Refresquemos la memoria del ‘corazón’ por un momento: Gunilla Von Bismarck, Jesús Gil, Alfonso de Hohenlohe, Bárbara Rey, Julián Muñoz… A la flor y nata de la Marbella más casposa se une ahora la reina del ‘noir’ Carmen Mola. Los escritores Jorge Díaz, Antonio Mercero y Agustín Martínez (que han hecho celebérrimo y rentable el seudónimo de Carmen Mola) han navegado en las aguas más impuras de una Costa del Sol corrupta y violenta para ficcionar sobre una red criminal que no deja una página sin su muerto. Su nueva novela, Los huérfanos (Planeta lanza una tirada de 100.000 ejemplares, algo inusual), ha girado la mesa, como se diría en el idioma del póker, y ha convertido a villanos en protagonistas. Se acabaron los buenos luchando contra las mafias y los delitos más indecorosos, proclaman en un viaje con periodistas que recorre los lugares de la novela, los escenarios del mal y de la masacre, el DNI de la ‘autora’. Los Mola sirven en su regreso un título sangriento que enfrenta a tres clanes en un mundo dominado por el dinero sucio, el tráfico de drogas y la venganza al más puro estilo matón. Los Pastor, -una familia de abogados-, tres irlandeses que se conocieron en las penurias de un orfanato y una mujer china a la que Al Capone tendría envidia insana, tratan de dividir su territorio como una manada de lobos hambrientos. Dejen paso a los malos, que a fuerza de ratas en la boca, planes endemoniados y ejecuciones sin piedad le ponen nombre al género negro esta temporada. Es, a su modo y manera una novela que versa también sobre la familia, los impulsos que llevan a no romper nunca del todo con ella, por poco fiable que resulte. Y no lo olviden: siempre hay un Mola de guardia. Especialmente, si lo que se quiere es ‘saltar la banca’, romper las reglas.
Lo que nos preocuparía cuando sacamos una novela es que no se nos critique
Uno de los problemas que tienen en los procesos judiciales en Marbella son los traductores, porque cada vez hacen falta en más idiomas
Lo que se ve es que cada vez es más real lo que estamos contando. Hay más de lo que se lee en los periódicos y menos de la fantasía
El acento de esta novela hay que ponerlo en los criminales. De allí al narcotráfico hay un paso y de aquí a Marbella hay menos de un paso
Estamos contentos con nuestras novelas por separado. No sentimos ‘envidia’ de Carmen Mola, aunque tiene una fuerza difícil de conseguir
Siempre estamos hablando de la violencia del ciudadano normal. Si hacemos eso en las novelas, por qué nos vamos a excluir nosotros
El trío de escritores culmina su nueva novela con una sangrienta trama de corrupción entre China, Irlanda y la ciudad malagueña, la meca del mal que convive con el lujo desatado.
Entrevista

El trío de escritores culmina su nueva novela con una sangrienta trama de corrupción entre China, Irlanda y la ciudad malagueña, la meca del mal que convive con el lujo desatado.
Refresquemos la memoria del ‘corazón’ por un momento: Gunilla Von Bismarck, Jesús Gil, Alfonso de Hohenlohe, Bárbara Rey, Julián Muñoz… A la flor y nata de la Marbella más casposa se une ahora la reina del ‘noir’ Carmen Mola. Los escritores Jorge Díaz, Antonio Mercero y Agustín Martínez (que han hecho celebérrimo y rentable el seudónimo de Carmen Mola) han navegado en las aguas más impuras de una Costa del Sol corrupta y violenta para ficcionar sobre una red criminal que no deja una página sin su muerto. Su nueva novela, Los huérfanos (Planeta lanza una tirada de 100.000 ejemplares, algo inusual), ha girado la mesa, como se diría en el idioma del póker, y ha convertido a villanos en protagonistas. Se acabaron los buenos luchando contra las mafias y los delitos más indecorosos, proclaman en un viaje con periodistas que recorre los lugares de la novela, los escenarios del mal y de la masacre, el DNI de la ‘autora’. Los Mola sirven en su regreso un título sangriento que enfrenta a tres clanes en un mundo dominado por el dinero sucio, el tráfico de drogas y la venganza al más puro estilo matón. Los Pastor, -una familia de abogados-, tres irlandeses que se conocieron en las penurias de un orfanato y una mujer china a la que Al Capone tendría envidia insana, tratan de dividir su territorio como una manada de lobos hambrientos. Dejen paso a los malos, que a fuerza de ratas en la boca, planes endemoniados y ejecuciones sin piedad le ponen nombre al género negro esta temporada. Es, a su modo y manera una novela que versa también sobre la familia, los impulsos que llevan a no romper nunca del todo con ella, por poco fiable que resulte. Y no lo olviden: siempre hay un Mola de guardia. Especialmente, si lo que se quiere es ‘saltar la banca’, romper las reglas.
