Skip to content
uruguayalmomento
  • Portada
  • Nacional
  • Internacional
  • Economía
  • Policiales
  • Deportes
  • Más
    • Ciencia y Tecnología
    • Sociedad
    • Salud
    • Cultura
uruguayalmomento
uruguayalmomento
  • Portada
  • Nacional
  • Internacional
  • Economía
  • Policiales
  • Deportes
  • Más
    • Ciencia y Tecnología
    • Sociedad
    • Salud
    • Cultura
uruguayalmomento
  Cultura  Más allá de «Gambito de dama» y «El color del dinero», un Walter Tevis sagaz e inmediato.
Cultura

Más allá de «Gambito de dama» y «El color del dinero», un Walter Tevis sagaz e inmediato.

junio 2, 2026
FacebookX TwitterPinterestLinkedInTumblrRedditVKWhatsAppEmail

Walter Tevis es el autor de obras fundamentales para entender la narrativa audiovisual de las últimas décadas: <<El buscavidas>>, <<Gambito de dama>> o <<El color del dinero>> llevan su firma. También escribió ciencia ficción clásica, como la novela que sirvió como base para la más famosa de las películas protagonizada por David Bowie, The Man Who Fell to Earth (El hombre que cayó a la Tierra). Pero aquí, en esta edición de sus obras completas encotramos, además de sus temas de siempre (la gente que juega al billar por dinero (el gran engaño, los giros, el buscavidas, la cárcelo la ciencia ficción clásica, fuera de cualquier morfología científica, pulp) a un Walter Tevis maestro del cuento, seductor y salvaje. Tenemos, editado por Impedimenta, «EL REY HA MUERTO. LOS RELATOS COMPLETOS» de WALTER TEVIS.

Leche, guerra, volver, la relación de padre e hijo. Los inventores, la ciencia ficción, la novela barata pero muy bien escrita, Philip K. Dick y Julio Verne. ¿Cómo es posible que un escritor funcione tan bien en distintos registros? Los que conocíamos Tevis por la ciencia ficción, apocalíptica, hermética, desnaturalizada y los que, un día, nos dimos cuenta de que el billar contemporáneo, occidental, le debía a él mucha de su narrativa épica.

Es Raymond Carver con tiza y bola negra, Stephen King en situaciones cotidianas en las que el delirio se filtra, sin más.

Pero hay más, mucho más, este libro es una joya, un lugar en el que sumergirse y permanecer una vida entera, un largo verano, un invierno encerrado, el renacer en un banco del parque, la pereza de la lluvia contra el cristal: un cuento de geometría, de ultracubos, Arthur Conan Doyle victoriano, algo de los estadios extraños de Pan, como si Edgar Allan Poe hubiera visto el futuro. Un polígono del infinito fractal en un salón, tiempo y espacio contenido. Leemos, es Oliver observando una pequeña bola giratoria en el interior de una caja de cinco dimensiones, nueve días antes, sin sospechar, que aquella era la eternidad contenida. Tiempo que no se puede atrapar, que necesita más dimensiones. Un ojo desde el cielo, como aquel fragmento de Woody Allen en “Historias de Nueva York”. En el interior de la caja, una pequeña boca giratoria. El resto de un rostro que vigila.

