El oficio de actor siempre ha estado sujeto a incertidumbres, antes y ahora. Hay que aprovechar las buenas rachas de viento, cuando sopla, y buscarse los bolos allá donde se encuentren, sin renunciar a ninguna propuesta por poco apetecible que parezca. Así le sucede a un amplio porcentaje de actores hoy en día, pero la situación no resultaba más halagüeña en la Antigüedad. Los actores en el Imperio Romano carecían de derecho a voto y no podían testificar en juicio. Unos parias que compartían escalafón social con esclavos y prostitutas.
Cómicos de Roma nos presenta a un humilde grupo de actores sin demasiada ocupación, remendando vestimentas y poniendo a punto sus máscaras, a la espera de recibir alguna propuesta. El casero les achucha reclamando el alquiler y ellos abren la puerta con miedo al desahucio. Es la vida bohemia y ellos la afrontan vistiendo ligas bajo las rodillas, con cierto aire cabaretero.
David Mamet, guionista y director americano, autor de notables películas e ingeniosos argumentos, escribió hace años un divertimento ambientado en el Imperio Romano, al hilo de las comedias de Plauto. Llevaba por título Keep your Pantheon, un juego de palabras con la frase ‘keep your pants on’, algo así como ‘cálmate’ o ‘no te pongas nervioso’. Se presentó en Estados Unidos de manera bastante discreta y llega ahora en una adaptación que estará hasta el domingo en el Teatro Romano de Mérida.
Fernando Tejero lidera la propuesta como actor principal y cara más conocida. Sostiene buena parte del peso de la función con su vis cómica y consigue momentos realmente divertidos a cuenta de su desparpajo. A su lado, un elenco compuesto exclusivamente por hombres, caso extrañísimo en la actualidad. Tejero salió a escena afectado por una bajada de tensión, según comentó tras el estreno, aún con aspecto pálido, e incluso temió caer desvanecido en algún momento. Seguro que en el resto de funciones previstas —hasta el próximo domingo 9 de agosto— habrá recuperado el color. En cualquier caso, la capacidad de los actores para sobreponerse a cualquier contratiempo es bien conocida, aunque se deba en parte a la eterna precariedad de la profesión.
Acudir al denominado Festival del corcho de Sicilia, no está claro si al oficial o a uno paralelo, parece la tabla de salvación para estos pobres actores, pero la cuadrilla no para de meterse en un lío tras otro, a cuál más gordo. Buscar a un benefactor que les haga salir del paso parece su sino, y sus confusiones incluyen una disparatada actuación ante un hostil auditorio, que más parece la de tres vedettes en horas bajas.
Siempre es un placer ver a Rafa Castejón sobre las tablas, y en él se apoya Tejero para intentar que la función alcance vuelo, aunque le falte papel para mostrar toda su maestría en cualquier terreno escénico.
Completa el trío de humildes comediantes Daniel Arias —hijo de Imanol Arias, presente en el estreno—, encarnando a un jovenzuelo, espigado y un tanto atolondrado, una especie de becario que se ha convertido en objeto de deseo. Va despertando bajas pasiones entre los varones y viene a corroborar que actores y prostitutas compartían justamente epígrafe en aquella Roma. La ingenuidad del personaje está bien captada por Arias, pero esconde la bochornosa realidad que mueve demasiados ámbitos, donde los favores se pagan en carne. No debe olvidarse la actuación de Jorge Asín, acertado siempre en sus divertidas intervenciones.
El cariñoso público de Mérida llenó el teatro y acogió con aplausos el inicio de la obra y las transiciones entre escenas, animados por la música de Marc Alvárez. Toda una reconfortante declaración de intenciones ofrecida por el respetable, que parecía querer decir: «Aquí estamos y hemos venido a pasarlo bien, así que, ¡ánimo, comediantes!». Seguro que ese espíritu positivo y la risa que todo lo justifica ayudan a ajustar algunos aspectos que quedaron a media cocción durante el estreno. La vida del cómico también incluye enfrentarse a inconvenientes y solventarlos con oficio. Cómicos de Roma y cómicos en Mérida.
‘Cómicos de Roma’, escrita por David Mamet, refleja la precariedad de la vida de los actores en la Antigüedad y estará en Mérida hasta el domingo 9 de agosto.
El oficio de actor siempre ha estado sujeto a incertidumbres, antes y ahora. Hay que aprovechar las buenas rachas de viento, cuando sopla, y buscarse los bolos allá donde se encuentren, sin renunciar a ninguna propuesta por poco apetecible que parezca. Así le sucede a un amplio porcentaje de actores hoy en día, pero la situación no resultaba más halagüeña en la Antigüedad.Los actores en el Imperio Romano carecían de derecho a voto y no podían testificar en juicio. Unos parias que compartían escalafón social con esclavos y prostitutas.
Cómicos de Roma nos presenta a un humilde grupo de actores sin demasiada ocupación, remendando vestimentas y poniendo a punto sus máscaras, a la espera de recibir alguna propuesta. El casero les achucha reclamando el alquiler y ellos abren la puerta con miedo al desahucio. Es la vida bohemia y ellos la afrontan con ligas que les dan cierto aire cabaretero.
David Mamet, guionista y director americano, autor de notables películas e ingeniosos argumentos, escribió hace años un divertimento ambientado en el Imperio Romano, al hilo de las comedias de Plauto. Llevaba por título Keep your Pantheon, un juego de palabras con la frase ‘keep your pants on’, algo así como ‘cálmate’ o ‘no te pongas nervioso’. Se presentó en Estados Unidos de manera bastante discreta y llega ahora en una adaptación que estará hasta el domingo en el Teatro Romano de Mérida.

