La reciente crisis del hantavirus y el actual brote de Ébola que asola a la República Democrática del Congo han vuelto a traer a las portadas que nuestro mundo sigue siendo tremendamente vulnerable a enfermedades infecciosas de rápida propagación y que ocasionan una alta mortalidad. En los años 60, muchos profesionales de la salud pensaron que, con la aparición de las vacunas y de los antibióticos, podríamos dominar y hasta casi hacer desaparecer las enfermedades infecciosas. Nada más lejos de la realidad. La aparición de nuevas enfermedades, muchas de ellas zoonosis (las transmitidas de forma natural desde animales vertebrados a los seres humanos), están golpeando seriamente a nuestra sociedad del siglo XXI.
La reciente crisis del hantavirus y el actual brote de Ébola que asola a la República Democrática del Congo han vuelto a traer a las portadas q
La reciente crisis del hantavirus y el actual brote de Ébola que asola a la República Democrática del Congo han vuelto a traer a las portadas que nuestro mundo sigue siendo tremendamente vulnerable a enfermedades infecciosas de rápida propagación y que ocasionan una alta mortalidad. En los años 60, muchos profesionales de la salud pensaron que, con la aparición de las vacunas y de los antibióticos, podríamos dominar y hasta casi hacer desaparecer las enfermedades infecciosas. Nada más lejos de la realidad. La aparición de nuevas enfermedades, muchas de ellas zoonosis (las transmitidas de forma natural desde animales vertebrados a los seres humanos), están golpeando seriamente a nuestra sociedad del siglo XXI.
Ante pandemias como la del Ébola, con una mortalidad entre el 50 y el 70% (pero que fue solo del 18,5% en una serie de 27 pacientes evacuados a hospitales del Europa o Estados Unidos), es necesario marcar tres mensajes claves: no existe tratamiento específico que mejore el pronóstico de las formas graves; el ingreso precoz en la UCI cuando estos pacientes se deterioran es determinante para reducir la mortalidad; y el tratamiento de soporte del fracaso multiorgánico que desarrollan es la única medida que puede mejorar el pronóstico. Esto es aplicable al síndrome cardiopulmonar por hantavirus y a la fiebre hemorrágica por el virus Crimea-Congo, zoonosis ya autóctona en España. El primer caso diagnosticado en nuestro país fue en 2016, y desde entonces y hasta el 2025 se han comunicado 19 casos de esta infección con una mortalidad del 31,5%.
La opción de tratamientos experimentales -como el uso de plasma convaleciente de un superviviente-, los antivirales o los anticuerpos monoclonales no han demostrado claramente sus beneficios, aunque está recomendado su uso en ciertas situaciones clínicas.
Para reducir la mortalidad en los casos graves es esencial el manejo precoz del cuadro clínico por especialistas en Medicina Intensiva. La administración cuidadosa de fluidos intravenosos, el soporte con fármacos vasopresores para aumentar la presión arterial, la ventilación mecánica (invasiva y no invasiva), las estrategias de protección pulmonar, así como la realización de técnicas continuas de reemplazo renal, son las medidas de soporte con las que contamos para mantener o suplir la función de los órganos afectados mientras los mecanismos inmunológicos del organismo controlan la infección.
Los médicos intensivistas españoles, así como nuestra enfermería, están altamente cualificados tanto en conocimientos como en competencias para tratar a pacientes en estado crítico afectados por cualquiera de estas fiebres hemorrágicas. Esto ya ha sido puesto de manifiesto por el equipo del Hospital Universitario La Paz que atendió a la paciente española con infección por el virus Ébola, así como varios casos de fiebre hemorrágica Crimea-Congo.
Por supuesto, esto obliga a que todo el personal sanitario y no sanitario que va a atender a estos pacientes realicen una formación continuada periódicamente, que debe ser garantizada por los equipos directivos, así como remunerada su disponibilidad. Su labor es de riesgo, por lo que deben realizarla en las mejores condiciones de trabajo posibles para minimizar los posibles riesgos.
Vivimos en un mundo donde la intensificación de los flujos de viajeros internacionales facilita la propagación de infecciones. Esto hace que un brote localizado pueda extenderse rápidamente a escala mundial. Por tanto, las actuales noticias del brote de Ébola son muy preocupantes y debemos estar preparados a escala global, con una coordinación eficiente de todas las administraciones implicadas para dar la mejor de las respuestas. El compromiso de los especialistas en Medicina Intensiva para una asistencia sanitaria basada en la excelencia y en la humanización, otra de las señas de identidad de nuestra especialidad, ya se puso de manifiesto en la crisis del COVID-19 y se aplicará igualmente a estos pacientes, si finalmente requieren ingreso en alguno de nuestros hospitales.
*El Dr. José Garnacho Montero es presidente de la Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias (SEMICYUC)
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