Skip to content
uruguayalmomento
  • Portada
  • Nacional
  • Internacional
  • Economía
  • Policiales
  • Deportes
  • Más
    • Ciencia y Tecnología
    • Sociedad
    • Salud
    • Cultura
uruguayalmomento
uruguayalmomento
  • Portada
  • Nacional
  • Internacional
  • Economía
  • Policiales
  • Deportes
  • Más
    • Ciencia y Tecnología
    • Sociedad
    • Salud
    • Cultura
uruguayalmomento
  Cultura  Kenny Ruiz amplía el universo de ‘Star Wars’ con ‘La senda del sable de luz’: «Siempre tuve la duda de si puedes convertirte en Jedi»
Cultura

Kenny Ruiz amplía el universo de ‘Star Wars’ con ‘La senda del sable de luz’: «Siempre tuve la duda de si puedes convertirte en Jedi»

septiembre 30, 2026
FacebookX TwitterPinterestLinkedInTumblrRedditVKWhatsAppEmail

Dios creó el universo y todo lo que existe en seis días y descansó en el séptimo. A un guionista o dibujante de cómic o manga le lleva un poco más y descansa menos, pero también son capaces de crear mundos, universos y personajes. No es poco. Cuando un lector abre una página, ese mundo que el mangaka ha ideado se vuelve real. Está ya en sus recuerdos, en sus conversaciones, en su imaginación y en sus sueños.

El 2 de septiembre llegó a las librerías españolas Star Wars: La senda del sable de luz (Planeta Cómic), el primer cómic oficial de la saga escrito y dibujado enteramente en este país. Un hecho histórico. Detrás del sello de Lucasfilm hay un granadino que no se cree del todo que ya forme parte del canon, que ha hecho historia y que ha empujado los confines del universo de Star Wars con tinta y papel.

Kenny Ruiz mira el tomo y todavía le parece un juego. Lo dice sin pose, como quien no ha encontrado otra manera de explicárselo: lo siente como si siguiera en el suelo, moviendo los muñequitos de Kenner de Star Wars que tiene. «Me cuesta creer que efectivamente ese logo es de Star Wars y que efectivamente ya es real ese universo«, admite.

La senda del sable de luz no es una adaptación, ni un encargo sobre un personaje ya asentado. Es una historia original, manga de corte shonen, integrada en el canon de la franquicia, ambientada en la era de la Primera Orden, justo después de Episodio VIII: Los últimos Jedi. Coexiste en el tiempo con Rey, Kylo Ren, Finn y Poe Dameron. Y, por primera vez, el guion y el dibujo de una serie oficial de Star Wars salen de la misma mesa, en España.

Eso no se improvisa. Ruiz nació en Alicante el 12 de noviembre de 1980, pero se crió en Granada y se considera de allí. A los catorce años cofundó el fanzine, Proyecto Cómic, en una casa de cultura local. Aquello, dice, fue su verdadera escuela. «Montar un fanzine es lo mejor que se puede hacer». Le sirvió para conocer a los mejores amigos de su vida, como otros grandes del mundo del dibujo, Óscar J. Vargas, Javier Recio, Francis Porcel, Gustavo López y Álvaro Fernández…

La afición le viene de más atrás. Su hermano mayor, el grafitero Raúl Ruiz, conocido como El Niño de las Pinturas, se hartó de que le pidiera dibujos y le instó a que dibujara él. «Yo dije ‘no sé dibujar, me sale mal’. Y él me dijo ‘no, lo importante no es que esté bien, lo importante es que lo hagas y ya irá estando mejor’».

Empezó un cómic de Dragon Ball con personajes inventados, «tiraba el papel a medias y empezaba el siguiente», porque «todavía no entendía la diferencia entre ilustración y lenguaje de viñetas, pero aquello ya era cómic». Su madre guardó aquel «pilón» de dibujos. Sigue guardándolos.

De su madre habla con una devoción que no disimula, porque es «la mejor persona de la tierra», y «su archivera» y su agenda. Le telefonea para recordarle que tiene una entrevista, por ejemplo. En su casa, si se abre un cajón, están llenos de dibujos. «Siempre cuidó de mí y siempre me apoyó con esto del dibujo. Y además tiene una devoción absurda por todo mi trabajo, desde que era un niño. Siempre le pareció todo increíble».

No fue un salto sencillo ni propio del azar hasta llegar a codearse con Lucasfilm. Estudió en la Escuela de Artes y Oficios de Granada y después en la Joso de Barcelona. Durante dos décadas trabajó en el mercado franco-belga —El cazador de rayos, Barcelona, Dos espadas, Telémaco, Magic 7— y más tarde en Japón, donde reinventó personajes de Osamu Tezuka en Team Phoenix para la revista Bessatsu Champion… Ha hecho storyboards, publicidad, animación, cuentos infantiles… «He trabajado de dibujante profesional de casi todo», resume. Lo que de verdad le hace feliz, sin embargo, no es dibujar por dibujar: es contar historias, idear el «story, los diálogos, el ritmo». Y lo hace maravillado, como el que ve besarse a la vocación y a la musa: «Hay días, confiesa, en los que le sorprende que me paguen por hacer esto».

