El terremoto de magnitud 7,4 registrado este lunes en el noroeste de Colombia ha dejado al menos 132 muertos, más de 500 heridos y casi un centenar de edificios colapsados, según el balance oficial difundido por las autoridades colombianas y el Servicio Geológico de Estados Unidos. El seísmo se produjo a las 07:34 hora local (02:34 en España) y tuvo su epicentro en San José del Palmar, en el departamento del Chocó, con una profundidad estimada de 107 kilómetros, un dato que está siendo clave para los científicos a la hora de entender tanto su comportamiento como sus efectos destructivos y en la actividad volcánica del país.
Tras el suceso, las autoridades colombianas analizan las réplicas del terremoto, de menor impacto dada la profundidad del mismo, y su posible influencia sobre la actividad volcánica del suroeste colombiano. Poco después del seísmo, el volcán Puracé registró una nueva emisión de ceniza y gases, lo que llevó a suspender operaciones en el aeropuerto de Popayán. El Servicio Geológico Colombiano (SGC) informó de que el volcán permanece en alerta naranja y que sus indicadores de sismicidad y emisión de gases están claramente por encima de los valores habituales, con tres emisiones de ceniza en menos de 24 horas y columnas de humo de hasta 300 metros sobre el cráter.
Según cuenta a este medio Raúl Pérez, investigador del Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC) especializado en Riesgos Geológicos, «el terremoto, lo que puede haber estimulado son volcanes cercanos, a unos 100 kilómetros de radio desde la zona epicentral», sostiene. El experto destaca la actividad volcánica registrada en el Puracé, donde subraya la necesidad de mantenerse alerta ante un posible «efecto cascada». A su juicio, el Servicio Geológico Colombiano probablemente mantendrá una «monitorización activa» durante al menos 30 días sobre los volcanes del país, recordando que «Colombia es una zona de volcanes muy activos«.
Por su parte, desde el Instituto Geográfico Nacional (IGN), el experto de la Red Sísmica Nacional Pedro Expósito coincide en que un terremoto de esta magnitud «podría provocar algún tipo de movimiento del magma o de la lava en las zonas volcánicas cercanas», mientras rebaja el alarmismo: «No se espera que haya una erupción fuerte de golpe en esta zona«. Según explica el experto, los cambios asociados a la actividad magmática «son mucho más observables y más predecibles».
Los expertos destacan la gran profundidad del terremoto
A ambos expertos les llama especialmente la atención la profundidad del evento sísmico. Expósito señala el terremoto se produjo «en la placa de Nazca, que se introduce debajo de la placa Sudamericana» y que su profundidad estuvo «entre 100 y 110 kilómetros«. Para el especialista, el hecho de que la ruptura ocurriera tan abajo evitó un escenario mucho peor: «Al ser profundo, ha producido daños, pero si hubiese sido más superficial habría sido mucho más peligroso«.
Expósito añade que, dada la profundidad, las ondas sísmicas «se registran en más sitios, pero también se atenúan más», por lo que la energía llega menos concentrada a la superficie. Raúl Pérez, por su parte, señala que el terremoto es un terremoto «en dirección o en desgarre» ocurrido en la zona de subducción entre ambas placas. Pérez coincide en que «las réplicas que se van a producir a 100 kilómetros no van a aumentar mucho el daño, porque se van a atenuar bastante».
Las diferencias con el «doblete sísmico» de Venezuela
La comparación con el «doblete sísmico», de dos terremotos de 7,2 y 7,5 registrados en Venezuela el pasado junio es inevitable. Expósito recuerda que allí intervenían principalmente la placa del Caribe y la Sudamericana, mientras que en Colombia el proceso corresponde al sistema de subducción del Pacífico. «La diferencia principal es la profundidad«, resume: los seísmos venezolanos fueron «mucho más superficiales, entre 10 y 20 kilómetros«, lo que derivó en una concentración mayor de la energía en superficie y, por ende, un mayor potencial destructivo.
«La principal característica desde el punto de vista científico es que tiene una profundidad de 100 kilómetros en la localización hipocentral y, sobre todo, que tiene un movimiento en dirección o en desgarre«, explica. Según el experto, este tipo de movimiento lateral resulta poco habitual a esas profundidades, «entre la placa de Nazca y la placa Sudamericana». En relación a la naturaleza de los terremotos en Venezuela, Pérez señala que «el contexto tectónico es el mismo, en el límite entre la placa Caribe y la placa sudamericana». «Si seguimos la falla que provocó el terremoto Venezuela hacia el oeste y hacia abajo, enlazaríamos con la zona donde se han producido este», observa.
Sobre la posibilidad de que los grandes seísmos de los últimos meses indiquen un aumento global de la actividad sísmica, ambos expertos se muestran cautos. Pérez recuerda que «los terremotos siguen una dinámica que no es lineal; las dinámicas de por qué se agrupan o no se agrupan en el tiempo, todavía las desconocemos». Expósito, por su parte, insiste en que «no hay ninguna clara demostración de que estén totalmente relacionados» ambos episodios. Lo que sí confirma este episodio es que el Cinturón de Fuego del Pacífico sigue siendo una de las regiones tectónicamente más activas del planeta.