Lo que nos preocuparía cuando sacamos una novela es que no se nos critique
No dejan en muy buen lugar a la ciudad marbellí. Ruido, sangre, muerte, narcotráfico… ¿Temen que las autoridades, los vecinos… alguien se les queje, se enfurezca?
Lo que nos preocuparía es que cuando sacamos una novela no se nos critique. Es fundamental, cuando estás escribiendo, provocar emociones buenas, malas, regulares… todo tipo de cosas. Nosotros no presentamos Marbella como una ciudad negativa. Siempre decirmos que esta ciudad es el paraíso, pero que tiene un lado oscuro que todos conocemos. Cuando ves las noticias en el periódico sobre Marbella, normalmente son noticias sobre crimen organizado, ajustes de cuentas… Aunque también conocemos a mucha gente que vive, que pasa largas temporadas en Marbella y que nunca tiene esa sensación. Marbella son dos ciudades que comparten un mismo espacio. A nosotros nos gusta mucho la Marbella luminosa y nos interesa mucho como escritores la Marbella oscura.

¿De qué han tirado para dar forma a esta cruenta historia: de sus propios conocimientos de la ciudad, de las hemerotecas, de los telediarios…?
¿Te refieres a nuestra propia experiencia como delincuentes? (risas) Hemos tirado de todo un poco. Los tres conocíamos Marbella y Málaga, pero tampoco tenemos casa allí ni pasamos muchos veranos en la zona. Pero a la hora de documentar la historia ha sido un poco de todo: mucha prensa y luego tuvimos la suerte de tener la colaboración de la Guardia Civil, del ECO (Equipos contra el Crimen Organizado). A la hora de comenzar a escribir la novela estuvimos los tres dando vueltas y ya teníamos en la cabeza los espacios que necesitábamos. Los fuimos visitando y la Guardia Civil nos hizo la ruta del mal, que es un recorrido por Marbella donde habían sucedido cosas.
Uno de los problemas que tienen en los procesos judiciales en Marbella son los traductores, porque cada vez hacen falta en más idiomas
¿Hay una ‘ruta del mal’ en Marbella igual que un paseo marítimo? Si que está mal la cosa, sí.
Ellos lo llaman así, es por donde se mueven determinados clanes mafiosos que están allí: dónde viven, en qué urbanizaciones están… Evidentemente, toda esta gente está bastante controlada por las fuerzas del orden. La Guardia Civil nos ayudó mucho. Tuvimos una reunión primero en Madrid, en su centro operativo, y luego ellos nos facilitaron un contacto en Marbella y fuimos para allá. Pudimos ver de primera mano dónde sucedieron determinadas cosas, dónde había sicarios, por dónde se mueven. Nos explicaron también el funcionamiento de su trabajo. En Marbella, esto que estamos contando que es un poco las Naciones Unidas del crimen, hay representantes de todos los países, no solo hay delincuentes de todos los países, también policías de todos los países… Allí están el FBI, Interpol, la policía escandinava haciendo investigaciones…, es decir, es un centro neurálgico de estas historias.
Le van a quitar el puesto a su colega Lorenzo Silva y sus agentes de la Benemérita Chamorro y Bevilacqua, a este paso.
No, por favor (risas). Lorenzo Silva es el padre de la Guardia Civil.

Irlanda, China, Marbella (pasando por Madrid), ¿por qué este mapa y no otro?