Convencer a los jefazos de Star Wars de crear una historia nueva exigió, según su propia fórmula, «más cara que espalda y muy poca vergüenza». Y reuniones. Muchas. Los derechos del manga de la franquicia los tenía Viz Media. Primero hubo que convencer a la editora japonesa. Luego a Disney y después, al Story Group de Lucasfilm, el órgano que decide qué es canon y qué no. En el camino le ofrecieron un proyecto más asequible: adaptar personajes ya establecidos. Ruiz se negó. Estaba convencido de que lo único que podía aportar era una historia nueva, «porque para dibujar hay dibujantes mucho más habilidosos que yo».

La reunión con el Story Group no fue la que esperaba. Creía que iba a hablar de plazos y cosas similares. Se encontró con un examen. Ocho personas —editores, novelistas, gente como Pablo Hidalgo, que lleva años escuchando las «ansiedades» del fandom— le fueron preguntando, punto por punto, el porqué de cada decisión de La Senda del sable de luz o «la profundidad más secreta de los personajes». La presión, relata, era enorme: de todos ellos conoce su trabajo y les admira. «Me podían haber pillado en un renuncio en cualquier momento». No ocurrió. Se dio cuenta, sobre la marcha, de que se había estado preparando para aquel examen toda la vida.

Apenas le pidieron cambios. Llevaba a Nioka ya creada. Solo le pidieron hacerla un poco más mayor y ajustar la personalidad a esa edad. «Por lo demás me apoyaron al 100%».

Nioka Nastar es una reparadora joven que viaja a de una nave excavadora llamada Suerte Azarosa (Random Luck). Durante una expedición a un asteroide encuentra un sable de luz. Otros lo buscan con peores intenciones. Si quiere sobrevivir, alguien tendrá que enseñarle a usarlo.

La premisa que Ruiz defendió ante Disney era construir un shonen clásico, al estilo de Naruto, Kimetsu no Yaiba o My Hero Academia,: un personaje que aprende paso a paso, y el lector con él. Para eso hacía falta alguien con todo por delante.

El nombre de la prota, Nioka, se lo debe a las charlas su compañero de estudio Salba Combé. Hablaban de una niña que es una mecánica dura, capaz de resistir cualquier cosa, y Combé dijo que era como un Nokia: de esos que se podían lanzar contra la pared y seguían funcionando. Hizo un anagrama. Nokia se convirtió en Nioka. El apellido, Nastar, sigue la regla de Stan Lee: misma inicial en nombre y apellido es más fácil de recordar. A Ruiz le encajó a la primera. Dar nombres en Star Wars, cuenta, es un infierno: Lucasfilm le corrigió una infinidad de droides porque casi todos estaban cogidos. Nioka Nastar pasó el filtro a la primera.

La eligió mujer porque le gusta dibujar chicas, porque le parecen «más dinámicas y más sutiles», y porque está harto del arquetipo masculino sobreexplotado. Eso sí, no fue inocuo: «Me agobié pensando en crear a una Nioka que fuese lo bastante diferente a Rey, a Osha, a Ahsoka, a Soca, a Sabine Wren, a otro montón de personajes que están apareciendo en el universo de Star Wars justo ahora… pero es que siempre lo había imaginado así, por lo que decidí apostar y lo único que que tenía para defenderme: Nioka no tiene ninguna conexión con la fuerza«.

Y es que la pequeña protagonista no tiene un examen de sangre que de midiclorianos, ni profecía, ni apellido. «Realmente quería hacer un personaje que fuese como nosotros, solo que quiere ser una Jedi». Es una conversación que mantiene a menudo con su hermano pequeño: si se puede uno convertir en Jedi sin un elemento que lo respalde. «Siempre tuve la duda de si puedes convertirte en Jedi sin tener la llamada de la fuerza y este manga me ayuda a explorarlo», explica

Esa duda no es cosmética. ¿Somos merecedores?. Ruiz sitúa el síndrome del impostor en la raíz del guion de La senda del sable de luz. Quien lea el tomo, dice, lo notará. Con ese síndrome convive cada día. «Es un combate interno, pero hay que procurar vencerlo cada día un poco». Hay que «autoconvencerse de que el trabajo tiene un valor, aunque uno tenga la certeza de que hay gente que vale más». «Aprender a tratarse bien mentalmente» le parece difícil para cualquier persona o profesional, pero «cuando el trabajo lleva tu nombre», un poco más. No se apropia de ese malestar, a menudo la sombra de la luz del creador. Los artistas hacen alarde de él, pero «no es patrimonio del oficio: es de ser autocríticos«. El equilibrio «entre el ego y la complacencia», dice, es complicado.

