El debate sobre el papel de los cigarrillos electrónicos en la lucha contra el tabaquismo sigue abierto. Un grupo de expertos vinculado a la Society for Research on Nicotine and Tobacco (SRNT) ha defendido en un artículo publicado en JAMA que los profesionales sanitarios deberían tener en cuenta los cigarrillos electrónicos con nicotina cuando hablan con pacientes fumadores que quieren abandonar el tabaco.
El documento pone el foco especialmente en aquellos adultos que continúan fumando cigarrillos convencionales y plantea el vapeo desde una perspectiva de reducción del daño. Según señalan sus autores, “los cigarrillos electrónicos con nicotina son menos dañinos que los cigarrillos y han demostrado ser más eficaces para dejar de fumar que las terapias de reemplazo de nicotina aprobadas por la FDA”.
La cuestión fundamental para entender esta posición está en la combustión. Los autores destacan que buena parte de los daños relacionados con fumar proceden de las sustancias tóxicas generadas al quemar tabaco. Desde esta perspectiva, sustituir completamente los cigarrillos convencionales por cigarrillos electrónicos reduciría considerablemente la exposición a determinadas sustancias tóxicas.
Los investigadores también llaman la atención sobre la percepción que existe actualmente alrededor de estos dispositivos. “La percepción pública de los riesgos del vapeo se ha vuelto progresivamente más negativa”, advierten. Según sostienen, una parte de la población e incluso algunos profesionales sanitarios consideran que vapear puede ser tan perjudicial o más que fumar, una percepción que los autores consideran que no se corresponde con la evidencia disponible.
Menor exposición
Esta confusión, argumentan, podría tener consecuencias entre determinados fumadores adultos. Si una persona que no consigue abandonar el cigarrillo considera que cambiar completamente a un producto sin combustión implica un riesgo igual o superior, podría descartar una alternativa que, según estos expertos, supone una menor exposición a sustancias perjudiciales.
El posicionamiento también plantea la dificultad de encontrar un equilibrio entre dos objetivos de salud pública: evitar que jóvenes y personas que nunca han fumado comiencen a utilizar productos con nicotina y, al mismo tiempo, proporcionar a los fumadores adultos herramientas que puedan ayudarles a abandonar los cigarrillos convencionales. Los autores consideran que determinados mensajes destinados a prevenir el vapeo entre jóvenes pueden haber contribuido involuntariamente a aumentar la percepción de riesgo entre los adultos fumadores.
La regulación española, en dirección contraria
La publicación llega, además, en pleno desarrollo de la nueva legislación española sobre el tabaco. El Consejo de Ministros aprobó en julio el proyecto de ley que amplía los espacios sin humo y equipara en esos lugares el uso de los cigarrillos electrónicos y otros productos relacionados con el tabaco al cigarrillo convencional. El Plan Integral de Prevención y Control del Tabaquismo 2024-2027 del Ministerio de Sanidad contempla asimismo avanzar en la equiparación regulatoria de estos productos.
El planteamiento de los expertos de la SRNT introduce, por tanto, un matiz diferente al enfoque que está siguiendo Sanidad en España: mientras la regulación española busca reforzar las restricciones sobre el consumo de tabaco y productos relacionados y reducir la exposición de la población, los autores del documento publicado en JAMA defienden diferenciar los riesgos de los cigarrillos combustibles y los electrónicos cuando se aborda específicamente el abandono del tabaco.
Los firmantes proceden de instituciones académicas y sanitarias como University of Oxford, Harvard Medical School y Massachusetts General Hospital, Yale School of Medicine, Rutgers University, University of Wisconsin y University of Kansas Medical Center. Entre las fuentes de financiación declaradas figuran organismos públicos y académicos, incluidos los National Institutes of Health (NIH), el National Cancer Institute (NCI) y la FDA estadounidense.
Su mensaje final pone el acento precisamente en incorporar esta evidencia a la práctica clínica. Ante el elevado número de muertes atribuibles al tabaquismo y los datos disponibles sobre el uso de cigarrillos electrónicos para abandonar los cigarrillos convencionales, los autores concluyen que “ha llegado el momento de incluir los cigarrillos electrónicos en las conversaciones sobre cesación tabáquica”.