Lo de China no lo veíamos tan claro. De hecho, la hermana Mei era una italiana, al principio. Y precisamente en la conversación con la Guardia Civil ns hicieron ver que si queríamos dar una imagen más realista de Marbella, teníamos que poner el poder de los chinos, que es el banco en la sombra de Marbella, los que mueven el dinero, los que saben sacar el dinero negro, lo saben trasladar por todo el mundo y que debíamos reflejarlo así. De este modo, cambiamos lo que tenía que haber sido una mujer italiana en origen por una mujer china. Fue una consecuencia de la documentación. Por otro lado, los clanes irlandeses e ingleses están muy arraigados en Marbella hace muchos años. La mayoría tiene que ver con los Morrisey, los Lions y los Kinahan, pero estos son reales. De esas familias es de lo que sale más en la prensa últimamente. Están muy metidos y nos parecía que había que ir allí. También nos podíamos haber ido a suecos, daneses, croatas… Es impresionante cómo se ha atomizado el crimen organizado en Marbella ante la cantidad de nacionalidades que hay allí operando. Uno de los problemas que tienen en los procesos judiciales son los traductores, porque cada vez hacen falta en más idiomas y no es tan fácil conseguirlos en las declaraciones en los juzgados. Si el delincuente habla serbio croata, por ejemplo, tienes que tener un traductor colegiado de cada lengua.
Lo que se ve es que cada vez es más real lo que estamos contando. Hay más de lo que se lee en los periódicos y menos de la fantasía
¿Pretendían de algún modo ejercer cierta crítica sobre esta evolución criminal en la ciudad? ¿De quién ha sido la culpa de que esto suceda actualmente, al margen de la ficción?
No sabemos si han sido los gobiernos municipales, pero la imagen que tenemos de Marbella de hace muchos años era la de Sean Conery, Gunilla, Holenhole, los Choris… A partir de la época de Jesús Gil esto cambia, pero no sabemos si es culpa del gobierno o una coincidencia. Nosotros conocemos la Marbella actual, no somos cronistas de la villa. De la antigua tenemos menos idea de cuándo empezó a ser distinta. En la actual, se junta el lujo, -tú vas por Puente Romano y Puerto Banús y ves un lujo al que no estamos acostumbrados, y te preguntas quiénes son los dueños-. En algunos casos serán millonarios completamente legales y otras veces, los miembros de estas familias de las que estamos hablando.

¿Qué le cuesta más a Carmen Mola, matar en la novela histórica o hacerlo en la cruda actualidad?
Meterte en una novela histórica supone muchísima más investigación. Pero tampoco nos resulta más complicado porque el proceso de documentación nos gusta mucho a los tres. En el momento en que eliges una época determinada, nos encanta ponernos a leer alrededor de eso, lo disfrutamos mucho y ayuda a desarrollar creativamente el proyecto. En cuestión de ambientación, es más complicado, pero gustoso. En las novelas contemporáneas, llevamos mucho tiempo haciendo thriller, llevamos mucho acumulado. Nos sabemos los procesos judiciales, conocemos la serie de recursos que están allí. Lo que sí creemos es que a nivel estilístico, conforme hemos ido avanzando y sin decidirlo así previamente, las novelas se van acercando a la realidad. Desde la primera, La novia gitana, el viaje que hay de Carmen Mola hasta Los huérfanos , lo que se ve es que cada vez es más real lo que estamos contando. Hay más de lo que se lee en los periódicos y menos de la fantasía.
O sea, ¿cada vez hay más odio, más violencia, menos control de la delincuencia…?
No, es solo que antes se llevaban los temas de, por ejemplo, la película Seven, sobre los siete pecados capitales y cómo los crímenes se relacionaban con ellos. Y ahora la inspiración está en los periódicos, en lo que pasa en la vida real. Se fantasea menos con los hechos, porque los encontramos en el día a día, en la vida corriente.
El acento de esta novela hay que ponerlo en los criminales. De allí al narcotráfico hay un paso y de aquí a Marbella hay menos de un paso
Han invertido un año en este libro, poco parece para un argumento tan sinuoso. ¿Ese plazo incluye desde que se sientan a hablar y dicen ‘de qué vamos a escribir esta vez’?
