Tomar una dieta rica en productos ultraprocesados se asocia con un mayor riesgo de demencia. Así lo asegura un nuevo estudio que ratifica la relación entre el consumo habitual de precocinados, bollería o embutidos, entre otros alimentos, con los problemas cognitivos.
Investigaciones previas ya habían ligado la ingesta de estos productos con enfermedades como las cardiovasculares o el cáncer
Tomar una dieta rica en productos ultraprocesados se asocia con un mayor riesgo de demencia. Así lo asegura un nuevo estudio que ratifica la relación entre el consumo habitual de precocinados, bollería o embutidos, entre otros alimentos, con los problemas cognitivos.
El citado trabajo, publicado esta semana en la revista American Journal of Public Health, realizó un seguimiento durante casi nueve años a más de 5.300 adultos estadounidenses mayores de 50 años con el objetivo de determinar el impacto de los alimentos ultraprocesados sobre la salud.
Después de tener en cuenta factores como la educación, los ingresos, el tabaquismo, la actividad física y el consumo de alcohol, el estudio mostró que el grupo de personas estudiadas que había declarado consumir la mayor cantidad de alimentos ultraprocesados presentaba un riesgo un 58% mayor que quienes menos consumían de desarrollar demencia y un riesgo un 46% mayor de sufrir deterioro cognitivo.
Estos resultados se suman a la evidencia científica que vincula las dietas ricas en alimentos ultraprocesados con problemas de salud como la obesidad, las enfermedades cardiovasculares, la diabetes tipo 2 o el cáncer, entre otras.
La citada investigación es de carácter observacional, por lo que no puede demostrar una relación de causa efecto entre el consumo de alimentos ultraprocesados y la demencia, pero sí muestra una asociación que ya se había apuntado antes.
Una posible explicación de esta relación es que las dietas ricas en alimentos ultraprocesados se asocian con la obesidad, la diabetes tipo 2 y las enfermedades cardiovasculares, y estas enfermedades aumentan el riesgo de demencia.
Lo que muestran investigaciones previas es que el impacto de este tipo de productos en nuestro organismo es negativo porque su composición se basa en ingredientes muy pobres nutricionalmente y altos en calorías, como azúcares, sal, harinas refinadas, grasas de mala calidad, aditivos…
En España, la tradicional dieta mediterránea ha ido perdiendo peso frente a las preparaciones ultraelaboradas en los últimos años. Y eso, advierten los expertos, supone un perjuicio doble. Porque no sólo tiene un impacto lo que comemos, sino lo que dejamos de comer. Este tipo de productos son energéticamente muy densos, pero no tienen nutrientes. Y están desplazando a los que sí los tienen.
El mayor consumo de ultraprocesados está, por ejemplo, ligado al crecimiento simultáneo de las cifras de obesidad y sobrepeso, que según los datos del Estudio Nutricional de la Población Española (ENPE) ya afectan al 53,6% de los españoles (22% obesidad; 31,6% sobrepeso).
En 2019, un equipo liderado por Miguel Ángel Martínez, catedrático de Medicina Preventiva de la Universidad de Navarra, realizó una investigación en casi 20.000 individuos (parte del estudio SUN) que demostró que existen lazos estrechos entre el consumo habitual de este tipo de productos y un mayor riesgo de mortalidad prematura. Según sus datos, el consumo de al menos cuatro raciones de ultraprocesados al día se asocia con un aumento del 62% en el riesgo de mortalidad.
La recomendación general es basar la alimentación en alimentos frescos o que estén mínimamente procesados, es decir, alimentos sin etiqueta o con una lista de ingredientes muy corta.
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