Ser canon de Star Wars es entrar en un club muy exclusivo. Kenny Ruiz sabe lo que pesa porque de joven vivió un gran perturbación en la fuerza. Él creció en el llamado universo expandido: Heredero del Imperio, El Imperio Carmesí, Imperio Oscuro, tebeos y novelas que, en los años sin películas nuevas, fueron todo el mundo de Star Wars para toda una generación. Cuando Disney compró Lucasfilm, aquel material dejó de ser canon. Tabula rasa para que El despertar de la Fuerza fuera el inicio de todo. Desde entonces la compañía controla con lupa lo que entra en la continuidad del universo de Star Wars, qué existe y qué no, qué es oficial. La senda del sable de luz lleva ese sello. Ruiz lo dice y todavía le cuesta creérselo.

Le preguntan si se nota que su cómic procede de España contesta que «no eres de donde procedes, sino de donde te haces». Su registro es europeo de tanto haber hecho franco-belga y japonés de tanto manga; su forma de narrar, dice, es japonesa. Lo andaluz asoma en otra parte: nació en Granada, dice «un montón de palabrotas» y se crió con ese humor sureño.

«En La senda del sable de luz hay un montón de personajes que quizás son más dicharacheros, pero no sé si eso sería identitario. Creo que al final lo que he intentado es que sea Star Wars y Star Wars tiene unos códigos muy concretos que son muy difíciles de atisbar, pero que cuando te sales de ellos pierde solidez. Así que me preocupa muchísimo más ser fiel a todo ese espíritu», explica.

El sable de luz, para él, no es un adorno. Recuerda la vez, quizá la 37, que vio El retorno del Jedi en VHS con su hermano. En la escena en que Vader sujeta el arma de Luke admirado porque había construido su propio sable después de perder el de su padre. Hasta entonces, para Kenny «era un arma mística, era como Excalibur. Y en realidad es un artefacto. Se puede crear. En aquel momento no se sabía», rememora. Esa curiosidad —cómo se construye, cómo se hace— recorre ahora las páginas, en las que, además, Ruiz ha incluido detalles para «muy cafeteros».

Lucasfilm le pidió conectar la serie con la Alta República y Ruiz se leyó todo al respecto y rescató un dato de nicho: los cazas Vector de los Jedi se activaban con el sable, como una llave, para que solo un Jedi pudiera usar las armas de la nave. «Encajaba en el puzzle que tenía montado increíblemente bien, como un cristal kyber en su sable».

En el estudio no todo es papel e imaginación. Sus compañeros —Javi Peces, Salba, Pablo— le construyeron en 3D una réplica del sable que él había diseñado para el manga, partiendo de sus dibujos, un arma «tangible, real». Él, con Dune Blanco y Salba, hizo un curso de esgrima con sable de luz en la escuela Heredero, en Madrid. Se pasaron el verano dándose espadazos. El que le fabricaron sus amigos se puede configurar para el combate. «Ahora tengo un sable de luz de pegar», dice encantado.

Luego llegó algo que no se puede encargar, ni pagar con dinero, cuyo precio es nada menos que la áurea ilusión. Un fan vasco, Herrero3D en Instagram, al que conoció en el festival Fulcrum, construyó el sable de Nioka. «Se enciende, suena, se desmonta, se ve el cristal kyber…». Funciona como en el tebeo. Si Disney lo hubiera tenido que encargar, dice, el precio habría sido incalculable. El amor por Star Wars hace que esas cosas ocurran.

Ese mismo fandom le ha sorprendido también por su precisión y su capacidad para aportar al manga. El youtuber Expediente Gonk analizó la nave segunda nave de Nioka, la Silver Whisper, y encontró detalles que Ruiz no había pensado: el color de un bláster, una referencia cruzada. En lugar de sentirse atacado, se siente apoyado: «Mira, no lo había pensado. Lo ha descubierto un fan, y lo voy a incluir, porque es súper bonito que compartamos el mismo universo fantástico». Más allá de eso, hasta ahora, dice, nadie le ha sacado los colores por haber faltado a lo canónico.

El trabajo es para Kenny Ruiz una forma de vivir en otro mundo, que comparte con el terrenal. «Echo infinitas horas de curro, las que me permite la conciliación. Tengo una maravillosa esposa y dos increíbles hijos. Entonces todo el tiempo que no estoy con ellos, en realidad estoy currando», asegura, porque aunque no esté en la mesa de dibujo la cabeza sigue en la siguiente escena, el siguiente diálogo. En el estudio echa una jornada normal de ocho horas, salvo los días en que hay que sacarlo de allí «con alquitrán»: trece, catorce horas. No lo considera trabajar. «Considero que es vivirlo. Cuando estás muy metido dentro de tu propia historia, dentro del manga, tienes la sensación de que todo lo que estás haciendo se está haciendo real«, así que echaría «las horas que me aguanten el brazo y los ojos».