Varios expertos analizan para 20minutos las características del seísmo en Colombia y destacan su profundidad: «Si hubiese sido más superficial habría sido mucho más peligroso”.
El terremoto de magnitud 7,4 registrado este lunes en el noroeste de Colombia ha dejado al menos 132 muertos, más de 500 heridos y casi un centenar de edificios colapsados, según el balance oficial difundido por las autoridades colombianas y el Servicio Geológico de Estados Unidos. El seísmo se produjo a las 07:34 hora local (02:34 en España) y tuvo su epicentro en San José del Palmar, en el departamento del Chocó, con una profundidad estimada de 107 kilómetros, un dato que está siendo clave para los científicos a la hora de entender tanto su comportamiento como sus efectos destructivos y en la actividad volcánica del país.
Tras el suceso, las autoridades colombianas analizan las réplicas del terremoto, de menor impacto dada la profundidad del mismo, y su posible influencia sobre la actividad volcánica del suroeste colombiano. Poco después del seísmo, el volcán Puracé registró una nueva emisión de ceniza y gases, lo que llevó a suspender operaciones en el aeropuerto de Popayán. El Servicio Geológico Colombiano (SGC) informó de que el volcán permanece en alerta naranja y que sus indicadores de sismicidad y emisión de gases están claramente por encima de los valores habituales, con tres emisiones de ceniza en menos de 24 horas y columnas de humo de hasta 300 metros sobre el cráter.
Según cuenta a este medio Raúl Pérez, investigador del Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC) especializado en Riesgos Geológicos, «el terremoto, lo que puede haber estimulado son volcanes cercanos, a unos 100 kilómetros de radio desde la zona epicentral», sostiene. El experto destaca la actividad volcánica registrada en el Puracé, donde subraya la necesidad de mantenerse alerta ante un posible «efecto cascada». A su juicio, el Servicio Geológico Colombiano probablemente mantendrá una «monitorización activa» durante al menos 30 días sobre los volcanes del país, recordando que «Colombia es una zona de volcanes muy activos«.
Por su parte, desde el Instituto Geográfico Nacional (IGN), el experto de la Red Sísmica Nacional Pedro Expósito coincide en que un terremoto de esta magnitud «podría provocar algún tipo de movimiento del magma o de la lava en las zonas volcánicas cercanas», mientras rebaja el alarmismo: «No se espera que haya una erupción fuerte de golpe en esta zona«. Según explica el experto, los cambios asociados a la actividad magmática «son mucho más observables y más predecibles».
Los expertos destacan la gran profundidad del terremoto
A ambos expertos les llama especialmente la atención la profundidad del evento sísmico. Expósito señala el terremoto se produjo «en la placa de Nazca, que se introduce debajo de la placa Sudamericana» y que su profundidad estuvo «entre 100 y 110 kilómetros«. Para el especialista, el hecho de que la ruptura ocurriera tan abajo evitó un escenario mucho peor: «Al ser profundo, ha producido daños, pero si hubiese sido más superficial habría sido mucho más peligroso«.
Expósito añade que, dada la profundidad, las ondas sísmicas «se registran en más sitios, pero también se atenúan más», por lo que la energía llega menos concentrada a la superficie. Raúl Pérez, por su parte, señala que el terremoto es un terremoto «en dirección o en desgarre» ocurrido en la zona de subducción entre ambas placas. Pérez coincide en que «las réplicas que se van a producir a 100 kilómetros no van a aumentar mucho el daño, porque se van a atenuar bastante».
Las diferencias con el «doblete sísmico» de Venezuela
La comparación con el «doblete sísmico», de dos terremotos de 7,2 y 7,5 registrados en Venezuela el pasado junio es inevitable. Expósito recuerda que allí intervenían principalmente la placa del Caribe y la Sudamericana, mientras que en Colombia el proceso corresponde al sistema de subducción del Pacífico. «La diferencia principal es la profundidad«, resume: los seísmos venezolanos fueron «mucho más superficiales, entre 10 y 20 kilómetros«, lo que derivó en una concentración mayor de la energía en superficie y, por ende, un mayor potencial destructivo.
«La principal característica desde el punto de vista científico es que tiene una profundidad de 100 kilómetros en la localización hipocentral y, sobre todo, que tiene un movimiento en dirección o en desgarre«, explica. Según el experto, este tipo de movimiento lateral resulta poco habitual a esas profundidades, «entre la placa de Nazca y la placa Sudamericana». En relación a la naturaleza de los terremotos en Venezuela, Pérez señala que «el contexto tectónico es el mismo, en el límite entre la placa Caribe y la placa sudamericana». «Si seguimos la falla que provocó el terremoto Venezuela hacia el oeste y hacia abajo, enlazaríamos con la zona donde se han producido este», observa.
Sobre la posibilidad de que los grandes seísmos de los últimos meses indiquen un aumento global de la actividad sísmica, ambos expertos se muestran cautos. Pérez recuerda que «los terremotos siguen una dinámica que no es lineal; las dinámicas de por qué se agrupan o no se agrupan en el tiempo, todavía las desconocemos». Expósito, por su parte, insiste en que «no hay ninguna clara demostración de que estén totalmente relacionados» ambos episodios. Lo que sí confirma este episodio es que el Cinturón de Fuego del Pacífico sigue siendo una de las regiones tectónicamente más activas del planeta.
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