En 1990, la operación ladrillo de oro. Años 80. Un lingote de oro, una combinación de whisky sintético, montaña, Bomba H, Big-H, aumentar la potencia a través del abecedario. Es la mutación de la Universidad de Harvard. El principio, el profesor Krofski, el centro de 1987, la suspensión del espacio tiempo, el orbital cuántica, ojalá Newton, Isaac: «Le sugiero que no lo mueva», pero general, cómo podemos moverlo. La bomba H, lo dicho, aumenta el abecedario. Habla de Newton, la idea de, apoyado en algún lugar, mover el mundo. Sacar la tierra de su órbita, reducir la duración del año, acabar yendo hacia el sol. ¿Te acuerdas, Octavio, de las teorías de electrones, de las Leyes de Kepler, de cómo la fricción de Niels Bohr acabaría llegando a golpear el núcleo, neutrones y protones? No valía, pero funciona. Bola nueva, un oleoducto, una tortuga: «El gran rebote», un cubo de permutación, la ciencia y la invención, ciencia ficción, fantasía clásica, al modo de Julio Verne, con un punto victoriano. Cada cuadrado, cada estructura atómica, un laboratorio de química y una simple goma de borrar ejecuta la ficción: propiedades de la física cartesiana, antes de los fundamentos de la teoría cuántica. Un profesor de instituto, con sus clases de física, de química, un laboratorio mal surtido, Walter Tevis sentado en su mesa, escribiendo, elucubrando sobre el calor, la transmisión de la energía cinética, rompiendo las hojas de los temas, las lecciones, conseguir una efectividad del 98% en la transferencia, un rendimiento del calor hacia la velocidad. El final, mutando la realidad.

El cuento de «Primer amor», como un Raymond Carver doméstico, instantes que muestran el amplio repertorio del autor, como «Lejos de casa», el olor de la enfermedad, de lo anciano, de lo normal, cotidiano. Y, de pronto, se introduce la locura en la realidad, como hace Stephen King, con sus pequeños instantes, una ballena en una piscina. Y un niño que lo contempla. Qué es lo más extraño, la ballena o el niño. Llegar a “Un corto viaje en la oscuridad”, una pareja cotidiana, un día que comienza, ¿qué es, embarazo o comienzo de enfermedad? Conforme avanza descubro que esta historia, la del hombre ciego y su mujer, aislados, en lo súbito, en lo que rompe la paz. Lo leo, tumbado, de noche, estremecido. La narrativa majestuosa, la ceguera, la conducción, la carretera: esa angustia que avanza, párrafo a párrafo, rodeándonos como la ventisca. Esto es mucho más que Stephen King. Es la idea, es la situación. Es la maestría.

Tengo que decir que esta historia, este cuento, puede que sea uno de los cinco mejores relatos que he leído nunca.

«El hombre de Budapest», demostrando el repertorio, la facilidad, el gusto, señor Emil Krondsteidt, la distancia, en el espacio y el tiempo, la discusión, educación hierática, como la construye, define, reescribe el amor maduro. La voz del docente en su profunda inocencia: «La mediana edad de un hombre solitario que desea poder hablar con una mujer encantadora». Llegamos a «El pistolero amable» con un cierto aroma a Quentin Tarantino, una letanía cinematográfica, un western crepuscular, pólvora, ratas y hombres, como una versión amorosa de «Meridiano de sangre», pero educado, una madre y una hija, una ferretería, un cocinero de pólvora y mantequilla. Un bebé, al final, aunque sea fea, definiendo la paz. Y volver al billar, «La máquina buscavidas del billar», El “Cerdo” de Chicago, fofo, bola cinco, Walter Tevis consigue, doscientas páginas más tarde unir el billar de competición con la ciencia ficción analógica, la robótica de tarjetas, de cables… de la Edad de Oro: «Alguien tiene que enseñar a la máquina». Maravilloso.

«El otro extremo de la línea»: jugar con las líneas del tiempo, las versiones jóvenes, pasadas, futuras de uno mismo, «Regreso al futuro» o cualquier serie de comienzos de siglo, la riqueza, la paradoja del abuelo o la paradoja de los gemelos. Pasado, presente, muerte. Siempre hacerse rico, sea con almanaques o con lotería. El vacío, la llamada, las líneas de teléfono, las chicas del cable. John Cheever se encuentra con Stephen King. Suena duro, pero así eran la comunicación antes. «El discípulo del erudito», unos párrafos de ojo, sangre y vísceras, de evocación propia de los que intercambian correspondencia dentro del círculo Lovecraft. Con algo de humor. Eso es lo que separa a Walter Tevis del amanuense del pulp, las risas. Título universitario en folklore y mitología, la modernidad de vender el alma para conseguir artículos en revistas de investigación. La escena en la que Woody Allen hace aparecer a Marshall McLuhan. El demonio que consulta a Shakespeare y a Milton para escribir ensayos sobre su obra. Un apretón de manos, un sonido de campana. No hace falta más ¿Qué ha sucedido? Y es que hay que saber reírse, con una máquina de escribir delante. Así podremos disfrutar con devoción de estos cuentos.