En lo que a la industria se refiere hay prejuicios que le molestan, como cuando alguien afirma que el manga está mal dibujado. Lo ha oído en dibujantes formados en el academicismo europeo, incapaces de apreciar un estilo que busca el efecto y la expresividad antes que el detalle realista. Es, además, una lucha interna: él también se forjó en esa academia. Su editor japonés y su agente, Frédéric Toutlemonde, le repiten lo mismo: «menos calorías». «Las páginas tienen que pesar menos, tienen que leerse, tienen que vivirse y eso no significa más dibujo. Lo bueno es que sea emocional para el lector», hace ver.

Del mercado español no hace un discurso triunfal. Artísticamente lo ve fuerte: Planeta Manga saca talentos cada dos meses, Manga Issho agrupa autores que exportan, y hay españoles marcando el paso mundial —Pepe Larraz en Spiderman, Jorge Jiménez en Batman, Juanjo Guarnido y Juan Díaz Canales con Blacksad—. A sus royalties, en cambio, no les parece una época dorada, bromea. El cómic sobrevive en un entorno de ofertas de entretenimiento masivo, «con una oferta loca». Le asombra que la gente gaste «su poco dinero y su cada vez menor tiempo» en un tomo. Las ventas se disparan con unos pocos títulos y hacen que otros muy buenos pasen desapercibidos. El equilibrio, dice, lo sostienen los jóvenes que siguen yendo a las tiendas. Espera que dure y no se queja, porque siempre ha vivido en un equilibrio que le permite pagar la hipoteca.

Es coleccionista. Si hubiera un incendio, lo primero serían los discos duros donde está su trabajo. Después, se llevaría el sable láser que le construyeron. Lo han hecho sus amigos y eso ya pesa. Además representa algo que creó de manera ficticia y ahora es real. También echaría de menos fotos, originales que le han regalado, o los de Dos espadas, su primer manga.

En el estudio tiene un Halcón Milenario gigante de Hasbro. Se ha gastado «una pasta». «Es mi manera de conectar con que todavía puedo ser un niño y pasármelo bien», defiende. Los tebeos, en cambio, los revienta: los lee, los presta, los amontona… y cuando no le caben se los lleva a casa de su madre o los vende, que es «lo que más le duele en el mundo». Respeta a quien los mitifica y los conserva intactos en plástico.

Más Noticias

Leonardo Padura, Premio Liber 2026: «Castigan al gobierno cubano, pero es la gente de Cuba la que sufre»

septiembre 30, 2026

Los primeros acordes españoles de Leonard Cohen

septiembre 30, 2026

Furor por Arde Bogotá en toda España: colas en la calle desde la noche anterior por conseguir una entrada

septiembre 23, 2026

Xabier Anduaga: «Debuté en Madrid hace diez años y desde entonces el Teatro Real ha tenido confianza en mí»

septiembre 29, 2026

Ese refugio y el tomo que acaba de salir son, al cabo, la misma cosa. Un chico de Granada que a los catorce reunía a los colegas para dibujar en una casa de cultura ha metido una historia suya, un mundo que él creó, en la continuidad oficial de Star Wars. El primer cómic de la saga creado enteramente en España no nació de una estrategia de licencia. Nació de alguien que, cuando le preguntan cómo se pacta con Disney, Lucasfilm y Viz, responde que «con poca vergüenza», más español que eso… La senda del sable de luz la creó alguien que, al acabar el examen de su vida, oyó decir a ocho personas que admira y cuyos trabajos tiene en la estantería que aquello era, exactamente, lo que significa ser un Jedi.

 Kenny Ruiz empuja el horizonte de ‘Star Wars’ con ‘La senda del sable de luz’: «Siempre tuve la duda de si puedes convertirte en Jedi»  

Dios creó el universo y todo lo que existe en seis días y descansó en el séptimo. A un guionista o dibujante de cómic o manga le lleva un poco más y descansa menos, pero también son capaces de crear mundos, universos y personajes. No es poco. Cuando un lector abre una página, ese mundo que el mangaka ha ideado se vuelve real. Está ya en sus recuerdos, en sus conversaciones, en su imaginación y en sus sueños.

El 2 de septiembre llegó a las librerías españolas Star Wars: La senda del sable de luz (Planeta Cómic), el primer cómic oficial de la saga escrito y dibujado enteramente en este país. Un hecho histórico. Detrás del sello de Lucasfilm hay un granadino que no se cree del todo que ya forme parte del canon, que ha hecho historia y que ha empujado los confines del universo de Star Wars con tinta y papel.

Kenny Ruiz mira el tomo y todavía le parece un juego. Lo dice sin pose, como quien no ha encontrado otra manera de explicárselo: lo siente como si siguiera en el suelo, moviendo los muñequitos de Kenner de Star Wars que tiene. «Me cuesta creer que efectivamente ese logo es de Star Wars y que efectivamente ya es real ese universo«, admite.

