Estamos acostumbrados a nombrar al día que precede al momento en que vivimos, al día en el que estamos y al que vendrá como ‘ayer, hoy y mañana’, tres formas que se incorporaron hace siglos a nuestro vocabulario y que tienen un origen etimológico la mar de curioso.
‘Ayer’ procede del latín ad heri. El término heri significaba ‘día anterior’, mientras que ad era una preposición con valores como hacia, junto a o en dirección a. Al unirse ambas formas, ad heri funcionaba como una referencia a la jornada que precedía, y con el paso del latín al romance esa secuencia fue cambiando de pronunciación hasta dar lugar a nuestro ayer, creada a partir de una expresión latina que señalaba aquello que quedaba justo detrás del presente.
‘Hoy’ viene del latín hodie, un vocablo formado por la contracción de hoc die, que puede traducirse como ‘en este día’. Hoc significaba ‘este’ y die era una forma de dies, ‘día’, ‘jornada’. La evolución fue bastante clara, ya que hodie mantuvo el sentido de señalar el ‘día presente’ en la forma de ‘hoy’.
‘Mañana’ tiene un recorrido algo distinto, porque no surgió para indicar el ‘día siguiente’, sino la ‘primera parte del día’. Proviene del latín vulgar hora maneana, es decir, la ‘hora temprana’, una expresión vinculada con mane, que significaba ‘temprano’ o ‘por la mañana’. De ahí pasó a nombrar las primeras horas del día, la franja de tiempo que va desde el amanecer hasta el mediodía, y, más tarde, también el ‘día que viene después de hoy’, muy posiblemente porque aquello que se esperaba o estaba por llegar solía situarse mentalmente a partir del siguiente amanecer. Por eso en español podemos decir «una mañana fría» y también «nos vemos mañana», sin que el doble uso nos parezca raro ni nos cause confusión.
Descubre el origen etimológico de ‘ayer’, ‘hoy’ y ‘mañana’, tres palabras cotidianas que proceden del latín y han evolucionado hasta el español actual.
Estamos acostumbrados a nombrar al día que precede al momento en que vivimos, al día en el que estamos y al que vendrá como ‘ayer, hoy y mañana’, tres formas que se incorporaron hace siglos a nuestro vocabulario y que tienen un origen etimológico la mar de curioso.
‘Ayer’ procede del latín ad heri. El término heri significaba ‘día anterior’, mientras que ad era una preposición con valores como hacia, junto a o en dirección a. Al unirse ambas formas, ad heri funcionaba como una referencia a la jornada que precedía, y con el paso del latín al romance esa secuencia fue cambiando de pronunciación hasta dar lugar a nuestro ayer, creada a partir de una expresión latina que señalaba aquello que quedaba justo detrás del presente.
‘Hoy’ viene del latín hodie, un vocablo formado por la contracción de hoc die, que puede traducirse como ‘en este día’. Hoc significaba ‘este’ y die era una forma de dies, ‘día’, ‘jornada’. La evolución fue bastante clara, ya que hodie mantuvo el sentido de señalar el ‘día presente’ en la forma de ‘hoy’.
‘Mañana’ tiene un recorrido algo distinto, porque no surgió para indicar el ‘día siguiente’, sino la ‘primera parte del día’. Proviene del latín vulgar hora maneana, es decir, la ‘hora temprana’, una expresión vinculada con mane, que significaba ‘temprano’ o ‘por la mañana’. De ahí pasó a nombrar las primeras horas del día, la franja de tiempo que va desde el amanecer hasta el mediodía, y, más tarde, también el ‘día que viene después de hoy’, muy posiblemente porque aquello que se esperaba o estaba por llegar solía situarse mentalmente a partir del siguiente amanecer. Por eso en español podemos decir «una mañana fría» y también «nos vemos mañana», sin que el doble uso nos parezca raro ni nos cause confusión.
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