Imaginemos que los vemos correr codo con codo, como en una final olímpica, uniendo en paralelo dos acontecimientos separados por veinte años. En la calle 3, radiante, se coloca en los tacos el mejor Usain Bolt de todos los tiempos, el que en 2009 fue capaz de correr los 100 metros en 9,58 segundos: 1,95 metros de altura y 94 kilos de músculos, con 105 centímetros de piernas que lo convierten en un ejemplar morfológico único en la historia del sprint gracias a un torso y unos brazos con un desarrollo muscular perfecto, capaces de generar ese movimiento pendular que le permitió ganar ocho oros olímpicos y once mundiales.
El verdadero secreto de Lightning es su aerodinámica y según sus creadores será mejorado aún más y alcanzará récords inimaginables
Imaginemos que los vemos correr codo con codo, como en una final olímpica, uniendo en paralelo dos acontecimientos separados por veinte años. En la calle 3, radiante, se coloca en los tacos el mejor Usain Bolt de todos los tiempos, el que en 2009 fue capaz de correr los 100 metros en 9,58 segundos: 1,95 metros de altura y 94 kilos de músculos, con 105 centímetros de piernas que lo convierten en un ejemplar morfológico único en la historia del sprint gracias a un torso y unos brazos con un desarrollo muscular perfecto, capaces de generar ese movimiento pendular que le permitió ganar ocho oros olímpicos y once mundiales.
En la calle 4, desgarbado, Lightning, el humanoide chino que este domingo, en los World Robot Games de Pekín, desafió a Usain: 45 kilos de titanio, cables y microprocesadores unidos mediante 22 articulaciones —coronales, sagitales y transversales, para ser precisos—, con unas piernas de longitud desproporcionada atornilladas a un torso de pajarito.
Al disparo de salida, Usain sale de los tacos como un rayo —su tiempo de reacción es de una décima— y empieza a estirarse hasta alcanzar los 44 kilómetros por hora, mientras Lightning apenas esboza ridículos pasitos de unos pocos centímetros, en un precario equilibrio. Después de veinte metros, la diferencia es abismal. Pero después de los cuarenta, todo cambia: el humanoide alarga la zancada hasta superar los tres metros, con la pelvis (si es que podemos llamarla así), casi rozando el suelo, y empieza a dar caza al ser humano más rápido de la historia.
El adelantamiento se produce a 15 metros de la meta. Bolt ha corrido a una media de 44 km/h, Lightning lo adelanta como un cohete a más de 52 km/h y termina en 9,32 segundos, sacándole casi tres metros.
Esta marca la logró en un test previo a la carrera preliminar de los 100 metros lisos de los Juegos Mundiales de Robots, en la que emperoró su marca y la dejó en 9,47 segundos y quedó por detrás de ‘Tiangong Ultra’, que paró el reloj en 9,39.
Tenía que suceder, y sucedió: después del récord de medio maratón logrado el pasado abril, los investigadores han conseguido la hazaña más difícil en el campo de la movilidad artificial: alcanzar velocidades muy elevadas en tiempos muy cortos. El objetivo se logró mediante una operación, por así decirlo, al estilo Frankenstein, incorporando a un cuerpo con forma de maratonista africano —Lightning pesa 45 kilos, 50 menos que Bolt, y tiene un torso de pajarito— dos piernas como las que permitían a Usain devorar los 100 metros en 40 o 41 pasos, tres o cuatro menos que sus rivales, con una eficiencia biomecánica extraordinaria.
Pero el verdadero secreto de Lightning es su aerodinámica, porque a 45 o 50 kilómetros por hora el aire es un muro. El corpulento cuerpo del jamaicano ofrecía al viento 2,26 metros cuadrados de superficie corporal y tenía que gastar el 92% de su energía en vencer la resistencia del aire y solo el 8% en avanzar.
Usain, que cumplió 40 años el viernes pasado, es fruto de una combinación de los genes de Wellesley y Jennifer Bolt, sus padres. Lightning, en cambio, fue concebido en un laboratorio con unas horribles escápulas puntiagudas que cortan el viento, dos rotores en lugar de caderas para hacer girar las piernas, una cintura de avispa alrededor de la cual se desliza el aire y unos pies con forma de pedales de bicicleta para remover la pista de tartán. La superficie expuesta al viento no supera los 1,2 metros cuadrados.
Detrás de Lightning hay algo más que el récord de Bolt: un humanoide velocista es mucho más eficaz en operaciones de seguridad que su equivalente especializado en maratón. Y si el proyecto había fracasado durante años era porque los investigadores no conseguían reproducir una sincronización fundamental para un velocista: la coordinación entre brazos y piernas.
Hasta Lightning, la acción de los rotores situados en las caderas, que aumentaban la longitud de la zancada —algo decisivo para alcanzar los 50 km/h—, desestabilizaba el equilibrio general al modificar la posición del centro de masas y provocaba la aparatosa caída del humanoide.
Usain Bolt, gracias a sus cualidades genéticas y al entrenamiento, equilibraba a la perfección el movimiento de cada una de las partes de su cuerpo. Para conseguir el mismo efecto, los investigadores chinos tuvieron que diseñar y programar unas articulaciones mecánicas instaladas en la cintura del robot que simulan las rotaciones de la pelvis humana que nos mantienen erguidos cuando corremos.
Una empresa titánica, porque los algoritmos que controlan una operación que para nosotros resulta natural deben contemplar una cantidad prácticamente infinita de variantes.
Lightning es la suma de dos partes de humanoide construidas por separado, el torso y las piernas, controladas por dos unidades independientes de coordinación motora. Para mantenerlo todo unido existe un ingenioso sistema llamado LIP-MPC —que, a grandes rasgos, puede traducirse como «Modelo de Control Predictivo de Péndulo Invertido Humano»—, uno de los sistemas más sofisticados aplicados hasta ahora a un robot.
Lightning —dicen sus diseñadores— tiene un amplio margen de mejora: se eliminarán los «pasitos» iniciales, la carrera será más elegante —siendo sinceros, es difícil que pueda ser menos elegante— y la velocidad media se acercará a los 40 km/h, equivalentes a unos 9 segundos exactos en los 100 metros.
Lo que nunca hará será cautivar al estadio como Bolt en Pekín o Londres: este sábado, después de cruzar la línea de meta, Lightning se desplomó en el suelo con un estrépito de chatarra y fue llevado a los vestuarios en una camilla por cuatro solícitos asistentes.
Tecnología – Píxel