La senda del sable de luz no es una adaptación, ni un encargo sobre un personaje ya asentado. Es una historia original, manga de corte shonen, integrada en el canon de la franquicia, ambientada en la era de la Primera Orden, justo después de Episodio VIII: Los últimos Jedi. Coexiste en el tiempo con Rey, Kylo Ren, Finn y Poe Dameron. Y, por primera vez, el guion y el dibujo de una serie oficial de Star Wars salen de la misma mesa, en España.

Eso no se improvisa. Ruiz nació en Alicante el 12 de noviembre de 1980, pero se crió en Granada y se considera de allí. A los catorce años cofundó el fanzine, Proyecto Cómic, en una casa de cultura local. Aquello, dice, fue su verdadera escuela. «Montar un fanzine es lo mejor que se puede hacer». Le sirvió para conocer a los mejores amigos de su vida, como otros grandes del mundo del dibujo, Óscar J. Vargas, Javier Recio, Francis Porcel, Gustavo López y Álvaro Fernández…

Portada de 'La Senda del Sable de Luz'.
Portada de ‘La Senda del Sable de Luz’.ARCHIVO

La afición le viene de más atrás. Su hermano mayor, el grafitero Raúl Ruiz, conocido como El Niño de las Pinturas, se hartó de que le pidiera dibujos y le instó a que dibujara él. «Yo dije ‘no sé dibujar, me sale mal’. Y él me dijo ‘no, lo importante no es que esté bien, lo importante es que lo hagas y ya irá estando mejor’».

Empezó un cómic de Dragon Ball con personajes inventados, «tiraba el papel a medias y empezaba el siguiente», porque «todavía no entendía la diferencia entre ilustración y lenguaje de viñetas, pero aquello ya era cómic». Su madre guardó aquel «pilón» de dibujos. Sigue guardándolos.

De su madre habla con una devoción que no disimula, porque es «la mejor persona de la tierra», y «su archivera» y su agenda. Le telefonea para recordarle que tiene una entrevista, por ejemplo. En su casa, si se abre un cajón, están llenos de dibujos. «Siempre cuidó de mí y siempre me apoyó con esto del dibujo. Y además tiene una devoción absurda por todo mi trabajo, desde que era un niño. Siempre le pareció todo increíble».

Una página de 'La senda del sable de luz'.
Una página de ‘La senda del sable de luz’.KENNY RUIZ

No fue un salto sencillo ni propio del azar hasta llegar a codearse con Lucasfilm. Estudió en la Escuela de Artes y Oficios de Granada y después en la Joso de Barcelona. Durante dos décadas trabajó en el mercado franco-belga —El cazador de rayos, Barcelona, Dos espadas, Telémaco, Magic 7— y más tarde en Japón, donde reinventó personajes de Osamu Tezuka en Team Phoenix para la revista Bessatsu Champion… Ha hecho storyboards, publicidad, animación, cuentos infantiles… «He trabajado de dibujante profesional de casi todo», resume. Lo que de verdad le hace feliz, sin embargo, no es dibujar por dibujar: es contar historias, idear el «story, los diálogos, el ritmo». Y lo hace maravillado, como el que ve besarse a la vocación y a la musa: «Hay días, confiesa, en los que le sorprende que me paguen por hacer esto».

Convencer a los jefazos de Star Wars de crear una historia nueva exigió, según su propia fórmula, «más cara que espalda y muy poca vergüenza». Y reuniones. Muchas. Los derechos del manga de la franquicia los tenía Viz Media. Primero hubo que convencer a la editora japonesa. Luego a Disney y después, al Story Group de Lucasfilm, el órgano que decide qué es canon y qué no. En el camino le ofrecieron un proyecto más asequible: adaptar personajes ya establecidos. Ruiz se negó. Estaba convencido de que lo único que podía aportar era una historia nueva, «porque para dibujar hay dibujantes mucho más habilidosos que yo».

La reunión con el Story Group no fue la que esperaba. Creía que iba a hablar de plazos y cosas similares. Se encontró con un examen. Ocho personas —editores, novelistas, gente como Pablo Hidalgo, que lleva años escuchando las «ansiedades» del fandom— le fueron preguntando, punto por punto, el porqué de cada decisión de La Senda del sable de luz o «la profundidad más secreta de los personajes». La presión, relata, era enorme: de todos ellos conoce su trabajo y les admira. «Me podían haber pillado en un renuncio en cualquier momento». No ocurrió. Se dio cuenta, sobre la marcha, de que se había estado preparando para aquel examen toda la vida.

Apenas le pidieron cambios. Llevaba a Nioka ya creada. Solo le pidieron hacerla un poco más mayor y ajustar la personalidad a esa edad. «Por lo demás me apoyaron al 100%».