Quedamos para hablar donde siempre (no es ningún bar) y empezamos a disparar, nunca mejor dicho. En concreto, no nos costó demasiado encontrar el tema, la idea ya cuesta más: lo que le pasa a Laura Pastor (la fiscal protagonista) con su madre y toda la investigación que ella emprende… eso cuesta más. El gran cajón, que es el narcotráfico de Marbella, salió enseguida. Ahora que hemos cerrado a Elena Blanco (inspectora de la saga La novia gitana), después de cinco novelas, estábamos de acuerdo con que no queríamos hacer una inspectora, ni otro equipo policial, pero sí queríamos mantenernos en el thriller. El acento hay que ponerlo en los criminales más que en los policías. De allí al narcotráfico hay un paso y de aquí a Marbella hay menos de un paso. Están ahora mismo ligados. Puede que hasta haya una concejalía de narcotráfico en Marbella (risas), bueno esto es broma, conste, que luego nos titulan con estas cosas.
Estamos contentos con nuestras novelas por separado. No sentimos ‘envidia’ de Carmen Mola, aunque tiene una fuerza difícil de conseguir
En los últimos meses, los integrantes de Carmen Mola han escrito por separado sus respectivas novelas. ¿Están contentos del resultado? ¿Tienen ‘celos’ de Carmen Mola cuando se habla de ventas?
Estamos contentos, sí. Era lo que queríamos hacer. Evidentemente, Carmen Mola tiene una fuerza que es muy difícil conseguir con novelas individuales. Pero hemos hecho lo que queríamos, hemos escrito por separado de las cosas que nos gustan personalmente. Y han ido razonablemente bien. ¿Envidia, celos? Somos incapaces de separar a Carmen Mola de cada uno de nosotros. Carmen Mola soy yo, podríamos decir. Es como tener la mano derecha lejos de la izquierda. Sería un poco raro. Escribir por separado era algo que teníamos claro desde el principio. Carmen Mola tiene su público lector y nos parece bien que sea así, son líneas distintas. El éxito de Carmen Mola no es ajeno a nosotros. No nos vamos a enfadar con el otro porque no escriba para Carmen Mola.
Siempre estamos hablando de la violencia del ciudadano normal. Si hacemos eso en las novelas, por qué nos vamos a excluir nosotros
Quienes llevan una nómina de muertos importante en sus libros, ¿por qué causa podría llegar a matar? ¿O sería incapaces?
No llevamos una contabilidad de nuestros muertos, la verdad (risas). Y respecto a lo otro, no nos lo hemos planteado, habría que ver el caso extremo del que hablamos. Entendemos que quizás tendría que ver con los hijos. De entrada, te diríamos que no, pero uno nunca sabe cómo reacciona hasta que está en la situación. De eso hablamos en nuestras novelas: el criminal que comete un asesinato no es un ser de otro planeta, es alguien como nosotros y como tú y lo hace en unas circunstancias concretas. Si estamos sometidos a esas circunstancias y a ese entorno, es posible que terminemos matando. Siempre estamos hablando de la violencia del ciudadano normal, del que no se espera que sea violento. Si hablamos de eso en las novelas, por qué nos vamos a excluir nosotros. A lo mejor somos personajes de Patricia Highsmisth, hombres corrientes que de repente sufren un estallido de violencia por estrés.

¿Eso significa que personas que parecen buenas en esta novela podrán ser malas en posibles futuras entregas? Es decir, que habrá continuación de Los huérfanos.
Habrá que esperar a la respuesta del público. Si la masa lectora no entra en esta novela, no habrá ocasión de una segunda. Las cosas las tenemos previstas pero si de repente, la novela no vende, la editorial nos dirá: ‘Volved a Elena Blanco’ (personaje que no murió, solo despareció en la anterior serie negra de los Mola). Pero con Los huérfanos estamos planteando un universo nuevo, donde caben más historias
¿Hay temas que no saldrán nunca de las manos de Carmen Mola?
No hay ninguno en principio que no abordemos. Ya hemos tratado la gestación subrogada, la trata de mujeres… Ahora, el narcotráfico. Lo único que necesitamos para novelar es que la idea que se nos venga, tenga luego un recorrido viable y una coherencia.
20MINUTOS.ES – Cultura

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