Que Walter Tevis convierte, treinta o cuarenta años antes, a un demonio en una IA, capaz de generar la ciencia de las humanidades y sus resultados.

Seguir con «El rey ha muerto», como una canción de El Niño Gusano, de Denueve, Tevis y Sergio Algora, en el mismo párrafo. Cambiar el ajedrez por el billar, otro cuento formidable. Uno más en este compendio que escapa a las clasificaciones y los estilos y solo nos hace recordar que existe un fondo de armario de tradición analógica, nutricio y nutriente. Pasión y timo. Ojalá escribir como él. Jack Daniels con soda, no demasiado, para no tener la cabeza nublada, rollo carcelario (la Mafia jugando al ajedrez en vez del póker, apostando), rompiendo la tradición. Es exigente. Y ese instante de serie de televisión, de las buenas: tocar la pieza, «Carta sobre la mesa, pesa». Seguro que sabes de qué estoy hablando. ¿Y jugar al ajedrez mental? Eso es ser maestro. Al final lo orgánico se impone a la abstracción. Ahí está lo maravilloso.

Más Noticias

Josan Hatero, ganador del Premio SM Barco de Vapor: «Es importante que los niños se familiaricen con la lectura sin obligarles»

mayo 22, 2026

Rozalén e Ismael Serrano cantan en la calle para paralizar el desahucio de una anciana de 87 años a la que quiere echar un fondo buitre

junio 3, 2026

Así suena ‘Mesón Masón’, lo nuevo de IlloJuan en su dúo más gamberro que incluye la colaboración especial de Lola Indigo

mayo 28, 2026

¿En qué consiste el pensamiento crítico?

mayo 28, 2026

Llegamos a «Alquiler controlado», de nuevo el arte, el tecleo, la introducción de lo extraño, casi un amago de guion para un episodio de the twilight zone, de «En los límites de la realidad». Ahí, donde lo normal se adentra en el escenario, tomando para sí un pedazo del universo, manipular el tiempo y el espacio con un aura que recuerda a Jorge Luis Borges. Estoy usando palabras mayores, pero este libro, este autor, lo merece. Lo cartesiano movido, mutilado, lo anecdótico, es una prisión, un manto, donde lo ordinario acaba siendo devorado por completo. Colocar en un párrafo la teoría de la relatividad y salir airoso. Apunto algún fragmento: «No hay nada que quiera hacer ahí fuera» y una frase lapidaria: «¿Y si no hablamos?». Al final, lo que marca, lo que importa, es conseguir cobrar el alquiler más rentable.

«La apoteosis de Myra», salto, distancia, Ray Bradbury, colocando en el párrafo restos de futurismo inocente, sin base científica, más lírico que espacial: situaciones terrenales, trasladadas años luz, modificados por las sensaciones, por las posibilidades (drogas sintéticas, alcohol de importación, licuados de flores…) en una parte de la galaxia hay todavía una posibilidad de imitar el tempo de William Faulkner, introducción ginebra con la tónica y sintiéndose más celta de Dashiell Hammett que de Crónicas marcianas. La endolina. Una palabra. Un concepto. Las leyes relativas a la muerte fuera del planeta Tierra terminan siendo un galimatías. El amor, la muerte, la soledad, el canto de las orquídeas, ¿Qué es la distancia? ¿Y el tiempo? Un canto de las hierbas que se ondula como la belleza.

