El verbo implementar lleva años instalado en informes, reuniones y presentaciones, a menudo envuelto en un aire de solemnidad que no siempre necesita. La RAE lo acepta con el sentido de poner en funcionamiento o llevar a efecto un sistema, un método o una medida. Ese uso es legítimo cuando hablamos de procesos técnicos o de medidas que requieren una puesta en marcha real, por ejemplo, implementar un protocolo de seguridad o implementar un software. En estos casos describe una acción concreta y no resulta exagerado.
El problema aparece cuando se utiliza para todo. En muchos textos se recurre a implementar como si fuera una palabra mágica que eleva el tono sin aportar significado. Se lee que se implementan ideas, mejoras o incluso reuniones, cuando el verbo que encaja es aplicar, poner en práctica, usar o simplemente hacer. En esas situaciones implementar se convierte en humo, una forma de sonar más formal en la que el contenido no gana claridad. El lenguaje administrativo y empresarial ha contribuido mucho a esta expansión, a veces por imitación del inglés to implement, que tiene un uso más amplio.
Por su parte, aplicar suele ser la opción más directa cuando se trata de normas, criterios, soluciones o conocimientos. Aplicamos una ley, un método o una fórmula y no hace falta vestirlo de tecnicismo. Implementar, en cambio, tiene sentido cuando hay un cambio estructural o una instalación que requiere un proceso real de puesta en marcha. Esa diferencia ayuda a mantener el texto preciso y evita la sensación de que se ha llenado de palabras grandilocuentes sin necesidad.
El verbo implementar lleva años instalado en informes, reuniones y presentaciones, a menudo envuelto en un aire de solemnidad que no siempre necesita. La RAE lo acepta con el sentido de poner en funcionamiento o llevar a efecto un sistema, un método o una medida.
El verbo implementar lleva años instalado en informes, reuniones y presentaciones, a menudo envuelto en un aire de solemnidad que no siempre necesita. La RAE lo acepta con el sentido de poner en funcionamiento o llevar a efecto un sistema, un método o una medida. Ese uso es legítimo cuando hablamos de procesos técnicos o de medidas que requieren una puesta en marcha real, por ejemplo, implementar un protocolo de seguridad o implementar un software. En estos casos describe una acción concreta y no resulta exagerado.
El problema aparece cuando se utiliza para todo. En muchos textos se recurre a implementar como si fuera una palabra mágica que eleva el tono sin aportar significado. Se lee que se implementan ideas, mejoras o incluso reuniones, cuando el verbo que encaja es aplicar, poner en práctica, usar o simplemente hacer. En esas situaciones implementar se convierte en humo, una forma de sonar más formal en la que el contenido no gana claridad. El lenguaje administrativo y empresarial ha contribuido mucho a esta expansión, a veces por imitación del inglés to implement, que tiene un uso más amplio.
Por su parte, aplicar suele ser la opción más directa cuando se trata de normas, criterios, soluciones o conocimientos. Aplicamos una ley, un método o una fórmula y no hace falta vestirlo de tecnicismo. Implementar, en cambio, tiene sentido cuando hay un cambio estructural o una instalación que requiere un proceso real de puesta en marcha. Esa diferencia ayuda a mantener el texto preciso y evita la sensación de que se ha llenado de palabras grandilocuentes sin necesidad.
20MINUTOS.ES – Cultura