Nioka Nastar es una reparadora joven que viaja a de una nave excavadora llamada Suerte Azarosa (Random Luck). Durante una expedición a un asteroide encuentra un sable de luz. Otros lo buscan con peores intenciones. Si quiere sobrevivir, alguien tendrá que enseñarle a usarlo.

La premisa que Ruiz defendió ante Disney era construir un shonen clásico, al estilo de Naruto, Kimetsu no Yaiba o My Hero Academia,: un personaje que aprende paso a paso, y el lector con él. Para eso hacía falta alguien con todo por delante.

El nombre de la prota, Nioka, se lo debe a las charlas su compañero de estudio Salba Combé. Hablaban de una niña que es una mecánica dura, capaz de resistir cualquier cosa, y Combé dijo que era como un Nokia: de esos que se podían lanzar contra la pared y seguían funcionando. Hizo un anagrama. Nokia se convirtió en Nioka. El apellido, Nastar, sigue la regla de Stan Lee: misma inicial en nombre y apellido es más fácil de recordar. A Ruiz le encajó a la primera. Dar nombres en Star Wars, cuenta, es un infierno: Lucasfilm le corrigió una infinidad de droides porque casi todos estaban cogidos. Nioka Nastar pasó el filtro a la primera.

La eligió mujer porque le gusta dibujar chicas, porque le parecen «más dinámicas y más sutiles», y porque está harto del arquetipo masculino sobreexplotado. Eso sí, no fue inocuo: «Me agobié pensando en crear a una Nioka que fuese lo bastante diferente a Rey, a Osha, a Ahsoka, a Soca, a Sabine Wren, a otro montón de personajes que están apareciendo en el universo de Star Wars justo ahora… pero es que siempre lo había imaginado así, por lo que decidí apostar y lo único que que tenía para defenderme: Nioka no tiene ninguna conexión con la fuerza«.

Y es que la pequeña protagonista no tiene un examen de sangre que de midiclorianos, ni profecía, ni apellido. «Realmente quería hacer un personaje que fuese como nosotros, solo que quiere ser una Jedi». Es una conversación que mantiene a menudo con su hermano pequeño: si se puede uno convertir en Jedi sin un elemento que lo respalde. «Siempre tuve la duda de si puedes convertirte en Jedi sin tener la llamada de la fuerza y este manga me ayuda a explorarlo», explica

Esa duda no es cosmética. ¿Somos merecedores?. Ruiz sitúa el síndrome del impostor en la raíz del guion de La senda del sable de luz. Quien lea el tomo, dice, lo notará. Con ese síndrome convive cada día. «Es un combate interno, pero hay que procurar vencerlo cada día un poco». Hay que «autoconvencerse de que el trabajo tiene un valor, aunque uno tenga la certeza de que hay gente que vale más». «Aprender a tratarse bien mentalmente» le parece difícil para cualquier persona o profesional, pero «cuando el trabajo lleva tu nombre», un poco más. No se apropia de ese malestar, a menudo la sombra de la luz del creador. Los artistas hacen alarde de él, pero «no es patrimonio del oficio: es de ser autocríticos«. El equilibrio «entre el ego y la complacencia», dice, es complicado.

Ser canon de Star Wars es entrar en un club muy exclusivo. Kenny Ruiz sabe lo que pesa porque de joven vivió un gran perturbación en la fuerza. Él creció en el llamado universo expandido: Heredero del Imperio, El Imperio Carmesí, Imperio Oscuro, tebeos y novelas que, en los años sin películas nuevas, fueron todo el mundo de Star Wars para toda una generación. Cuando Disney compró Lucasfilm, aquel material dejó de ser canon. Tabula rasa para que El despertar de la Fuerza fuera el inicio de todo. Desde entonces la compañía controla con lupa lo que entra en la continuidad del universo de Star Wars, qué existe y qué no, qué es oficial. La senda del sable de luz lleva ese sello. Ruiz lo dice y todavía le cuesta creérselo.

Entrevista al dibujante y guionista Kenny Ruiz en 20minutos.
Entrevista al dibujante y guionista Kenny Ruiz en 20minutos.Sergio García Carrasco

Le preguntan si se nota que su cómic procede de España contesta que «no eres de donde procedes, sino de donde te haces». Su registro es europeo de tanto haber hecho franco-belga y japonés de tanto manga; su forma de narrar, dice, es japonesa. Lo andaluz asoma en otra parte: nació en Granada, dice «un montón de palabrotas» y se crió con ese humor sureño.

«En La senda del sable de luz hay un montón de personajes que quizás son más dicharacheros, pero no sé si eso sería identitario. Creo que al final lo que he intentado es que sea Star Wars y Star Wars tiene unos códigos muy concretos que son muy difíciles de atisbar, pero que cuando te sales de ellos pierde solidez. Así que me preocupa muchísimo más ser fiel a todo ese espíritu», explica.