Y de la bella lejanía de los planetas perdidos al «Eco», volver a la ciencia ficción anticipatoria e inocente. Busco primero la definición de Parafísica, y descubro que, básicamente, es el departamento de Peter Venkman, Egon Spenglery Ray Stantz en la Universidad. Había leído Patafísica, imaginando a Walter Davis junto a Fernando Arrabal o Boris Vian. Y allí, mi mente de ingeniero y lector de pulp, disfruta de las conexiones, la ciencia de los electrodos, el mito olvidado de la teoría de la transferencia de la mente humana a un soporte físico. Tevis no sabía mucho de números, era más poesía. No contaba, como los que elucubraban con la teletransportación, con notaciones científicas inabarcables por la misma mente humana que querían transportar.

Pero eso no era lo importante, el álgebra, la teoría de conjuntos, infinitos mayores que otros infinitos, el futuro, los cables, la matriz fundamental, los cuerpos sintéticos, los cuerpos cibernéticos, los robots, antes de la red, antes de la nube, había que imaginar un lugar cerrado con millones de conexiones, como una centralita de teléfonos infinita. Cintas de máquinas, volcado de ordenadores, discos duros formando construcciones imposibles. La grabación, sin cuerpo, como algo bello, sacado de Pink Floyd, de Agustín Fernández Mallo, sacado de un lugar que no existía todavía. Una especie de arqueología tecnológica, al final. Ajedrez en Cleveland y, encima, otro cuento increíble con un final que te deja con la boca abierta.

“Sin suerte”, volver a Raymond Carver, la mujer e hijos, el amante joven, los sueños de la creación, la sensualidad y el apetito. Arte y galerías, Harold se encuentra, desorientado, encontrarse y estar desorientado, como, de nuevo, creer que se puede introducir el delirio en realidad. Se filtra el extrañismo al lado de Harold, enamorado, infiel, mientras camina. ¿Quién le sigue? Ladrones de cuerpos o una mente colmena. De pronto, de nuevo, los desconocidos. “Solo hay un como yo”. Los recuerdos y la paranoia toman forma en el relato. Y, siempre, algo de vodka, de whisky, de tragos en bolsa.

¿Y los tres relatos siguientes? ¿Quieres una definición de inquietud? Te la voy a dar, acércate a la trilogía. Una visita de mamá, Papá y Sentado en el limbo. ¿Señor Tevis, está usted seguro? La aparición de los padres muertos, la ausencia de sorpresa, una reacción donde hay más de incesto, de síndrome de Edipo, de incesto, sí, retoman la parte turbia, otra vez, de los viajes en el tiempo. Ver FROM, los que caminan a lo largo del tiempo, como si fuera un río, una sangría, sobre la que se desliza el autor y su protagonista. Isabel, con su trabajo en el museo americano de arte popular: “No indagues en mis penas, Barney. Siento cosas que tú no entiendes”. Y una frase, intensa, lúbrica: “Hazte joven para que te vea”. De pronto, un recuerdo, un hospital, un niño, más solo que enfermo. Las tres zonas, el triángulo, padre, madre e hijo. Saltándose cualquier prejuicio social, humanístico, todas las normas.

Entender a un padre cuando solo queda frente a ti un extraño. ¿Una mujer que solo ama, y digo ama, a su padre y a su hijo, no a su marido? Walter, estas ramas, esas malas semillas, ese estructuras que se derrumban, que aparecen, sobresalen los dados ría de terruño sucio, negro. Estructuras de geometría casi medieval, pero que funcionan por el dolor, el niño, papá es mío, tuyo, la posesión, da igual lo que hayas hecho en la cocina, lo que hayamos hecho en la cocina. Un cuento final, un monólogo interior. Un hombre que revisa la vida, el mismo que es un crononauta: mujeres, alcohol, frustración familiar, sexual, qué sucede cuando uno modificad, un síndrome de Edipo, sí, otra vez, pero con un punto cuántico. ¿Es lineal?, ¿es fractal? Cómo hemos comenzado hablando de billar y hemos leído a un hombre ciego conduciendo y una pareja disfuncional en un planeta lejano, y, sí, llegar aquí. Las ligas, la cama, el bebé, la madre, que no es madre, es espejo. Y es que este libro debería ser leído por cualquiera que quisiera dominar el arte del cuento, pero también, cualquier hambriento/sediento de las grandes historias.