Fernando Tejero lidera la propuesta como actor principal y cara más conocida. Sostiene buena parte del peso de la función con su vis cómica y consigue momentos realmente divertidos a cuenta de su desparpajo. A su lado, un elenco compuesto exclusivamente por hombres, caso extrañísimo en la actualidad. Tejero salió a escena afectado por una bajada de tensión, según comentó tras el estreno, aún con aspecto pálido, e incluso temió caer desvanecido en algún momento. Seguro que en el resto de funciones previstas —hasta el próximo domingo 9 de agosto— habrá recuperado el color. En cualquier caso, la capacidad de los actores para sobreponerse a cualquier contratiempo es bien conocida, aunque se deba en parte a la eterna precariedad de la profesión.

Acudir al denominado Festival del corcho de Sicilia, no está claro si al oficial o a uno paralelo, parece la tabla de salvación para estos pobres actores, pero la cuadrilla no para de meterse en un lío tras otro, a cuál más gordo. Buscar a un benefactor que les haga salir del paso parece su sino, y sus confusiones incluyen una disparatada actuación ante un hostil auditorio, que más parece la de tres vedettes en horas bajas.
Siempre es un placer ver a Rafa Castejón sobre las tablas, y en él se apoya Tejero para intentar que la función alcance vuelo, aunque le falte papel para mostrar toda su maestría en cualquier terreno escénico.

Completa el trío de humildes comediantes Daniel Arias —hijo de Imanol Arias, presente en el estreno—, encarnando a un jovenzuelo, espigado y un tanto atolondrado, una especie de becario que se ha convertido en objeto de deseo. Va despertando bajas pasiones entre los varones y viene a corroborar que actores y prostitutas compartían justamente epígrafe en aquella Roma. La ingenuidad del personaje está bien captada por Arias, pero esconde la bochornosa realidad que mueve demasiados ámbitos, donde los favores se pagan en carne. No debe olvidarse la actuación de Jorge Asín, acertado siempre en sus divertidas intervenciones.

El cariñoso público de Mérida llenó el teatro y acogió con aplausos el inicio de la obra y las transiciones entre escenas, animados por la música de Marc Alvárez. Toda una reconfortante declaración de intenciones ofrecida por el respetable, que parecía querer decir: «Aquí estamos y hemos venido a pasarlo bien, así que, ¡ánimo, comediantes!». Seguro que ese espíritu positivo y la risa que todo lo justifica ayudan a ajustar algunos aspectos que quedaron a media cocción durante el estreno. La vida del cómico también incluye enfrentarse a inconvenientes y solventarlos con oficio. Cómicos de Roma y cómicos en Mérida.
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