El sable de luz, para él, no es un adorno. Recuerda la vez, quizá la 37, que vio El retorno del Jedi en VHS con su hermano. En la escena en que Vader sujeta el arma de Luke admirado porque había construido su propio sable después de perder el de su padre. Hasta entonces, para Kenny «era un arma mística, era como Excalibur. Y en realidad es un artefacto. Se puede crear. En aquel momento no se sabía», rememora. Esa curiosidad —cómo se construye, cómo se hace— recorre ahora las páginas, en las que, además, Ruiz ha incluido detalles para «muy cafeteros».

Lucasfilm le pidió conectar la serie con la Alta República y Ruiz se leyó todo al respecto y rescató un dato de nicho: los cazas Vector de los Jedi se activaban con el sable, como una llave, para que solo un Jedi pudiera usar las armas de la nave. «Encajaba en el puzzle que tenía montado increíblemente bien, como un cristal kyber en su sable».

En el estudio no todo es papel e imaginación. Sus compañeros —Javi Peces, Salba, Pablo— le construyeron en 3D una réplica del sable que él había diseñado para el manga, partiendo de sus dibujos, un arma «tangible, real». Él, con Dune Blanco y Salba, hizo un curso de esgrima con sable de luz en la escuela Heredero, en Madrid. Se pasaron el verano dándose espadazos. El que le fabricaron sus amigos se puede configurar para el combate. «Ahora tengo un sable de luz de pegar», dice encantado.

Luego llegó algo que no se puede encargar, ni pagar con dinero, cuyo precio es nada menos que la áurea ilusión. Un fan vasco, Herrero3D en Instagram, al que conoció en el festival Fulcrum, construyó el sable de Nioka. «Se enciende, suena, se desmonta, se ve el cristal kyber…». Funciona como en el tebeo. Si Disney lo hubiera tenido que encargar, dice, el precio habría sido incalculable. El amor por Star Wars hace que esas cosas ocurran.

Ese mismo fandom le ha sorprendido también por su precisión y su capacidad para aportar al manga. El youtuber Expediente Gonk analizó la nave segunda nave de Nioka, la Silver Whisper, y encontró detalles que Ruiz no había pensado: el color de un bláster, una referencia cruzada. En lugar de sentirse atacado, se siente apoyado: «Mira, no lo había pensado. Lo ha descubierto un fan, y lo voy a incluir, porque es súper bonito que compartamos el mismo universo fantástico». Más allá de eso, hasta ahora, dice, nadie le ha sacado los colores por haber faltado a lo canónico.

El trabajo es para Kenny Ruiz una forma de vivir en otro mundo, que comparte con el terrenal. «Echo infinitas horas de curro, las que me permite la conciliación. Tengo una maravillosa esposa y dos increíbles hijos. Entonces todo el tiempo que no estoy con ellos, en realidad estoy currando», asegura, porque aunque no esté en la mesa de dibujo la cabeza sigue en la siguiente escena, el siguiente diálogo. En el estudio echa una jornada normal de ocho horas, salvo los días en que hay que sacarlo de allí «con alquitrán»: trece, catorce horas. No lo considera trabajar. «Considero que es vivirlo. Cuando estás muy metido dentro de tu propia historia, dentro del manga, tienes la sensación de que todo lo que estás haciendo se está haciendo real«, así que echaría «las horas que me aguanten el brazo y los ojos».

En lo que a la industria se refiere hay prejuicios que le molestan, como cuando alguien afirma que el manga está mal dibujado. Lo ha oído en dibujantes formados en el academicismo europeo, incapaces de apreciar un estilo que busca el efecto y la expresividad antes que el detalle realista. Es, además, una lucha interna: él también se forjó en esa academia. Su editor japonés y su agente, Frédéric Toutlemonde, le repiten lo mismo: «menos calorías». «Las páginas tienen que pesar menos, tienen que leerse, tienen que vivirse y eso no significa más dibujo. Lo bueno es que sea emocional para el lector», hace ver.

Del mercado español no hace un discurso triunfal. Artísticamente lo ve fuerte: Planeta Manga saca talentos cada dos meses, Manga Issho agrupa autores que exportan, y hay españoles marcando el paso mundial —Pepe Larraz en Spiderman, Jorge Jiménez en Batman, Juanjo Guarnido y Juan Díaz Canales con Blacksad—. A sus royalties, en cambio, no les parece una época dorada, bromea. El cómic sobrevive en un entorno de ofertas de entretenimiento masivo, «con una oferta loca». Le asombra que la gente gaste «su poco dinero y su cada vez menor tiempo» en un tomo. Las ventas se disparan con unos pocos títulos y hacen que otros muy buenos pasen desapercibidos. El equilibrio, dice, lo sostienen los jóvenes que siguen yendo a las tiendas. Espera que dure y no se queja, porque siempre ha vivido en un equilibrio que le permite pagar la hipoteca.