 Todo lo que necesitas para disfrutar el cuento moderno, billares y ciencia ficción.  

URGENTE

El Consejo de Ministros da luz verde al Estatuto Marco pese al conflicto abierto con los médicos, que mantienen la huelga

Mostrar comentarios

 20MINUTOS.ES – Cultura

FacebookX TwitterPinterestLinkedInTumblrRedditVKWhatsAppEmail
Roban el famoso plátano pegado a una pared en una exposición del Centre Pompidou-Metz
Tu opinión lectora interesa: cuenta cuáles son tus libros predilectos
Leer también
Cultura

Arde Bogotá anuncia una gira internacional con la que pasarán por Estados Unidos y México

junio 3, 2026 9915
Destacados

Fernando Díaz Herrera rescata la memoria obrera en “Zapateros hilvanando la dignidad”

junio 3, 2026 12948
Internacional

La OMS rastrea posibles contactos de un enfermo de ébola que viajó a Emiratos Árabes

junio 3, 2026 9036
Internacional

Ejecutan a un hombre de 53 años por matar al bebé de su novia y arrojar su cuerpo a un estanque en Florida

junio 3, 2026 4576
Salud

Sanidad eleva a 111 los casos de un linfoma raro asociado a implantes mamarios

junio 3, 2026 9085
Destacados

Germán Londoño Carvajal convierte el dolor y el silencio en literatura con “Ontología de la ausencia. Relatos de piel y barro”

junio 3, 2026 2208
Cargar más

Enrique Trogal convierte el viaje en literatura del alma en su nuevo libro

mayo 20, 2025
Saulo Arniz debuta con “El Reino del Sol: La Espada del Espíritu”, una historia de fantasía oscura que combina emoción, misterio y magia

Saulo Arniz debuta con “El Reino del Sol: La Espada del Espíritu”, una historia de fantasía oscura que combina emoción, misterio y magia

octubre 29, 2025

Caetano Veloso aterriza en Madrid para su único concierto en España en 2026

mayo 28, 2026

Tanxugueiras, 10 años de pandereta, foliada y orgullo: «Revolucionarias eran las que hacían esta música sin saber leer ni escribir»

mayo 22, 2026

Mercedes Barreiro López da voz a la resiliencia social a través de su narrativa comprometida

febrero 9, 2026
ELeyra irrumpe en la literatura fantástica con Una mágica vida pasada, una novela que despierta consciencias y conecta con el alma del lector

ELeyra irrumpe en la literatura fantástica con Una mágica vida pasada, una novela que despierta consciencias y conecta con el alma del lector

octubre 17, 2025

Más allá de «Gambito de dama» y «El color del dinero», un Walter Davis sagaz e inmediato.

mayo 30, 2026

El origen de 5 famosas expresiones relacionadas con El Quijote

mayo 27, 2026
Luisa Elena Fernández deslumbra con su nueva novela de romance gótico

Luisa Elena Fernández deslumbra con su nueva novela de romance gótico

abril 16, 2025

Pedro Venegas Ibieta profundiza en su universo creativo con Golcuro y Notas en griego

enero 2, 2026

    UruguayAlMomento

    © 2023. UruguayAlMomento. Todos los derechos reservados.
    • Política de Cookies
    • Política de Privacidad
    • Aviso Legal
    • Contacto
    • Sobre Nosotros