Un documento de expertos de la Society for Research on Nicotine and Tobacco (SRNT), publicado en JAMA, sostiene que los cigarrillos electrónicos con nicotina son menos dañinos que fumar y pide incorporarlos a las conversaciones clínicas para dejar el tabaco.
El debate sobre el papel de los cigarrillos electrónicos en la lucha contra el tabaquismo sigue abierto. Un grupo de expertos vinculado a la Society for Research on Nicotine and Tobacco (SRNT) ha defendido en un artículo publicado en JAMA que los profesionales sanitarios deberían tener en cuenta los cigarrillos electrónicos con nicotina cuando hablan con pacientes fumadores que quieren abandonar el tabaco.
El documento pone el foco especialmente en aquellos adultos que continúan fumando cigarrillos convencionales y plantea el vapeo desde una perspectiva de reducción del daño. Según señalan sus autores, “los cigarrillos electrónicos con nicotina son menos dañinos que los cigarrillos y han demostrado ser más eficaces para dejar de fumar que las terapias de reemplazo de nicotina aprobadas por la FDA”.
La cuestión fundamental para entender esta posición está en la combustión. Los autores destacan que buena parte de los daños relacionados con fumar proceden de las sustancias tóxicas generadas al quemar tabaco. Desde esta perspectiva, sustituir completamente los cigarrillos convencionales por cigarrillos electrónicos reduciría considerablemente la exposición a determinadas sustancias tóxicas.
Los investigadores también llaman la atención sobre la percepción que existe actualmente alrededor de estos dispositivos. “La percepción pública de los riesgos del vapeo se ha vuelto progresivamente más negativa”, advierten. Según sostienen, una parte de la población e incluso algunos profesionales sanitarios consideran que vapear puede ser tan perjudicial o más que fumar, una percepción que los autores consideran que no se corresponde con la evidencia disponible.
Menor exposición
Esta confusión, argumentan, podría tener consecuencias entre determinados fumadores adultos. Si una persona que no consigue abandonar el cigarrillo considera que cambiar completamente a un producto sin combustión implica un riesgo igual o superior, podría descartar una alternativa que, según estos expertos, supone una menor exposición a sustancias perjudiciales.
El posicionamiento también plantea la dificultad de encontrar un equilibrio entre dos objetivos de salud pública: evitar que jóvenes y personas que nunca han fumado comiencen a utilizar productos con nicotina y, al mismo tiempo, proporcionar a los fumadores adultos herramientas que puedan ayudarles a abandonar los cigarrillos convencionales. Los autores consideran que determinados mensajes destinados a prevenir el vapeo entre jóvenes pueden haber contribuido involuntariamente a aumentar la percepción de riesgo entre los adultos fumadores.
La regulación española, en dirección contraria
La publicación llega, además, en pleno desarrollo de la nueva legislación española sobre el tabaco. El Consejo de Ministros aprobó en julio el proyecto de ley que amplía los espacios sin humo y equipara en esos lugares el uso de los cigarrillos electrónicos y otros productos relacionados con el tabaco al cigarrillo convencional. El Plan Integral de Prevención y Control del Tabaquismo 2024-2027 del Ministerio de Sanidad contempla asimismo avanzar en la equiparación regulatoria de estos productos.
El planteamiento de los expertos de la SRNT introduce, por tanto, un matiz diferente al enfoque que está siguiendo Sanidad en España: mientras la regulación española busca reforzar las restricciones sobre el consumo de tabaco y productos relacionados y reducir la exposición de la población, los autores del documento publicado en JAMA defienden diferenciar los riesgos de los cigarrillos combustibles y los electrónicos cuando se aborda específicamente el abandono del tabaco.
Los firmantes proceden de instituciones académicas y sanitarias como University of Oxford, Harvard Medical School y Massachusetts General Hospital, Yale School of Medicine, Rutgers University, University of Wisconsin y University of Kansas Medical Center. Entre las fuentes de financiación declaradas figuran organismos públicos y académicos, incluidos los National Institutes of Health (NIH), el National Cancer Institute (NCI) y la FDA estadounidense.
Su mensaje final pone el acento precisamente en incorporar esta evidencia a la práctica clínica. Ante el elevado número de muertes atribuibles al tabaquismo y los datos disponibles sobre el uso de cigarrillos electrónicos para abandonar los cigarrillos convencionales, los autores concluyen que “ha llegado el momento de incluir los cigarrillos electrónicos en las conversaciones sobre cesación tabáquica”.
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