Es coleccionista. Si hubiera un incendio, lo primero serían los discos duros donde está su trabajo. Después, se llevaría el sable láser que le construyeron. Lo han hecho sus amigos y eso ya pesa. Además representa algo que creó de manera ficticia y ahora es real. También echaría de menos fotos, originales que le han regalado, o los de Dos espadas, su primer manga.

En el estudio tiene un Halcón Milenario gigante de Hasbro. Se ha gastado «una pasta». «Es mi manera de conectar con que todavía puedo ser un niño y pasármelo bien», defiende. Los tebeos, en cambio, los revienta: los lee, los presta, los amontona… y cuando no le caben se los lleva a casa de su madre o los vende, que es «lo que más le duele en el mundo». Respeta a quien los mitifica y los conserva intactos en plástico.

Ese refugio y el tomo que acaba de salir son, al cabo, la misma cosa. Un chico de Granada que a los catorce reunía a los colegas para dibujar en una casa de cultura ha metido una historia suya, un mundo que él creó, en la continuidad oficial de Star Wars. El primer cómic de la saga creado enteramente en España no nació de una estrategia de licencia. Nació de alguien que, cuando le preguntan cómo se pacta con Disney, Lucasfilm y Viz, responde que «con poca vergüenza», más español que eso… La senda del sable de luz la creó alguien que, al acabar el examen de su vida, oyó decir a ocho personas que admira y cuyos trabajos tiene en la estantería que aquello era, exactamente, lo que significa ser un Jedi.

 20MINUTOS.ES – Cultura

FacebookX TwitterPinterestLinkedInTumblrRedditVKWhatsAppEmail
Un condenado a muerte en EEUU recupera la libertad tras 41 años gracias a una prueba de ADN
Monsieur Periné anuncia su separación tras casi 20 años: «No sabemos hasta cuándo»
Leer también
Cultura

De ‘Star Wars’ a ‘One Piece’, la pasión del ‘cosplay’ conquista la Comic-Con de Málaga

octubre 1, 2026 5805
Internacional

Todo sobre el suceso del avión de Flydubai: qué pasó en cabina, por qué Israel lo tilda de «ataque terrorista» y de qué país era el piloto

octubre 1, 2026 1750
Internacional

Tijeretazo de Francia para cuadrar cuentas: congelará el sueldo de funcionarios, de las pensiones más altas y subirá los impuestos

octubre 1, 2026 963
Internacional

Arde un instituto en Nantes en medio de las protestas estudiantiles que se amplían de la educación secundaria a las universidades

octubre 1, 2026 2013
Cultura

La magia de Nunca Jamás, con Peter Pan y Garfio, llega a Madrid en un espectáculo con acrobacias, teatro y tecnología

octubre 1, 2026 7000
Internacional

Emiratos e Israel investigan como posible atentado el incidente del vuelo de Flydubai entre Dubái y Tel Aviv

octubre 1, 2026 2644
Cargar más

Un agente del ICE dispara y hiere de gravedad a un inmigrante venezolano que trabajaba como repartidor en Texas

septiembre 21, 2026

Julia López Túnez presenta ‘Algún día, serás mía’, su nueva novela romántica y erótica ambientada en París

octubre 17, 2024

Trump desafía al sector de la inteligencia artificial con la creación de una «Fuerza de la IA» y el nombramiento de un «zar»

septiembre 20, 2026

Bruselas dice que seguirá cooperando con Marruecos y apunta a una caída en las entradas ilegales

septiembre 28, 2026
Laura Cahís Sánchez firmó su obra Diástole en Sant Jordi 2025 de la mano de Editorial Letrame

Laura Cahís Sánchez firmó su obra Diástole en Sant Jordi 2025 de la mano de Editorial Letrame

abril 25, 2025

Aurora Sastre Guerra presenta ‘Tu peor pesadilla’, una historia de romance y ficción

diciembre 10, 2024

El Museo George Lucas abre sus puertas en Los Ángeles: así es el gran templo del arte que alberga mucho más que obras de ‘Star Wars’

septiembre 22, 2026
Juan Luis Lorenzo González publica El campus de mi vida, una obra que demuestra el poder ilimitado del microrrelato

Juan Luis Lorenzo González publica El campus de mi vida, una obra que demuestra el poder ilimitado del microrrelato

noviembre 20, 2025

Sheyla Caamaño Fernández cautiva a la literatura infantil con el lanzamiento de ‘El pequeño mundo de Isla’

julio 10, 2026
Fabián Eduardo Benítez Granados revoluciona la neurociencia con La Mente Humana No Existe

Fabián Eduardo Benítez Granados revoluciona la neurociencia con La Mente Humana No Existe

octubre 8, 2025

    UruguayAlMomento

    © 2023. UruguayAlMomento. Todos los derechos reservados.
    • Política de Cookies
    • Política de Privacidad
    • Aviso Legal
    • Contacto
    • Sobre Nosotros