Lo que pudo haber terminado como descarte terminó transformándose, este miércoles, en una escena de encuentro y apropiación comunitaria en plena ciudad.
Pando, miércoles 26 de agosto. — Una imagen poco habitual sorprendió este miércoles a los pandenses: una volqueta repleta de libros en la calle Miguel Carrió se convirtió, por estas horas, en el centro de atención de niños, adultos, maestras, estudiantes y vecinos que se acercaron para rescatar ejemplares y darles una nueva oportunidad.
Los libros habían sido dejados allí por el empresario del rubro librería señor Leonardo Radacovich, como parte de un descarte de publicaciones que no encontraron destino comercial. Sin embargo, lo que en principio podría interpretarse simplemente como el despojo de mercadería que no logró venderse adquirió otra dimensión cuando los vecinos comenzaron a acercarse y a retirar los libros.
La escena, registrada próximo a las 14 horas de este miércoles, tenía algo de espontáneo y, a la vez, profundamente comunitario. Alrededor de la volqueta se congregaban personas de distintas edades, revisando títulos, hojeando ejemplares y buscando entre los libros aquellos que pudieran llevar a sus hogares, a las aulas o simplemente disfrutar por el placer de leer.
Había niños descubriendo historias, estudiantes en busca de material, maestras seleccionando ejemplares y adultos que tampoco quisieron dejar pasar la oportunidad. Durante un rato, aquella volqueta dejó de ser un lugar destinado al descarte para convertirse en una suerte de biblioteca improvisada a cielo abierto.
Más allá de la discusión que pueda plantearse acerca de la conveniencia o no de desechar libros que no tuvieron salida comercial, el episodio deja una imagen que merece ser mirada con otros ojos. Un libro que no encontró comprador no necesariamente perdió su valor. Su verdadero destino puede estar en las manos de un niño, de un estudiante, de una maestra o de cualquier vecino dispuesto a abrir sus páginas.
Y allí aparece también un gesto que, aun nacido de una circunstancia comercial, terminó teniendo una consecuencia social inesperada: poner libros al alcance de la comunidad.
En tiempos en los que tantas veces se habla de la necesidad de fomentar la lectura, de acercar los libros a los más jóvenes y de fortalecer los espacios culturales, la escena ocurrida hoy en Pando ofrece una postal sencilla pero elocuente.
Una volqueta cargada de libros.
Y alrededor de ella, una comunidad buscando historias.
Quizás esa sea la mejor prueba de que un libro nunca es simplemente un objeto que se descarta. Mientras haya alguien dispuesto a tomarlo entre sus manos y comenzar a leer, todavía conserva intacta su capacidad de abrir puertas.
En Pando, este miércoles, muchos de esos libros encontraron finalmente un nuevo destino. Y, sobre todo, nuevos lectores.
Lo que pudo haber terminado como descarte terminó transformándose, este miércoles, en una escena de…


Lo que pudo haber terminado como descarte terminó transformándose, este miércoles, en una escena de encuentro y apropiación comunitaria en plena ciudad.
Pando, miércoles 26 de agosto. — Una imagen poco habitual sorprendió este miércoles a los pandenses: una volqueta repleta de libros en la calle Miguel Carrió se convirtió, por estas horas, en el centro de atención de niños, adultos, maestras, estudiantes y vecinos que se acercaron para rescatar ejemplares y darles una nueva oportunidad.
Los libros habían sido dejados allí por el empresario del rubro librería señor Leonardo Radacovich, como parte de un descarte de publicaciones que no encontraron destino comercial. Sin embargo, lo que en principio podría interpretarse simplemente como el despojo de mercadería que no logró venderse adquirió otra dimensión cuando los vecinos comenzaron a acercarse y a retirar los libros.
La escena, registrada próximo a las 14 horas de este miércoles, tenía algo de espontáneo y, a la vez, profundamente comunitario. Alrededor de la volqueta se congregaban personas de distintas edades, revisando títulos, hojeando ejemplares y buscando entre los libros aquellos que pudieran llevar a sus hogares, a las aulas o simplemente disfrutar por el placer de leer.
Había niños descubriendo historias, estudiantes en busca de material, maestras seleccionando ejemplares y adultos que tampoco quisieron dejar pasar la oportunidad. Durante un rato, aquella volqueta dejó de ser un lugar destinado al descarte para convertirse en una suerte de biblioteca improvisada a cielo abierto.
Más allá de la discusión que pueda plantearse acerca de la conveniencia o no de desechar libros que no tuvieron salida comercial, el episodio deja una imagen que merece ser mirada con otros ojos. Un libro que no encontró comprador no necesariamente perdió su valor. Su verdadero destino puede estar en las manos de un niño, de un estudiante, de una maestra o de cualquier vecino dispuesto a abrir sus páginas.
Y allí aparece también un gesto que, aun nacido de una circunstancia comercial, terminó teniendo una consecuencia social inesperada: poner libros al alcance de la comunidad.
En tiempos en los que tantas veces se habla de la necesidad de fomentar la lectura, de acercar los libros a los más jóvenes y de fortalecer los espacios culturales, la escena ocurrida hoy en Pando ofrece una postal sencilla pero elocuente.
Una volqueta cargada de libros.
Y alrededor de ella, una comunidad buscando historias.
Quizás esa sea la mejor prueba de que un libro nunca es simplemente un objeto que se descarta. Mientras haya alguien dispuesto a tomarlo entre sus manos y comenzar a leer, todavía conserva intacta su capacidad de abrir puertas.
En Pando, este miércoles, muchos de esos libros encontraron finalmente un nuevo destino. Y, sobre todo, nuevos lectores.
DEPARTAMENTAL – Diario Tiempo
