin Random House) que ha vendido un millón de ejemplares.
Steve Smallman ha visitado la Feria del Libro de Madrid y el hospital del Niño Jesús, donde se reunió con pequeños enfermos a los que luego dedicó, uno a uno y con dibujos personalizados, sus libros. Simpático y cargado con un cuaderno muy manoseado del que no se separa nunca, el dibujante es el espejo de quien desea reflejar un mundo mejor, más equlibrado, donde los corderos bondadosos puedan con los lobos hambrientos.
«La mayoría somos como el lobo, sobre todo, los adultos. Con nuestra manera de decir las cosas, como tenemos callo en la dureza, nos volvemos un pelín cerrados. Metafóricamente, nos devoramos los unos a los otros».
«Lo fantástico de escribir una serie es que los personajes van desarrollándose y los vas conociendo más, como el cocodrilo, que encuentra un huevo y el lobo dice, ‘vamos a hacernos una tortilla’. Hay pocas ovejas en el mundo político, no es bastante deprimente».

El cuaderno del autor es su tesoro, como hemos advertido, cargado como está de trazos que son futuras y buenas intenciones. «Dibujar lo he hecho siempre, incluso de pequeño, todo el rato estoy dibujando. Cuando escribo, también dibujo en mi cuaderno para inspirarme, quizás dibujar me sale más natural, me resulte más fácil que escribir», admite.
Preguntarle a un ilustrador por el poder de la imagen es casi reiterativo, pero él duda antes de responder. «Probablemente crea más en la imagen, pero las palabras, sobre todo en un cuento ilustrado, apoyan. En un mundo ideal ambas van de la mano. Un niño que no sabe leer puede mirar un cuento y se lo cuenta a sí mismo si ve dibujos».
‘Mi mamá es… un enano gruñón’
Steve trabaja viendo su jardín desde la ventana y escuchando música, solo si dibuja. Si escribe, la música le distorsiona. «Me distraigo con una mosca. Si voy a la cocina, de repente me pongo a arreglar el grifo si gotea». Manías del genio, se podría deducir.

Hay mucha gente que pasa demasiado tiempo delante de una pantalla oyendo lo mismo, escuchando las mismas opiniones
Este autor, que ha firmado también Mi mamá es un enano gruñón (La búsqueda de la mamá de una dragona), está convencido de que «leer un libro, conocer personajes diferentes y distintos es una manera maravillosa de abrir el corazón a otras nacionales, religiones, géneros. Es aprender a ver la humanidad de los demás. No fijarte solo en las diferencias. Hay mucha gente que pasa demasiado tiempo delante de una pantalla oyendo lo mismo de siempre, escuchando las mismas opiniones. Los niños son muy listos: saben detectar la mentira y la estupidez».
‘¡Perdidos!’, de Julia Gil e ilustraciones de Irene Buigues
Periodista y guionista, Julia Gil viaja a la Francia del siglo XIII, donde una noble, un caballero templario y la joven Uma huyen bajo la lluvia. Llevan consigo una profecía y un objeto que no puede caer en manos equivocadas bajo ningún pretexto. Nueve siglos después, una curiosa pandilla pasa unas peculiares vacaciones en Occitania. Los cuatro amigos descubrirán que el pasado vuelve y que la justicia necesita nuevos héroes, aunque estén sin móviles y solos. (Ed. Arval).

‘Juan, el inconstante’, de Adalberto Ortiz Ávalos e ilustraciones de Gabriel Pacheco
A Juan le interesa todo: las hormigas, la historia, los misterios del mundo. Pero nada consigue retenerlo. Sus ideas cambian, sus intereses se desvanecen… e incluso su propio cuerpo parece no permanecer siempre en su sitio. A través de la mirada de su amigo, se descubre a un personaje fascinante y enigmático. Es un álbum sobre la identidad, la fragilidad y la dificultad de sostenerse en un mundo que no deja de moverse (Ed. Diego Pun).

‘Baby Unicorns’, de Vanesa Pérez-Sauquillo e ilustraciones de Luisa Lovera
La vida de Nora se vuelve una aventura cuando su tía Nubes le regala una llave mágica que le abrirá las puertas de Nébula, un munco secreto lleno de unicornios bebés, adorables y traviesos (Ed. Salamandra).

‘Jano y el talismán del trueno’, de Damián Mollá
El humorista de El Hormiguero da el salto a la literatura juvenil con este thriller que mezcla historia, mitología y acción. El padre de Jano es secuestrado sin dejar rastro. Él y sus amigos seguirán una serie de pistas escondidas entre leyendas, sectas y trampas. Una aventura trepidante. (Ed.Martínez Roca)

‘El origen de la puerta de los tres cerrojos’, de Sonia Fernández-Vidal
La segunda entrega de la saga, llamada La sombra de los dos soles, es el cierre brillante. Ada y sus amigos quieren conseguir que las leyes del mundo cuántico se acepten en el mundo clásico. En su viaje entre dimensiones deberán rescatar a los grandes pioneros de la física, como Dirac, Heisenberg… Y guiarlos hasta el mapa del conocimiento. (Ed. Destino. Más de medio millón de ejemplares vendidos).

20MINUTOS.ES – Cultura
